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Siria, la estabilidad política

13/04/2008 - Autor: Tomás Alcoverro - Fuente: lavanguardia.es
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Desde la cumbre del monte Qasium, desde las terrazas de sus restaurantes, Damasco es una capital con nuevos y altos edificios que se elevan quebrando el paisaje urbano de la mezquita de los Omeyas y de sus antiguos y modernos barrios. Hace tiempo que la ciudad que pretende ser "la mas antigua del mundo", se tragó el oasis de la Guta. 

Hace tiempo que sus recoletas casas, decorado magnífico del serial televisivo "La puerta del barrio" que tanto éxito ha tenido con el público árabe, sus patios en los que las hojas de los naranjos tamizan el sol del mediodía, el aroma de los jazmines y gardenias que perfuman cada rincón, el sonido del Narguileh que se mezcla con el murmullo del agua de la fuente y el canto de los pájaros, como ha escrito Pilar Viciana, "han quedado ahogadas en la incesante expansión de la gran metrópoli".

El edificio del hotel "Four Seasons", propiedad del príncipe saudí Walid Ben Talal, es el símbolo de esta nueva etapa de la liberación del consumo. El barrio de Abu Rumane con sus coquetas casas de dos plantas, unidas por un pequeño jardín, construido durante el mandato francés, se ha convertido en el resplandeciente escaparate de tiendas bien diseñadas, de modas como "Zara", de numerosas tiendas de toda suerte de teléfonos móviles y artículos electrónicos, restaurantes y cafeterías, algunas provistas de Internet, y con terrazas de estilo occidental, por el que deambula la dorada juventud damascena.

No en balde, el Rais Bachar el Assad que había suscitado tantas ilusiones de reformas al suceder en el año 2000 a su fallecido padre en la presidencia de la república, había prometido que "Siria entraba en la era de la comunicación". Teléfonos móviles, antenas parabólicas o Internet, han sido la más patente expresión de este cambio.

Las calles de la capital, las carreteras de Siria, están ahora transitadas por coches de nueva fabricación, de diferentes marcas, que van arrinconando aquellos viejos automóviles de la década de los setenta, como los amarillos y desvencijados Dodge norteamericanos que servían sobre todo de taxis en los viajes entre Damasco y Beirut.

El régimen "baasista" emprendió la transición de una economía dirigista hacia una economía "social de mercado". Fueron promulgadas leyes de reformas fiscales permitiendo el establecimiento de bancos extranjeros, especialmente libaneses. Pero sigue manteniéndose un fuerte sector público de la economía y el estado continua su política de subvenciones de productos de primera necesidad.

Esta transición no es fácil porque agrava las diferencias entre las clases sociales .La apertura económica, tan anhelada en Siria, ha provocado la degradación de los servicios de sanidad, educación, trasporte y vivienda. La milenaria Damasco ha quedado rodeada de una miserable periferia en la que se hacinan docenas de miles de habitantes a los que se han añadido los refugiados iraquíes. Alrededor de más de un millón de ciudadanos de la vecina república se han establecido en Siria. En muy poco tiempo los precios de las casas y los alquileres de las viviendas se han puesto por las nubes. La gasolina es más cara que en el Líbano, pese a que aquí hay yacimientos petrolíferos. El estado ya no interviene como antes en el control de los precios del mercado.

Andando por Damasco, desde Abu Rumane al barrio cristiano de Bab Tuma, atravesando el zoco Hamediye, las antiguas calles de mezquitas y santuarios, muy visitados por los numerosos turistas iraníes, la ciudad respira un aire más relajado y liberal.

El uso del "hijab" prospera en los atuendos de las adolescentes. Este fenómeno socio-religioso y la profusión de teléfonos móviles y nuevas tecnologías, sobre todo en manos de los jóvenes, sugiere que Siria se encamina hacia un periodo de latentes reformas. Pero el régimen, obsesionado por los problemas de seguridad, no quiere exponerse a riesgos.

Entre la tentación de los cambios y el dilema de las reformas, la burguesía siria prefiere la estabilidad política, más libertad individual y profesional que la democracia. Con razón presume Siria de gozar de un envidiable ambiente de seguridad en del turbulento Oriente Medio.

Nadie ni dentro ni fuera- quiero decir los gobiernos extranjeros- están dispuestos a comprometerlo. En Damasco no se columbra ningún cambio político en el horizonte.

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