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Dialogar: Un debate sobre la experiencia de la fe

12/11/2007 - Autor: Henri de la Hougue - Fuente: theologia.fr
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Henri de la Hougue
Henri de la Hougue

Dialogar significa que aceptamos dar un paso hacia el otro, de la misma manera que Dios ha aceptado dar un paso hacia nosotros para que podamos encontrarlo. Desde ese punto de vista, el diálogo debe tener unos puntos de referencia pero también debe avanzar un poco más hacia el encuentro:

- encontrar al otro tal y como es y no tal y como nos lo imaginamos
- respetar al otro en su diferencia
- dar testimonio de su experiencia de fe
- acoger la experiencia del otro

Se trata a fin de cuentas de un diálogo entre personas que buscan a Dios.

Descubrir al otro tal y como es

Dialogar con el otro significa primero aprender a conocerlo, es decir, aprender quién es, más allá de la idea que tengo de él: ¿Qué siente realmente? ¿Cuáles son mis afinidades con él y los aspectos en los que tengo más dificultades? ¿Qué es lo que entiendo sobre lo que siente y qué es lo que me cuesta entender? etc. Para eso, tengo que encontrar al otro tal y como es y no tal y como me lo imagino.

La imagen que se difunde de los musulmanes en los medios de comunicación y en nuestros conceptos imaginarios favorece a menudo bastantes estereotipos, sobre su modo de vida ("Es árabe, entonces es musulmán… seguramente es polígamo… Ella lleva el velo entonces es una integrista…") y sobre su fe ("El Dios del islam es el Dios del Antiguo Testamento… es un Dios lejano… es una religión de leyes y no de amor…").

De la misma manera, muchos musulmanes se imaginan que los cristianos son medio politeístas, que San Pablo deformó los evangelios que Jesús había transmitido, etc.

La primera etapa consistirá, pues, en conocerse y deshacerse de todas las imágenes que tenemos para escuchar y descubrir al otro tal y como es y no tal y como me lo imaginaba.

Además, algunas personas ante otra religión, se sienten como un guardián de su propia religión y desde ese punto de vista no siempre tienen una imagen muy lúcida de ellos mismos. El cristiano se imaginará más caritativo que el musulmán, porque la caridad es un principio cristiano sin mirar si él mismo practica en su vida esa caridad. Igualmente, un musulmán se sentirá por principio una persona acogedora en nombre de la tradicional hospitalidad musulmana, sin mirar si él practica en su vida cotidiana esa hospitalidad… En ese sentido, cada uno deberá mirarse a sí mismo con lucidez y humildad.

Otras personas, al contrario, se sitúan tal y como son, pero idealizan la fe del interlocutor que tiene enfrente. Así por ejemplo, el cristiano tendrá la impresión de estar muy lejos de la fe cristiana porque no va a menudo a misa y le cuesta acordarse del Padre Nuestro y sentirá una admiración ante el musulmán porque cree que es "muy practicante", ya que ayuna durante el Ramadán.

Por otro lado, el musulmán que ayuna, pero que no sabe leer el Corán y no hace nunca sus oraciones diarias tendrá la impresión de estar muy alejado de la fe musulmana, pero sentirá admiración por el cristiano que le invita a hablar de su fe.

Así, cada uno "idealiza" su fe para no sentir vergüenza ante el otro y el discurso no corresponderá para nada a la realidad. Necesitamos bastante tiempo para hablarnos sinceramente, para presentarnos como somos, con confianza…

Respetar al otro en su diferencia

Para que el diálogo pueda llevarse a cabo siempre tenemos que aprender a respetar al otro en su diferencia, es decir, el cristiano por ejemplo, deberá resistirse a una triple tentación:

- Comprender los conceptos musulmanes a la luz de los conceptos cristianos: por ejemplo cuando oímos que el ramadán equivale a la cuaresma de los cristianos. De manera general, es mejor evitar las comparaciones demasiado rápidas: no hay ninguna equivalencia directa entre el Islam y el Cristianismo. Debemos comparar un poco los conceptos para poderlos comprender, pero no nos debemos quedar ahí, debemos ir más allá.

- Reducir la fe musulmana a un subproducto de la fe cristiana: "a fin de cuentas, el mensaje del Corán equivale al Antiguo Testamento, como si no hubiera una especificidad de la fe musulmana. Pero cada religión forma un todo con un vocabulario propio, sus sistemas de referencias propias, sus propios ritos… Ninguna persona de otra religión puede experimentarlo directamente sin intentar comprender lo que vive el otro en general.

- Reducir la fe musulmana a los elementos en los que los cristianos se encuentran: al mirar tanto lo que dice el Corán sobre Jesús o María, olvidamos que es un elemento secundario de la fe musulmana…

El diálogo es un intercambio entre personas que no se tratan como adversarios, sino como compañeros. El diálogo, al descubrir a los demás, debe permitirle a cada uno comprender mejor la especificidad de su fe y reforzar su libertad personal.

Un diálogo de experiencias

Cada religión es una totalidad, un sistema coherente que debemos intentar comprender en su conjunto, progresivamente. El único método posible para hacerlo no es tener como punto de partida un intercambio sobre los dogmas (que podrá haberlo, pero sólo en una etapa posterior), sino sobre la experiencia que tiene cada uno sobre Dios en su propia religión. He aquí algunas preguntas que por ejemplo pueden ayudar para empezar un intercambio:

- Cuando rezas solo, ¿cómo lo haces? ¿Qué pides? ¿Por qué? ¿Cómo?
- Cuando vas a la mezquita/ a la iglesia, ¿qué sientes, qué haces?
- Cuando lees la Palabra de Dios, ¿cómo te habla Dios?
- ¿De qué manera te ayuda Dios en los momentos difíciles de tu vida?
- ¿Te llegas a sentir cerca de Dios? ¿En qué momento? ¿Y lejos de Dios? ¿En qué momento?
- ¿Cómo piensas en Dios en tu vida cotidiana?
- ¿Qué es lo que tu fe cambia en la manera que tienes de mirar a los demás?
- ¿Hay cosas que te cuesta creer? ¿Cuáles?

Al hablar sobre estas cuestiones concretas, cada uno explica lo que es la fe par él y de esta manera hablará mejor de su religión. Esto nos conducirá naturalmente a explicar algunos puntos ambiguos sobre el vocabulario y a identificar y comentar las divergencias en los dogmas, pero al menos, no se abordarán de manera abstracta. Tendrán un significado concreto porque habremos hablado de ellos respecto a nuestra propia experiencia con Dios.

Incluso si existen encuentros interreligiosos oficiales en los que los representantes de las religiones promueven un mayor compromiso entre las comunidades, quien dialoga, en un primer momento, no debe preocuparse por "responder como se debe". Responder bien significa responder según su propia relación con Dios; el único interesés inmediato es poder enriquecernos mutuamente con nuestras experiencias.

El diálogo de dos personas que buscan a Dios

Para llevar a cabo este diálogo es necesario que las personas estén dispuestas a escuchar y deben ser abiertas. Si un cristiano le impone a un musulmán que se ponga a su altura, que se esfuerce por comprender los conceptos cristianos, sin que él haga nada para entender la religión musulmana; entonces no se trata de un diálogo, sino de la afirmación de la superioridad de su fe. Debemos pues afrontar lo que querríamos afrontar, sin aprovecharnos de una ventaja cultural o de expresión; debemos ponernos en el lugar del otro para que el otro se ponga en nuestro lugar. Y ya que en el fondo, a un cristiano le gustaría que un día los musulmanes pudieran descubrir a Cristo, él debería aceptar que los musulmanes deseen algo recíproco.

A cada uno se le invita a profundizar en su propia fe mediante el descubrimiento de la fe del otro, pero para eso es necesario que el diálogo entre un musulmán y un cristiano sea un diálogo entre dos "personas que buscan a Dios". No estamos aquí para convencer a nadie… Dios es quien convierte a los corazones. Estamos aquí para profundizar en nuestra propia fe, en nuestra relación con Dios, enriqueciéndola recíprocamente con la experiencia que el otro comparte con nosotros…

Para el cristiano es legítimo pensar que su religión es la que conduce a Dios de la manera más eficaz, pero no es legítimo que juzgue la relación que tiene el musulmán con Dios, ni tampoco que crea que está más cerca de Dios sólo porque él es cristiano (1). El cristiano debe reconocer el camino espiritual auténtico del musulmán con quien habla y de esta manera, podría profundizar en los elementos de su fe en los que hasta ahora no había pensado. Algunos cristianos muy conocidos han descubierto la fe cristiana al estar en contacto con musulmanes: Charles de Foucauld o Louis Massignon, por ejemplo.

¿Cómo prepararse para el diálogo?

No siempre es fácil llevar a cabo un verdadero diálogo con las personas de otras religiones. A veces uno tiene mucho miedo o debe superar viejos reflejos. Por lo tanto debemos prepararnos.

La aptitud para el diálogo se desarrolla mediante la aptitud para vivir la fe de forma renovada de manera constante, debemos dejar que el Espíritu nos interrogue incesantemente a través de las Escrituras y de los acontecimientos de nuestra vida. Debemos ver la vida espiritual como un camino en el que avanzamos y no como algo adquirido. En este camino ya hemos descubierto que a medida que avanzamos, el rostro de Dios se ilumina varias veces para que entendamos quién es Dios para nosotros. Pero todavía tenemos que progresar mucho. Esta progresión se hará:

- Intentando descubrir cómo habla Dios a los demás y también cómo puede hablarnos a través de su experiencia.

- Leyendo la Escritura, no como un libro de recetas que nos daría todas las respuestas a nuestras preguntas, sino al contrario, como un libro en el que Dios nos pregunta sobre nuestra propia manera de vivir.

- Aceptando los acontecimientos de nuestra vida como una ocasión para profundizar en nuestra relación con Dios.

Así pues, la relectura de nuestra vida nos permitirá que desarrollemos progresivamente una aptitud para el diálogo.

Notas:

(1) Cf. La parábola del fariseo y el publicano (Lc 18, 9-14)

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