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De Auschwitz a las Constelaciones Familiares: El viaje de un alma hacia la reconciliación

Desde el corazón y la conciencia de la hija de un sobreviviente

20/11/2007 - Autor: Raquel Schlosser - Fuente: Instituto Bert Hellinger de México
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Raquel Schlosser
Raquel Schlosser

Las personas que son víctimas de cualquier forma de violencia política, sea ésta étnica, racial o religiosa, en la cual los derechos humanos son violados, sufren profundamente. Los hijos de aquellos y aquellas que sufren, padecen los destinos familiares del dolor. Dolor, el intenso dolor de las pérdidas y la injusticia, crea conceptos, ideas, explicaciones y justificaciones que en su conjunto delimitan la forma de vida y la manera de mirar el mundo, con lo cual se perpetúan los prejuicios existentes y se construyen los nuevos. Se crean relaciones complejas entre víctimas y perpetradores que se transmiten de una generación a otra; esto significa que personas inocentes tendrán que pagar las consecuencias de los asuntos no concluidos de sus antepasados. A través de los “Movimientos del Alma” que evolucionaron de las Constelaciones Familiares de Bert Hellinger podemos observar esta dinámica.

Las “Constelaciones Familiares” y los “Movimientos del Alma” de Bert Hellinger pueden transformarse en una herramienta para la paz. Los conceptos clásicos de las relaciones humanas se transforman a través de los nuevos paradigmas que son descubiertos en la configuración de las familias. El trabajo que presento consiste en mostrar en la experiencia de trabajo como terapeuta de Constelaciones Familiares cómo fue que los Movimientos del Alma me llevaron a la deconstrucción de un prejuicio mío, la deconstrucción del prejuicio contra los alemanes, prejuicio generalizado a raíz del nazismo.

Las Constelaciones Familiares son un método fenomenológico que busca el origen del conflicto y guía hacia la resolución del mismo. Esta nueva visión pone en evidencia la intersección entre lo político, social, cultural e intrafamiliar. Cuando trabajamos con las Constelaciones Familiares, se revela el balance que el sistema familiar realiza cuando ha habido injusticias que se han cometido sea dentro del núcleo familiar o en contra otro sistema, lo cual determina los destinos familiares. Esos hallazgos de las Constelaciones Familiares, cuando se colapsan dos sistemas distintos son denominados “Movimientos del Alma”. Estos ponen en evidencia la responsabilidad de las decisiones políticas. Si las decisiones políticas se orientan a la violencia, entonces no hay ganadores. Futuros ciudadanas y ciudadanos sufrirán los destinos de sus antecesores. Hijos de perpetradores se identificarán con los destinos de sus víctimas manifestándose esto en suicidios, enfermedades serias, etc. El dolor de las víctimas es un peso que cargarán las generaciones subsecuentes, pudiendo crear sentimientos inexplicables de tristeza, odio o venganza, que no son completamente comprendidos y que quizá no se justifiquen en la experiencia de su propia vida.

Aquí es donde los “Movimientos del Alma” se encuentran con los Derechos Humanos. En la medida que la investigación transgeneracional avance y se conozca más, la responsabilidad de los gobernantes, de los y las tomadoras de decisiones y de aquellas personas que detentan el poder, será mayor. La necesidad de decisiones políticas más humanas es inminente a la luz de la evidencia y el conocimiento que transmiten los “Movimientos del Alma”, ya que la violencia se revierte no solo a la población, sino hacia aquellos que tomaron las decisiones, así como contra sus descendientes y a todos aquellos que no asumen la responsabilidad de sus actos.

Vamos a iniciar con la información de una Constelación Familiar que puede servir de ejemplo.

La consultante viene porque ha pasado su vida en un estado continuo de duelo incomprensible.

Padre: Judío húngaro hijo único
Abuelo paterno: murió en 1938
Casi todos los miembros de la Familia paterna fueron enviados a Auschwitz, asesinados en los crematorios.
La mamá que no era judía vivía sola en Suiza y conoció al padre en 1938; ambos emigraron a Bolivia en 1939. Cuatro de sus seis hijos murieron en Bolivia. La familia de la madre estaba en Italia.
En 1940, la madre dio a luz gemelos que murieron al nacer.
En 1941, nace otro hijo que muere en 1942 de 8 meses de edad.
En 1942, nace otro hijo que aún vive.
En 1944, la familia del padre fue deportada a Auschwitz y la mayor parte de los tíos y tías de la consultante fueron asesinados, así también los hijos e hijas de éstos.
En 1945, nace un hijo que muere en 1947 (de un año y medio aproximadamente) (la madre estaba embarazada en el mismo periodo en que la familia del padre era asesinada).
La abuela materna muere en Italia en 1946.
En 1947, la abuela paterna llega a Bolivia de Hungría.
La consultante nace en 1947 después de la muerte de 4 hermanos. La familia emigra de Bolivia a Chile. El cuidado de la consultante es delegado a la abuela paterna.
Los padres se separaron en 1953.
La abuela paterna muere en 1954 y la consultante regresa con su madre.
El padre vuelve a casarse y muere en 1982.
La madre de la consultante vive con ella hasta 1999 fecha en que muere.

Inicia la Constelación. La consultante eligió representantes de su familia, al configurarlos todos miraban hacia el lado de la muerte y deseaban moverse hacia allá. Fueron elegidos representantes de los familiares que murieron, incluyendo a sus hermanos, y de las víctimas del Holocausto. Posteriormente un representante del perpetrador fue incluido en la Constelación. Esto fue hecho por etapas, con movimientos muy lentos.

A continuación se presenta la transcripción original que entregaron los representantes inmediatamente después de la Constelación. Es importante compartir el hecho de que cuando la Constelación terminó las y los representantes me preguntaron sobre la imágenes que les llegaron, las muertes, el fuego, el terror. Les conté sobre los campos de concentración y de exterminio. No tenían información en detalle sobre las cámaras de gas, las deportaciones, los asesinatos en masa o los gettos.

Víctima 1

Mi cabeza se parte en dos, estoy con los de afuera del campo y con los que estamos adentro.

Nos torturan y me da vueltas la cabeza, me inquieta, me sudan las manos, me vuelve loca, abrazo a la víctima 2, tratando de ayudarle.

Cuando estoy tan mareada se que hubo gases y todo me da vuelta muy fuerte y siento como me voy haciendo chiquita y me veo encogerme porque me están cremando. Me estoy quemando y veo que los demás que están junto a mi también son quemados y sigo conectada con los de afuera que quedaron vivos.

Me queda un fuerte dolor de cabeza. Sólo se me va quitando cuando escucho que el perpetrador también se tiende junto a alguien.

Víctima 2

Desde que me acosté sentí mucho dolor de cabeza, nauseas y si cerraba los ojos me mareaba. Tenía mucho frio y el brazo derecho muy pesado. Cuando la consultante lloraba me inquietaba mucho.

Cuando oí que el perpetrador iba a pasar me dio pánico y sentí el impulso de gritar que no lo quería ver, que no quería que se acercara. Cuando lo vi aproximarse sentí mucho pánico, ganas de proteger a la víctima 1 y a la vez de que me protegiera. Cuando me brincó el perpetrador vi una oscuridad con chispas de fuego que me atacaban y a la vez sentía mucha tristeza y mucho sentimiento. Si cerraba los ojos las chispas con oscuridad se me venían encima, por lo que lloraba y lloraba y me abrazaba un afán de proteger a la víctima 1 y a la vez de que ella me protegiera.

Cuando llamaste al perpetrador sentí que me aplastaba y lo vi enorme y yo me sentía pequeña. De repente cuando escuché que tomaba su lugar me empezó a entrar una tranquilidad aunque todo el cuerpo me temblaba.

Al escribirlo me vuelve a doler la cabeza y a palpitar el corazón, así como a dolerme la mano derecha.

Víctima 3

Cuando me acosté con los muertos, cerré los ojos y sentí una profunda tristeza pero estaba bien. Me dolía el cuello. Cuando la hija se puso mal abrí los ojos y no podía dejar de verla. Al parecer al perpetrador lo miré a los ojos y sin hablar le pregunté ¿Por qué?. Sentí mucho dolor en el corazón. Cuando se acuesta empiezo a estar bien.

Me perturbaba la reacción de las víctimas 1 y 2, sin embargo yo no me identificaba con ellas. Como que no entendía que les pasaba.

Víctima 4

Me sentí bien...tranquila cuando me acosté al lado de la mamá muerta de la consultante. Tenía los ojos abiertos y ganas de llorar y se escurrieron lágrimas.

En cierto momento me dejé llevar por el nerviosismo de mi cuerpo y tomé la mano a la madre muerta de la consultante. Ya con los ojos cerrados empecé a ver un tapiz azul zafiro con estrellitas verdes que centelleaban . Un buen rato las seguí viendo... más tarde se transformó en tapiz color morado suave.

Todo el tiempo me sentí bien...

Representante del perpetrador

Veo y siento desconcierto. Cuando estoy frente a ellos siento alegría regocijo y me siento muy poderoso, fuerte. Veo que lloran las víctimas 1 y 2 y me siento feliz. Me siento orgulloso y feliz. Están temblando y me siento mejor. Cuando veo los ojos de la víctima 3 siento como que ella no tiene que ver con esto, y empiezo a buscar, siento que me falta alguien y cruzamos la mirada la Consultante y yo y vi también a la terapeuta, y esas son las personas que me hacen falta. Voy a su encuentro. Voy con la consultante. Siento el deseo de golpearla, de hacerle algo..me controlo y quiero huir. El ver tanta víctimas me angustia y me da miedo, coraje.

El perpetrador se acercó a la consultante brincando sin respeto sobre las víctimas. La consultante estaba firme. Me sorprendí al escuchar ruido y ver como las personas que estaban sentadas mirando la Constelación, comenzaron a moverse hacia atrás con sus sillas. Les tuve que pedir que se mantuvieran en silencio... no obstante ese movimiento espontáneo me dejó pensando ....

Traté de controlarme y le pedí a la terapeuta permiso para salir –Este no es mi lugar- le dije. Lo dije porque también quería matar a la terapeuta...me quería ir, quería huir. Usé mi propia persona para controlar al perpetrador que estaba dentro de mi”

“Ver tantas víctimas me angustia, me siento ansioso enojado. Le pedí a la terapeuta otra vez que me dejara salir para no dañar tampoco a la consultante, pero ella me dijo: “No hay escapatoria posible” y me pidió que los mirara a los ojos uno a uno, una a una y que me tendiera junto a ellos. Una vez en el suelo me siento molesto y enojado conmigo mismo, pero no sentía nada por los demás. El impulso de un Movimiento del Alma hizo que la consultante real atravesara cerca de mi. Casualmente una de sus lágrimas cayó sobre mi cara y ...no se que sucedió pero el coraje, el enojo y el miedo disminuyeron. Sentí su lágrima real y de repente me sentí calmado, pero no podía cerrar mis ojos, no me sentía en paz. Por primera vez pensé en lo que había hecho y mi coraje se volcó contra mi mismo”.

Como lo describí, sin razón aparente, cuando el perpetrador estuvo cara a cara con la consultante, el grupo entero se retiró, se movió hacia atrás. Por primera vez en mi experiencia vi como hubo reacciones en las personas que no estaban participando en la Constelación. Vi el poder del miedo. “Crear Miedo” es un arma poderosa y peligrosa... muy peligrosa.

Representante de la consultante

Cuando el padre aparece cerca de mi, siento grandes sensaciones de escalofrío, no se decir si era miedo o percibir la muerte, muchas muertes.

Al llegar el perpetrador sentía mucha emoción intensa y encontrada, como de mareo, pero en mi pecho, mi mano izquierda empezó a ponerse dura, mis dedos empezaron a engarrotarse como cuando siento un fuerte calambre, esto no ocurría en mi mano que se levantaba como si apuntara hacia el perpetrador y las víctimas 1 y 2.

Se le pide al perpetrador que siga sus movimientos y se viene a poner frente a la consultante, él me estaba tocando con su cuerpo, yo realmente me sentía fuerte, sin miedo, después de unos momentos le vi que bajó su cabeza y se movió alejándose.

Cuando ya estaban tendidos todos los muertos de la familia, percibí en ella paz y yo pude estar tranquila

Madre de la consultante

Yo sentí al principio mucha intranquilidad, no estaba en paz. Se acostó a mi lado el representante de mis 4 hijos muertos, lo cual fue muy reconfortante. Me sentía bien al lado de mis hijos que sentía como pegados a mi. Había momentos en los cuales flotaba, arriba era todo blanco, abajo todo negro; subía y bajaba. Cuando mi hija se sentía muy mal, yo me conecté a ella a través de un túnel (tubo) blanco con mucha luz, muchísima luz; no existía nada más que ella y yo . En algún momento vino mi mamá a tomar mi cabeza, lo cual ayudó. Había un continuo jaloneo hacía mi mamá, hacía arriba y hacía abajo. En algún momento mi suegra se acostó a mi lado, lo cual creó un enorme abismo negro. Si me movía me caía. Hubo luego mucho movimiento que causó dolor de mi ombligo para abajo, el cual fue aminorando. Tuve que doblar las rodillas para mejorar.

Al final quería irme con mi madre, solo con ella.

Representante de los 4 hijos muertos (hermanos de la consultante)

Cuando se me indica que me acueste frente a la consultante, a mi mamá y a mi papá yo me siento bien. Después cuando se tiende junto a mi la madre yo me siento mejor y yo la tomo de la mano y así permanezco siempre. Posteriormente se me dice que si puedo cerrar los ojos, yo los puedo cerrar sin ninguna dificultad y así permanezco durante algún tiempo. Luego colocan a mi lado a una de las víctimas y no me molesto, después escucho sufrir a nuestra hermana y eso me causa gran inquietud y provoca que yo abra los ojos y diga lo que está pasando, después se vuelve a tranquilizar y nosotros ya podemos volver a cerrar los ojos, sin embargo al cerrarlos esta presente el color rojo y ya no cambia ese color. Posteriormente escuchamos alboroto con la presencia del perpetrador con sus víctimas, pero no nos causa inquietud. Sabemos que eso no está ligado a nosotros y permanecemos tranquilos al lado de la tercera víctima y de nuestra madre.

Esta Constelación golpeó los límites de mis pensamientos.

El sufrimiento es mucho más que un sentimiento. No puede contenerse ni en los límites del cuerpo, ni en los límites del tiempo, ni en los límites del espacio. El sufrimiento no es temporal, es transmitido de una generación a otra. Una vez que inicia, se transforma en parte del sistema. Es una forma de recordar a los muertos aún para aquellos que no estuvieron directamente involucrados, como el bebé que murió en Bolivia donde nació, mientras toda la familia era quemada en los crematorios por los nazis. El veía el color del fuego...

Esta Constelación me hizo pensar sobre mi propia familia, y nuestra historia de muerte y sobrevivencia.

Mi padre es un sobreviviente de campos de trabajo de Lodz, sobreviviente de Auschwitz II (Birkenau) y de Mathaussen.

Los judíos no tenían derechos. Para mi padre la compasión y los mendrugos de pan representaron la diferencia entre la vida y la muerte en el campo de exterminio.

Algunos presos le regalaban algo de lo que recibían sus familias, o cambiaba una camisa por pan o por un cigarro, y a quien fumaba le cambiaban el cigarro por el pan.

Cuando terminó la guerra personas curiosas lo lastimaban con preguntas tales como: “¿Cómo es posible que estés vivo? ¿Cómo no se defendieron si eran ustedes muchos?”
El me dijo: “Me lastimaban, yo no comprendía y tampoco quería responder. ¿Cómo puedes defenderte cuando los nazis entraron a los gettos y se llevaron a las niñas y a los niños. Ya no éramos personas, ya no teníamos fuerza moral. Para acabar con nosotros y dejarnos muertos en vida, fueron a las escuela y mataron a los chiquitos, después de eso ya no hay más moral, una mamá ya era un muerto caminando.”

Cuando yo era una niña mi padre nunca me habló sobre los campos de concentración, pero mi alma tenía escrita la historia familiar. En 1980 cuando tenía aproximadamente 23 años de edad, durante una sesión de psicoanálisis dije: “ no había presente cuando nací. Representé para mi madre los sueños del futuro, y para mi padre la reconstrucción de su pasado. No había presente cuando nací.” La psicoanalista, sintió el peso de esa frase y la dejó intacta sin analizarla, únicamente me dijo: “ No se lo que eso signifique, pero es poesía. Escríbela y algún día comprenderás su significado”. Hoy puedo reconocer la profunda sensibilidad de Silvia Emmer.

Algunos años después se exhibió la película “La decisión de Sophie”. La película es sobre una mujer que estaba parada en la fila de la muerte abrazando a su hija e hijos pequeños. Un soldado nazi la obliga a elegir entre ambos, cúal debe morir para que el otro se salve. Teniéndolos a los dos en sus brazos tiene que entregar uno y sólo se le permite salvar a uno de ellos. Sacrifica a su hija para que ella no tenga que pasar por las humillaciones que las mujeres padecían en los campos. Al final también pierde a su hijo que es asesinado. Ella sobrevive la guerra, no así su alma; los intentos de suicidio eran sus compañeros.

Mi padre fue a ver esa película que tuvo un efecto desconocido para él. Sufrió de insomnio. Su esposa me llamó y me sugirió hablar con el.

“¿Qué te pasó con la película papá?”

“No estoy de acuerdo con su segunda decisión”

“¿Con cual?”

Yo no entendía. “ Sophie tomo una sola decisión, la de su hija”

“No”, me dijo, “ la decisión de matarse ella misma. Hay vida, y cuando hay vida, hay esperanza. Yo nunca pensé en la muerte, ni un solo día en el campo de concentración. Cada día quería vivir un día más. También quería dar este mensaje a la siguiente generación. ¡Quién podría creer que existió este horror! Yo veía como algunas personas se arrancaban los dientes para cambiarlos por un cigarro y como se aventaban a los alambres de electricidad para que les dispararan. Yo vengo de una familia muy pobre, el hambre siempre me acompañaba, pero los que eran ricos y que no habían sufrido difícilmente podían soportar. Cada día yo quería vivir un día más. Yo nunca pensé en la muerte; ¿me entiendes?, nunca. Fuimos deportados al getto de Lodz. De ahí me fui a un campo de trabajo a Posnen; nos dijeron que nuestras familias recibirían cupones. Mi padre había muerto de hambre, mis dos hermanos mayores habían huido para unirse al ejército ruso después de haber sido brutalmente golpeados por unos soldados nazis. Huyeron porque querían salvar sus vidas. Mi madre y mis dos hermanas se quedaron en casa y yo fui a trabajar para que ellas recibieran los cupones que nos fueron prometidos. Yo tenía 15 años. Los cupones nunca llegaron. Yo me fui como esclavo y a ellas nunca les dieron nada. Después de más de un año recibí un permiso de tres días para visitar a mi familia, amenazado de pena de muerte si no regresaba. Encontré una casa vacía, mi madre había desparecido con mis dos hermanas. Mi abuela que vivía a unas cuadras de ahí me dijo que mi madre y mis hermanas habían sido llevadas en los trenes a Helmno. Cuando me despedí de ellas nunca pensé que iba a ser la última vez que las viera. Era 1942. Tenía que regresar al campo de trabajo. Cuando ya no serví para trabajar, me mandaron de regreso al getto en Lodz y de ahí me deportaron a Birkenau (Auschwitz II), un campo de muerte”

Estas palabras no pretenden ser un testimonio de los horrores de las atrocidades humanas. En cambio son más bien una melodía de amor por mi padre, un sobreviviente de Auschwitz II, de quien he recibido lecciones de fortaleza, valentía y compasión. Él aprendió a vivir sin odio. Él me enseñó como vivir sin odio.

En Noviembre del 2000 organicé para él una conferencia con el título “Como aprender a vivir sin odio” en la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal. Durante la conferencia pudimos entrar en su memoria donde nos presentó a aquellas personas que le ayudaron con un pedazo de pan duro y a aquellos que compartieron algo de lo que sus familiares les enviaban al campo. Los judíos no tenían los mismos derechos, no podían recibir nada de fuera.

En privado le pregunté: “¿De verdad papá viviste sin odio?”. “Si” me contestó. “Me duró como un mes y luego me hice como un lavado de cerebro, porque yo veía que la vida para los demás no había cambiado; veía que una mamá llevaba a su hijo a la escuela, otros iban a trabajar y a mi me parecía que yo había llegado del infierno y entonces me puse una camisa como joven, salí un poquito porque si vives con odio estás muerto. Mis problemas fuertes empezaron después del campo. Pensé que era el único judío vivo. Sin hogar. Sin madre. Sin hermanas. Sin los hermanos mayores que antes me cuidaban y la gente tenía miedo de nosotros. Ellos pensaban que nosotros queríamos vengarnos y que lo haríamos en cualquier momento, pero yo sólo quería vivir”.

Los límites de mi pensamiento se desbordaban y empiezo a encontrar la magnitud de sus recuerdos.

El racismo, la intolerancia y el genocidio son muy peligrosos para todos nosotros. El odio penetra la vida de generación tras generación, y el sufrimiento no puede ser contenido en los límites del cuerpo , el espacio, o el tiempo como lo dije antes.

Sufrimiento y culpabilidad no tienen fronteras tansgeneracionales

En una ocasión mi padre vio a Hellinger trabajar en Würzburg. Después de una Constelación sobre un tema relacionado con la psicopolítica, subió al escenario y le dijo a Bert: “¿Cómo descubriste esto? Esto es exactamente lo que yo hice. Dejé a los muertos entre los muertos, me fui a vivir con los vivos y veme aquí estoy contigo y con mi siguiente generación (señalándome a mi). Todo mi sufrimiento está a mis espaldas y como tu me dijiste cuando cenamos juntos, no lo puedo olvidar Bert, me dijiste que no estoy solo, que tengo a toda mi familia detrás de mi”.

En su frase comprendí cuántos misterios de la vida tienen aclarados algunos sobrevivientes. Testimonios de muchas Constelaciones nos muestran que cada uno de nosotros es responsable por el otro. David Norowitz, autor de “Las Voces de la Shoa” dijo: “Tenemos que agradecer a los sobrevivientes el ayudarnos a comprender mejor el pasado para que el futuro pueda ser más seguro”. Mi padre no cuenta la historia, él es la historia.

El tema de este trabajo es “De Auschwitz a las Constelaciones Familiares”, y se preguntarán como están vinculados estos dos temas. Quisiera compartir una experiencia personal que podría contribuir a la comprensión de lo difícil que es hallar el camino hacia la reconciliación.

A veces, los “Movimientos del Alma” se mueven por su propia inercia. Antes del Congreso de Wurzburg en el cual iba a exponer este trabajo, estuve a punto de retirarme porque comencé a tener sentimiento que eran totalmente desconocidos para mi. Una de mis manos temblaba con el solo hecho de pensar en mi llegada a Alemania, mis ojos lloraban sin razón cuando iba en el auto, me sentía extraña con una opresión continua en el pecho...

Trabajo con Constelaciones Familiares por lo cual entonces traté de comprender que es lo que me estaba sucediendo. Yo sabía que había entrado a algo mucho mayor que yo. Tenía que enfrentar el miedo que de algún lado estaba yo recibiendo. Mi intuición me dijo que estaba percibiendo el mensaje de miedo, de horror proveniente de la familia de mi padre. Venían imágenes a mi, muy difusas al principio, hasta que vi a la abuela que no conocí y de la cual me honra el llevar su nombre. Me sentía más y más asustada al acercarse las fechas del Congreso. Frases y palabras entraban y salían de mi como ecos. No me hacía ningún sentido pero poco a poco en esos ecos descubrí las promesas ocultas que mi corazón hizo y yo estaba en riesgo de romper mis propias promesas y de traicionarme a mi misma. Yo me prometí, y fue quizá antes de cumplir los 11 años, cuando realmente hacemos las promesas que sí vamos a cumplir, que nunca pisaría tierra alemana. Estaba en la gran paradoja de mi vida, en un laberinto del cual no podía encontrar salida alguna.

Había hecho ya un gran esfuerzo cuando decidí estudiar Constelaciones Familiares con un maestro alemán. Comprometida profundamente con las Constelaciones fui a New York para conocer el trabajo de otro terapeuta alemán con quien ahora no solo trabajo, sino que somos entrañables amigos. Pero lo que yo estaba viviendo estaba fuera de los límites de mis posibilidades personales. No me podía ver llegar a Alemania, eso estaba más allá de mis fuerzas. Lo sentía como alta traición contra mi y mi familia.
Cuando estas cosas suceden, a veces hay personas especiales que están en tu vida, te toman y te nutren con su presencia. Una de esas personas especiales tocó mi vida con la discreción con la que el viento sopla entre las hojas. Para usar el lenguaje de Bert diría que es la Gran Alma la que coloca la semilla donde hay tierra fértil, donde puede crecer. Esa persona con su presencia sutil cambió el camino en mi familia. Harald Hohnen estaba conmigo en México; impartimos juntos un entrenamiento en Constelaciones Familiares. Sus manos trajeron la semilla de Bert que hoy florece en el Instituto de Constelaciones Familiares y Sistémicas de México, que es una organización civil de la cual yo soy directora. Compartí con él lo que sentía y el que me retiraría del Congreso. Harald me sugirió preguntar a mi padre si podía venir conmigo al Congreso y ofreció cancelar todas sus actividades para recibirnos en Berlín y llevarnos a Lodz en Polonia, donde mi padre nació, ver también el lugar donde mi abuela y mis tías vivieron y de donde fueron llevadas en los trenes y poder hacer un rezo por ellas. De ahí iríamos a Auschwitz y a Auschwitz II el campo de muerte donde mi padre pasó dos años de su vida. “De esta manera irás de Auschwitz a las Constelaciones Familiares en Wurzburg”me dijo Harald. Mi padre vino a vernos a la oficina y le comenté nuestros planes. Sonrió de una manera que yo no había vista antes “Haz todos los arreglos necesarios para mi y para mi esposa”. Platiqué con mi esposo, con la comprensión que las Constelaciones Familiares nos han dado, por el amor que nos une, su respuesta fue “vete yo me encargo de nuestra hija porque esto va a ser importante no solo para ti, sino para el futuro de ella”.

Pensé que ya podía descansar hasta el viaje porque todo ya estaba en su lugar, pero esto solo era un espejismo porque antes del viaje tuve que enfrentar otro gran movimiento en mi alma.

Di un taller de Constelaciones Familiares una semana antes de partir y nunca imaginé que tendría que enfrentar un reto tan enorme. Una semana después de que hice la Constelaciones sobre las víctimas de Auschwitz, vino una mujer a mi taller con un problema grave; ella tenía un hija suicida, con solo 17 años de edad había intentados dos veces quitarse la vida. Empecé a trabajar con ella y durante las preguntas iniciales me dijo que ella era la hija de un oficial alemán. Daba toda clase se excusas en relación a la responsabilidad de su padre, inclusive argumentó que aunque fue un oficial no necesariamente mató.

Fue casual dijo el que su padre se fuera de Alemania a Chiapas en México y que tuviera plantaciones de café como mucho alemanes que emigraron después de la guerra. Me parece importante agregar que se fue a uno de los lugares más escondido de este país. Es un estado al cual los mexicanos no emigran por las difíciles condiciones climáticas laborales y de comunicaciones. Es un lugar ideal si alguien no quiere ser hallado. Hablaba del padre como un hombre bueno que estuvo en el ejército alemán. Yo indagué la información sobre los años en los que el sirvió en el ejército alemán. Dijo que fue durante la segunda guerra mundial y agregó que fue oficial. Yo volví a preguntarle si fue un oficial en el ejército nazi y contestó molesta ”No, del ejército alemán”. Dijo que ella sabe que entre otros lugares el estuvo en Checoslovaquia pero que no sabía nada más, que su padre nunca habló de eso, y que había venido al taller de Constelaciones Familiares porque su hija había tratado de suicidarse dos veces a la edad de 15 y 17 años y no a hablar de su padre, que ella no quería tener el estigma de su padre.

Yo no sabía qué hacer. Empecé a tener reacciones físicas, a sudar, mi respiración se cortaba y por un momento perdí mi centro. Mi alma se conectó con la Constelación de Auschwtiz, las cámaras de gas, los trenes, y con aquellos que fueron responsables de las decisiones.

Mi respiración estaba entrecortada. Recordé el entrenamiento con Harald y los talleres con Bert, me enseñaron que cuando estamos trabajando con Constelaciones Familiares lo tenemos que hacer sin miedo, sin juicio, sin memoria, sin intención, sin amor. Yo tenía todo. Tenía intenciones, sentía miedo, tenía memoria y juicios y las imágenes descritas por las víctimas regresaban a mi. Estaba ahí parada y no sabía qué hacer; tenía una gran responsabilidad, 30 personas en el grupo y frente a mi la madre de una joven de 17 años que había intentado suicidarse dos veces. Respiré profundo, le pedí a la consultante que eligiera representantes para su padre y para su hija y mientras tanto me retraje a mi mundo interno.

Di un paso atrás y me tomé mi tiempo... coloque a Bert a un lado de mi y a Harald del otro, y entonces...me dirigí a mis ancestros.... Le pedí a mi padre y a mi Bobe (abuelita en Yiddish) permiso para trabajar... estábamos juntos en la Gran Alma. Mi historia familiar y el encuentro biográfico con mi pasado estaban ahí, no era pasado, estaba presente y mis lealtades invisibles emergían: “¿Traicionaré a toda mi familia que fue asesinada por los nazis si trabajo con ella?”. Mi Bobe y mis tías fueron llevadas del getto para ahogarlas en los trenes, cuando era adolescente mi padre se ofreció como voluntario para ir a trabajar a cambio de comida, fue llevado a Auchwitz II y después fue obligado en condiciones infrahumanas a caminar a Matthausen en la marcha de la muerte. Me miré para estar segura que no se veía como latía mi corazón.

Me rendí, me entregué a la Gran Alma, en mi imagen me giré hacía mis abuelos y esperé y esperé: ”Mi Bobe era inocente, mis tías eran inocentes, la hija de este oficial nazi es inocente y la hija de ella también es inocente. Aquí estoy como terapeuta, parada en la mitad de un taller, luchando entre mi conciencia individual y mi conciencia colectiva, luchando entre la buena y la mala conciencia, en palabras de Bert. Mis ojos miraron hacia lo profundo de mi alma y hallaron un secreto, encontraron que la mejor manera de honrar a mi Bobe era hacer lo que ella hubiera hecho por sus hijos, por mi padre, y por nosotros sus nietas y nietos. Ella hubiera querido que vivieran y que estuvieran seguros y estoy segura que ella no hubiera querido que algún niño a niña sufriera como sus propios hijos sufrieron.

Espere... y algo surgió... yo se que mi Bobe hubiera hecho cualquier cosa por salvar a sus hijas e hijos del sufrimiento porque eran inocentes. Frente a mi tenía a la hija inocente de un perpetrador que venía a trabajar por su hija suicida que también era inocente. En ese momento recordé aquella lágrima de la consultante que cuando cayó en la mejilla del perpetrador durante la Constelación de Auchwitz le abrió el corazón. Sentí el calor de la compasión el cual me guió para tratar de liberar a la nieta del destino del abuelo. Tomé aire para continuar. Coloque a las víctimas y la nieta en un movimiento voluntario se acostó al lado de ellos...

Yo esperaba.

No dije ni una palabra; solo recordaba esa lagrima en la Constelación de Auschwitz... mi prejuicio se fue desvaneciendo para escribir un nuevo capítulo en mi Biblia familiar “Esperanza por la paz”. Abrí mi corazón manteniendo atrás de mi a mi padre y a mi madre, detrás de mi padre a toda su familia, detrás de mi madre (migrante de Rusia) a toda su familia. Los Movimientos del Alma tomaron la dirección, el perpetrador se acercó a las víctimas y se acostó al lado de ellas y unos minutos después la representante de la nieta se recuperó y se levantó para caminar hacia su madre.

Al día siguiente la consultante estaba molesta, escéptica . Con una profunda tristeza dijo que la Constelación le había causado un impacto tan fuerte que inclusive le había cuestionado su creencia en D-os; dijo que ella no creía en un D-os castigador y que el daño que hizo el abuelo tuviera que pagarlo la nieta, dijo que había luchado mucho para quitarse el estigma de su padre.

Le pedí a los representantes de las víctimas y a las otras tres personas que participaron como representantes, que compartieran sus sentimientos durante la Constelación. Las víctimas dijeron que en el momento que hicieron contacto con los ojos del perpetrador sintieron profundo amor y compasión por el, a lo cual el representante del padre dijo que había sido precisamente eso lo que le llevó a acostarse al lado de las víctimas, sustituyendo el lugar que su nieta ocupaba entre las víctimas.

No le comenté nada acerca de mi religión, ni sobre mi historia familiar y mucho menos sobre la experiencia reciente con la Constelación de Auschwitz; consideré que eso podría prejuiciarla y atentaría contra su propia sanación.

Estábamos una frente a otra, dos mujeres confrontando una paradoja histórica: la hija de un sobreviviente de Auschwitz ayudando a la hija de un oficial nazi a cambiar el destino trágico de la nieta de éste. .....no lo hablé con nadie....dejé que trabajara dentro de mi...

RECONCILIACIÓN, esa era la palabra que llegaba repetidamente a mi mente.

Mientras estaba frente al perpetrador durante la Constelación viendo su dureza y su falta de responsabilidad, descubrí qué había detrás de mi miedo de viajar a Alemania. La frase que emergía era “Los Judíos no salen de Alemania vivos”. Esa era la razón por la cual mis manos temblaban cuando pensaba en el viaje.

Mis reacciones físicas eran tan vivas que comencé a pensar que debe de haber una memoria celular, que quizá en cada familia existe una Biblia con su propio Diccionario del Amor y una Memoria Familiar Secreta guardada en las células de nuestro cuerpo, donde todas las traducciones y significados de la Biblia Familiar se archivan. Mis sentidos habían comenzado a descubrir el desequilibrio de las lealtades invisibles y había que resignificar el contenido de las verdades.

La frase que apareció hace veinte años y que representó mucho dolor en ese entonces ahora tenía otro sentido:

“No había presente cuando yo nací. Yo representé para mi padre la reconstrucción de su pasado y para mi madre yo representaba sus sueños de futuro” Esta frase era poesía y contenía el misterio de la historia familiar. En ese momento lo comprendí:
La reconstrucción del pasado de mi padre había hallado su camino a través de los Movimientos del Alma que Bert describe. El futuro de los sueños de mi madre se expresaban en mi deseo de trabajar en mi profesión. Ella hubiese querido estudiar y ser profesionista no obstante sus circunstancias familiares no se lo permitieron. Desde pequeña me repetía: “Tu vas a estudiar y a vivir de lo que tu hagas, mi herencia son tus estudios” . La reconstrucción del pasado y los deseos del futuro hallaron su Presente en las Constelaciones Familiares y en los Movimientos del Alma. El camino fue largo ...hoy trabajo en Constelaciones Familiares con mi padre y mi madre detrás de mi. Vivieron juntos un corto tiempo de mi infancia, el suficiente para construir el Presente que hoy me impulsa y que debo agradecerle a ambos.

Existen frases en el sistema familiar que están esculpidas sobre piedra, a pesar de que su origen este perdido; la Biblia Familiar. Mi terror de ir a Alemania provenía de la frase “Los Judíos no salen vivos de Alemania”, pero yo sentía que quizá había algo más atrás. Me introduje en el miedo, lo sentí como algo bueno para mi. Mi miedo era la “Buena Conciencia Familiar” y estaba allí para protegerme . Era mi Bobbe (abuelita en Yiddish) que me estaba cuidando. Me di cuenta que para hacer el viaje a Alemania tendríamos que ir tres: yo , mi miedo y mi “Mala Conciencia”.

Por una pregunta de mi hijita Daniela de 5 años, me di cuenta de la fuerza de la Buena Conciencia que ya la había alcanzado a ella. Mi chiquita sabe que viajo a ver trabajar a Bert Hellinger tantas veces como puedo. Se queda feliz al cuidado de su papá y de mi mamá. Siempre se despide feliz. Cuando yo atravesé por las difíciles etapas de descubrir las frases detrás del miedo , lo cual no compartí verbalmente con nadie, me preguntó una noche “¿Mami, vas a regresar de Alemania?” (¿Fue un campo morfogenético de los que Scheldrak habla? ¿Fue buena conciencia?.) Lo más extraño es que le contesté “Claro hijita”, sin estar muy segura de mi respuesta.

Después de esta conversación con mi pequeña no me quedó duda de lo importante que era viajar acompañada de mi Mala Conciencia para darme la oportunidad de escribir nuevos significados al Diccionario del Amor de la Biblia Familiar, y tratar de transformar tanto las ideas preconcebidas así como los prejuicios que toman forma de verdades en nuestra vida cotidiana y que marcan todo. Cuando me despedí de ella desde mi corazón le dije: “Yo me encargo”.

Hice el viaje. Harald nos recibió y nos cuidó como si fuéramos su familia. Visitamos Lodz, vimos los límites del getto, estuvimos en el mercado donde creció....llegamos a Birkenau, el campo de exterminio y salimos de Birkenau. Harald se mantuvo siempre lejos físicamente, respetuoso....yo no podía levantar los pies de piso, mis pasos se arrastraban. Después mi papá me dijo: “Te vi tan mal que me hice el fuerte para ti”.

Siempre tuve la esperanza de que los libros exageraran, de que las películas, aun las originales, hubiesen tomado solo una pequeña parte de la realidad. Mis esperanzas huyeron frente a lo indescriptible.

“Nos contaban todas las mañanas, a las 5 de la mañana, solo a los vivos y completaban los cuatrocientos de la barraca” Esa frase quedó dentro de mi. Desde que recuerdo mi papá contaba todo: las mesas en los lugares, las personas que cabían, los metros, etc. Estando con él allí comprendí que Contar significa: estar vivo. Se lo comenté y me dijo sonriendo “Puede ser que sí” . Desde ese día le dije: sigue contando papá, tu cuentas conmigo y yo cuento contigo. Y ahora cuando entramos a algún lugar contamos juntos.

En el camino de vuelta cuando nos dirigíamos a Wurzburg, escribí la última parte del trabajo. Habíamos concluido el camino “ De Auschwitz a las Constelaciones Familiares” y mi alma había hecho el viaje.

RECONCILIACIÓN, solo una palabra que reta las verdades.

No hay reconocimiento, no medallas, ni regalos, no hay nada que provenga del exterior. Es un proceso del alma. Es importante luchar por una cultura para la paz. Tiene que ser realizado con amor, respeto por las diferencias, tolerancia, igualdad, equidad y dignidad. No obstante desde mi perspectiva no debemos entrar en el terreno de la política, sino que debemos construir la “Política del Amor”. La política es un sistema diferente con distintas reglas. Cuando estuve colaborando en la política me sorprendía el que cada vez que utilizaban el término “por razones políticas” era claro que esto significaba: sacrificamos a alguien inocente o mentimos o encubrimos, o bien excluimos a alguien del grupo por el bien de lo demás, etc.

Hay también entre las personas dedicadas a la política personas maravillosas que luchan por la dignidad y que promueven cambios a las leyes para alcanzar la equidad. Yo participé activamente en la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo en el Cairo, Egipto en 1994 como parte de las Organizaciones Civiles Feministas. 184 países reunidos trataban de llegar a acuerdos sobre un documento internacional, pero los grupos de extrema derecha se empeñaban en ignorar las necesidades de la población, sistemáticamente se oponían a las propuestas de salud reproductiva. Los grupos progresistas se desgastaban y muchas veces el objetivo se perdía en la lucha por el poder.

En cuanto a las Constelaciones Familiares y los Movimientos del Alma, su sabiduría puede abrir nuevas opciones para repensar aspectos de la educación, las leyes sobre la familia, formas de afrontar el divorcio, la violencia intra familiar y la sexualidad. Por otro lado, al no emitir juicios y al describir fenomenológicamente o sistémicamente la dinámica oculta en las familias pueden tocarse fibras sensibles que se relacionen con la defensa de posiciones políticas en mayor medida, que con el bienestar de los seres humanos. Esta es la razón del planteamiento de abrir la “Política del Amor”.

El grupo de entrenamiento que formé en México tiene una perspectiva política y una meta clara:

Permitir el acceso a las Constelaciones Familiares a todos los sectores de la sociedad, no unicamente a quienes pueden solventarlo económicamente. Yo no hice publicidad sobre el entrenamiento. Durante un año y medio di talleres de Constelaciones Familiares a muy bajo costo, e invité a personas a quienes deseaba motivar en el conocimiento que Bert Hellinger nos había hecho llegar. Invité a líderes, mujeres y hombre que trabajaban en organizaciones civiles(ONGs), busqué a personas que trabajasen en el campo de los derechos humanos, la violencia intra familiar, sexualidad, educación, derechos reproductivos, género, paternidad, violencia masculina y diversidad sexual. También personas que estuvieran involucradas con comunidades rurales y urbanas marginadas.

Harald Hohnen compartía los mismos ideales y aceptó dar entrenamientos conmigo en México en el Instituto de Constelaciones Familiares y Sistémicas de México A.C. Con FamiliaS. Bert apoyó el trabajo que realizamos en México y en Mayo del 2001, después del Taller que organizamos para él en México, me dio el honor de fundar el Instituto Bert Hellinger de México.

RECONCILIACIÓN. Solo una palabra.

Hay pocas cosas definitivas en las Constelaciones Familiares, una de estas es que cuando piensas que estas al final de algo, solamente es un nuevo comienzo. Cuando crees que has comprendido algo, es unicamente una puerta que te lleva a otro lugar. Por lo tanto, de los único que estoy segura es de que no hay nada totalmente cierto, y que siempre hay algo más que buscar, que preguntarse.

RECONCILIACIÓN. Solo una palabra.

Siento que no podemos ir hacia la Reconciliación, ésta tiene que pasar a través de nosotras(os). El reto es desarrollar una estrategia política que nos permita acercar a personas de la política al campo de las Constelaciones Familiares. Entonces , la sabiduría de las Constelaciones Familiares y de los Movimientos del Alma tendrían más oportunidad de integrarse en sus vidas y en su trabajo.

RECONCILIACIÓN. Solo una palabra.

Aprendí. La Reconciliación te atraviesa y quiebra la Conciencia Individual. A veces se requiere pedir permiso con una reverencia hacia osacestros. Después es necesario encarar a la Buena Conciencia y tus necesidades de pertenencia y descubrir los códigos de la Biblia Familiar y aprender a leer las palabras detrás de las expresiones que la memoria celular muestra a través del cuerpo.

RECONCILIACIÓN...

En el corazón de mi hija de 5 años, su Zeide ( abuelo en Yiddish) no es un sobreviviente. Ella habla de él diciendo que es un héroe que peleó por su vida. Vio la película “La novicia rebelde”, y me preguntó:

“Mami, ¿es cierto lo que pasó con los nazis? . ¿De dónde son?

“Si hija fue cierto y eran de Alemania” le contesté.

A lo que respondió:

“Pero Bert y Harald son alemanes mamá”

Entonces le dije:

”Si hijita, pero alemanes y nazis no es lo mismo”

Me di cuenta por primera vez que mi alma estaba tratando de diferenciar entre las dos palabras, aún en contra de mi Buena Conciencia familiar y comunitaria.

Tenemos que trabajar por una cultura para la paz y ser muy pacientes porque va a llevar mucho tiempo. Más de tres generaciones fueron asesinadas...la sanación puede tardar aún...

RECONCILIACIÓN. Solo una palabra.

Hoy en día en Lodz, Polonia ( visitamos en mayo del 2001), donde se encontraba el getto, hay pintas en las paredes en las calles que dicen “JUDE ARAUS” (Judíos fuera) y una estrella de David decora la frase. La semilla de la Reconciliación tiene que estar llena de amor para que pueda germinar aún en tierra seca donde el fantasma de la muerte aún habita.

Para colaborar al proceso de Reconciliación, nosotros como Judías(os) tenemos que separa dos palabras que la historia unió:

Alemanes y nazis. Por otro lado, quienes tienen perpetradores en sus familias tienen que reconocer su responsabilidad y unir dos palabras que fueron separadas por los nazis:

Judíos y seres humanos.

Me llegó una imagen.

Imaginé que tomaba mi Biblia Familiar en mis brazos...coloqué a mi madre y mi padre detrás de mi...y detrás de cada uno a su padre y a su madre, y detrás de estos a mis bis abuelos y bisabuelas y a todas las personas de las que desciendo, como Bert nos ha enseñado. Después nos dirigimos al mar y esperamos el amanecer, y vimos el amanecer, y esperamos el atardecer, y esperamos y vimos el amanecer, y después de infinitas veces nos dimos cuenta de que muchas familias estaban allí, cada una cargando las pesadas rocas en las cuales está esculpida la Biblia Familiar, y en uno de los amaneceres, cuando los primeros rayos acariciaron el cielo, estas rocas se transformaron en arena, y el viento abrazó sus palabras... todas y todos nos inclinamos haciendo una reverencia a la brisa.

(Cuando terminé, nadie se movió, nadie aplaudió, se respiraba un profundo respeto. Miré a mi padre que estaba en la audiencia y le dije: “Papá, es un honor ser tu hija” . La gente se paró en silencio, nadie aplaudió. Harald llamó a mi padre al centro y todos se inclinaron haciendo una reverencia ante él y ante todos a quienes él representa).

De libro La buena Sombra, editado por el Instituto Bert Hellinger de México: Compiladora Raquel Schlosser.

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