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El Ágape del Sacrificio

24/12/2007 - Autor: Sheikh Muzaffer Ozak al Yerrahi al Halveti
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El Ágape del Sacrificio
El Ágape del Sacrificio

Ni la vida y las posesiones sacrificadas en la causa de Al-láh, por el amor del amigo, pasan sin recompensa, como lo hace evidente el siguiente Versículo glorioso: Has cumplido con el propósito del sueño. Ve cómo recompensamos a los que hacen el bien. 37:105

El venerable Abraham fue puesto a una prueba final y la pasó. Cuando esta terminó, sacrificó por amor a Al-lâh mil carneros, trescientos bueyes y cien camellos. La gente se sorprendió por esto, los mismos ángeles se asombraron, pero el venerable Abraham dijo: “¿Qué hay en esto para sorprenderse? Hemos ofrecido nuestra vida y posesiones. ¿A quién le pertenece la vida y las posesiones? Si Al-lâh me diera un hijo, también los sacrificaría, por amor a la verdad.” Ustedes se llaman creyentes, aunque no veneran la verdad y son desobedientes a Al-lâh.

¿Podrían sacrificar por Su amor tanto como un dedo, sin hablar de su vida? ¿Podrían sacrificar por su amor una sola ave, sin hablar de las miles bestias matadas por el amigo de Dios, el Profeta Abraham? Buscan unas cien referencias y tratan de obtener una opinión legal para justificar el hecho de no hacer el sacrificio. Mientras que dan cientos de dólares bajo las órdenes de sheytán, cuando llega el momento de dar la limosna van en busca de argumentos con los maestros religiosos y los abogados para ver si pueden eludir su obligación.

Incluso si no pueden seguir el ejemplo de Abraham, el amigo especial de Al-lâh, que juró sacrificar a su propio hijo por amor a Al-lâh, ¿no podrían darle algo de la riqueza que Él les ha dado? Cualquier cosa que hagan por amor a Al-lâh, lo recuperarán en una proporción de diez a uno en el Más Allá que está muy cerca. Quizás la proporción sea incluso más elevada aún…

Pueden encontrar la recompensa para esto no sólo en la Vida Futura, sino también en este mundo. Como dijo el bendito Profeta (saws): “La caridad disipa la aflicción y prolonga la vida.”

Cuando la gente se sorprendió de que Abraham había sacrificado mil carneros, trescientos bueyes y cien camellos replicó: “No hay nada sorprendente con esto. Nosotros estamos sacrificando nuestras mercancías por nuestro Señor, por quien sacrificamos nuestras vidas. La vida es más valiosa que las mercancías. Además, ¿de quién son las mercancías que sacrificamos? ¿Me pertenecen, tus mercancías te pertenecen? Seguramente el único dueño de ellas y las pertenencias es Al-láh. También esto es así, no ocasionaría sorpresa si sacrifico por su dueño real las mercancías que nos confió para nuestra provisión. Dejemos las mercancías y las pertenencias, por amor a mi Generoso Señor sacrificaría incluso a mi propio hijo, si Al-lâh me concediera uno.”

El verdadero creyente debería notar cuidadosamente esto. Alguien puede reclamar ser el amigo de Al-lâh, ¿pero es capaz de hacer estos sacrificios por Su amor? Si es así, es tan bueno como su palabra. Incluso si esa persona no está al nivel del Profeta Abraham, que podía sacrificar su vida y su propio hijo, debería, al menos, gastar en la causa de Al-láh la riqueza que realmente no le pertenece en absoluto. Es decir, que debería pagar el zakat. Debería traer alegría a los necesitados haciendo la matanza del sacrificio y dar limosna. Debería realizar actos caritativos que enjuguen las lágrimas de los ojos de los huérfanos y curen las heridas de los solitarios y los pobres. Cualquiera que no sólo no realice estos actos, sino que llame insignificativos y ridículos a los creyentes que llevan a cabo fielmente estas ordenes divinas, esa persona ni siquiera es humana, sin hablar de que sea amiga de Al-lâh.

El Profeta Abraham seguramente llevó a cabo el voto que le hizo su Señor. Para demostrarnos, como ejemplo, la estatura de Su amigo, el Exaltado lo sometieron a una nueva prueba. Verificar su promesa: “Si tuviera un hijo lo sacrificaría incluso por amor a la verdad.” Un apacible y erudito niño, el Profeta Ismael finalmente llegó a los siete años. El Profeta Abraham ahora era inseparable de su hijo. Lo llevaba a cualquier parte que viajara, alaba al Señor incesantemente y experimentaba todas las alegrías de la paternidad mientras observaba el buen carácter de su hijo, la buena conducta y la piedad filial, lo oía discutir cuestiones importantes como un gran erudito, y veía que realmente era un hijo honrado y un niño apacible con una naturaleza dócil.

Luego una noche en un sueño el venerable Abraham recibió esta divina orden del Señor Todopoderoso que es el Dueño y Poseedor del cielo y la tierra y todo lo que está en el medio: “¡Abraham, cumple con tu juramento!” Cuando dijo: “Mi Señor, ¿cuál es mi juramento?” oyó las palabras: “Una vez dijiste: ‘Si tuviera un hijo lo sacrificaría incluso por amor a Al-lâh.’ Se te ha dado un hijo y ha crecido. ¡Ahora ha llegado el momento que cumplas con tu promesa!”

La noche de este sueño fue la octava de Dhul Hijjah. El día que le sigue se llama yawm al-tarwiya (el día de la contemplación), pues en este día el Profeta Abraham se hundió en una profunda contemplación y recordó que en verdad había dichos estas mismas palabras y había hecho esta promesa. Indudablemente llevaría a cabo su juramento sin vacilar, es decir, sacrificaría a su pequeño hijo Ismael, la luz de sus ojos, la delicia de su corazón. Precisamente había estado esperando la divina orden.

Aunque Abraham presionó el cuchillo en la garganta de Ismael para cortarla, el cuchillo no cortó la carne tierna. Sorprendido por esto, afiló el cuchillo e intentó otra vez. Aún así no la cortaba. Una y otra vez intentó, ¡pero no tuvo resultados! Lejos de cortarla, ni siquiera había hecho una marca en la garganta de Ismael. ¿Cómo podía ser? Enojándose, golpeó otra vez el cuchillo contra una roca, y la roca se partió en dos. Más azorado que nunca, el Profeta Abraham se dijo a sí mismo: ¿Se corta la roca, pero no la carne suave? ¿Cómo puede ser esto?” En ese mismo momento, el cuchillo fue dotado con el habla por Al-lâh, el Capaz de Todo, el Auto subsistente que tiene poder sobre todas las cosas, que crea al hombre de una gota de líquido, luego lo presenta con forma humana, dándole una mente y el poder de la palabra.

Citando a Gabriel al Paraíso, Al-lâh había creado a un carnero como un sacrificio sustituto de Ismael, luego le ordenó a Gabriel que se lo llevara a Abraham. El ángel ahora había aparecido en los cielos, llevando ese carnero y proclamando la Suprema Grandeza de Dios. Cuando Abraham oyó la voz de Gabriel, llamando: “Alâhu Akbar Alâhu Akbar,” se dio cuenta de que su prueba había terminado, y con una respuesta de agradecimiento, glorificó y exaltó a su Señor con las palabras: ‘la ilaha illa-llahu wa-llahu akbar.’ El venerable Ismael estaba oyendo estas palabras, y también se dio cuenta de que la misericordia del Compasivo y Benéfico había llegado desbordándose. Gritando. “Alâhu Akbar wa-lillahi-Ihamd,” Luego Al-lâh, Glorificado y Exaltado sea, se dignó a dirigirse a Su amigo especial Abraham con las siguientes palabras:

“Ahora has cumplido con tu sueño. De esta manera Recompensamos el bien. Esta fue en verdad una prueba obvia. Lo redimimos con un sacrificio momentáneo; y Lo dejamos, entre las últimas generaciones: ‘¡Que la paz sea Con Abraham!’ De esta manera Recompensamos el bien.” (37:105-110)

Extracto del Capitulo 11, Irshad, Pág. 207-216.
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