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Hazreti Hussein: el Mártir de Karbalá

15/10/2007 - Autor: Nadira al Jerrahi - Fuente: El Panal
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Karbala
Karbala

Sobre el nacimiento

El Imám Hussein nació el 3 de Sha’ban del año cuarto de la Hégira (626 de la era común) en la ciudad de Medina. Sus padres fueron el Imám Ali, Emir al Muminín y Fátima Az-Zahara (r.a.). Tuvo cuatro hermanos: Hassán, Zeinab, Ummu Kulzum y Muhsin, que no llegó a nacer. Fue el segundo nieto de Jadilla y del Profeta Mohammed, paz divina para él, quien acostumbraba a llamarlo de cariño, hijo. Se cuenta que cuando el Profeta, s.a.w.s, supo que su nieto había nacido, se dirigió con rapidez a casa de su hija Fátima. Cuando entró en la casa su rostro expresaba una profunda tristeza. Su voz estaba apagada y dijo, dirigiéndose a Fidda, una mujer que ayudaba a su hija Fátima en las labores domésticas: “Trae a mi hijo”. Fidda trajo al niño y lo puso en brazos del Profeta, quien lo abrazó y lo besó. Luego comenzó a llorar. Fidda, observando el estado del Profeta le dijo:

-“¿Por qué lloras?”

-“Lloro por este hijo mío”, respondió el Profeta.

-“¿Lloras por este niño recién nacido?” dijo Fidda muy sorprendida por la respuesta.

-“Un grupo opresor lo matará después de mi muerte. Dios quiera que no obtengan mi intercesión”, dijo el Profeta.

El Mensajero de Alláh recitó el llamado a la oración en su oído derecho y el kamet en el izquierdo y en el séptimo día de su nacimiento, como le gustaba tanto el nombre de su primer nieto Al-Hassan que significa “El Hermoso”, le puso por nombre Al- Hussein que significa “El Hermosito”. Tras su muerte sería recordado también como el Príncipe de los Mártires. El Profeta sacrificó un cordero, conforme a la tradición islámica, cortó el cabello del recién nacido y repartió entre los pobres el equivalente de su peso en plata. El Imám Hussein se educó teniendo por guías al Profeta Mohammed, al Imám Ali y a Fátima Az-Zahara. Tanto él como su hermano Hassan tuvieron una excelente relación con el Profeta.

Abduláh ibn Abas relata que el día en el que nació Hussein, Allah envió al Arcángel Gabriel para que felicitase al Profeta. Y el arcángel que así lo hizo, de camino se encontró con el ángel Futrus con el que conversó, pues el ángel Futrus había perdido sus alas y se encontraba replegado orando y pidiendo perdón. El ángel Futrus fue con el arcángel a felicitar al Profeta. El Profeta le dijo al arcángel que el ángel Futrus debía de tocar al recién nacido. De este modo, recuperó sus alas y, tras tocar al recién nacido, ascendió al cielo. Fátima murió joven y Hussein se casó con Shahr Banu, una de las hijas del último emperador sasánida, Yazdgard III.

Un poco de historia

Cincuenta años después del fallecimiento del Profeta, el Islam había conquistado el corazón y el espíritu de todas las grandes culturas. Había llegado a los persas, a los hindúes, a China, al centro de Asia, a Bizancio y a Egipto. La vitalidad del Islam se mantenía y seguía en expansión porque los pueblos se entusiasmaron con el mensaje liberador del Corán, pero tal como el Profeta Muhammed y el Imám Ali habían pronosticado, en el interior del gobierno comenzarían las desviaciones.

En el periodo de los primeros califas: Abu Bakr, Omar y Osman, se había preservado cierta estabilidad política y moral. Sin embargo, 25 años después cuando Ali fue elegido jalifa, en el 661 de la era común, los elementos más reaccionarios, que gobernaban los territorios más ricos del Estado, como Siria, se sublevaron. Sucedió entonces como motivo de la sucesión de Ali que se produjo una guerra civil, la cual dividió a los musulmanes en tres grupos: los shias, los jariyíes y los sunníes, siendo este último grupo el que se haría con el poder dando lugar al califato omeya. Tras su derrota, Ali se hizo fuerte en la ciudad de Kufa, donde fue asesinado poco después.

Los partidarios de Ali, (aún es pronto para llamarles shías, pues no han desarrollado una doctrina religiosa propia) nombran imam o jefe de la comunidad a su hijo mayor, Hassan. Éste, tras unas escaramuzas con los ejércitos del omeya Muhawiya, decide evitar a toda costa otra guerra civil y firma un tratado de paz en donde abandona el liderazgo, retirándose en Medina.

Muhawiah, hijo de Abu Sufian, se había fortalecido y enriquecido durante el mandato de los califas anteriores. Pertenecía a la familia que más se había opuesto al Profeta, es decir, formaba parte de los Omeyas. La historia del Islam nos recuerda que el padre de Muhawiah fue el máximo lider de los ejércitos de La Meca que se enfrentó al Profeta y el representante de los poderosos de la época preislámica.

Cuando el clan Omeya se vio perdido, decidió aceptar el Islam. Una vez que el Profeta murió, movilizaron todo su poder e influencia para apoderarse del califato y evitar que Ali accediera a él como era su derecho.

Ni la casa de Abu Sufian, ni el clan Omeya, ni la aristocracia de las tribus árabes, aceptaron el legítimo derecho que Dios estableció a través de Su Profeta, de nombrar a Ali como el supremo guía espiritual y social de los musulmanes. Así podría decirse que este odio hacia el Imám Ali, recayó sobre sus hijos Hasan y Hussein.

En el 680 muere Muhawiya en Damasco. Antes de morir intenta forzar el paso de un sistema electivo a uno hereditario proclamando heredero a su hijo Yazid, aclamado como nuevo califa en Damasco.

Fue Hussein quien, tras el asesinato de su padre Ali y el envenenamiento de su hermano Hassan, recogió la bandera de la gente de la casa del Profeta (Ahl ul Bayt, término con el que Alláh, se refiere así en el Corán). El santo Profeta Mohammed había profetizado abiertamente que la fe del Islam sería rescatada por su segundo nieto Hussein cuando Yazid, hijo de Muhawiah, tratara de destruirla. Así Hussein se enfrentó al más corrupto de los jalifas, que Yazid hijo de Muhawiah no ocultaba sus vicios, sino que, por el contrario los pregonaba abiertamente. Yazid era conocido por su carácter demoníaco y conducta brutal. Era el más licencioso de los hombres. La gente tras conocerlo hizo lo posible para convencer a Muhawiya, su padre, que no fuera a ponerlo como su sucesor. Puso entonces a Hassan, pero posteriormente nada evitó que llegara al poder Yazid. Tan pronto lo tomó, empezó a practicar los vicios y vilezas más terribles y se consideró a sí mismo el sucesor del Profeta. Hacer una alianza, entonces, con Yazid significaba reconocer al demonio antes que a Allah. El pueblo se había sometido a él por miedo. Hussein comprendió, como nadie en su época, que era necesario dar una lección a la comunidad o de lo contrario corría el riesgo de desaparecer de la historia como ya había ocurrido con otras culturas que parecían destinadas a vivir eternamente.

El corrupto gobierno de Yazid había transformado el Califato en una monarquía despótica. Finalmente los seguidores de Ali, invitan a Hussein, quien se encuentra en Meca, a acudir a Kufa para liderar una rebelión contra Yazid, a lo que Husayn accede.

Persecución

El Imám Hussein se mantuvo firme en la fe que su abuelo estableció. La negación del Imám Hussein de aliarse con Yazid inició su persecución. Hussein se quedó al principio en Medina donde llevaba una vida de reclusión. Luego fue a Meca pero allá Yazid planeó también asesinarlo, dentro del santuario. Para preservar este sagrado recinto fue a Kufa, donde decide allá hacer la peregrinación a Karbala ofreciendo como sacrificio en vez de un cordero su propia carne así como la de algunos amigos y familiares. La gente de Kufa estaba sometida a Yazid y había pedido a Hussein que por favor fuera a darles guía y aunque sabía de lo que se trataba no podía negarse a ello. Tenía que ir y ofrecer la guía que se le había pedido. Al llegar a Karbalá su caballo se detuvo misteriosamente. El Imám entonces declaró:

“Esta es la tierra. La tierra de los sufrimientos y las torturas”. Así les ordenó a sus acompañantes que se quedaran y les dijo: “Aquí seremos arrestados. Quemarán nuestras tierras. Nos matarán y matarán a nuestros hijos.” “Esta es la tierra de la cual el Santo Profeta, mi abuelo, predijo y su profecía será ciertamente cumplida”.

El triunfo de la paciencia

Así el 7 de Moharrem comenzó la tortura de la sed y el hambre. El campamento del Santo Imám incluía señoras, niños, bebés y algunos varones miembros de la familia del Profeta, así como un grupo de fieles amigos del Imám que habían escogido morir con él luchando por la causa de Allah. En Fajr, ese 10 de Moharren el Imám vio el ejército de Yazid que marchaba hacia él. Reunió a sus seguidores y les dijo: “Este día Allah nos permite una lucha santa. Prepárense a luchar con paciencia y resistencia. La muerte es nada. Es un puente que enfrentaremos después de padecer algunas tribulaciones para alcanzar el cielo. A quien de nosotros no nos gustaría ir de esta cárcel a la liberación.”

La gente respondió: “Oh, Maestro, estamos listos para defenderte a ti y a la gente de la casa del Profeta”, y a sacrificar nuestras vidas por el Islam.”

El Imám Hussein mandó uno tras otro a sus hombres y niños a sacrificar sus vidas. Una vez que esto había sucedido mandó traer a su hijo de 6 meses llamado Ali. Pidió agua para el bebé que se estaba muriendo de sed. De inmediato le lanzaron una flecha envenenada al cuello del bebé.

Entonces Hussein le dijo a Allah: “Oh, Señor, tu Hussein ha ofrecido en tu camino todo aquello con lo que lo has bendecido. Bendice a tu Hussein con la aceptación de su sacrificio. Todo lo que tu Hussein ha podido hacer hasta el momento ha sido por tu aceptación y tu gracia.”

Dicho esto lo mataron carniceramente, lo decapitaron y se llevaron su cabeza en una lanza. La cabeza desde la lanza dijo: “Allah Huekber.”

Sobre los valores de Hussein

Cuando el Imám salió de la ciudad de Medina donde residía, hacia Meca, y posteriormente hacia Kufa en Iraq, era consciente de que se dirigía hacia su destino final. Prueba de ello es lo que nos ha sido transmitido de su encuentro en el camino a Kufa con el Al-Farasdaq, uno de los poetas más célebres de la época. El Imám le preguntó:

“¿Qué noticias traes? ¡Oh, Abu Firás!”

“¿Te digo la verdad?”, contestó él.

“Sí, quiero la verdad”, dijo el Imám Hussein.

“Mucha de esa gente está contigo desde su corazón, pero sus espadas están con los Omeyas”.

El Imám tras oír esto respondió:

“Las personas son esclavas del mundo. La religión es una vanidad en sus lenguas. Cuando les rinde ganancias para su subsistencia, la preservan, pero cuando se les prueba con dificultades, pocos resultan ser piadosos”.

No hay duda de que aquella era una comunidad de hombres que lamentablemente carecían de carácter.

Decía el Imám Alí: “El carácter es la religión del hombre. Quien no posee carácter, no posee religión”.

Y, el Profeta, decía: “Opresor y oprimido, ambos merecen el infierno”.

Con el martirio, el Imám Hussein impacta profundamente en lo social y en lo espiritual.

Hussein siempre trató de orientar y de educar no sólo a sus amigos sino también a sus enemigos, porque el Islam es el mensaje divino de la misericordia cuya misión principal es educar al ser humano en vez de condenarlo. De este modo Hussein siempre llamó al diálogo y a la paz, esforzándose en evitar que se derramara sangre inocente.

Hussein nos deja enseñanzas fundamentales:

1) El hombre debe marcarse objetivos nobles y para lograrlos debe emplear todo su esfuerzo.

2) El objetivo del Imám Hussein era no aceptar la opresión en su adoración a Allah.

3) Debe defender su libertad con su vida.

4) Vivir bajo el yugo de los tiranos es una humillación y morir bajo sus espadas es un triunfo.

5) Hussein dijo: “La muerte para mí es mejor que cabalgar sobre la ignominia, es decir, vivir sometido al opresor”.

6) No se debe abandonar la senda de la verdad y cambiarla por la mentira, aunque en esa senda se pierdan los bienes, los hijos y la vida.

7) Poema del Imám Hussein:

Si el mundo se considera algo precioso,
la recompensa divina es mucho más noble.
Si los cuerpos fueron creados para la muerte,
el martirio es la mejor forma de muerte.
Si los bienes han de ser abandonados totalmente,
¿qué sentido tiene codiciar lo que se ha de dejar?

El martirio

Hussein parte desde Meca, a la hoy desaparecida ciudad de Kufa, ubicada a orillas del Eúfrates, con intención de apoyar a los partidarios de su padre, los shiitas, pero las tropas de los Omeyas, se lo impiden.

Yazid manda un ejército al encuentro de Husayn. Hussein y sus 72 compañeros acampan en Karbala, una localidad del desierto y el ejército de Yazid impide que lleguen a Kufa. Los 3,000 hombres enviados por Yazid separan a la comitiva de Husayn de los puntos de agua, obligándoles a combatir durante dos días bajo un sol ardiente, al cabo de los cuales quienes aún sobrevivían, entre ellos Husayn, fueron torturados y asesinados. Únicamente se perdonó la vida al hijo menor de Husayn, Ali Zayn al Abidin, y a las mujeres de la caravana, las cuales fueron conducidas a Damasco para ser vendidas como esclavas.

A pesar de la desproporción de fuerzas, pues miles de soldados omeyas esperan la rendición de Hussein, éste no accede y rechaza las humillantes condiciones que le ofrecen para rendirse. De este modo se apresta al Martirio junto a todos sus compañeros el 10 de Moharrem, fecha en la que se libró la batalla de Karbalá, y que equivale al 10 de octubre del 680 de la era común. Desde entonces se suele decir que todos los días son Ashura y todas las tierras Karbalá.

Ashura

En la fiesta de Ashura se representa el martirio del Imám Hussein y 40 días posteriores de luto. Se celebra, literalmente, entre sudor, sangre y lágrimas. Los penitentes desfilan por las calles flagelándose y golpeándose para rememorar el sufrimiento de Hussein, de un modo parecido a la celebración de la Semana Santa en algunos países católicos. Los devotos desfilan hasta el santuario del Imám Hussein, portando instrumentos de sacrificio y procurándose heridas en el cuerpo hasta quedar completamente ensangrentados. Esta celebración es particularmente importante en Karbalá y sobre todo para los shías.

Actualmente en Karbalá se encuentra el mausoleo de Hussein, el cual congrega a dos millones de creyentes. Se dice que ahí se encuentra el cráneo de Hussein. Sobre el lugar donde fue enterrado el cuerpo de Hussein se levanta la tumba del Imám Hussein, uno de los principales lugares sagrados de los shías, cuya construcción inicial es cuatro años posterior a la muerte del Imám. Una tradición dice que la cabeza está en la mezquita Al-Husayn de El Cairo, y es visitada todos los días por el Qutub de la época.

Se dice que en la Mezquita Omeya de Siria, se encuentra también la cabeza de Hussein, así como la tumba de su hermana Zeinab. Otros opinan que está en Damasco. Lo que sabemos es que el cuerpo de Hussein fue enterrado en Karbalá

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