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La mujer en Marruecos

En Marruecos destacan dos grupos, los árabes y los beréberes con algunas diferencias, esencialmente en lo lingüístico y en lo legislativo.

23/04/2008 - Autor: Cristina Lena Fombuena - Fuente: Webislam
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Dos mujeres marroquíes comprueban las listas de votantes. (Foto de EFE)
Dos mujeres marroquíes comprueban las listas de votantes. (Foto de EFE)

En Marruecos destacan dos grupos, los árabes y los beréberes con algunas diferencias, esencialmente en lo lingüístico y en lo legislativo.

La lengua árabe marroquí se denomina daría, mientras que en todo el reino se hablan además tres lenguas beréberes con nula representación en la administración estatal.

Un ejemplo de la invisibilidad de las lenguas beréberes en el funcionamiento social o administrativo del país se halla en el campo de la enseñanza. Pero se debe reconocer que los grupos beréberes que viven cerca de las ciudades o en éstas, entienden o hablan el árabe con mayor o menor dificultad.

Las estructuras de parentesco árabe y beréber comparten la estructura tribal así como diversas características de la misma como son la patrilinealidad, la patrilocalidad y la familia extensa.

Las diferencias más notables entre el parentesco árabe y el beréber provienen de dos formas matrimoniales, más practicadas entre los primeros: la endogamia preferencial y la poliginia.

En referencia a la poliginia se observa como los hombres beréberes que la practican lo hacen habitualmente cuando se encuentran fuera de su comunidad de origen, en aquellas ciudades donde se han establecido tras la emigración. Añadir que los matrimonios entre árabes y beréberes son bastante más habituales de lo que se reconoce.

En cuanto a las legislaciones tanto árabes como beréberes se regían por normas jurídicas distintas y dirimían sus conflictos en estructuras diferentes. En el caso beréber, las tribus se regían por su `Urf o derecho consuetudinario. El órgano que resolvía los conflictos era la asamblea tribal. En el caso árabe, su legislación era el Fiqh y los jueces los que dirimían sus demandas.

En Marruecos, el parentesco estructura y vertebra las relaciones entre personas. Sobre él se construye un sistema de género que condiciona a los hombres y a las mujeres a desarrollar unas identidades y actividades prioritarias.
El parentesco determina la construcción de género y controla la movilidad social de hombres y mujeres.

El parentesco como ideología sigue presente en la vida cotidiana, e incluso se ha visto reforzado en los contextos urbanos; en ellos, las mujeres cumplen con los deberes y obligaciones contraídos a parir del matrimonio y la maternidad, hecho que se ha visto confirmado por el apoyo que esa construcción de género desde el parentesco ha recibido desde la esfera legislativa, desde la laboral y desde los movimientos de mujeres.

El parentesco árabe se ha venido definiendo como patriarcal implicando jerarquización y relaciones de poder entre los sexos, y significando la total subordinación de las mujeres a los hombres.

El género y el parentesco han constituido una sociedad en la que debía procurar controlar a las mujeres, pero no tanto porque las relaciones de género conllevasen implícita una jerarquía, cuanto porque las necesidades familiares, la propia supervivencia del grupo familiar, requería que uno de los dos grupos renunciase de forma más constante a su libertad de elección.

La patrilocalidad supone que los nuevos matrimonios siempre se establecen en la comunidad a la que pertenece la familia del marido.

Esta característica perjudica a las mujeres, dado que supone que ellas salen de su grupo de parentesco para entrar a formar parte del grupo del marido, mientras que éste sigue realizándose en su propio entorno.

La recién casada estará a menudo bajo el mando de la suegra. En estas situaciones, las nuevas esposas perciben las jerarquías femeninas dentro del grupo.

Cuando las relaciones son buenas, la nueva esposa será considerada como una hija más y será protegida y respetada por los hombres y mujeres del grupo; en el peor de los casos quedará marginada y sufrirá aislamiento e incomunicación. Estas esposas ante una discusión conyugal, saben que el marido va a tener siempre la razón, tanto si obró bien como si obró mal: en caso de desplante pende la amenaza de divorcio.

El distanciamiento de las nuevas esposas de su hogar familiar paterno se va a traducir en una mayor dependencia respecto de sus maridos, porque condicionan el talante de las relaciones familiares de la esfera privada.

En caso de divorcio, las mujeres casi siempre dejan el grupo al que se habían incorporado y vuelven al seno familiar patrilineal.

La endogamia preferencial es la unión que se establece con la prima patrilineal o paralela, con la hija del hermano del padre. Este matrimonio debe considerarse como el matrimonio preferencial y normativo entre los grupos árabes.

Muestra de la relevancia de la endogamia preferencial es el derecho del primo/a, practicado aún por algunos grupos: si un padre quiere casar a su hija con otro hombre que no es su primo, debe reunirse con su hermano y su sobrino para plantear el problema y buscar una posible solución.

Este matrimonio se practica por diversos motivos:

-conservar el patrimonio dentro del grupo.
-intereses políticos.
-resolver un conflicto familiar.
-reforzar el grupo numéricamente.
-preservar la pureza de sangre.
-evitar el abandono de una mujer al celibato.

La disponibilidad familiar a establecer un enlace endogámico es la misma para los hombres y las mujeres.

La familia extensa árabe y beréber supone la convivencia de parientes de diversos grados y diferentes generaciones en un mismo hogar recreando la solidaridad del grupo.

A esta convivencia se suma la tensión añadida de que vivan en la casa las dos esposas con sus respectivas descendencias.

En esta convivencia se genera una complicidad que se desarrolla entrae las mujeres ya que de ella emerge toda una serie de ayudas femeninas recíprocas dentro y fuera del hogar.

La solidaridad femenina es aún más visible ante los conflictos conyugales.
La jerarquización femenina en la sociedad marroquí viene determinada por el matrimonio y la maternidad y puede analizarse desde tres perspectivas:

-desde su capacidad de decisión dentro del grupo familiar.
-desde el prestigio que infunde su posición en la familia.
-desde el respeto que adquiere socialmente con su reproducción de la construcción de género.

Una muestra de la vinculación entre parentesco y género es la forma en que las mujeres construyen y consolidad su poder, la manera en que amalgaman respeto y prestigio, tanto en el interior de su grupo como en la sociedad en general: el matrimonio y la maternidad.

Las mujeres también negocian el parentesco, puesto que, en la medida en que se pactan matrimonios, tienen una participación real en la construcción y consolidación de los vínculos familiares: es el matrimonio ordinario, practicado y negociado por mujere

Las mujeres son las que están reforzando el grupo familiar en su continuidad, consolidándolo y amortiguando los posibles cambios que pudieran sobrevenir, no sólo porque las relaciones sociales entre los sexos conllevan cierta jerarquía, sino porque las necesidades familiares, la propia supervivencia del grupo familiar, necesita que uno de los dos grupos renuncie de forma más constante a su libre elección para permitir la reproducción del parentesco.

MUJERES Y EMPLEO

En la primera mitad del siglo XX casi todas las mujeres marroquíes eran amas de casa o esclavas, excepto una minoría empujada por la pobreza al trabajo remunerado que fue una prolongación del trabado doméstico (en las casas de colonos franceses o españoles o dentro de algunas fábricas u hospitales). Estas mujeres que trabajaban provenían de familias emigradas del medio rural a la ciudad después que los colonos habían usurpado su tierra.

Después de la Segunda Guerra Mundial, se aceleró una industrialización ligera que absorbió algunas de las mujeres, las más pobres

Es después de la independencia que las mujeres han conquistado el mundo del trabajo, sin o con poca formación. La independencia aceleró los cambios de la sociedad: la demanda creciente de los padres a la escolarización de sus hijas, el desarrollo de la educación, y muchos otros factores han permitido el acceso de las mujeres al modo de producción moderno.

En 1952 se registraron 160.000 mujeres activas; de 1960 a 1982 la población activa femenina pasó de 301.000 a 1.181.000, multiplicándose por casi cuatro veces en veinte a os. El total bruto de la actividad femenina pasó de 5,44 en 1960 a 8,0 en 1971, y a 11,6 en 1982.

Las mujeres representan un potencial importante de la actividad económica. En 1986, 26 % de los activos urbanos y 43% de los activos rurales son mujeres, en conjunto 35% de los activos marroquíes son mujeres. Por dos hombres activos encontramos a una mujer activa. El análisis de la actividad de la población femenina que tiene 25 a 44 a os refleja un aumento regular de la inserción de las mujeres en el mundo laboral entre 1985 y 1990, y un descenso de 1991 a 1993.
De 1985 a 1990, éstas tasas pasaron de 32,4% a 37,3% , por las de 25 a 29 años; 29,5% a 34,5% por las de 30 a 34 años; 24,0% a 27,6% por las de 35 a 39 años; y 20,7% a 24,8% por las de 40 a 44 años.

De 1991 a 1993 el descenso de la tasa de actividad a concernido al conjunto de los grupos de edad mencionados; éstas tasas han descendido de 38,4% a 34,9% (25-29 años); de 35,6% a 31,3% (30-34 años); de 27,8% a 26,3% (35-39 años) y de 24,2% a 23,2% (40-44 años), o sea, respectivamente una disminución de 9,1%; 12,1%; 5,4% y 4,1%.

Esta disminución coincide con los últimos a os de la aplicación del programa de ajuste estructural. Las mujeres se convirtieron en el chivo expiatorio de la crisis económica, sobre todo cuando el Estado redujo los puestos consagrados a la función pública, siendo 50.000 puestos en 1983 y descendiendo a 12.000 según la ley financiera de 1995.

Eso empuja a las mujeres, sobre todo del medio urbano, a buscar otras alternativas en el sector privado. Hoy Marruecos cuenta más de 10.000 mujeres patronas que ofrecen trabajo, es decir, mujeres que tienen sus propias empresas.
Los sectores que usan más la mano de obra femenina son, sobre todo, el sector de la agricultura y la industria agro-alimentaria, luego el sector textil, y por último el sector de servicios, o sea, doméstico o turístico o administrativo. En el sector público las mujeres representan 1/5 de los funcionarios del Estado (20,36%), pero la mayoría se encuentra en baja escala; 4,91% solamente están fuera de escala, es decir, en altos puestos.

La tasa del paro femenino afecta al 35% de mujeres de estudios superiores, 27,2% de estudios secundarios y 17,3% de primarios.

La crisis de ha agravado con el estancamiento de los sectores textil y agrícola, y puede agravarse más con el nuevo esquema de la economía mundial sobre el empleo femenino, puesto que la mujer es la primera en ser despedida cuando faltan los puestos de trabajo.

MUJERES Y EDUCACIÓN

La primera escuela para la educación de las chicas musulmanas en Marruecos se construyó en 1931 en Sale, por la colonización francesa, en 1937 otra escuela en Fez y luego otras seis fueron construidas en otras ciudades de Marruecos. En octubre de 1945 la colonización ha permitido a las mujeres marroquíes el acceso a la educación secundaria gracias a la apertura de un curso donde estaban matriculadas 12 chicas marroquíes. En 1947 existían 7.000 alumnas repartidas en 32 escuelas (por 20.000 alumnos). En 1953 había 1069 chicas que han obtenido el certificado de estudios primarios, de las cuales sólo 150 eran musulmanas. De 1945 a 1955 la colonización formaba nueve mujeres bachilleres musulmanas. En 1956, la población europea era escolarizada al 100%, la población judía al 80% y la población musulmana al 13%.

El acceso masivo de las mujeres a la educación no se realizó hasta después de la independencia.

La tasa de incremento de los efectivos femeninos en la educación primaria era de 1958 a 1990 de 46%, casi una ni a sobre dos, asistió al colegio. La tasa de escolarización femenina en escuela primaria era, en 1990, del 41,70%. En la educación secundaria los efectivos femeninos estaban multiplicados por diez entre 1966 y 1980 y los efectivos masculinos sólo se multiplicaron por cinco, pero eso no quiere decir que haya equidad (igualdad) en ese campo. Con respecto a la población en edad de escolarización secundaria, la tasa no pasa del 31,4%, o sea, una chica sobre tres asiste a la educación secundaria.

En la educación superior la tasa de los efectivos femeninos fue impresionante entre 1965 y 1990. Los efectivos femeninos fueron multiplicados por 80, y en cambio los efectivos masculinos tan sólo fueron por 18, pero todo eso es relativo a la situación del principio del período independiente. Estas cifras demuestran la evolución del acceso de las mujeres a la educación, pero si vemos al revés de la medalla, constataremos que el analfabetismo alcanza el 67% de mujeres, según el censo de 1994. En el medio rural, el 89% de las mujeres son analfabetas frente al 49% en el medio urbano (el porcentaje de analfabetismo de ambos sexos en Marruecos es de 55%).

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