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Tormenta en la Patagonía

08/09/2007 - Autor: Rogelio Cuellar - Fuente: La Jornada
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Patagonia
Patagonia
I

Puerto Natales, Chile. Se duerme y sueña mejor cuando hay fuertes marejadas. La mar está brava y en las próximas horas se desencadenará un temporal. Los vientos de 60 kilómetros por hora y las olas de hasta 10 metros que golpean por todos lados, han hecho que el buque disminuya la velocidad a un nudo. Es de tarde y navegamos por el Golfo de Penas, Chile. El capitán desvía la ruta hacia el suroeste. Comienzan horas críticas. 

Los golpes secos del agua desencadenan un eco metálico en el casco, produciendo una vibración que por segundos repercute en la estructura de este buque japonés, pilotado por un capitán chileno. Frente a la proa, unas sombras luchan contra el viento: son jóvenes que, hipnotizados por el movimiento que origina esta fuerza incontrolable, extienden los brazos en cruz para guardar el equilibrio y sostenerse del barandal, donde reposa una vieja brújula. El agua se estrella en sus rostros, y al clavar la vista en el horizonte logran ver un paisaje anegado de diminutas islas de silueta irregular, bañadas de niebla y empapadas de una luz azulosa.

La mar sigue brava. Las olas revientan en el horizonte, dejando estelas blancas. El viento chifla como sinfonía contemporánea. El buque da saltos enormes cada 15 minutos y se sostiene por segundos en la nada, hasta que cae y levanta un manto blanco de agua, tan amplio que abarca toda la cubierta, mojando el cuerpo, lamiendo el pecho y asustando al corazón.

No hay mucho que hacer. Es imposible leer, el hambre se nos ha ido, los que se atreven a ir al comedor ven volar su plato de espagueti sin salsa. Las valijas ruedan por los pisos y varios de nosotros por las escaleras. En el bar solos quedan los necios que no creen en nada y concluyen que nada se puede hacer. Desde el puente de mando se anuncia que el temporal por el que atravesamos durará 10 horas más, así que lo mejor es tratar de dormir; “en posición fetal”, nos recomiendan, para sentir que uno va al ritmo del barco, que cuando choca contra el agua produce ese eco metálico que ya quedó instalado en la memoria de los 360 pasajeros y la tripulación del Magallanes.

II 

El capitán, Manuel Vega Mora, decidió desviarse de la ruta para sortear el mal tiempo, lo cual nos llevó a navegar cinco horas más de lo programado. Este viejo lobo de mar, es quien mejor conoce los laberínticos fiordos desde hace mas de 30 años. Luego de 24 horas de vigía, da su versión de lo sucedido: “Cuando salí hacia el Golfo, los pronósticos meteorológicos eran normales, pero las condiciones cambiaron rápidamente y volver era imposible, así que había que navegar. Cuando se enoja la mar hay que tenerle mucho respeto, pero nunca es mala compañía. En un temporal no hay que exagerar en la confianza, y lo que se debe hacer es un calculo de estabilidad para lograr el equilibrio del barco, ¿me explico? Aunque confieso que estábamos más cerca de Australia que del Polo Sur. ¡No lo podía creer!”, bromea.

III 

Para navegar por los canales patogónicos chilenos, por cuatro días, hay que embarcarse en Puerto Montt rumbo a Puerto Natales. El trayecto es de lo más cordial, relajante, con un buen servicio. Salvo por el cruce del Golfo de Penas, único trayecto donde el barco sale a alta mar en el océano Pacífico, el viaje no es recomendable para niños.

El Magallanes, de la empresa Navimag, es un transbordador de carga y pasajeros construido en Japón y remodelado en Chile en 2000. Tiene una eslora (largo) de 123 metros y una manga (ancho) de 21 metros.

El transbordador tiene 38 cabinas y 132 literas. El buque cuenta con amplios espacios para disfrutar el viaje, pasillos exteriores, cubierta, terraza superior y restaurante. Los precios del viaje fluctúan entre 400 y mil 700 dólares por persona. Los alimentos están incluidos y son de buena calidad y variedad. El paisaje es notable y el tipo de turista es básicamente europeo.

IV 

En Puerto Montt, Chile, hay que ir a comer al embarcadero de Angelmó. Este es un barrio popular compuesto de palafitos, donde están instaladas una serie de cocinas en las que se prepara el mejor marisco, con sabores nuevos para el paladar. Específicamente recomendamos el curanto (cocido de almejas, chorizo, tortas de papa, pollo y puerco ahumado), la paila (concentrado de mariscos alucinantes), el erizo (una pasta de vida) y por supuesto la carne de un enorme cangrejo llamado centolla. No puede faltar el vino blanco de la casa y en ese momento se sabrá que el esfuerzo económico del viaje valió la pena.

V 

Subir montañas es práctica de animales que no tienen prisa. El cerro Campanario es refugio de aventureros en Bariloche, Argentina, y aunque es verano, las montañas están cubiertas por una extensa capa de nieve. Hay que subir en unas sillas voladoras que permiten ver un paisaje aéreo donde cruzan varios ríos de deshielo. Cuando uno pasa los mil 800 metros de altura, el frío se vuelve insoportable, así que hay que trotar, avanzando lo mas rápido posible a la cabaña instalada en una terraza a escasos 200 metros de donde aterrizan las sillas. Paso a paso el tambaleo entre las piedras es constante debido a los fuertes vientos, que no dejan avanzar o empujan. No conocíamos el frío hasta ese momento. ¿Esto es placentero?

Al término de la loma donde está instalado el refugio, al pie de la terraza se puede observar un paisaje de ensueño: infinitas ondas de montaña cubiertas de blanco rodean a un lago de color azul turquesa.

Son las sierras nevadas de la tierra andina.

VI

Bariloche es un pueblo al que sólo valdría la pena conocer por comer los chocolates que ahí se fabrican. Su hospedaje es perfecto. Los sabores ahumados del salmón, ciervo y queso de su cocina, y la extraordinaria variedad de vinos combinados con la carne del cordero patagónico, es una aventura que no distingue el sueño de la vigilia.

VII 

Para conocer el hielo hay que ir a Calafate, Argentina.

A 80 kilómetros de ahí se encuentra el Parque Nacional los Glaciares, el cual reúne a los tres más importantes de la zona, y de éstos, el llamado Perito Moreno es el más accesible.

Frente al hielo uno no sólo tiembla de frío y se estremece, sino que acepta prácticamente todas las teorías y mitos sobre el inicio de la vida. El glaciar es de color azul y sus vetas se marcan a lo largo de su pared como una corteza de cebolla. Cual cortina de presa, contiene a un manto de nieve congelada, cuya superficie parece formar pétalos de rosas blancas.

El glaciar se mueve y crea un ronquido sordo, similar al que se escucha cuando se mueve una muela al ser extraída. Es frecuente ver desprendimientos de masas de hielo. Como ahí están contenidas todas las formas del agua, es normal que nieve mientras llueve, en medio de una bruma con aire frío, frente a un glaciar que asemeja un desierto en medio del bosque soleado.

VIII 

“El glaciar Perito Moreno está ubicado en Argentina, nace del campo de hielo patagónico sur, compartido por Argentina y Chile. Se extiende sobre el brazo sur del lago Argentino, con un frente de cinco kilómetros de longitud y 60 metros de altura. Bautizado con ese nombre en honor de Francisco Moreno, creador de la Sociedad Científica Argentina y activo explorador de la zona austral de ese país, es una de las reservas de agua dulce más importantes del mundo.”

Se encuentra ubicado frente a la península de Magallanes, al sur del Parque Nacional, a unos 80 kilómetros de la villa El Calafate, hasta donde se puede llegar en avión en su recién inaugurado aeropuerto internacional. El Calafate se encuentra a 320 kilómetros al noroeste de la capital de la provincia Río Gallego
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