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17/02/2008 - Autor: Hajj Wilfredo Amr Ruiz
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Mezquita en Xian, China
Mezquita en Xian, China

En el nombre del Viviente, el Subsistente: nuestro Eterno Creador.

Todos los atributos divinos del Creador son fuente de paz y nutrimento espiritual. Conocidos también como los “nombres de Allah”, esos noventa y nueve nombres descriptivos son una misericordia del Creador que nos ayudan a comprenderle más y mejor; alejándonos de asociarle a Él debilidades humanas como el hambre, sed, cansancio, somnolencia, y pero aún, hasta la muerte. Dios nos invita a referirnos a Él con sus atributos: “Llamad a Allah o llamad al Misericordioso, como quiera que le invoquéis Él tiene los nombres más hermosos” (Qur’an 17:110).

De Sus perfectos nombres sólo en la primera oración les cité cuatro, mas sin embargo quisiera dedicar particular atención a los atributos que se refieren al lugar que ocupa nuestro Creador en nuestra vida. Nada resulta más insensato que excluir Su presencia viva en nosotros desde nuestro primer aliento a nuestro suspiro final, pues nuestra vida y muerte le pertenecen. A pesar de ello muchos no acaban de comprender la profusa proximidad del Señor con sus siervos. Él nos describe estar más cerca de nosotros que nuestras propias venas. “Hemos creado al hombre y sabemos lo que su alma le susurra. Estamos más cerca de él que su propia vena yugular.” (Qur’an 50:16) Nuestro Dios está tan cerca que donde quiera que nos volvamos allí está: “De Allah son el oriente y el occidente; donde quiera que os volváis allí encontrareis la faz de Allah. Es cierto que Allah lo abarca todo y no hay nada que escape a su conocimiento.” (Qur’an 2:115)

En su excelsa obra, el poeta místico Jalal ad Din Muhammad Balkhi (o Rumi) en ocasiones expresaba lo triste que debería sentirse estar tan cerca del Amado (refiriéndose al Creador) y no saber amarlo. ¿Cómo aprendemos a amarlo entonces? Primeramente tenemos que abrir los canales de comunicación con el Altísimo. El canal de excelencia y de más frecuencia debe ser la oración, no ocasional, sino más bien diaria y constante. Sí, tan persistente como vivir en Su recuerdo. Con ello ya estamos encaminados a reconocerle, adorarle, y sentirle.

Debemos enfatizar en despojarnos de aquellas barreras que obstaculizan la más clara comunicación y vivencias con el Altísimo. Podemos, por ejemplo, purificarnos con en el ayuno y la caridad. Nuestro plan debe incluir la lectura y estudio de Su palabra que nos habla; ¡escuchémosle pues! Descorramos los velos que nublan acercarnos a Dios, La Luz (“Al Nuur”), echando abajo nuestros egos y avaricias, evitando aferrarnos al poder y a lo material. Recordemos que nada de ello nos acompaña en la muerte y resurrección. En nuestro último viaje a la vida eterna el único equipaje permitido son nuestros actos. Ningún rey, político o gobernante ha ejercido su poder ni un solo segundo después de muerto; tampoco nadie se ha podido llevar allá el mínimo centavo. Para comprobarlo sólo fíjense en los hallazgos arqueológicos de tesoros en muchos enterramientos antiguos. Allí se evidencian los resultados infructuosos de seres humanos que pretendían llevar algo más que sus acciones al inevitable viaje. Pretendían llevarse pertenencias y en ocasiones hasta sus cuerpos intactos. Este exceso de equipaje ha terminado en museos o en las arcas de buscadores de tesoros en forma de cuerpos momificados, joyas, prendas y envases.

Amemos a quien está más cerca de nosotros: nuestro Creador. De esta forma, con paciencia, nos encaminamos a alcanzarle. Esperemos, por Su infinita misericordia, lograr cosechar el éxito en la morada del buen final contemplando Su faz.

Inspirado en Rumi les convido lanzarnos al río del amor al Creador. Un río donde saber o no nadar resulta indiferente pues una vez en él, es cosa de dejarnos llevar por su corriente sumergiéndonos y ahogándonos en él hasta eventualmente formar parte de él. Así Rumi moldeó las letras: “Los que aman a Dios han caído en un río furioso; Se han rendido ante los mandamientos del Amor; como ruedas de molino, giran, día y noche, sin cesar; Constantemente, girando, girando y gritando.”

Puede escribirle al capellán Wilfredo Amr a: wruizlaw@herenciaandalusi.com
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