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Un agujero en la política de Israel y el imperialismo

04/02/2008 - Autor: Correo Internacional n.º 136
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En los últimos días, cientos de miles de palestinos de la Franja de Gaza derribaron los pasos fronterizos con Egipto e ingresaron masivamente en ese país para comprar alimentos, medicamentos y otros elementos imprescindibles de los que carecían como resultado del cerrado bloqueo israelí a ese territorio. Se estima que, del millón y medio de habitantes de Gaza, participaron cerca de 700.000 personas. 

Esta acción, nacida de la urgente necesidad de supervivencia, tiene, al mismo tiempo, un claro significado de lucha y, en los hechos, significó un importante triunfo, aunque sea parcial, para quebrar el bloqueo israelí y sus objetivos. Tal como señala el artículo de Steven Erlanger en el New York Times: “también abrió un gran agujero en la política israelí, apoyada por Washington, de apretar a la población de Gaza con la esperanza de que se levantase contra Hamas”.

Desde la LIT-CI, saludamos este triunfo del pueblo palestino que, una vez más, ha mostrado su heroísmo y su capacidad de movilización para, incluso en la peores condiciones, poner en jaque los diferentes planes que el imperialismo e Israel, en complicidad con una parte importante de las organizaciones palestinas y gobiernos árabes, vienen elaborando para liquidar su lucha por la recuperación de su territorio histórico, usurpado por Israel.

La crisis de los acuerdos de Oslo

La situación actual se inicia con el triunfo del movimiento islámico Hamas en las elecciones legislativas de la ANP (Administración Nacional Palestina), a inicios de 2006, cuando derrotó ampliamente a los candidatos de la organización Al Fatah, del presidente de la ANP Mahmud Abbas.

Este resultado electoral puso en crisis la política de los Acuerdos de Oslo, mediante los cuales Al Fatah y la OLP reconocieron la existencia del Estado de Israel y legalizaron su usurpación de Palestina. A cambio, recibían la promesa de la creación de un “futuro estado palestino”, en realidad, pequeños territorios aislados y sin posibilidad real de autonomía, al estilo de los bantustanes sudafricanos de la época del apartheid. El resultado electoral mostró el mayoritario rechazo del pueblo palestino a esta política y el profundo desgaste de la dirección de Mahmud Abbas y Al Fatah, transformada ahora en agente incondicional de Israel y del imperialismo.

Ante esta situación, Israel, el imperialismo y Abbas retuvieron los fondos de ayuda internacional y los impuestos locales recaudados por Israel en los territorios palestinos, imprescindibles para su funcionamiento, buscando estrangular financieramente al gobierno del Hamas. Aunque la dirección de esta organización aceptaba una tregua de hecho con Israel, querían obligarlo a capitular completamente y aceptar los acuerdos de Oslo. Al mismo tiempo, Abbas y Al Fatah fueron armando una creciente fuerza militar para reprimir a los palestinos y atacar a Hamas, a sus dirigentes y diputados.

Gaza: territorio palestino independiente

A pesar de los intentos conciliadores de Hamas, que llamaba a formar un “gobierno de unidad nacional” con Al Fatah, a mediados de 2007, la situación derivó en enfrentamientos abiertos entre ambas fuerzas y en un golpe de Estado organizado por Abbas para desplazar a Hamas y tomar el control total del gobierno.

Ante la preparación de este golpe bonapartista, apoyado por el imperialismo e Israel, se produjo la reacción de las masas de Gaza que empujaron a Hamas a expulsar de ese territorio al aparato militar de Abbas y a la policía de Al Fatal. Fue un triunfo de las masas palestinas porque liberaron a Gaza del control de Israel y sus agentes, transformándolo así en un territorio palestino independiente.

Esta situación era totalmente intolerable para Israel y su papel de estado militar-gendarme en la región. Por eso, primero atacó militarmente el territorio, para destruir su infraestructura de generación de electricidad y suministro de agua. Después, estableció un cerrado bloqueo para impedir la entrada de alimentos, medicamentos y combustibles. Esta política tenía un objetivo muy claro: derrotar a toda costa la resistencia del pueblo de Gaza y obligarlo a rendirse.

La política del sionismo contra los palestinos recuerda a la de los nazis contra los judíos

La extrema crueldad de esta política israelí, que puede ser calificada como genocida, no debe sorprendernos ya que tiene su origen en la misma esencia del Estado de Israel. Por un lado, se trata de un enclave imperialista cuya creación significó la usurpación, con métodos violentísimos, del territorio histórico palestino y la expulsión de cientos de miles de sus habitantes en 1948. Por otro, es un estado gendarme al servicio del imperialismo, armado hasta los dientes para atacar a los pueblos árabes, especialmente a las masas palestinas. En ese sentido, este bloqueo genocida no es más que la continuidad de los numerosos crímenes que ha cometido Israel en sus 60 años de existencia.

La política israelí recuerda, en varios aspectos, la política que los nazis tuvieron hacia los judíos durante la Segunda Guerra Mundial, especialmente la creación del Gueto de Varsovia, que llevó al levantamiento en 1943 contra la ocupación nazi. Por una cruel ironía de la historia, el sionismo ha hecho que los descendientes de aquellos heroicos judíos de Varsovia apliquen hoy esa misma política nazi contra otro pueblo oprimido, los palestinos.

La crisis de los acuerdos de Anápolis

Sin embargo, existe una diferencia fundamental entre ambos procesos: mientras el levantamiento del gueto de Varsovia fue totalmente aplastado y derrotado, la lucha de los palestinos, aún sin conseguir el objetivo histórico de recuperar plenamente su tierra, viene logrando triunfos parciales como la actual ruptura del bloqueo de la frontera con Egipto, que provocan la crisis de los diferentes planes que el imperialismo e Israel tratan de aplicar en la región. Por ejemplo, la ruptura del bloqueo fronterizo con Egipto ha hecho entrar en crisis muy rápidamente los recientes acuerdos realizados en la ciudad de Annapolis (EEUU) entre Israel y Mahmud Abbas, con el visto bueno del gobierno de George W. Bush y el apoyo cómplice de la casi totalidad de los gobiernos árabes, que, en una nuevas maniobra contra el pueblo palestino, intentaban retomar el camino de los acuerdos de Oslo.

Israel no está sólo

El estado sionista no está sólo en su política criminal y genocida. Además del respaldo incondicional del gobierno de EEUU, que define a Israel como su “aliado estratégico”, y la complicidad títere de Abbas y al Fatah, tiene también el apoyo de hecho de los países imperialistas europeos y de la ONU.

La Unión Europea, principal socio comercial de Israel, y la ONU --siempre dispuestas a respaldar y encubrir las acciones y las invasiones militares imperialistas, como en Afganistán, Irak o Haití-- han guardado hasta ahora un silencio absoluto ante el bloqueo de Gaza. Un silencio que sólo puede calificarse de complicidad con la criminal política israelí.

Egipto: se deteriora una pieza clave de la política sionista-imperialista

La otra pieza clave del “operativo cerrojo” israelí era la acción de Egipto, que debía garantizar la frontera con la franja de Gaza por el sur. Pero, con certera intuición, las masas palestinas encabezadas por Hamas rompieron el cerco por su “eslabón más débil”, derribando los muros y portones de la frontera. El ejército egipcio, que inicialmente intercambió disparos con la milicia de Hamas, mostró su reticencia a reprimir a los miles de personas que entraban en el país. Al mismo tiempo, los pobladores y comerciantes egipcios de la península del Sinaí se mostraron dispuestos a recibir y ayudar al pueblo palestino.

Estos hechos han provocado una crisis política en Egipto, cuya importancia excede la ruptura del bloqueo. Entre 1948 y 1973, este país, el mayor del mundo árabe, gobernado por una corriente militar nacionalista burguesa, el nasserismo, encabezó la lucha de los pueblos árabes contra Israel. Tras la derrota en 1973 en la guerra contra Israel, el nasserismo comenzó a girar cada vez más a la derecha. En 1978, Anwar el-Sadat, sucesor de Nasser, firmó en Camp David (EE.UU.) un acuerdo con el gobierno israelí, que reconocía la existencia de Israel y renunciaba a la lucha por recuperar Palestina para el pueblo árabe.

Actualmente, Egipto es gobernado por la sangrienta dictadura proimperialista de Hosni Mubarak, que recibe de EE.UU. una ayuda anual de 2.000 millones de dólares (la mayor después de Israel) destinados a quebrar la unidad de los pueblos árabes en la lucha contra Israel y a “cerrar la pinza” sobre la franja de Gaza.

Es por lo tanto lógico que el gobierno de Mubarak haya recibido duras recriminaciones de Israel y del imperialismo por no cumplir el papel asignado, exigiéndole que lo haga. Algo que, a pesar de su voluntad de hacerlo, no parece fácil, si tenemos en cuenta la crisis que esta situación está provocando en el ejército egipcio y las simpatías de la mayoría de la población hacia los palestinos.

De hecho, a partir de la ruptura de la frontera, el problema palestino se ha metido de lleno en la política interna egipcia. Han aumentado los cuestionamientos a la política proimperialista de Mubarak y se han realizado movilizaciones en apoyo de los habitantes de Gaza. Es decir, aumenta el desgaste del gobierno porque esto se suma a problemas ya existentes en el país, como la oleada de huelgas obreras que vivió el país en los últimos años. En otras palabras, con la crisis de la dictadura de Mubarak, se está deteriorando aceleradamente una de las piezas claves de la estructura política del imperialismo y del sionismo en la región.

Nuevamente, el problema de fondo: la necesidad de destruir al Estado de Israel

Frente al criminal bloqueo a la franja de Gaza, seguramente coincidiremos con la mayoría de la izquierda mundial, incluyendo posiblemente una parte de la izquierda israelí, en la necesidad de derrotar este bloqueo y exigir a Israel su finalización. En este sentido, la LIT-CI hace, en otro artículo de esta misma edición de Correo Internacional, un llamado a realizar una gran campaña unitaria de movilizaciones con esa reivindicación.

Junto a esta acción unitaria, los hechos de Gaza vuelven a poner al rojo vivo el debate sobre cuál es la solución de fondo a la situación de permanente conflicto que se vive en Palestina-Israel. La LIT-CI sigue afirmando que la única solución es la destrucción de Israel que, por su carácter de enclave colonial, usurpador de la tierra palestina y estado gendarme del imperialismo, es el origen permanente de esta situación conflictiva, con métodos cada vez más crueles y genocidas. Es decir, no existe ninguna posibilidad de que el pueblo palestino logre la liberación de su tierra y de que haya paz en la región sin expulsar al ocupante sionista. De la misma forma que no existía otra alternativa que destruir el "estado del apartheid" en Sudáfrica o liquidar el estado nazi en Europa, durante la II Guerra Mundial.

Por eso, reivindicamos la consigna fundacional de la OLP, hoy abandonada por la gran mayoría de las organizaciones de la izquierda, de luchar por una Palestina Laica, Democrática y No Racista, en la que puedan convivir en paz los palestinos y los judíos que estén dispuestos a hacerlo y a la que puedan retornar los millones de refugiados y emigrados palestinos, expulsados por Israel desde 1948.

Sin embargo, repetimos, esta Palestina no podrá lograrse sin destruir el Estado de Israel. Una tarea que la derrota del ejército sionista en El Líbano y la ruptura del bloqueo a Gaza --sumados a la creciente crisis política dentro del propio Israel y al deterioro de la política imperialista para el conjunto de Medio Oriente-- ponen cada vez más como presente y posible, a condición de que se dé la unidad de las masas palestinas y del conjunto del pueblos árabes en esa lucha y de la existencia de una dirección dispuesta a llevar esa tarea hasta el fin.

La política de Hamas

A partir de nuestro apoyo incondicional a la lucha del pueblo palestino, queremos analizar más profundamente la política del Hamas, organización a la que reconocemos como la dirección de las masas palestinas de la franja de Gaza.

Su política ha tenido profundas contradicciones. Por un lado, Hamas ha respondido correctamente, con acciones de lucha, a las recientes agresiones del sionismo y sus agentes palestinos y árabes (Abbas, Al Fatah y el gobierno egipcio), liberando primero la franja de Gaza, desde donde continúa realizando ataques con cohetes sobre Israel, y ahora rompiendo el bloqueo en la frontera con Egipto. Estas acciones seguramente le han hecho ganar un inmenso prestigio entre los palestinos y los pueblos árabes.

Pero, al mismo tiempo, ha lanzado permanentes llamados a la conciliación con Abbas y Al Fatah y ha mostrado su disposición a aceptar una tregua de hecho con Israel. Es decir, una política destinada a lograr un cierto status quo que le permita cogobernar los territorios de la actual ANP o, por lo menos, lograr un miniestado en la franja de Gaza, dirigido por ellos. Una política que muestra, por un lado, el carácter burgués y las profundas limitaciones de la dirección del Hamas y que, por otro, es totalmente absurda si se considera que la terrible situación de los palestinos puede superarse con sólo mantener el control permanente de Gaza. Si la historia ha demostrado con creces que los problemas sociales de una nación económicamente atrasada no pueden resolverse dentro de las fronteras nacionales, esta perspectiva resulta aún más difícil de lograr en un pequeño territorio como la franja de Gaza, casi sin base productiva y de infraestructura de servicios. Por eso, la recuperación de la totalidad del territorio palestino no es sólo un objetivo histórico sino que también es un primer paso imprescindible para comenzar a resolver esa situación. Lo que nos lleva, sin alternativas, a la necesidad de destruir el Estado de Israel.

Es esta perspectiva estratégica la que plantea las tareas más urgentes. En primer lugar, es necesario derrotar a los agentes de Israel y del imperialismo dentro del pueblo palestino, como Abbas y Al Fatah. En segundo lugar, es preciso llamar al conjunto de los pueblos árabes a la lucha por derrotar a los gobiernos proimperialistas de la región, especialmente la dictadura de Hosni Mubarak. De modo inmediato, está planteado que esa movilización le imponga al gobierno egipcio la apertura permanente de la frontera con Gaza y el suministro de alimentos, medicamentos y combustible. También está planteada la necesidad de que esa movilización exija a gobiernos como el de Siria que deje de respaldar acuerdos como los de Annápolis y apoye de modo efectivo la lucha de los palestinos.

La actual situación de la Franja de Gaza presenta, entonces, dos alternativas posibles. La primera es que los triunfos parciales, como la liberación del territorio o la ruptura de la frontera con Egipto, conduzcan a un status quo de coexistencia temporal. Una situación que, tal como muestra la experiencia histórica, sería rápidamente rota por Israel y sus agentes palestinos, con nuevos ataques. La otra alternativa es que esos triunfos sirvan de aliciente e impulso a una gran movilización conjunta de los pueblos árabes y musulmanes que permita avanzar en la lucha por la destrucción del Estado de Israel.

Por una gran campaña de solidaridad con el pueblo palestino

En una política que recuerda la acción de los nazis con respecto al gueto de Varsovia, el gobierno israelí, con su bloqueo a la franja de Gaza, busca que miles de palestinos mueran de hambre o enfermedad para lograr sus objetivos.

No podemos permanecer pasivos frente a esta nueva acción genocida de Israel en la franja de Gaza. Por eso, es necesario desarrollar una gran campaña internacional de solidaridad y apoyo al pueblo palestino de este territorio para romper el bloqueo y obligar a Israel a levantarlo. Creemos que también se debe exigir al gobierno egipcio que abra de modo permanente la frontera con Gaza y suministre a los palestinos que entran en el país los recursos imprescindibles para su supervivencia.

La LIT-CI llama también a exigir a los gobiernos de todos los países que, en respuesta a la criminal acción israelí, decreten un boicot de exportaciones a Israel hasta que cese el bloqueo de Gaza. La acción de las organizaciones sindicales, resolviendo acciones en este sentido, es muy importante.

Algunas primeras manifestaciones ya han comenzado a desarrollarse en España, con actos y manifestaciones en diversas ciudades de ese país. También en Argentina y en otros países. Saludamos también la acción conjunta realizada por palestinos e israelíes con esa reivindicación. Debemos extender estos ejemplos a todo el mundo.

Todas las organizaciones obreras y de izquierda, así como las que se reivindican democráticas y humanitarias, deben participar de ese llamamiento para acabar con el bloqueo israelí y salvar la vida de miles de palestinos

¡Rompamos el criminal bloqueo israelí-egipcio!

¡Solidaridad y apoyo al pueblo de Gaza!

Secretariado Internacional de LIT-CI

San Pablo, 31 de enero de 2008

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