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Lluís Mallart, ex misionero, antropólogo, hijo de los Evuzok

Fui a África a convertir negros y me convirtieron a mí

19/11/2007 - Autor: Victor M. Amela - Fuente: La Vanguardia
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Lluís Mallart
Lluís Mallart

¿Quiénes son los evuzok?

Una etnia africana, en el actual Camerún, con lengua y cultura propias. ¡Yo soy hijo de los evuzok!

¿Qué quiere decir?

He convivido años con ellos, y me consideran un evuzok que está pasando esta vida metido en un cuerpo de blanco.

¿Cómo conoció a los evuzok?

Yo era sacerdote y llegué como misionero en 1961 al poblado evuzok: fui a África para convertir negros al cristianismo.

¿A cuántos convirtió?

A ninguno. Me convirtieron ellos a mí.

¿A su religión?

A la antropología.

¿Cómo fue eso?

En el trato cotidiano con ellos descubrí que yo era misionero por una inclinación hacia el otro, y que esa inclinación tenía un límite.

¿Cuál?

Juzgar al otro. Si juzgas al otro, ya no le quieres otro, le quieres igual a ti. Y, claro, el misionero juzga: le dice al otro que debe cambiar algo supuestamente malo por algo supuestamente bueno…

¿Y no se vio usted capaz de eso?

No supe condenar: fracasé. Prefería indagar, entender. Así fue cómo los evuzok me descubrieron que yo no era misionero, sino antropólogo: el antropólogo observa sin juzgar. 

Póngame un ejemplo.

Al llegar, me negué a vivir apartado, así que me alojé en casa de Mba Tobies, un hombre con dos esposas, Jeanne y Christine…

Dos esposas: empezamos mal, ¿eh?

Sí, se supone que yo debía condenar la poligamia… ¡y Christine me pidió que la bautizase! Como misionero, yo debería haberle exigido que primero se separase del marido…

¿Y no se lo pidió?

Separarse la obligaría a volver a la casa de su padre, y al marido a devolver la dote… ¡Una tragedia para dos familias! Así que le dije a Christine que olvidase lo del bautizo.

Vaya, pobre Christine...

Hasta que un buen día la bauticé en casa, sin más, y santas pascuas. Lo hice.

¿Qué opinaba la jerarquía eclesiástica?

Tuve tantos desencuentros... Yo participaba en Agermanament, un grupo de misioneros que pretendíamos serlo sin colonialismo…

¿Y cómo se hace eso?

Intentábamos africanizar la misa: un día usé media calabaza local para tomar el vino de la eucaristía… y me intoxiqué. ¡Era venenosa!

Mala pata.

Otro día dispuse en exóticos cocos las lamparitas de aceite…, y atrajo a una marabunta de hormigas. Otro día usé una calabaza alargada como búcaro: a los evuzok les pareció grotesco ver flores en una calabaza… Una botella de cerveza vacía era para ellos más lujosa.

Todo un aprendizaje, vamos...

Aprendí sobre todo la complejidad de su pensamiento religioso y médico, entendí su concepción el mundo. La he estudiado a fondo.

¿En qué consiste?

Los evuzok sostienen que esto que llamamos realidad es reflejo de la realidad real. Lo que nos sucede es reflejo de algo sucedido en el plano de realidad verdadera… al que algunos saben acceder, para modificarla.

Los brujos, ¿no?

Como son "negros", "primitivos", despachamos su pensamiento tildándolo de "magia", "brujería"… Pero ¿qué otra cosa es el mundo de las ideas de Platón sino esa realidad evuzok? Pero, claro, Platón era un griego blanco y no un africano negro, y por eso lo estudiamos en la universidad.

¿No estudiamos en la universidad el pensamiento de los pueblos africanos?

En las universidades catalanas, no. Y eso me escandaliza. Es lamentable. Nosotros queremos que respeten nuestra lengua, cultura e identidad, ¡pero despreciamos las otras! ¡Menudo ejemplo! A mí, fíjese, ningún evuzok me pidió nunca papeles… Al contrario, me han acogido siempre en sus casas.

Ya…

Los catalanes, que tan orgullosos defendemos nuestra identidad, ¡lo primero que le pedimos al otro es que disuelva la suya! ¡Vaya! ¿Convivir consiste en disolver la identidad del otro?

Ya veo que sí, que es usted un evuzok…

Sí, ellos dicen que estoy volviendo a recordar como antropólogo todo lo que ya sabía como evuzok y que había olvidado como blanco.

Su conversión de misionero en antropólogo ¿tuvo algún momento determinante?

Un hombre me preguntó un día por qué les condenábamos por adorar huesos de sus ancestros si nosotros teníamos relicarios con huesos de santos. Y me dijo que somos más fetichistas que ellos, que nunca se les ha ocurrido decir que un trozo de galleta es Dios…

Visto así...

Como estas, tantas cosas… Además, allí me enamoré de una cooperante catalana, y en 1968 nos fuimos a París a estudiar antropología, colgué los hábitos, tuvimos hijos…

¿Son los cooperantes de las ONG de hoy los nuevos misioneros?

Yo iba a salvar almas, ahora van a salvar cuerpos... Yo ya he aprendido a no salvar a nadie.

No salvar a nadie... Suena duro.

Somos tan arrogantes que vemos a los africanos por lo que podemos darles, y no por lo que ellos pueden aportarnos. ¿Y si, en vez de consolarnos tanto haciendo el bien, nos esforzásemos un poquitín en conocerles?

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