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De las galeotas corsarias a las pateras del estrecho

La influencia del pasado en la imagen de los musulmanes y magrebíes en España

13/09/2007 - Autor: Eloy Martín Corrales - Fuente: Universitat Pompeu Fabra
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Persistencia del orientalismo
Persistencia del orientalismo
La historia de las relaciones hispano-magrebíes en general e hispano-marroquíes en particular ha favorecido que en el imaginario colectivo español la imagen de los norteafricanos tenga unas connotaciones tremendamente negativas que planean en la actualidad en la percepción que nuestra tiene de la población inmigrada procedente del Magreb (1)

En líneas generales, la peyorativa imagen de los norteafricanos comenzó a gestarse en los largos siglos de Reconquista, culminados en 1609 con la expulsión de la población de los moriscos. Se ennegreció a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII en los que la abierta hostilidad corsaria entre cristianos hispanos y musulmanes magrebíes significó la esclavitud o la muerte de centenares de miles de personas. Nuevos y sombríos tintes vinieron a oscurecer la citada imagen con motivo de la llamada Guerra de Africa de 1859-60. Sus contenidos negativos se reforzaron extraordinariamente entre 1909 y 1927, años de guerra colonial que culminaron con el establecimiento del Protectorado español de Marruecos y con la posterior participación de tropas marroquíes en la Guerra Civil española. En la segunda mitad del siglo XX, con Marruecos independiente, nuevos conflictos hispano-marroquíes propiciaron un nuevo ennegrecimiento de la imagen de los norteafricanos (reivindicación marroquí de Ceuta y Melilla, Guerra de Ifni-Sáhara en 1958, la extensión de las aguas jurisdiccionales marroquíes y el consiguiente problema de la pesca en los caladeros de la zona, la conflictiva e incompleta descolonización del Sáhara en 1975 y el tráfico clandestino del hachís). Contamos con numerosas monografías (aunque muy desconectadas entre sí) que dan cuenta del proceso de formación de una imagen tan negativa (2).

A lo largo del citado período también se generó una visión positiva, o cuando menos más tolerante, de los norteafricanos que coexistió con la negativa, aunque siempre fue minoritaria. En esta línea hay que incluir la maurofilia de origen medieval, pasando por el trato que reciben los magrebíes a partir de la firma del Tratado de Paz y Comercio hispano-marroquí de 1767, por la aparición y consolidación del arabismo español y las ilusiones despertadas por la "penetración pacífica" en Marruecos en la segunda mitad del siglo XIX, por la mayoritaria oposición a la aventura colonial en tierras marroquíes hasta 1921, así como la solidaridad que despierta la causa saharaui a partir de los años setenta que enlaza con la ola de simpatía que parte de la opinión pública demuestra para con los actuales inmigrantes magrebíes. Ahora bien, esta última corriente siempre ha mostrado una gran discontinuidad y ha florecido generalmente en sectores elitistas o progresistas.

Ante tan desigual fortaleza y continuidad de ambas visiones, la negativa y la positiva, en el imaginario colectivo español en los últimos catorce siglos, sorprende que en los últimos veinticinco años se haya impuesto en los medios de comunicación y en los ámbitos político y educativo (universidad, institutos y primaria) una imagen "políticamente correcta" de los musulmanes en general y de los inmigrantes magrebíes en particular. Se trata de una visión tolerante y solidaria de los musulmanes o magrebíes que se acoge voluntariamente a conceptos cambiantes, entre los cuales el multiculturalismo y la interculturalidad.

En efecto, el posicionamiento, casi sin excepciones, de la clase política, de los periodistas y de los profesores universitarios, de institutos y de primaria no se corresponde con los estereotipos y clichés peyorativos para con los norteafricanos profundamente arraigados en la sociedad española. Es decir, existe un claro divorcio, en lo que a la imagen de los musulmanes se refiere, entre unos sectores minoritarios aunque muy influyentes en los planos cultural y político y, sin duda alguna, la mayoría de la población que aún da pábulo a los citados estereotipos y clichés forjados a lo largo del tiempo sobre nuestros vecinos del sur. Los estallidos racistas de El Ejido en Almería (una especie de El Dorado en el que la riqueza ha sentado sus reales) y de Can Anglada en Tarrassa (zona obrera habitualmente orientada hacia una política de izquierdas) confirman la anterior aseveración. En el primer caso, la cascada de desprecio hacia los inmigrantes, entronca especialmente con los estereotipos de salvajes, sucios, ignorantes y lascivos forjados en los momentos en los que España se impuso a Marruecos (Guerra de Africa de 1860, Guerras de Marruecos y Guerra de Ifni-Sáhara). En el segundo, con la consideración del marroquí como carne de cañón de toda clase de despotismos y, por tanto, enemigo de la libertad (la satanización de los Regulares marroquíes que intervinieron en el bando franquista en la Guerra Civil española).

La visión "políticamente correcta" de periodistas, políticos, enseñantes, etc., no es plena y sinceramente asumida por todos los que integran este grupo de difíciles contornos. No pocos de los que sostienen tal visión en su fuero interno mantienen sentimientos claramente xenófobos en unos casos y notoriamente contradictorios en otros. Lo anterior explicaría las "inoportunas" declaraciones xenófobas y racistas de determinados dirigentes y figuras políticas de izquierda, derechas moderadas, nacionalistas estatalistas o periféricos, de mayor o menor relevancia : Heribert Barrera, figura siempre ligada a Esquerra de Catalunya; Marta Ferrusola, agitadora de Convergencia Democrática de Catalunya y esposa del President de la Generalitat de Cataluña (3); Rafel Centeno, diputado socialista del Parlamento andaluz, etc.
En realidad, tales estallidos no tienen nada de espontáneos desahogos de malhumor, posteriormente reprimidos, ni de provocadoras maniobras políticas de despiste, ni de actitudes de venganzas personales variadas. En realidad tales "figuras políticas" tienen profundamente interiorizadas tales opiniones y se muestran coherentes con su personalidad y trayectoria cuando las hacen públicas. Lo que interesa destacar es que en esos momentos actúan como legítimos portavoces de todos aquellos (entre ellos los de El Ejido y Can Anglada) que no comulgan con la visión "políticamente correcta" y encuentran que una voz "autorizada" viene a darles la razón. Para estos últimos, la libre expresión de su opinión se manifiesta preferentemente en los espacios privados, con cierta prudencia en determinados lugares públicos (trabajo, cafeterías, etc.) y, más extremadamente, en forma de pintadas clandestinas en muros y paredes. Muy pocas, totalmente marginadas y muy escasas en militantes, son las organizaciones que públicamente se manifiestan en términos xenófobos.

Sin duda alguna, esta situación en la que la mayoría se ve forzada a ocultar de una u otra forma sus auténticas opiniones, favorece que periódicamente se "cuelen" mensajes claramente censurables desde el punto de vista de la ortodoxia multiculturalista o fuera del alcance de lo "políticamente correcto".

Algunos ejemplos sacados del pasado y del presente permiten argumentar lo anterior y, por desgracia, poner de manifiesto el peso, en este caso negativo, de la historia de las relaciones entre España y Marruecos. En 1936, en plena Guerra Civil española, en LEsquella de la Torratxa, una publicación que pasó a ser el portavoz del Sindicat de Dibuixants Professionals de UGT, Avel.li Gener, "Tisner" publicó una viñeta en la que dos individuos hablaban de la situación del frente de Córdoba (en el que se libraban grandes combates entre los republicanos y las fuerzas franquistas, entre las cuales unidades de Regulares). Uno de ellos decía al otro: "No parlis; hi ha moros a la costa" ("No hables; hay moros en la costa") (4). La alusión a los marroquíes era clara, como también a unos siglos en los que los ataques de los corsarios musulmanes hacían estragos en las costas españolas (5). En 1975, con motivo de la Marcha Verde organizada por Hassan II en su intento de incorporar el Sáhara a Marruecos, el mismo Tisner (que seguía profesando ideas progresistas), en las páginas del diario barcelonés Tele-exprés incluía una viñeta en la que un legionario que se encontraba en una colina con un catalejo y orientado hacia el lugar por donde debería aparecer la citada Marcha Verde, gritaba: "Moros en la costa" (6). Es obvio que esta viñeta, que también contenía referencias a los temores corsarios de siglos atrás, se encuentran claras connotaciones antimarroquíes. Cuarenta años pasados no habían servido para borrar la influencia del pasado (el recuerdo de la violencia corsaria). Posteriormente, en la década de los noventa y en plena actividad del pase clandestino del Estrecho en patera, una nueva viñeta recogía el testigo dejado años atrás por Tisner. En esta ocasión se trata de los mensajes xenófobos colgados en la red en una dirección electrónica siniestra y burlesca que lleva el siguiente nombre: papelesparatodos.com.

El segundo ejemplo puede rastrearse desde las décadas de los veinte y treinta del siglo XX, cuando se materializa la colonización española de Marruecos que favoreció el trato cotidiano con los marroquíes a los que rápidamente se les etiquetó salvajes. Una serie de caricaturistas, que generalmente vivían sobre el terreno y conocían muy bien a los colonizados, se apresuraron a exagerar y ridiculizar las características físicas de los norteafricanos: bocas y labios enormes, pies descomunales, cráneo dolicocéfalo, etc. (7). Este trato despectivo (es el mismo que reciben otros pueblos colonizados por parte de sus respectivos colonizadores, especialmente en el caso de las poblaciones del Africa sudsahariana) desapareció casi por completo como consecuencia de la posterior descolonización, aunque de cuando en cuando aparecían algunos vestigios en la publicidad de determinados productos "tropicales". Quizás no tan sorprendentemente, entre 1998 y 2001 la compañía de Transportes Municipales de Barcelona (TMB), especialmente la sección que gestiona el servicios de autobuses urbanos, puso en marcha una campaña publicitaria con el objetivo de fomentar el uso del bus público ("Tothom té el seu bus"). Consistía en una serie de personajes que deambulaban por la ciudad con un pequeño autobús bajo el brazo (un sacerdote, una ama de casa, un jubilado, una mujer embarazada, un arquitecto o similar, una chica estudiante, etc.). Las figuras de trazo esquemático tenían casi todas dibujadas su boca con una leve y pequeña línea recta o curva. Lo sorprendente de la campaña es que incluía, además de los personajes citados, a dos chicos con indumentaria urbana de influencia norteamericana con patines y auriculares, además de... unas bocas con unos labios enormes que casi cubre todo su rostro. Evidentemente se trataba de inmigrantes, posiblemente más sudsaharianos que magrebíes, pero inmigrantes al fin y al cabo (8).

El tercer ejemplo viene aportada por la profunda corriente antimarroquí que se esconde (aunque no en todos los casos) en las posturas pro-saharauis. Una de las formas de humillaciones que los países "civilizados" han utilizado comúnmente para humillar o, simplemente burlarse, a los pueblos llamados subdesarrollados fue la de bestializarlos. En el caso de las relaciones hispano-marroquíes la tradición, sin ir más lejos, se puede remontar hasta 1860, en plena Guerra de Africa, cuando la prensa satírica presentó a los marroquíes y a su ejército, como una tropilla de monos comandada por el Sultán. Entre 1909 y 1927, en las llamadas Guerra de Marruecos o del Rif, los enemigos marroquíes fueron encerrados en jaulas para diversión de los niños españoles (9). En pleno 2001 una revista de las Asociaciones de Amistad con el Pueblo Saharaui publica una revista en la aparece el monarca Mohamed VI con aspecto de cerdo (10).

¿Cómo explicar la relativamente frecuente repetición de ejemplos como los aludidos?. Sin ningún género de dudas es evidente que los autores de tales viñetas o dibujos no acuden a las hemerotecas a copiar las ideas de otros o repescar las propias. Todo permite suponer que utilizan unos estereotipos fuertemente arraigados en la sociedad española con la seguridad que da el gozar por descontado con la complicidad del público al que van dirigidas sus obras gráficas. Muy posiblemente no sean plenamente conscientes de ello, aunque no está tan claro que no intuyan que están utilizando un peligroso patrimonio: el "tesoro" ideológico acumulado durante centurias, y que se resiste a desaparecer, compuesto de toda una serie de estereotipos y clisés aplicados a los marroquíes. No es casual que el citado político socialista andaluz, Rafel Centeno, adujera a modo de disculpas que ignoraba que en el momento de pronunciar su expeditiva frase ("Los moros, a Marruecos, que es donde tienen que estar") los micrófonos estuvieran conectados. Ni que el presidente de la Generalitat de Cataluña, Jordi Pujol, y el próximo candidato convergente al citado cargo, Artur Mas, intentasen defender las declaraciones de Marta Ferrusola (para quien los inmigrantes son gandules que lo único que saben es tener hijos y pedir) asegurando que sus manifestaciones eran ampliamente compartidas por la mayoría de la sociedad catalana.

En definitiva, es evidente que el peso de la historia es determinante a la hora de crear la imagen que unos pueblos tienen de sus vecinos. En el caso de las relaciones hispano-magrebíes han contribuido a forjar una visión claramente negativa de los magrebíes, profundamente interiorizada por la sociedad española que la concibe como algo inmutable. Ahora bien, aunque es indudable que las actitudes despectivas y despreciativas para con los norteafricanos se han impuesto casi siempre, no es menos cierto que en determinadas coyunturas históricas pugnó por abrirse paso otra visión que intentaba ponerse en la piel del Otro. A fines del siglo XX y comienzos del XXI (tal como ocurriera al acabar el XVIII y comenzar el XIX y en las postrimerías del XIX) nos encontramos con una coyuntura en principio favorable para "blanquear" la imagen de Otro. Posiblemente se deba en parte a la consolidación de la democracia y en parte a la moda de lo "políticamente correcto". Sea como fuere lo más sensato es aprovechar ambas circunstancias para que el "blanqueo" sea lo más intenso posible. Ahora bien, para avanzar decididamente en esta tarea se impone la necesidad de proceder a una revisión lo más profundamente posible las relaciones históricas hispano-marroquíes, así de los estereotipos y clisés que se han derivado de ellas.

Notas

1.Sobre ambas corrientes estoy preparando una monografía que analiza la imagen de los marroquíes en España entre los siglos XVI y XXI. Un avance en MARTIN CORRALES, E. Imágenes del Protectorado de Marruecos en la pintura, el grabado, el dibujo, la fotografía y el cine. In NOGUE, J.VILLANOVA,J.L. España en Marruecos (1912-1956). Discursos geográficos e intervención territorial. Lleida: Milenio,1999. 

2. Una sucinta selección que incluye la bibliografía citada en las siguientes obras : BUNES IBARRA,M.A.De. La imagen de los musulmanes y del Norte de Africa en la España de los siglos XVI y XVII. Los caracteres de una hostilidad. Madrid: CSIC,1989. PERCEVAL,J.M. Todos son uno. Arquetipos, xenofobia y racismo. La imagen del morisco en la Monarquía española durante los siglos XVI y XVI., Almería: Instituto de Estudios Almerienses,1997. MORALES LEZCANO,V. Africanismo y Orientalismo español en el siglo XIX. Madrid: UNED,1988. CARRASCO GONZALEZ, A.M. La novela colonial hispanoafricana. Las colonias africanas de España a través de la historia de la novela. Madrid: Casa de Africa, 2000. NAVARRO,J.M.(ed.) El islam en las aulas. Barcelona: Icaria,1997. 

3. Para las raíces del racismo catalán a comienzos del siglo XX es de utilidad el artículo de SANTAMARIA,A.: Inmigración, nacionalismo y racismo. El caso catalán, El Viejo Topo, nº152, 2001, p.38-50. 

4. LEsquella de la Torratxa, nº 2979, 3-9-1936. 

5. Los corsarios españoles o cristianos hacían otro tanto en las costas norteafricanas. 

6. Tele-Exprés, noviembre de 1975. 

7. MARTIN CORRALES,E. Imágenes 

8. La campaña editó carteles y trípticos, muchos de ellos firmados por el alcalde de Barcelona. 

9. MARTIN CORRALES, E. Las imágenes

10. Sáhara. Asociaciones de Amistad con el Pueblo Saharahui, nº 1, Sevilla.
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