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Crecen las evidencias sobre una manipulación del caso Lockerbie

28/07/2007 - Autor: Yusuf Fernández
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Abdelbaset Ali Mohamed al Megrahi
Abdelbaset Ali Mohamed al Megrahi

El 29 de junio de este año, la Comisión de Revisión de Casos Penales de Escocia (SCCRC) anunció que iba a enviar el caso contra Abdelbaset Ali Mohamed al Megrahi de nuevo al tribunal de apelaciones, siete años después de que fuera condenado por el asesinato de 259 pasajeros y miembros de la tripulación que iban a bordo del vuelo 103 de la Pan Am, así como de 11 residentes de la ciudad de Lockerbie (Escocia). En enero de 2001 y tras un juicio en Camp Zeist, Holanda, un libio, Al Amin Jalifa Fihma, fue absuelto y otro, Abdelbaset Megrahi, fue condenado a cumplir cadena perpetua en una cárcel escocesa por su presunta participación en el atentado ocurrido el 21 de diciembre de 1988. 

Cabe señalar que la CIA estaba entonces protegiendo una ruta de la droga que discurría desde Europa hasta EEUU –una actividad conocida con el nombre de Operación Corea- y permitía a traficantes de droga sirios enviar heroína a EEUU, utilizando vuelos de la Pan Am, a cambio de datos de inteligencia acerca de los grupos palestinos radicados en Siria. La CIA protegía supuestamente las maletas que contenían las drogas impidiendo que fueran revisadas. El día de los atentados, los terroristas cambiaron las maletas: una que estaba llena de drogas por otra que contenía una bomba. El periódico The Scotsman señala que, según algunas fuentes, la CIA habría conocido incluso con antelación que este cambio iba a tener lugar, pero lo permitió de todos modos porque la ruta de las drogas era una operación ilegal y dos oficiales de inteligencia estadounidenses que viajaban en el vuelo de la Pan Am 103 -Matthew Gannon y Charles McKee- se dirigían entonces a Washington para informar a sus superiores. Esta teoría fue planteada en octubre de 1989 por Juval Aviv, el propietario de Interfor Inc, una compañía de investigación privada con sede en Nueva York. Aviv, un antiguo agente del Mossad, fue contratado por la Pan Am como su principal investigador sobre el atentado. Aviv nunca fue entrevistado, sin embargo, por la policía escocesa o por el FBI. La entonces primera ministra británica Margaret Thatcher bloqueó también una investigación judicial completa sobre el caso. 

Recientemente, el periódico escocés The Sunday Herald recogió las declaraciones de Michael Scharf, un asesor legal de la oficina antiterrorista del Departamento de Estado de EEUU en el momento en el que Megrahi y Fimah fueron acusados de los atentados, que confirmó que la CIA había manipulado el juicio de Lockerbie y mentido acerca de la solidez de las pruebas de la acusación con el fin de conseguir un resultado que fuera políticamente conveniente para EEUU. Scharf describió el caso como “tan lleno de agujeros que parecía un queso suizo” y afirmó que nunca debería haber llegado a juicio. Según The Sunday Herald, Scharf señaló que la CIA y el FBI habían asegurado a los oficiales del Departamento de Estado durante el juicio que uno de los testigos era “un mentiroso.” “La sentencia estuvo basada en gran medida en las declaraciones de este hombre (el desertor libio Abdul Mayid Giaka). No fue hasta que comenzó el juicio que supe que este individuo carecía de escrúpulos y que la CIA no tenía ninguna confianza en él, ya que sabía que era un mentiroso.” 

Scharf ingresó en la Oficina de Asesoramiento Legal en Temas de Seguridad e Inteligencia del Departamento de Estado en abril de 1989, justo cuatro meses después de que fuera destruido el vuelo 103 de la Pan Am y cuando la investigación de la CIA del caso Lockerbie estaba en su punto culminante. Él fue también responsable de la redacción de las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU que impusieron sanciones contra Libia en 1992 con el fin de obligar a Trípoli a entregar a Megrahi y Fimah para que fueran juzgados. “La CIA y el FBI mantuvieron al Departamento de Estado en la ignorancia. Nosotros estábamos plenamente comprometidos con la teoría de que Libia era culpable. Yo ayudé a redactar los documentos que describían las razones por las cuales creíamos que Libia era responsable, pero aquellos no estaban basados en la comprobación de muchas evidencias, sino más bien en figuraciones procedentes de la CIA, el FBI y el Departamento de Justicia acerca de lo que el caso probaría,” señala Scharf. 

Por su parte, Robert Black, profesor de Derecho escocés en la Universidad de Edimburgo y principal arquitecto del juicio en Camp Zeist, describió el caso Lockerbie como “un fraude”. “Que el juicio acabara con una sentencia condenatoria es una vergüenza para la justicia escocesa,” señaló. “Creo que los comentarios de Scharf indican que un creciente número de personas en ambos lados del Atlántico creen ahora que fueron utilizados en este caso.” Jim Swire, que perdió a su hija Flora en el atentado, manifestó al Herald: “Michael Scharf y yo hemos acabado defendiendo la misma postura. Asistí al juicio y me he convencido después de verlo que el caso estaba lleno de lagunas.” 

Otro periódico escocés, The Scotsman, ha revelado también que “el testimonio de otro testigo clave del caso Lockerbie, Tony Gauci, estuvo plagado de una serie de contradicciones e inconsistencias que no salieron a la luz en el juicio.” Sin embargo, su testimonio resultó crucial en el caso contra Megrahi. Gauci proporcionó a la policía una descripción detallada del hombre que compró una maleta –que fue presuntamente utilizada en el atentado- en su tienda de Malta unas pocas semanas antes de la explosión, e identificó parcialmente a Megrahi como el comprador a través de unas fotografías, en una rueda de reconocimiento y ante el tribunal. 

La Comisión de Revisión de Casos Penales de Escocia (SCCRC) ha recogido nuevas pruebas que, según señala, socavan la credibilidad de la identificación realizada por Gauci. En primer lugar, cuatro días antes de que Gauci señalara a Megrahi en la rueda de reconocimiento, él había visto la foto del libio en un artículo de una revista que le vinculaba al atentado. Esta evidencia “no le fue comunicada a la defensa.” Además, hubo otras inconsistencias que se refieren a la identificación de la persona que apareció en la tienda, los objetos adquiridos y otros asuntos. 

Una prueba importante en el caso fueron los restos de una camisa Slalom, que, según se cree, envolvía la bomba. Al ser interrogado por primera vez por la policía, Gauci insistió repetidamente en que él no había vendido camisas al hombre en su tienda. Sin embargo, aproximadamente un año después de esta entrevista, su historia cambió radicalmente. Él “recordó” de repente haber vendido camisas al hombre y el precio que éste pagó por ellas. Gauci manifestó a la policía que el hombre había comprado una camisa roja y negra, pero más tarde su color cambió misteriosamente al beis. 

Además, él cambió la fecha en la que Megrahi habría visitado su tienda. En primer lugar, él afirmó que Megrahi había comprado la maleta antes del 6 de diciembre, pero más tarde cambió el testimonio y escogió la fecha del 7 de diciembre de 1988, en la que podía probarse que Megrahi estaba en Malta. Increíblemente, el tribunal aceptó el argumento de la acusación del Estado británico de que las ropas habían sido adquiridas en esta última fecha. Sin embargo, la SCCRC ha determinado que “no hubo una base razonable” para que los jueces llegaran a esta conclusión. “En otras palabras, las pruebas indican que la adquisición tuvo lugar en un momento en el que no existe ninguna evidencia de que el acusado estuviera en Malta,” señala la Comisión. 

Según The Scotsman, “estas revelaciones echan por tierra la credibilidad de Gauci, según indican los expertos legales.” Por su parte, Black señala: “Si los jueces hubieran sabido todo esto, a lo peor que Megrahi hubiera tenido que enfrentarse es a un veredicto de absolución por falta de pruebas. Había simplemente demasiadas inconsistencias.” Cabe señalar que todas estas evidencias, potencialmente devastadoras para la acusación, no fueron comunicadas al equipo de la defensa. Los miembros de este equipo señalan ahora que la condena contra Megrahi careció de un respaldo probatorio y que las evidencias contra él fueron manipuladas con el fin de crear un caso contra Libia por razones puramente políticas. 

Black afirma también que la sentencia ha puesto en cuestión a todo el sistema judicial británico. “No se trata sólo de que las nuevas pruebas arrojen dudas sobre el veredicto original. Es mucho más serio que eso.” Él señaló que era necesaria una investigación independiente realizada por expertos extranjeros. “Hay que hacer algo para garantizar la integridad del sistema fiscal y el sistema judicial.” Por su parte, Tam Dalyell, un antiguo diputado británico que ha creído durante mucho tiempo en la inocencia de Megrahi, indicó que el fallo del tribunal había arruinado la reputación del sistema de justicia escocés. 

Juval Aviv se muestra de acuerdo con esta idea. Él manifestó al diario The Scotsman: “Resulta de la mayor importancia que se realice una investigación sobre lo que hoy sabemos que fue un flagrante intento de ocultar la verdad a la opinión pública. Quizás a través de una investigación pública y transparente la auténtica verdad sobre esta operación encubierta acabe viendo la luz… Se lo debemos a las familias de las víctimas” que casi veinte años después del atentado no han recibido una explicación válida acerca de por qué tuvo lugar aquel atentado y quien fue el responsable del mismo.

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