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Historia sobre la Devoción

De la biografía de Hz. Pir Nureddin Al-Jerrahi (ks), Kutub del Amor

28/11/2007 - Autor: Hz. Fahreddin Sevki Efendi - Fuente: islamhoy.org
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Una relación muy personal debe existir entre maestro y discípulo, ya que sólo el sheikh realmente conoce las realidades y necesidades del derviche. Una relación profunda de respeto conducente al amor y la devoción entre los dos es el elemento humano más esencial y personal en la tariqa, y sin esto los esfuerzos y la °ibadet del derviche no lo llevarán a ninguna parte. Por eso el derviche está absolutamente obligado a pedir el permiso del sheikh y su consejo en todos los asuntos, tanto “religioso” como “secular”. Se recuerda que el permiso del sheikh es también un rezo (dua), una protección, y la garantía del desarrollo exitoso del discípulo. En miras a esta íntima relación y el absoluto respeto hacia el sheikh, relatamos aquí un incidente de la vida del primer khalifa de Hz. Nureddin, Hz. Velieddin Efendi. Este incidente ilustra el extraordinario grado del más escrupuloso respeto hacia la orden, el permiso, el placer y la prohibición del sheikh por parte del derviche. La historia es tomada del Envar-i de Hz. Fahreddin Sevki Efendi.

Uno de los tíos de Hz. Velieddin, viviendo en el barrio de Küçük Mustafapasa, murió y dejó como su porción asignada de la herencia treinta bolsas de oro así como también muchos otros valores a su sobrino Hz. Velieddin Efendi. A este efecto llegaron noticias al Dergah en Karagümrük. Hz. Velieddin fue a Hz. Pir Nureddin y le dijo las noticias de lo que él había recibido, a lo que el noble Santo replicó: “Oh Velieddin, deseas la porción de las riquezas de este mundo que te ha llegado recientemente, o deseas las Bendiciones Divinas de la próxima vida?”. Retirándose de la presencia de su sheikh y maestro, Hz. Velieddin fue a su familia y acorde a ello renunció a su parte de la herencia diciendo que aceptarlo lo profanaría espiritualmente. Ahora, ya que era invierno, una estación que puede ser extremadamente dura en Estambul, uno de sus tíos le ofreció como regalo, a cuenta del frío tiritante, una capa amplia, hecha de algodón verde. Hz. Velieddin aceptó la capa y, colocándosela volvió con su maestro. Cuando Hz. Pir vió la capa que su derviche utilizaba, le preguntó “de dónde sacaste esa capa, Velieddin?” a lo que el derviche respondió: “Debido al hecho de que renuncié a la herencia, y en vista de mi pobreza, uno de mis tíos la trajo y me la ofreció como un regalo.”

“Bueno, si ese es el caso” - replicó el Santo – “esta capa se ha convertido ahora en tu posesión. La usarás hasta el fin de tu vida, nunca te la quitarás. Cuando mueras sera situada sobre tu tumba como una advertencia para futuras generaciones.”

El siguiente día siendo un Viernes, Hz. Pir y su derviche fueron a la Mezquita Fatih Sultan para el rezo del Viernes, después de lo cual Hz. Pir y su séquito fueron a la Puerta de Cörekçi donde el Santo ordenó a su derviche que se quitara su capa y la extendiera sobre el suelo. Hz. Velieddin inmediatamente obedeció, extendiendo la capa en el lodo. Más tarde se trajo comida, se cortó en porciones y se situó en la capa, y Hz. Nureddin ordenó a su derviche que llamara a los perros del area y que los hiciera comer la comida situada sobre la la capa. Luego de esto, ofreció al derviche a que recogiera su capa y se la ponga. Así procedieron juntos al Dergâh Kubbe. En el lote vacante opuesto al dergâh, se alzaba un gran árbol de moras. Hz. Pir ató a Hz. Velieddin por los cabellos a una de las ramas de este árbol (éste último tenía cabellos largos). Quitándose su turbante, el Pir entró al dergah donde encontró al postnisin Hz. Sheikh Süleyman, un Sheikh Qadiri. Luego de saludar a Hz. Pir, el ilustroso sheikh le dijo “Oh, Hz. Pir, si mi hermano Velieddin ha hecho algo incorrecto, por favor perdónalo. Vayamos y desatemos su cabello y traigámoslo al dergâh.” Hz. Pir contestó: “Él entrará, no te preocupes” – y estirando su cabeza fuera de una de las ventanas, llamó “Velieddin, entra!” Ese noble compañero del Camino, poseedor de sagacidad y total obediencia, Hz. Velieddin, para obedecer a su sheikh, inmediatamente sacudió su cabeza violentamente, de tal forma que arrancó su cuero cabelludo y su largo cabello de su cabeza. Ellos quedaron pegados al árbol, y, con sangre saliendo copiosamente de su lastimada cabeza, Hz. Velieddin fue a su Sheikh. Él inmediatamente fue sujeto a preguntas: “Por qué” – preguntó el Pir – “primero no desataste tu cabello y luego entraste?”

El noble respondió: “Oh mi Sheikh, me ordenaste entrar; no escuché otra orden de ti.”
(es decir “Tú no dijiste específicamente desata tu cabello”). Con su bendita mano, el sagrado Pir gentilmente frotó la cabeza de Hz. Velieddin donde inmediatamente se detuvo el sangrado y el cuero cabelludo se volvio como una cabeza limpiamente afeitada. Luego dijo: “Ve y trae tu cuero cabelludo del árbol y tráelo aquí.”

Cuando el derviche trajo el cuero cabelludo a su noble maestro, Hz. Pir Nureddin (que Allah santifique su secreto) lo dividió en dos piezas, dando una mitad al Sheikh Süleyman y ubicando la otra en su bolsillo a la altura del pecho. “Para que esto sea una admonición a aquellos que vienen después de nosotros” – dijo – “deja que estas dos piezas de tu cuero cabelludo sean conservadas en los respectivos dergâhs, el Dergâh Kubbe y el nuestro en Karagümrük.” Hasta este día, este cuero cabelludo puede verse en el Tekke Jerrahi, al que se visita en el Banquete del fin de Ramadán (nota del autor: lo he visto con mis propios ojos, en Ramadán de 1980, cuando Hz. Muzaffer abrió las reliquias para las visitas en occasion del Banquete de Rotura de Ayuno de Ramadán ese año). El día siguiente de este suceso, Hz. Pir Nureddin y su séquito, incluído Hz. Velieddin, fueron a visitor el Dergah de Hamza Zade. Delante del dergâh había un gran árbol. Hz. Nureddin clavó a Hz. Velieddin a una rama de este árbol de su oreja, y fue adentro. El sheikh de este dergâh, Hz. Sheikh Hamza Zade, viendo a Hz. Velieddin así clavado al árbol, le dijo al noble Pir: “Si nuestro amado hermano Hz. Velieddin ha hecho algo mal, por favor perdónalo, oh Noble Maestro!”

Inclinándose a través de una ventana del cuarto en los que estaban sentados, Hz. Nureddin lo llamó “Entra, Velieddin!” En inmediata conformidad con la orden de su Pir, Hz. Velieddin arrancó su oreja, partiendo la oreja en dos, y fue adentro al pie de su maestro. Hz Pir otra vez le repitió que usaría el abrigo hasta el fin de su vida, nunca se lo quitaría, que con su muerte se deberá colocar sobre su tumba como un recordatorio y advertencia para las próximas generaciones…

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