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El mérito del ayuno, la oracion y la hospitalidad en Ramadan

21/09/2007 - Autor: Sheikh Muzaffer Ozak al Yerrahi al Halveti - Fuente: Sufismo.net
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Bismillahir Rahmanir Rahim

En el Nombre de Dios Clemente Misericordioso

 

¡Creyentes! Se os ha prescrito el ayuno al igual que se les prescribió a los que os precedieron. ¡Ojalá tengáis temor (de Allah)! Por un determinado número de días, fijados para ello. Pero el que está enfermo o de viaje, podrá hacerlo, en igual número, otros días. Y los que pudiendo ayunar (no lo hagan o interrumpan su ayuno) que alimenten, como exención, a unos pobres. Pero quien haga el bien espontáneamente será mejor para él. Y que ayunéis es mejor para vosotros, si sabéis. 2:183-184

 

La mayor recompensa, el grado más elevado en este mundo inferior nuestro, es la fe que le debemos a la asistencia, el favor y la bondad de Allah. A nosotros nos ha sido conferido el honor único de haber sido hechos Sus siervos y la Comunidad de Su entrañable bienamado, y de ser nombrados por Él y recibido un lugar en el Corán.

Contemos ahora otra bendición: Una vez cada año llega el mes de Ramadán, del cual “el comienzo es misericordia; el medio, perdón; el final, salvación del Fuego”.

 

¡Cuando llega el Ramadán, aprécialo! Pasa muy rápidamente. La vida misma pasa muy rápidamente también, así como lo hace el tiempo para la oración. No digas: “El Ramadán volverá otra vez”, porque un Ramadán que se ha ido jamás volverá otra vez. El próximo Ramadán es un Ramadán diferente. Es posible que el Ramadán siga llegando hasta la Resurrección, pero este Ramadán puede ser el último tuyo. No digas: “Me perdí esa oración pero vendrá otra”. Quizás esta oración será la última tuya.

No digas: “¡Cuando me retire y saque mi pensión, entonces me dedicaré a la adoración!” Quizás hagas tu último viaje antes de sacar tu pensión. Te vestirán con una mortaja, atándote sin soga o cadena; de modo que prepárate para la acción de inmediato. Laméntate copiosamente por tus pecados. Pasa noches en vela con el corazón inflamado. Mantén la vigilia por tu Señor, recitando el Corán. Rinde homenaje en Su Presencia. Reflexiona en tu propia naturaleza transitoria, recordando que Él es eterno... Reflexiona en tus propias debilidades, recordando que Él es fuerte...

 

¡Qué cosa hermosa, encontrarse con el Señor! ¿Cómo puedo hacerte llegar su sabor? Uno puede hablarle a los ciegos sobre el color, a los sordos sobre la música y a los impotentes sobre el deleite de la relación sexual, ¿pero es posible hacer que comprendan esas experiencias? Dado que el ciego no puede ver, ¿cómo se le puede describir el color con palabras? ¿Cómo se le pueden mostrar a un ojo que no ve las flores multicolores, los árboles, el sol y el cielo, los peces danzando en el arroyo? Al que no tiene el sentido del olfato, ¿cómo le podemos describir el aroma de la rosa, la fragancia del jacinto o el perfume del junquillo? ¿Cómo podemos contarle al sordo acerca del gorjeo de los pájaros, el murmullo del fluir de las aguas o las cadencias del Corán y el llamado a la oración?

 

Si pasas tiempo a solas con tu Señor, un día se levantará el velo de tus ojos y verás los colores. Adquirirás el sentido del olfato y detectarás la fragancia de las rosas, los jacintos, los junquillos y los narcisos. Tu sordera desaparecerá y oirás la remembranza constante de Allah. El oído de tu corazón se abrirá y te deleitarás en la recitación del Corán. Debajo de los cantos de los ruiseñores y el murmullo de las aguas, oirás el sonido de la afirmación de la Unidad Divina.

Estas son las dádivas que serás capaz de obtener en este mundo y un día finalizarán. En cuanto a las dádivas que obtendrás en el Más Allá, no tienen fin, son eternas. . .

 

Cuando llegó el Ramadán, ¿no pudiste oír la Voz llamando todas las noches: ‘¿Nadie Nos quiere, nadie Nos ama? ¡Nosotros los amaríamos, también!’ Este llamado se hace todos los atardeceres y noches durante nuestra vida. Esta es otra dádiva divina característica del noble mes de Ramadán. Mira qué conversación disfrutó el Profeta Moisés. Moisés, el interlocutor de Allah, solía ir al Monte Sinaí. Tú tienes tu propio Monte Sinaí en el momento de romper el ayuno, cuando puedes sostener mil y una conversaciones. Cuando Moisés dijo: “Oh mi Señor, Tú hablas conmigo, Tú te diriges a mí. ¿No me mostrarás la belleza de Tu semblante? ¡Déjame ver Tu belleza!”, recibió la respuesta:

 

lan tarani

“No Me verás”. 7:143

 

“¿Moisés, cómo puedes ver Mi belleza cuando hay setenta mil cortinas entre nosotros? Eres incapaz de verme. Pero cerca de la Resurrección te daré un mes como un regalo a la Comunidad de Mi bienamado Muhammad. Ese mes se llamará Ramadán. Para la Comunidad de Muhammad que ayune durante ese mes, me manifestaré a Mí Mismo de un modo tal en el momento de romper el ayuno, que no habrá absolutamente ningún velo entre Yo y la Comunidad de Muhammad, mientras que entre tú y Yo hay ahora setenta mil velos”.

 

En una Tradición Sagrada, el Exaltado dice: “El ayuno es para Mí y soy Yo el que lo recompensa”.

La recompensa del ayuno es la visión de la Belleza Divina. El emblema del Ramadán es el perdón. El ayuno debería hacerse con sinceridad y un afecto ardiente. Nuestro Maestro bendito dijo: “Si mi Comunidad supiera que éxito y salvación residen en el Ramadán, ¡le rogarían a Allah que les dejaran pasar su vida entera en ese mes!”

 

Hay tres tipos de ayuno. ¿Qué tipo de ayuno mantienes tú? Una forma de ayuno es abstenerse de comida, bebida y relaciones sexuales entre el verdadero amanecer y el ocaso. Es difícil imaginar que alguien se considere un amante de Allah y no obstante no mantenga ni siquiera esta clase de ayuno; una persona así es digna de compasión.

 

Un segundo tipo de ayuno lo observan aquellos que no sólo se abstienen de esas tres cosas desde el amanecer al ocaso, sino que evitan también — de noche así como de día — mirar cosas ilegales, escuchar algo malo, pronunciar palabras hirientes, abusivas, maldiciones o mentiras, consumir alimentos prohibidos, ir adonde Allah no lo permite, y sentir alguna malicia o envidia en sus corazones. Este tipo de ayuno se rompe no sólo por comer, beber y tener relaciones sexuales, sino también por cualquier trasgresión con respecto a los temas enumerados.

 

Este ayuno se rompe incluso por una sola mirada ilegal o una falsa observación. Aun cuando la gente que lo observa puede comer, beber y disfrutar de relaciones sexuales con sus esposas fuera del mes de Ramadán, el resto de sus órganos se encuentran realmente en un estado de ayuno durante todo el año. Este grupo se conoce como la “elite” de la Comunidad. Son los Intimos de Allah. Son hombres de palabra. En sus oraciones son humildes y reverentes. Se preservan del mal. Tienen el éxito asegurado.

 

Hay un tercer tipo de ayuno, que también lo observan los siete miembros del cuerpo. Pero este ayuno se rompe si cualquier otro que no sea Allah llegara a entrar en el corazón de aquellos que lo mantienen. A aquellos que mantienen este ayuno se los llama la “elite de la elite”. El valor de estos seres exaltados sólo es conocido por Allah Mismo.

 

Esta es la clase de seres que quieren a Allah y no les importa nada el Paraíso. Son los hombres como estos los que son indiferentes a las huríes. En cuanto a aquellos que dejan de lado cientos de veces el cumplimiento de los deberes básicos del Islam, la Oración, el Peregrinaje, el ayuno y el pago de las Limosnas debidas, y que rara vez se inclinan en adoración entre la Congregación de un Viernes y la siguiente o de un Día de Fiesta al siguiente, no tienen ningún derecho a considerarse amantes de Allah.

 

¡Mira la recompensa que les dan a los que ayunan! Cuando llegue el Día de la Resurrección, Allah admitirá secretamente en Su Paraíso a un grupo de creyentes ayunadores. Mientras están parados ante el Paraíso, su guardián, Khazin, les hará estas preguntas al grupo: “¿No se presentaron en el Sitio de la Resurrección? ¿No estuvieron en el Juicio? ¿No vieron la violencia y el horror del Puente?” Cuando respondan: “No, Allah se abstuvo graciosamente de mostrarnos esas cosas”, seguirá preguntando: “¿Cómo, por qué medios obtuvieron este nivel?” y ellos responderán: “En el mundo de abajo solíamos adorar a Allah en secreto; ahora en el Más Allá Allah nos ha traído secretamente a Su Paraíso”.

 

Todos los actos de adoración se pueden llevar a cabo en secreto. Cuando cualquier acto de adoración que se debería realizar en secreto se saca a la luz, queda teñido de ostentación, que es hipocresía. Pero en el ayuno no hay espacio para la ostentación hipócrita. El ayuno, por su naturaleza, es una forma de adoración entre Allah y Su siervo. El ayuno es un escudo contra el fuego del Infierno. El fuego no puede tocar al que mantiene el ayuno.

 

En una de sus nobles Tradiciones, nuestro Maestro, la Gloria del Universo, dice: “A mi Comunidad le han dado cinco grandes favores divinos, que no le han sido dados a ninguna otra Comunidad, que no han sido obtenidos por ninguna otra comunidad. El primero de estos cinco es este: en las vísperas del primer día de Ramadán, el Más Misericordioso de los misericordiosos mira con compasión a aquellos de mi Comunidad que están ayunando. Jamás vuelve a exponer a Su tormento a aquellos sobre quienes ha caído esa mirada misericordiosa.

 

“El segundo gracioso favor es este: Él les ordena a los nobles ángeles que oren por el perdón en nombre de la Comunidad de Muhammad.

 

“El tercero es que el olor de la boca de un creyente que ayuna le es más querido a Allah que el aroma del almizcle.

 

“El cuarto es este: Al Paraíso se le da la orden: ‘Embellécete y adórnate para la Comunidad de Muhammad’. Porque Allah ha dicho: ‘Dad a Mis siervos que creen en Mí las buenas nuevas de que son Mis amigos’.

 

“La quinta dádiva divina es que Él perdona y absuelve a toda la Comunidad de Muhammad que mantiene el ayuno”.

 

Según Abu Hurayra, el Profeta dijo: “A quienquiera que mantenga el ayuno de Ramadán con fe y esperanzada expectativa, se le perdonarán sus pecados previos”.

 

Qué gran bondad divina hacia nosotros...

En este mes, la dádiva y la generosidad divinas desbordan. Dice nuestro Maestro, el Mensajero del Todopoderoso: “En cada y toda hora de Ramadán el Noble, seiscientas mil personas son salvadas del castigo divino. Continúa así hasta la Noche del Poder. Cuando llega la Noche del Poder, el porcentaje de salvación se torna igual al total de aquellos salvados en todas las horas entre el comienzo del Ramadán y la Noche del Poder; luego sigue así hasta el Día de la Fiesta”.

 

Claramente, el mes de Ramadán es un mes bendito, en el cual la misericordia del Señor Eterno llega desbordante. Si alguien llegara a desobedecer a Allah durante este mes, no prestando atención a Sus mandamientos, ¿cómo se vería ante la presencia divina en el Día de la Resurrección?

 

El venerable Jabir informa: “Nuestro Maestro, el más noble Mensajero, nos dijo un día: ‘Durante la última noche de Ramadán, los cielos, la tierra y los ángeles lloran por la desventura de la Comunidad de Muhammad’. Cuando preguntamos: ‘¿Qué desventura, Oh Mensajero de Allah?’ nos dio esta respuesta: ‘La desventura de que haya finalizado el Ramadán. Durante el Ramadán se aceptan las oraciones, se recibe caridad, las buenas acciones se recompensan muchas veces, se dispensa del castigo y se perdonan los pecados; ¿qué desventura entonces puede ser mayor que la finalización del Ramadán?’

 

Los cielos y la tierra lloran y gimen ante la finalización del Ramadán. Pero en realidad somos nosotros los que deberíamos llorar, somos nosotros los que deberíamos gemir y suspirar, porque nos estamos despidiendo de un mes tan bendito. ¿Quién puede decir si viviremos para ver otro Ramadán? Considera de nuevo la gracia divina particular de este mes. El Mensajero, la paz sea con él, dijo: ‘Allah, Exaltado es Él, les da a los ángeles registradores la orden siguiente: Registren las buenas obras de la Comunidad de Muhammad, pero no registren sus malas acciones, y borren sus pecados pasados’ ”.

IRSHAD, Sheikh Muzaffer Ozak al Yerrahi al Halveti
Tomo 1 Capitulo 12 Editora Yerrahi Argentina 2005
Orden Sufi Yerrahi al Halveti – Bs.As. Argentina.

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