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La obra como espejo

Me hice musulmana por alguna razón que no conozco, sentí la necesidad de acercarme a Dios

03/04/2008 - Autor: Patricia Slukich - Fuente: Diario de los Andes
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Una escritora que revisa su vida. Liliana Bodoc, al frente de un documental autobiográfico distinto. (Foto: Andrés Larrover)
Una escritora que revisa su vida. Liliana Bodoc, al frente de un documental autobiográfico distinto. (Foto: Andrés Larrover)

La escritora de La Saga de los Confines se encuentra en Mendoza, en pleno rodaje de un documental autobiográfico que la tiene como protagonista. Aquí nos cuenta sobre esta experiencia, que se suma a su larga lista de aficiones artísticas.

Madre de los Confines" es el título del film en el que la escritora Liliana Bodoc ahora encontrará su retrato. Se trata de un largometraje documental que busca seguir las instancias de la vida de Liliana en Mendoza y, a través de ellas, encontrar múltiples filiaciones entre su literatura y su historia.

No es extraño encontrar a la escritora liada en un proyecto que hile la palabra con otras expresiones artísticas; ahora es el cine, pero antes lo hizo con el teatro, e incluso con la música (cuando se reunió con Liliana Herrero, sobre el escenario del Independencia, para engarzar poemas entre canciones). Así pues, esta mujer entusiasta y particularísima, se plegó con gusto a la idea de la filmación y en ella está enfrascada por estos días, mientras recorre los sitios que la signaron en su tránsito hacia quien hoy es.

Y como cualquier motivo es bueno para conversar con Liliana Bodoc sobre su forma de ver el mundo, decidimos distraerla un rato de su trayecto hacia el recuerdo y le propusimos la charla.

- ¿Cómo estás viviendo ahora esta experiencia, cuando ya has recorrido buena parte de los lugares planeados por la producción?

- De a ratos más conmovida de lo que imaginé y de a ratos más fría y lejana en situaciones que creí que iban a ser fuertes. Por ejemplo, fuimos al Barrio Covimet IV, en Rodeo de la Cruz, que fue la primera casa que tuvimos. El barrio está modificado, la gente nos atendió bien, pero con distancia; es lógico: no tienen por qué hacer lo contrario si no te conocen. Después me acordé de Lidia, que era la señora que trabajaba con nosotros cuando mis chicos eran chiquitos y la fuimos a buscar. Eso sí fue algo extraordinario.

- ¿Qué lugares han recorrido hasta ahora?

- La Facultad de Filosofía y Letras, que es donde hice mi carrera; el Barrio Covimet IV; el Colegio Martín Zapata, que es donde ejercí como docente; la Biblioteca San Martín. Allí nos prestaron un salón donde me encontré con Hugo Coria (con quien Liliana actuó en la obra "Eduardo Galeano con nosotros", dirigida por su padre José Chiavetta). Hicimos un intento de recordar un par de escenas de esa obra, con la presencia de mi papá. Fue impresionante. También nos encontramos con una queridísima amiga, que es maestra rural; en su escuela -la Díaz Gascón- yo di un taller para chicos. Ahora nos falta Minetti.

- Al volver a alguno de estos lugares ¿tenías menos expectativas?

-Hubo emociones inesperadas, como la que me invadió al llegar al Martín Zapata. Yo no pensaba que fuera a suceder: el sentirme ahí, parada frente a los alumnos, ahora en otra instancia de la vida, me conmovió. El hecho de estar frente a mi papá, de nuevo como actriz, fue una experiencia gigante.

- ¿Qué te queda por recorrer?

- Lo grosso, que es Minetti.

- ¿Y qué es eso?

-La casa donde pasé mi infancia, donde murió mi mamá. Es también lo más lejano y lo más irremediable en mi historia. Allí está la columna donde mi mamá se afirmó y me dijo: "Esperá que estoy mareada" y cayó, muerta, a mi lado. Yo tenía 7 años. Esa carencia del que se cría huérfano de madre, esa enorme carencia, hace que uno sienta que no tiene a esa persona que va a perdonarte cualquier cosa que hagas. Uno se cría sintiendo que, al no estar, hay que hacerle chiches a todos para que te quieran (se ríe).

Liliana está recorriendo las paradas de este documental junto a su hija Romina. La idea central del film es que la escritora vaya transitando esos sitios mientras le cuenta sobre ellos a su hija; de allí se van desgranando las historias.

- ¿Cambia tu mirada respecto al pasado, al transitarlo de la mano de Romina?

- Creo que ése es uno de los grandes aciertos del director, porque me quita de ese lugar en el que te sentás a contar tu vida a una cámara y me pone en interacción con quien más amo en el mundo. Entonces resulta un gusto el ir contándole; el entusiasmo es auténtico.

- Esa interacción con Romina ¿te ha hecho pensar tu historia desde otros lugares?

- Sí, porque hay una complicidad con ella que ayuda. Ella me conoce y sabe que yo no confronto, sino que callo. Entonces, por ejemplo, cuando nos encontramos con una profesora mía de la facultad que tiene una idea opuesta a la mía respecto de la conquista, repregunto (se ríe a carcajadas). Esta mocosa me pincha y me obliga a la sinceridad; confronta por mí.

- ¿Sufriste, ideológicamente, en la facultad?

- La sufrí, protesté, discutí, critiqué; pero es verdad que, a la hora de sentarme a escribir, pude ver los elementos que me había dado. Sin esos elementos yo no hubiera producido: sin esas lecturas previas, sin ese rigor teórico, no habría podido hacerlo por mi cuenta.

- Imagino que hay cuestiones de la intimidad que no se incluyen en esta película...

- Absolutamente. Hay un derecho a veto que tiene que ver conmigo pero, fundamentalmente, con las personas que se involucran en esto.

- El fin de la película ¿es conectar tu vida con tu obra?

- La idea es que el hecho de ir buscando en mi historia, en mi biografía, tienda puentes de conexión con mi literatura. Hay algunos hilos más directos, otros más indirectos. El amor auténtico con Lidia, por ejemplo, que no encontré en gente de otro nivel social con quienes sólo hubo una relación de formalidad. Esto de ver quién es la gente que una quiso y la quiso a una, y que mi literatura retrata, enarbola, defiende.

- ¿Vos hacés también el guión de la película?

- No. Hubo un primer planteo de guión que empezó en Buenos Aires, pero que no cuajó porque Buenos Aires no tenía nada que ver con esta historia. El guión de la película tiene un gran componente de azar y creo que tiene que ver con mi forma de vivir, con mi trashumancia. Hubo algo muy gráfico en este sentido. Dijimos: vamos al cementerio, a buscar los restos de mi mamá. Pero la verdad es que no tengo idea de dónde están; nunca fui al cementerio a buscar a mi madre y no los encontramos. Ésta también es una idea de familia, es de donde uno viene. Ves que no es un planteo de guión esquemático, prolijo, sino que vamos buscando.

- En la sinopsis del documental se anuncia que se trenzan lecturas políticas, ideológicas, filosóficas y religiosas en este recorrido. ¿De qué manera?

- La idea es ver, a través de mi historia familiar y personal, las vicisitudes que durante la vida han ido transformando mi ideología política, mis convicciones religiosas, y cómo en un momento puede haber puentes entre esos cambios y mi trabajo literario.

- ¿Existen esos puentes?

- Sí, en especial en esa idea de lo sagrado, en el misticismo religioso.

- ¿Hubo un cambio fuerte en vos, en ese sentido?

- Sí: me hice musulmana. Fue hace muchos años atrás. Por alguna razón que no conozco, sentí la necesidad de acercarme a Dios. Yo vengo de una casa atea, ligada al PC (Partido Comunista). Empecé a sentir que no hay que pensar con desdén en esta idea de Dios, que es un concepto que, de diferentes maneras, surge y merece ser pensado, reflexionado. Así que un día fui a la mezquita que está en la Alameda y me atendió el "hermanito Jaled" (también en la película está el encuentro con él). Una persona de un corazón grandísimo, gigantesco.
Después, con el tiempo, me di cuenta de que no todos los musulmanes son como el hermanito Jaled (ríe). Mi nombre bautismal es Summaia (que es una de las esposas de Mahoma). Yo lo elegí. Está claro que sólo me apego a algunas cuestiones del rito y, por eso mismo, esta creencia es algo que casi no llevé a mi casa.

-¿Por qué elegiste ser musulmana?

- Porque hay una noción de Dios que es la que cabe. No se utiliza iconografía (ríe), que a mí me recuerda tanto al imperio romano. Es una visión superadora en este sentido porque, en la teoría (algo muy difícil) no se adjudica a Dios forma alguna. Yo recuerdo, en una charla, haber dicho: "La mano de Dios" y que acotasen: "No le pongas a Dios una forma, ninguna, no lo humanices". "Es muy difícil", acoté yo (se ríe). Después, lo que me terminó de interesar es el sufismo místico, esa idea del desapego total a lo material. Esta idea de que sólo tengas con vos lo que necesitarías en un naufragio. Ése es un gran pilar para mí y otro de una simpleza total pero que a mí me ha servido mucho en la vida. Me decía el hermanito Jaled: "En la acción está la bendición". En mí resulta de ese modo. Todo esto, en mi obra, está presente. Con mayor fuerza en la saga de los Confines, también en "Memorias impuras", aunque en menor medida.

- ¿En qué proyectos estás ahora?

-Estoy haciendo los últimos toques a la segunda parte de "Memorias impuras. Los Huérfanos", que sale en setiembre por Planeta. Quiero cerrar ese ciclo y ya tengo la idea de una nueva novela que no tiene nada que ver con lo fantástico, ni con las sagas. Tengo ganas de escribir un tipo de novela que aborde el tema de la ancianidad a través de la transgresión. Un poco por la idea de que un anciano puede verse hasta ridículo si se lo relaciona con aspectos que le están vedados. Creo que con eso me alejo de lo fantástico, a lo que seguramente volveré en otro momento.

La película
El documental autobiográfico sobre Liliana Bodoc se llama "Madre de los confines". Es una realización de varios alumnos de la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (Enerc).
Fue nombrado de Interés Cultural por el Gobierno de Mendoza y ha recibido también la ayuda del municipio capitalino para su concreción (además de la Enerc, el gobierno provincial y la Editorial Norma).
Liliana Herrero y el artista plástico Ciruelo también intervendrán en él.
Aunque ahora está en etapa de rodaje, la película volverá a Buenos Aires para su posproducción.
La producción es de Francisco Larralde y la dirección, de Diego Ávalos.
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