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Algunos obispos están más en política que los políticos

Entrevista a Mercedes Rico Carabias, Directora General de Asuntos Religiosos

15/07/2007 - Autor: José Lorenzo - Fuente: Vida Nueva
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La Directora General de Asuntos Religiosos, Mercedes Rico Carabias (Foto de Bruno Rascao)
La Directora General de Asuntos Religiosos, Mercedes Rico Carabias (Foto de Bruno Rascao)

Mercedes Rico Carabias es la primera mujer que está al frente de la Dirección General de Asuntos Religiosos, que depende del Ministerio de Justicia. VIDA NUEVA ha podido hablar con ella que se ha prestado a responder a cuestiones e candente actualidad. Tras sus destinos como diplomática en Costa Rica y Roma, su llegada a este cargo, que tiene que ver con otras geografías más intangibles, coincidió con los atentados del 11-M, deriva de un fundamentalismo religioso que en España no afectó a la convivencia entre las religiones. Más quebraderos de cabeza le ha dado la postura de algunos sectores de la jerarquía episcopal, a los que considera “muy politizados”.


- Usted había desempeñado varios cargos diplomáticos, pero nunca relacionados con el mundo de las religiones. ¿Le ha costado adaptarse al puesto?

-
Claro que me ha costado, porque me ha supuesto un esfuerzo. Pero lo bueno de ser diplomático es que en cada puesto tienes que hacer el mismo tipo de esfuerzo de adaptarte a un mundo y realidad distinta, de aprender y conocer. Me lo he tomado como un destino, como si me hubieran mandado a un país muy grande y muy exótico. Eso he hecho: aprenderme la “geografía” y la “historia” y, poco a poco, aprender los matices y las complejidades del “país de las religiones”.

- Tres años después de su nombramiento,¿ha cambiado su imagen sobre la religión?

- Sí, sí, ha cambiado sí…

- ¿En qué sentido?

-
Quizá sea un poco ingenua por mi parte, pero yo no pensaba que se hacía tanta política…

- ¿Qué le demandan las confesiones religiosas a la Dirección General, y qué es lo que ustedes les brindan?

-
La confesión mayoritaria es la católica, con mucha diferencia, y luego están otras tres, minoritarias, pero grandes en el sentido de universales, que tienen acuerdos preferenciales con el Estado que datan de 1992. Eso año fue una especie de catarsis histórica, de cerrar un ciclo, no sólo del aniversario de la expulsión de los judíos y la toma de Granada, sino de lo que significaba en la construcción de una España que había tenido una religión de Estado con exclusión de todas las demás. Aquello tuvo una carga simbólica enorme y creo que se hizo bien el firmarlos con judíos, musulmanes y protestantes, las tres confesiones que tienen un peso y significación religiosa, histórica y cultural en nuestro país muy importante. Esos acuerdos se han venido desarrollando, pero no sólo son acuerdos entre el Estado y las confesiones, sino que son ley del Parlamento español, y las leyes hay que tomarlas muy en serio y ponerlas en práctica. Y a eso he dedicado muchísimos esfuerzos, porque, una vez aprobadas las Leyes, había que poner en práctica todos los derechos reconocidos: aprobar decretos de desarrollo, convenios con los distintos ministerios competentes, etc. Por no hablar ya de otros temas que están en los acuerdos, que son un compromiso del Estado, pero que escapan a las competencia del Estado, como por ejemplo temas que tocan muy de cerca de algunas de las minoritarias, como la reserva de sitio en los cementerios, reserva para la construcción de templos, mezquitas o sinagogas….Aún así queda mucho por hacer.

- Desde esta atalaya privilegiada de la Dirección General, ¿cómo ve las relaciones entre las confesiones mayoritarias? ¿Quedan resquemores del pasado?

-
Queda muy poquito resquemor y la cooperación es total. La Fundación Pluralismo y Convivencia que hemos creado para ayudar a la integración cultural, social y educativa de las tres grandes religiones minoritarias es común. En el Patronato y Junta Rectora están sentadas estas tres confesiones. Y en la Comisión Asesora de Libertad Religiosa, está por supuesto también la Iglesia. No ha habido el más mínimo problema. Y con la Iglesia católica también es buena la relación. Hay que decir que ésta no solamente no se ha opuesto nunca al desarrollo efectivo de los derechos de las otras confesiones, como por ejemplo al derecho de los niños musulmanes a recibir enseñanza religiosa en la escuela, sino que, en ese sentido, es un socio del Gobierno, aunque quizás podría hacer más. Como religión mayoritaria, la Iglesia católica tiene una responsabilidad muy especial en cuanto al acogimiento a estas otras confesiones monoteístas con las cuales hay un diálogo institucional en el Vaticano y en todo el mundo católico. Los párrocos, por ejemplo, deberían tener un papel muy activo en el desarrollo de una buena relación e integración, si en su ciudad o pueblo se ha abierto un templo evangélico o una mezquita.

- La irrupción del terrorismo islamista en España a raíz de los atentados del 11-M, ¿ha alterado algo este marco de convivencia?

-
Yo tomé posesión tres semanas después de los atentados y nos preocupaba intensamente que no ocurriera eso, que la sociedad no percibiera todo lo musulmán como potencialmente destructivo o terrorista, y que no confundiera lo que es la acción de unos criminales con una confesión religiosa. Afortunadamente, y gracias al esfuerzo tanto del conjunto de la sociedad como de las propias comunidades musulmanas, se ha evitado y la percepción es bastante ajustada a la realidad. El pueblo español sabe distinguir muy bien entre lo que es ser de una región autónoma o de una religión y lo que es ser un asesino criminal que se aprovecha y pretende representar a todos. Esa distinción la hemos aprendido a hacer hace muchos años, desde que lleva operando el terrorismo en España.

- Eso habla a favor de una sociedad a la que a veces se trata como si fuera muy inmadura aún…

-
Desde luego, esa reacción básica de rechazo o sospecha que ha habido en otros países no se ha dado en España. Lo que no quiere decir que no haya problemas. Pero son los mismos problemas de convivencia que pueden darse puntualmente con otros inmigrantes, latinoamericanos por ejemplo. Es decir, el tema religioso del Islam, con toda la propaganda espeluznante que hay en todos los medios sobre su radicalismo, el fundamentalismo, la yihad… no ha calado como tal. Puede haber problemas en una zona determinada y en un momento dado exactamente igual que puede haberlo en una zona en la que haya grupos de latin kings o lo que sea. Es exactamente igual. No hay una diferencia que se pueda palpar, e insisto, el esfuerzo ha sido de la sociedad, de las comunidades musulmanas y bueno, también ha sido un esfuerzo grande el que hemos realizado desde aquí.

- Usted ha dicho que la Iglesia católica era “muy compleja”. ¿A qué se refería?

-
Me refería a que era compleja en muchos sentidos: en cuanto a organización, porque una cosa es la jerarquía, que además también es plural, las parroquias son un mundo, están las asociaciones que hacen trabajos de todo tipo, los colegios concertados, que son otros mundo… Es una realidad complejísima, y lo digo como sinónimo de riqueza. Y luego tampoco es monolítica en cuanto a opinión, siempre y cuando no sea referido a cuestiones doctrinales. No hay que llegar a los extremos de lo que ha pasado en Madrid en la parroquia de Entrevías, pero es complejísima, y a mí eso me parece bueno.

- La Iglesia, con este Gobierno socialista, católica ha alcanzado un nuevo acuerdo “satisfactorio” para su autofinanciación. ¿Era de justicia, un gesto de buena voluntad tras un comienzo de legislatura lleno de encontronazos con la jerarquía episcopal, o ambas cosas?

-
No, yo creo que era una cosa que había que hacer desde el principio, y el Gobierno así lo vio, porque el acuerdo tiene diversos aspectos. Por un lado, se da estabilidad a los ingresos al subir el porcentaje, que se demostró insuficiente desde el primer día en que se implantó, y era necesario darle una estabilidad. Con el 0,7 se ha estimado por las dos partes que con el aumento previsible de la renta van a tener unos ingresos similares, que es lo que dice el Acuerdo económico de 1979. Por otro lado, la Iglesia ha renunciado a los privilegios fiscales de que venía disfrutando, siendo la única de las confesiones que lo tenía. Así pues, la Iglesia también ha hecho un esfuerzo, que era muy necesario, porque la legislación comunitaria lo pedía. Pero en fin, que se hubiera podido hacer de otras maneras si la Iglesia se hubiera aferrado al privilegio, pero se mostró con muy buena voluntad de renunciar a eso y a cualquier tipo de complemento directo del Presupuesto. Hubo un esfuerzo por ambas partes

- ¿Llegaron a plantearse en algún momento esas “otras maneras”?

-
Se planteó todo …

- Sectores del PSOE vieron como una traición y cesión intolerable ese acuerdo…

-
Si, es verdad, pero hay diversas maneras de organizar la separación de la Iglesia y el Estado, que es el sistema que tenemos aquí con la Constitución. En el mundo existe la separación rígida y absoluta –que luego tampoco es así– como en Francia (bueno, en una parte de Francia, porque como usted sabe Alsacia y Lorena tienen Concordato), donde se coopera a otros niveles; existen las corporaciones de derecho público de los países germánicos y nórdicos; el sistema anglosajón, que tiene diversos matices porque muchos creen que no se financia nada, y hay que matizar mucho, porque hay países donde no hubo desamortización y la Iglesia, que ha sido Estado y en buena parte sigue siéndolo, no necesita que le financien nada; y luego hay países, como el nuestro, en el que nadie planteó en ningún momento que se cegaran todas las fuentes de financiación, eso no se ha planteado, pero había quien decía que era más ajustado al sistema de separación el aumentar los beneficios fiscales a las donaciones que lo que se hizo en el sistema de participación en los ingresos del rendimiento del impuesto sobre la renta. Pero a mi modo de ver eso no es así. En ambos casos se retraen recursos al Estado, bien es verdad que no en cantidades enormes, pero se retraen dineros al Estado por voluntad del contribuyente. Por otra parte, sería muy difícil de justificar un aumento de las donaciones sólo a las Iglesias, y luego hay otro tema, y es que el sistema de donaciones es una puerta abierta al fraude y el Ministerio de Hacienda siempre ha preferido la participación en el rendimiento del impuesto, que se controla con mucha más facilidad. Desde el punto de vista doctrinal de la teoría entre las relaciones entre la Iglesia y el Estado, no veo que un sistema sea más puro que otro, francamente. Si aquí hay un mandato constitucional de cooperar, y si se opta por no cambiar la constitución, pues el Gobierno pensó que era mejor no alterar esa fórmula que venía funcionando desde 1988.

- No hacerlo, ¿no comportaría denunciar los Acuerdos con la Santa Sede de 1979?

-
Eso, de hacerse, se hubiera hecho respetando todas las modalidades y con plazos, pero la verdad es que no se ha planteado. De todas maneras, sobre todo este tema de la financiación no hemos recibido ni una sola buena palabra…

- ¿Se refiere por parte de la CEE?

-
Ni de sus medios de comunicación, ni de casi nadie

- La noto quejumbrosa…

-
No, no, todo menos quejumbrosa, son los hechos

- En Añastro sí están un poco quejumbrosos del Gobierno, Consideran que a veces toman decisiones que les afectan directamente sin consultarles. Recientemente, en el tema de los profesores de Religión. ¿No mantienen relaciones fluidas con la CEE?

- Tenemos
una relación todo lo fluida que a la jerarquía le interesa. Dialogamos cada vez que hace falta dialogar algo, y estamos a su disposición para hablar de todo. El tema de los profesores de Religión estuvo un año y miedo debatiéndose y, además, con la sentencia del Constitucional y viendo cómo ha quedado, el sistema me parece muy favorable a la Iglesia. No entiendo dónde está el punto de tremendismo.

- Una de la funciones de esta Dirección General es la de impulsar y desarrollar la libertad religiosa. Sin embargo, algunos obispos les acusan precisamente de cercenar esta libertad en España y de fomentar el laicismo.

-
De todas las acusaciones que han llovido sobre este Gobierno por parte de algunos sectores de la jerarquía es la que más me pasma. Y no es queja: es que me deja pasmada. ¿Cómo se puede decir eso? ¿Cómo se puede decir que se cercena la libertad religiosa? Pero si tenemos el sistema –que no lo ha inventado este Gobierno, sino el Gobierno socialista anterior– de enseñanza concertada más favorable del mundo. En su día, el presidente Felipe González le dijo al entonces presidente de los obispos que le señalara un país en el mundo en el que hubiera un sistema más favorable. No lo hay. Es un sistema que no sólo permite un pleno desarrollo del artículo 27 y garantiza la libertad de escoger la formación para sus hijos, no sólo la clase de Religión para todos los que la pidan, incluso en la enseñanza pública, sino el tipo de enseñanza para todos. Que la Ley pida cierta colaboración con el Estado a la escuela concertada es lo mínimo, si se tiene presente que el Estado corre con la totalidad del gasto de profesores. No lo puedo entender. Lo de cercenar la libertad religiosa, no lo puedo entender. No me lo han intentado explicar. Ni ningún obispo ni el secretario, pero es que no hay por dónde cogerlo.

- ¿Cómo cree que asiste el conjunto de la sociedad a este pulso continuo entre ambas instituciones?

-
A esa parte de la sociedad que está en la línea de oponerse a este Gobierno como sea, que están muy politizados, les puede gustar. Pero a los católicos de a pie, más o menos comprometidos, creo que les puede producir cierta angustia.

- ¿Ha variado el Gobierno su política inicial con respecto a la Iglesia tras la visita del Papa a en 2006?

-
Lo que ha hecho este Gobierno desde el principio ha sido legislar sobre su programa electoral, y sobre lo que no estaba, pues no ha legislado… La Iglesia y el Estado son ámbitos diferentes e independientes. Entonces, la Iglesia no determina la legislación y el Gobierno no se mete con la doctrina ni en cómo se organiza la Iglesia. Con respecto a su pregunta, creo que no ha variado nada. Lo primero que hizo el Presidente Zapatero, en junio de 2004, fue plantarse en Roma para decirle al Papa que no pensaba denunciar los Acuerdos del 79. Eso era lo que parecía entonces lo principal. Luego se legisló tranquilamente, con una aprobación social muy considerable en la ampliación de los supuestos del matrimonio, y todo el Gobierno entendió muy bien que podía haber gente que no le gustara, pero no estábamos legislando sobre el matrimonio canónico ni sobre cosas de incumbencia de la Iglesia. Se dialogó en su momento a todos los niveles y se llegó a la conclusión de que la opinión de la Iglesia, siendo muy respetable, no iba a determinar el abandono de un compromiso electoral muy seriamente asumido. Aparte, como hemos visto estos días por el debate que hay en Italia, a nosotros se nos dijo que el problema de las bodas entre personas del mismo sexo era la palabra ‘matrimonio’, y que si se quitaba esa palabra, la Iglesia no diría nada si se hablaba de uniones de hecho, uniones civiles o lo que fuera. En Italia se está viendo ahora con el proyecto de ley de uniones civiles que no es así. Para mí hay una pérdida de credibilidad en los interlocutores, bueno, en alguno de los interlocutores, insisto, porque de lo que se trata para éstos es de oponerse y con independencia de lo que se haga. En algunos, insisto, en algunos que están más en política que los políticos, con la diferencia de que no se presentan a las elecciones, porque los políticos, en un momento o en otro, han de enfrentarse a los electores.

- ¿Y la CEE con respecto a este Gobierno, ha cambiado su línea de actuación?

-
Creo que no hay tal enfrentamiento con la CEE, que como todo el mundo sabe, no es monolítica. Hay un grupo muy politizado, como hay algunos medios muy politizados que supongo que no pararán hasta las elecciones generales del próximo año. Es un tema, para algunos, estrictamente político y, por tanto, independiente de lo que se haga.

- ¿Es posible reconducir el tema de la asignatura de EpC?

-
Depende de lo que se entienda por reconducir. La Iglesia debería pensar un poco lo que significa oponerse a que se enseñe democracia y llamar a eso indoctrinamiento. Ahí sí que debería reconducirse y deberían reflexionar sobre las palabras de los responsables de los colegios religiosos, que ellos sí han encontrado
una vía de conciliación.

- Sí, pero también dicen que no les gusta la asignatura…

-
Pero creo que hay un consenso bastante amplio en la sociedad sobre el tema de que la Escuela debe asumir una parte de la tarea de enseñar respeto, valores de convivencia democrática... saben que la
pueden adaptar perfectamente y, además, en este país existe la libertad de cátedra. Es un conflicto completamente artificial salvo que lo que no se quiera es que se enseñen valores democráticos.

- Algunos colectivos amenazan con un “otoño caliente” si el Gobierno la mantiene EpC.

-
¡Qué quiere que le diga!. A ellos les interesa porque están en política, no están en otra cosa.

- Hace poco, usted asistió a la presentación del libro de Ricardo Blázquez. Fue la única representante del Gobierno. ¿Es una indiscreción preguntarle por la dedicatoria que le escribió el presidente de la CEE?

-
Pues sí, es una indiscreción, pero es una dedicatoria muy cariñosa, y yo era la única asistente del Gobierno porque no creo que hubieran invitado a nadie más. Hay muchos actos de la Iglesia a los que no me invitan ni siquiera a mí. Pero quiero añadir que así como este guirigay, por llamarlo de alguna manera, desconcierta a muchos católicos de a pie, y está haciendo que ese perfil tan fantástico que tenía la Iglesia como agente social no esté tan en primer plano como en otras épocas, también me sorprende que la Iglesia no haya tenido, mejor dicho, ciertos responsables de la jerarquía no hayan tenido ni una buena palabra que decir de la buena labor social que ha hecho el Gobierno, que, como acaba de decir Zapatero en el debate del Estado de la Nación, ha doblado la ayuda internacional al desarrollo. La pobreza es la principal preocupación de la Santa Sede, de Naciones Unidas, del mundo entero, y más aún de los creyentes, y se está haciendo una cooperación como no se había hecho nunca. Ahí está también la Ley de Dependencia, la atención a las capas más desfavorecidas que está siendo impulsada por el Gobierno… y ni una palabra, ni el más mínimo reconocimiento. No es queja, pero hombre, es que hay días que parece que no hay caridad.

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