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El Palacio de los Vientos

Nouakchott está en el aire

26/03/2008 - Autor: Saleh Paladini - Fuente: Webislam
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Nouakchott
Nouakchott

La Tierra del millón de poetas. Así se daba a conocer Mauritania, cuando tenía un millón de habitantes. En estos momentos tiene dos millones y medio y es algo menos que dos veces la superficie de la península Ibérica. La colonización francesa no comenzó hasta 1.901 y tardaron 30 años en llegar a todo el territorio. Se independizó en el año sesenta. Sólo en la segunda mitad de este siglo ha conocido monedas propias. El comercio se basaba en el puro trueque o bien con piezas de oro o monedas del Reino de Gana. Con la llegada del Islam se llamó la Tierra de Chinguetti, que es una de las ciudades antiguas más importantes. Mauritania, hoy en día, tiene un nombre extranjero que procede del latín.

La diversidad es la mayor riqueza de este planeta nuestro y en el género humano sirve para que podamos reconocernos unos a otros. Las diferentes costumbres entre los pueblos siempre tienen una razón de ser. En Mauritania puedes eructar como lo haría un hipopótamo entre los de su especie, sacarte los mocos de la nariz con el dedo y pegarlos donde se te ocurra sin que suponga un problema. Has de estar físicamente bien preparado para abrir la puerta de cualquier taxi y sujetarla fuerte una vez dentro si no quieres salir despedido en la primera curva. Se come en el suelo con toda la mano derecha atrapando la comida de un plato común y estrujándola hasta convertirla en una bola antes de meterla en la boca. A nadie se le ocurre orinar de pié ni pegarse un pedo en público.

En Mozambique me gustaba describir todo lo que veía, en cambio en Mauritania parece no tener mucho sentido. La contemplación en este país abre la percepción a un nivel más allá del aspecto formal. Una realidad etérea, no visible con los ojos, fluye de manera natural. Una espiritualidad que parece soportar a la materia incluso en su mayor densidad.

Llegué a Nouakchott el 5 de Febrero del 98 a las 10 de la noche. Madrid me despedía con lluvia y frío. Mauritania me recibía con 30 grados. A los pocos días experimentaba mi primera tormenta de arena y el tiempo pasa como una idea vaga, sin darme cuenta.

Ya he visto llover en Nouakchott, en medio de rayos y centellas. La lluvia en invierno no es normal. Dicen que sólo llueve en verano, con una o dos semanas de precipitaciones al año, y que aparecen zonas en el desierto que se alfombran con un tapiz de gramíneas rastreras. Y dicen que entre las dunas se extiende el color verde. Debe ser un golpe de locura para cualquier intelecto demasiado cartesiano.

He tenido mucha suerte. A los pocos días de llegar conocí a Josele, un farmacéutico de Alicante que trabaja en el laboratorio de la Policlínica de Nouakchott con una ONG que se llama Tierra de Hombres. Juntos hemos alquilado una casa preciosa, amplia y luminosa como un conjunto de tiendas del desierto, que aquí se llaman jaimas.

Por lo general el ambiente entre los cooperantes españoles es cordial. La ciudad se encuentra a dos kilómetros del mar y cuando salgo con mis amigos al mercado de pescadores, de regreso a casa nos damos un festín con los mejores pescados por un precio irrisorio. Varias clases de túnidos que comemos crudos a la japonesa regados con salsas de limón, soja o mostaza, truchas de mar, mero, doradas a la plancha y en ocasiones percebes que Josele colecta en un barco varado en la playa.

El mercado de pescadores es como un disparate. Son todos negros, pues los moros dan la espalda al mar y ni lo miran. Los peces se capturan como mucho a 500 mts. del lugar donde se venden, gracias al fosfato que procede del desierto y que mantienen disuelto en el océano las corrientes de turbidez, dando lugar a este fenómeno que es el banco sahariano.

Los negros cabalgan sobre sus barcazas en el desierto del océano y los moros navegan sobre sus camellos por el desierto de arena. Ambos desiertos están repletos de vida en un cuento sin entendimiento.

Por lo general los cooperantes estamos todos un poco locos y ello nos permite establecer amistades cómodas y sinceras. Somos un grupo de románticos en perdición y algunas noches nos quedamos hasta altas horas de la madrugada en las terrazas de casa charlando, bailando o escuchando música.

A veces compongo algún poema que luego leo en público y digamos que resultan bastante celebrados. Me animan a que escriba un libro y dicen que tengo una imaginación desbordante. Mauritania gentilmente remueve mi intelecto en un vacío de azules noches plateadas y ocres días de oro viejo.

Mimetizándome con el nuevo entorno donde he de vivir va emergiendo un poeta dentro de mí. Así es la primera impresión de la ciudad y el país que me acoge

Nouakchott está en el aire

Nouakchott está en el aire.
Un aire de arena suspendida
en cinco llamadas a la oración.
Y mi casa es el Palacio de los Vientos
dentro del Ribat de la tranquilidad.
Porque Mauritania es mora, es negra,
es verde y es blanca…
…Mauritania es un desierto que alimenta un río
para saciar la sed de un océano.
Así el desierto se vuelve hacia arriba
al penetrar en el mar,
lamiéndolo de la frente a los pies,
en una profunda turbulencia abisal,
que soy yo a la búsqueda del Gran Encuentro.

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