webislam

Lunes 16 Julio 2018 | Al-Iznain 03 Dhul-Qaadah 1439
1175 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Artículos

?idt=8122

El tesoro oculto de Namibia

01/09/2007 - Autor: Thomas A. Dowson - Fuente: El Correo de la Unesco
  • 0me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación

© UNESCO/Thomas Dowson
Jirafa, antílopes y león moteado, uno de los petroglifos más conocidos de Twyfelfontein
© UNESCO/Thomas Dowson Jirafa, antílopes y león moteado, uno de los petroglifos más conocidos de Twyfelfontein
En un valle relativamente lejano y aislado, en medio del semidesierto situado en el borde occidental de la parte norte central de Namibia, hay un gran cúmulo de petroglifos que es, probablemente, uno de los más espectaculares de todo el África Meridional y uno de los conjuntos de arte rupestre del mundo con el que muy pocos pueden rivalizar. Este reputado sitio se conoce por el nombre, poco apropiado, de Twyfelfontein, vocablo afrikáner que significa “fuente incierta”. En realidad, el manantial que surge en el valle dista mucho de asemejarse a una fuente y, pese a ser pequeño, tiene muy poco de incierto. Su denominación en lengua damara, /Ui-//Ais, que quiere decir “abrevadero saltarín”, quizás sea más adecuada. Cuando uno se adentra en el valle, se queda atónito ante su amplitud y su suelo arenoso surcado por lechos de ríos secos. Aún más sorprendentes son las vertientes y los gigantescos peñascos que parecen estar a punto de desplomarse hacia el fondo del valle. En esos peñascos es donde los habitantes prehistóricos de estos parajes revelaron cómo percibían su universo.

Gracias a las excavaciones del Dr. Eric Wendt, uno de los pioneros de la arqueología en Namibia, sabemos que, muchísimo antes de que comenzara la colonización europea, dos tipos de poblaciones vivieron en el valle durante vastos periodos de tiempo. Los vestigios que han sido objeto de excavaciones indican que los primeros ocupantes del sitio fueron pueblos de cazadores y recolectores. Los conjuntos de objetos hallados, característicos de la Edad de Piedra tardía, datan de unos 6.000 a 2.000 años atrás. Estos cazadores-recolectores de la Edad de Piedra fueron los autores de la mayoría de los grabados y, probablemente, de la totalidad de las pinturas rupestres. Las imágenes que crearon representan animales y seres humanos. Posteriormente –hará unos 2.000 o 2.500 años aproximadamente– llegó al valle otra categoría de pobladores, los khoekhoen, pueblo dedicado al pastoreo de ovejas y cabras que conocía la fabricación de recipientes de cerámica. El arte rupestre de las poblaciones pastorales es inequívocamente distinto del producido por las que se dedicaban a la caza y la recolección. Está concebido de forma completamente geométrica y, en el caso de Twyfelfontein, se pueden observar círculos picoteados y un sinfín de líneas punteadas.
Se poseen varias estimaciones del número de grabados y pinturas existentes en Twyfelfontein, pero es difícil, por no decir imposible, calcularlo con exactitud. Ernst Scherz –autor de un catálogo impresionante y no superado hasta hoy del arte rupestre de Namibia– calculó antaño que había unos 2.500 petroglifos, pero los especialistas actuales estiman que hay más de 5.000 representaciones singularizadas. Sabemos ahora mucho más sobre los grabados y pinturas ejecutados por las poblaciones de cazadores-recolectores que sobre las enigmáticas imágenes geométricas de los pueblos pastorales. La distinción entre el arte de unos y otros es reciente y se debe a las investigaciones de Sven Ouzman y Benjamin Smith, dos especialistas de arte rupestre que trabajan en Sudáfrica. Esa distinción ha facilitado un conocimiento mucho más profundo del poblamiento del África Meridional, así como de la manera en que se forjaron las tradiciones del arte rupestre en esta parte del continente africano.

La caza: un diálogo interpersonal

Las imágenes pintadas y grabadas que podemos contemplar hoy en las superficies rocosas del África Meridional –y más concretamente, las que se pueden atribuir a los pueblos cazadores-recolectores– ponen de manifiesto la existencia no sólo de un universo donde se daba una interacción activa recíproca entre los seres humanos y los no humanos, sino también de numerosos y variados intentos de mantener el flujo de la potencia supranatural entre los elementos constituyentes de ese universo. La continuidad del flujo entre los animales y otros entes animados e inanimados, por un lado, y los seres humanos, por otro lado, era esencial para la reproducción del mundo en que vivían las poblaciones de cazadores y recolectores.

Los humanos –ya fuesen cazadores y recolectores consumados, o chamanes, madres, padres y niños– eran conscientes de que, en su interacción diaria con los demás y con el medio ambiente en que vivían, participaban íntima y activamente en la tarea de renovar el mundo. Esa tarea comprendía actividades como la caza, la recolección, el trato sexual y los trances, por sólo mencionar unas pocas. La representación de estas actividades humanas es la que tiende a predominar en las pinturas rupestres. La caza es un tema muy común en las ejecutadas en el África Meridional, comprendidas las de Twyfelfontein. Durante mucho tiempo se creyó que las imágenes que representan la caza y sus instrumentos y usos habituales describían el intento de los pueblos de cazadores y recolectores de procurarse alimentos. Nuestra forma de entender cómo los cazadores y recolectores del mundo entero conciben la caza muestra que esta interpretación peca de excesivo simplismo. La caza pone de manifiesto un diálogo interpersonal entre dos entes conscientes del universo: el ser humano y el animal no humano. Para las poblaciones de cazadores-recolectores, cazar no sólo era procurarse comida, sino un medio especial de compenetrarse con el universo, que garantizaba la circulación del flujo de la potencia supranatural. La presa cazada proporciona alimento y sustento, mientras que el cazador vela por que él mismo y su comunidad observen un comportamiento impregnado de respeto ante este acto de donación del animal. Las llamadas conductas de evitación que acompañan la caza han sido ampliamente documentadas en el caso de los pueblos cazadores-recolectores del África Meridional. El antropólogo canadiense Mathias Guenther, que viene llevando a cabo desde algunos decenios atrás una serie de trabajos etnográficos con las comunidades san de esta región, señala que la existencia de esas conductas pone de relieve que “en cada acto de caza están presentes el sentimiento de simpatía hacia el animal y el reconocimiento implícito de que éste es un ser moral y consciente, de la misma familia que el ser humano.”

Una concepción insólita

En los petroglifos del África Meridional, y más concretamente en los del valle de Twyfelfontein, se encuentran pocas representaciones de seres humanos. La mayoría – con gran diferencia– de los grabados rupestres de este sitio presentan imágenes de animales y de sus huellas. No obstante, hay que señalar que muchas de ellas no son representaciones realistas. Con frecuencia, algunas de sus características nos muestran que nos hallamos ante una concepción de la relación entre humanos y animales un tanto insólita para nosotros. Un cierto número de representaciones de animales no son están ejecutadas con realismo. Por ejemplo, muchos rinocerontes poseen cuernos descomunales, las huellas de la zarpa del león tienen con frecuencia más de cuatro dedos y las jirafas están a veces representadas con cuellos desmesuradamente alargados. Estas características poco realistas muestran el papel activo que se atribuye a los animales en el mantenimiento del flujo de la potencia supranatural.

Los petroglifos de las rocas de Twyfelfontein han servido de reveladores para la adquisición de un conocimiento más profundo del universo de los pueblos de cazadores y recolectores que poblaron este sitio en el pasado. Hoy en día, este sitio es el escenario que sirve también de revelador de un tipo diferente de relación: la que se da entre los turistas que lo visitan y el pasado prehistórico. Pese al hecho lamentable –e inevitable– de que el fenómeno turístico venga a añadirse a la acción de los elementos de la naturaleza que están destruyendo paulatinamente el patrimonio cultural del África Occidental, la contemplación del arte rupestre del valle de Twyfelfontein Valley permite conocer más fondo a los diversos pueblos que crearon este patrimonio cultural inestimable
Anuncios
Relacionados

Exposición sobre arte africano en el Museo Guggenheim de Bilbao

Artículos - 25/10/2006

Del amor divino

Artículos - 13/11/2007

Tesoro oculto

Artículos - 03/06/2008



Escribir comentario

Debes iniciar sesión para escribir comentarios.

Si no estás registrado puedes registrarte en un minuto.

  • Esta es la opinión de los internautas, no de Webislam
  • No están permitidos comentarios discriminatorios, injuriantes o contrarios a la ley
  • Céntrate en el tema, escribe correctamente y no escribas todo en mayúsculas
  • Eliminaremos los comentarios fuera de tema, inapropiados o ilegibles

play
play
play
play
Colabora


 

Junta Islámica - Avda. Trassierra, 52 - 14011 - Córdoba - España - Teléfono: (+34) 957 634 071

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/articulos/32052-el_tesoro_oculto_de_namibia.html