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Bush trata de enmendar un desastroso legado

23/12/2007 - Autor: H. D. S. Greenway - Fuente: The New York Times
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En una noche otoñal de hace 300 años, el almirante Sir Clowdisley Shovell, héroe de la Armada británica, fue abordado en la cabina de oficiales por un marinero que le hizo una advertencia. Según los cálculos del marinero, la flota iba directamente hacia un desastre. Sin embargo, Sir Clowdisley era un audaz líder al que no le agobiaba la duda ytenía la certeza de que avanzaba por el rumbo correcto.

Ese tipo de navegación subversiva por parte de un inferior estaba prohibida en la Armada Real, escribió Dava Sobel en su brillante libro, Longitud. De ahí que "Almirante Shovell hizo que el hombre fuera colgado en el acto, por motín.

Clowdisley, quien contaba 57 años, mantuvo el rumbo, ajeno en su ignorancia y derecho en su optimismo, hasta que, uno por uno, sus barcos naufragaron en las Islas Sicilianas con grandes pérdidas de vida humana, incluida la suya propia.

Sir Clowdisley me seguía viniendo a la mente mientras leía Dead Certain, the presidency of George W. Bush (Muerte segura: la presidencia de George W. Bush), de Robert Draper. Los disidentes no fueron colgados en la Casa Blanca de Bush, pero su exclusión del salón de oficiales fue el equivalente burocrático del ahorcamiento. Cuando menos el almirante Shovell tenía un hombre uniformado que estaba dispuesto a llevarle las malas noticias.

En la Casa Blanca de Bush, nadie dijo: Vamos a bajar la velocidad y reconsideremos esta situación, señaló Draper.

La cuestión fundamental es: ¿está en mejores condiciones el mundo como resultado de tu liderazgo?, dijo Bush a Draper.

Sir Clowdisley pudiera haber formulado la misma pregunta. Y es que una parte esencial del liderazgo no sólo radica en la certeza a ultranza, sino en hallar el rumbo correcto, aunado a tener suficiente flexibilidad para cambiar cuando las circunstancias lo ameriten.

Es probable que Irak sea más estable actualmente, pero, para empezar, fue una guerra innecesaria y no se ve cerca su final. Está destinada a prolongarse mucho después de la partida de Bush del escenario, quizás por más tiempo que la Guerra de Vietnam, radicalizando a otra generación de musulmanes, amén de darle un poder inconmensurable a Irán. Además, bajo el liderazgo de Bush, la guerra en Afganistán quizás también esté perdida. Será difícil argumentar que Bush ha dejado el mundo en mejor forma que cuando lo encontró.

En cuanto al pueblo estadounidense, Bush, el primer optimista, los hizo pesimistas, indicó Draper. Unos cuantos subalternos de Bush a veces se preguntan si, a final de cuentas, ¿mereció la pena ``el sacrificio de la credibilidad a cambio de su compulsivo optimismo?

Draper pregunta: ¿acaso su discurso sencillo fue tan sólo el producto de la flojera intelectual, la visión estratégica una mera falta de respeto hacia el proceso, la audacia realmente imprudencia y la fuerza una autocerteza irreflexiva?

El villano pudiera ser, sin embargo, la compulsión elemental de Bush a lograr grandes cosas. Draper cita las palabras de la secretaria de Estado, Condoleezza Rice: ``Esta es una época en la que Estados Unidos tiene poder sin igual y se puede intentar sentarse en él y usarlo con frugalidad y aplicar un poquito aquí y un poquito allá... o puedes intentar hacer grandes jugadas estratégicas que alterarán las cosas de manera fundamental, en la forma que lo hizo Estados Unidos después de 1947.

Son las grandes maniobras estratégicas de Bush las que nos han metido en tantos problemas, haciendo que veamos con nostalgia las acciones menos ambiciosas, pero infinitamente más competentes, de la administración de su padre.

Existen, sin embargo, indicaciones de que la presente administración en Estados Unidos, casi en sus últimos momentos, se está deshaciendo de la desconsideración casi petulante hacia el mundo exterior que Draper adscribe a Bush. Su carta al líder de Corea del Norte, Kim Jong-Il, no habría sido concebible cuando la vieja teología de nosotros no hablamos con los malos reinaba en la Casa Blanca. Otra de las indicaciones fue la invitación a Siria para la reciente cumbre sobre el Medio Oriente.

Hay una nueva flexibilidad que está contribuyendo a disipar una parte de la arrogancia de los últimos siete años.

Según Draper, Bush realmente se ha puesto a pensar en su legado. Está consumiendo libros de historia con voracidad, destacó Draper.

Ahora que su presidencia prácticamente quedó consignada a la historia, Bush está inmerso en el pasado, extrayendo poco a poco de sus portentos qué diría el futuro acerca del 43er. presidente de Estados Unidos, advirtió Draper. Karl Rove le dio una biografía del joven Churchill.

Bush dirige la mirada a los fantasmas de Churchill, y también de Harry Truman, como héroes que en alguna época fueron considerados fracasos y a los cuales ahora la historia les sonríe. Sin embargo, tristemente, ya es demasiado tarde. Es el fantasma de Sir Clowdisley el que satura la Oficina Oval.

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