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Califato y tartamudez

Leído el día 28/02/2008 frente al grupo de autoayuda de Barcelona de la Fundación Española de la Tartamudez.

16/03/2008 - Autor: Juan Miguel Lorente González
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Juan Miguel Lorente González, Ziryab
Juan Miguel Lorente González, Ziryab

El ser humano es el instrumento de Dios para cuidar del mundo y del universo, para construir y destruir, es decir, sobre el ser humano recae la responsabilidad de su vida, de su destino, y del destino de todo lo demás. Esta faceta importantísima del ser humano, en árabe se llama califa.

Me explico: todo lo que hacemos y todo lo que pensamos influye en nuestro entorno. Millones de personas en todo el mundo influyen en el destino de millones de personas en todo el mundo. Si el mundo ha sido siempre un cúmulo de bondades y desgracias, ha sido y es por la acción humana, con sus aciertos y sus errores, con sus virtudes y sus defectos.

Las guerras, el cambio climático, la contaminación, la depresión, la miseria, las invasiones, las matanzas, pero también el humor, la alegría, el bienestar, la espiritualidad, la música, salen del ser humano. Muchas enfermedades tienen su origen en sentimientos y emociones negativas sostenidas durante años. Todas las guerras tienen como origen el afán de alguien por el dinero del otro.

El Tao Te King dice que cuando un pueblo no sigue el camino del Tao, los caballos sirven para llevar a los soldados al campo de batalla, en cambio, si ese mismo pueblo sigue el camino del Tao, los caballos sirven para arar la tierra. Y el Corán dice claro que Allah está más cerca de ti que tu vena yugular. Y que Allah no cambia a un pueblo hasta que ese pueblo no se cambia a sí mismo.

¿Qué quiere decir esto? Que además de que tenemos las riendas de nuestras vidas, quiere decir que no hay un dios fuera de ti, sino que está dentro de ti. La conciencia de tener a Dios dentro de ti y que tú eres su instrumento para construir y destruir el mundo, te hace ser sumamente responsable de lo que haces. No hace falta creer en esto, porque está ahí. Por eso en la Biblia está escrito que el ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios.

La mayoría de la gente no es consciente de esta responsabilidad depositada en el ser humano, esto es vivir en la distracción. Y una minoría sí es consciente de esta responsabilidad, esto es vivir en la atención plena.

No depende absolutamente de ti si te atropella un coche, a lo mejor tú estás cruzando la calle con el semáforo en verde;
o si no llegas a fin de mes, porque la empresa donde trabajas te paga poco y el sistema capitalista, como por arte de magia, no para de subir el precio de las hipotecas y de los artículos básicos;
o si tienes un jefe que es un déspota, tú no tienes la culpa;
o si te cae un chaparrón y te mojas, o si te toca la lotería, o si eres pobre y tienes que remover la basura de la gente para poder comer algo, o si has nacido en una familia rica y se te da todo para llevar una vida placentera, etc. En resumen, tanto tú, como muchas otras personas, así como el gran misterio de la vida, determinan tu destino.

Responsabilidad social. Darse cuenta de la responsabilidad que tenemos como seres humanos que interactúan con el mundo. Personas, empresas, gobiernos. No ensuciar el suelo, conducir bien, tratar a la gente con delicadeza, respetar, no destruir la Naturaleza, luchar por la justicia social… Hay tantas cosas por hacer…

Imaginaos cómo sería el mundo si la mayoría de la gente fuera consciente de esta responsabilidad. Habría más respeto, menos guerras, más solidaridad, más conciencia ecológica. Viviríamos mejor.

La persona tartamuda ha de tomar las riendas de su persona, es decir, ha de asumir su responsabilidad. La tartamudez no es algo de fuera que se te ha metido en el cuerpo. No es una cosa que te ha de seguir paralizando. No ha de ser más tu religión. ¿Cuál es la religión de la persona tartamuda? Creer y aceptar a ciegas ciertos dogmas: el miedo me puede, no valgo nada, estaría mejor muerto, ese sí que habla bien, yo no, etc. Tus creencias negativas se convierten en algo absoluto, que nada va a cambiar: voy a ser siempre tartamudo, voy a ser un desgraciado el resto de mi vida.

La persona tartamuda tiene que romper las cadenas de su religión, asumir su responsabilidad y actuar, romper con los dogmas que son estas creencias negativas sobre sí mismo, y convertirse en persona espiritual, ya que persona espiritual y persona religiosa no tienen nada que ver, son contrarias.

La religión no te deja avanzar, te quedas en el dogma, en la creencia negativa sobre ti. El objetivo de la religión es el poder. En el tartamudo, los dogmas del miedo y la vergüenza se apoderan de ti, y te dejan bloqueado, inútil. En cambio, la espiritualidad innata del ser humano, por lo que no es objeto de creencia ni dogmática, te empuja a caminar, aquí y ahora. Y no importa los errores del pasado. Son pasado y los tienes que aceptar. Pero camina.

La tartamudez es algo tuyo, la has construido tú desde niño, sin querer, pero has sido tú. Y te ha dominado, te ha perjudicado, te ha paralizado, te ha hecho la vida insoportable. Solamente tú tienes el poder de acabar con ella, disolviéndola, deconstruyéndola, desmontando sus componentes y guardándolos en cajas separadas.

Para ello hace falta voluntad para cambiar de paradigma, para cambiar de manera de ver tu vida y la tartamudez. Te has de convertir en contemplativo, en mirar qué pasa en ti y a tu alrededor, en observar. Qué pasa cuando me bloqueo, por qué me viene el miedo a hacer el ridículo, por qué tengo ansiedad, por qué me culpabilizo, por qué me avergüenzo, por qué quisiera morirme.

Somos una piedra preciosa sin pulir, “piedra preciosa” porque somos más sensibles que los demás, “sin pulir” porque hemos crecido a porrazos, a golpes de maza. Ha llegado el momento de coger el papel de lija y la lima fina. Y lijar, limar, eliminar las rebabas de miedo, de vergüenza, de culpa, de no saber por qué me quedo sin aire. Este es el trabajo de la persona consciente de su responsabilidad como ser humano, que sabe que de lo que tú hagas depende tu vida y el mundo.

Los textos de Harrison y de Van Riper, el método Ordóñez, indican el camino. Pues adelante, caminemos. Tenemos muchas cosas que decir.
Nos tenemos que convertir en dueños de nuestras vidas y de nuestro entorno. Para ser felices, para dar felicidad y bienestar.

Aclaraciones

Cuando he hablado de religión, me he referido a la cosificación de cualquier camino espiritual. Cosificar un camino espiritual es convertirlo en piedra, en una cosa que no hace nada, en sólo un peso. Gran parte de la historia de la Iglesia Católica no tiene nada que ver con el camino espiritual de Jesús. Los talibanes o los llamados fundamentalistas islámicos no tienen nada que ver con el camino espiritual marcado por el Corán y el ejemplo de Muhammad. En ambos casos sólo son instrumentos de poder que paralizan el caminar de la humanidad hacia su pacificación y el conocimiento.

La espiritualidad es solo un puente entre la sed y el agua. O un camino. O una tubería. Quedarse encima del puente mirando el agua, o quedarse parado enmedio del camino, o quedarse atascado en la tubería es convertir la espiritualidad en religión, es no saciar la sed y quedarse con las ganas de beber, es decir, frustrado. Recordad que las religiones son históricas, tienen un principio en la Historia. En cambio, la espiritualidad es innata al ser humano, está dentro nuestro. La religión es útil solamente cuando se trata de un sistema que te permite comenzar a caminar hacia el fondo de ti mismo, a la Realidad, por eso dentro de cada tradición (taoísta, hinduísta, budista, judía, cristiana, islámica) hay mística, es decir, la religión como vía para descubrir y hacer realidad la espiritualidad innata del ser humano, dicho en otras palabras, hacerse Uno con ese gran misterio sin nombre que el ser humano lo llama Dios, Allah, Yahvé, Tao, Gran Espíritu... En cambio, cuando la religión es solamente un sistema dogmático, normativo, que restringe tu libertad de pensamiento y de acción, entonces ya se convierte en una losa insoportable.

En el caso de la persona tartamuda, está claro que “su” religión es un peso que lo paraliza, que no le deja avanzar en su vida. El miedo, la ansiedad, la vergüenza son los dogmas que se ha creído desde niño.

Aunque hay personas tartamudas que son felices con su tartamudez, y tienen la gran capacidad de relativizar su problema. Pero son pocas. La mayoría de las personas tartamudas, calculadas en el 1% de la población mundial, sufren no mucho, sino muchísimo.

Agradecimientos

Si hubiera sido una persona fluida desde niño, no sé si mi vida hubiera sido más fácil o más difícil. No lo sabe nadie, sólo Dios sabe. Pero ahora, a mis 41 años, después de tanto sufrimiento y de una historia personal única, porque es mi historia personal, doy las gracias. Porque mi historia, mis padres, mi hermano, mi esposa, mi hijo, mis familiares, mis amigos, mis compañeros de trabajo y de estudios, mis maestros, las personas que me han querido y las que no, mi curiosidad por aprender, todo por lo que he pasado, me han llevado a realizar estas reflexiones.

Desde Aristóteles que, en Occidente, se ha ido perdiendo el conocimiento sapiencial que está en el ser humano en potencia, es decir, la metafísica. Pero no se perdió en Oriente. Por eso busco en las grandes tradiciones espirituales y reconozco la sabiduría común del Tao, la Biblia, el Corán, la sabiduría de los indios norteamericanos, la sabiduría que Europa perdió y que su ignorancia ha sido la causa de tanto desastre humano y ecológico.

Desde niño me he estado preparando para decir estas cosas aquí y ahora. Y aquí y ahora comienza mi vida de nuevo. Y si toda persona debiera plantearse dejar de atormentarse por el pasado y vivir en el presente, aún más la persona tartamuda. Así que adelante, luchemos por nuestra felicidad que lo nuestro es sólo una tela de araña.

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