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Discurso de Bush en la ceremonia de aniversario del Centro Islámico de Washington

10/07/2007 - Autor: whitehouse.gov - Fuente: whitehouse.gov
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Bush y Abdullah Khouj, director del Centro Islámico de Washington
Bush y Abdullah Khouj, director del Centro Islámico de Washington

Imán, muchas gracias. Gracias por invitarme. Le presento mis respetos. Y aprecio su amistad. Quiero dar las gracias a la dirección del Centro Islámico. Bienvenidos embajadores. Gracias a todos por venir. Agradezco la presencia aquí de otros distinguidos invitados. Es un honor estar con ustedes en esta ceremonia de aniversario.

Como ha mencionado el imán, ha pasado medio siglo desde que uno de nuestros grandes líderes acogió al Centro Islámico en la familia de religiones de nuestro país. Al dedicar este lugar, el Presidente Dwight D. Eisenhower ofreció en amistad la mano de Estados Unidos a los musulmanes de todo el mundo. Pidió que, juntos, nos comprometiéramos “con un progreso pacífico de todos los hombres bajo un Dios”.

Hoy nos reunimos, con amistad y respeto, para reafirmar aquel compromiso y renovar nuestra determinación para permanecer juntos en la búsqueda de la libertad y la paz. Venimos a expresar nuestro aprecio por una fe que enriquece a la civilización desde hace siglos. Venimos a celebrar la diversidad de confesiones en Estados Unidos y nuestra unidad como pueblo libre. Y llevamos en nuestro corazón la antigua sabiduría del gran poeta musulmán Rumi: “Las lámparas son diferentes, pero la luz es la misma”.

Momentos como esta ceremonia contribuyen a explicar quiénes somos los estadounidenses como pueblo y lo que deseamos para el mundo. Vivimos en una época en la que hay preguntas sobre Estados Unidos y sus intenciones. Los que intentan entender verdaderamente a nuestro país no necesitan mirar más allá de aquí. Este Centro Musulmán se encuentra en la misma calle que una sinagoga, una iglesia luterana, una parroquia católica, una capilla ortodoxa griega y un templo budista, cada uno con seguidores fieles que practican sus profundas creencias y conviven en paz.

Esto es lo que ofrece la libertad: sociedades en las que la gente puede vivir y rendir culto como elija, sin intimidación, sin sospecha, sin que la policía secreta llame a su puerta. La libertad religiosa es la primera protección ofrecida en la Carta de Derechos de Estados Unidos. Es una libertad preciada. Es un pacto básico según el cual los creyentes acuerdan no imponer su visión espiritual sobre los demás y, a cambio, practicar sus propias creencias como estimen oportuno. Ésta es la promesa de nuestra Constitución, la llamada de nuestra conciencia y una fuente de fortaleza para nosotros.

La libertad de culto es algo tan fundamental del carácter estadounidense, que tendemos a tomar como algo personal que se les niegue a otros. Nuestro país fue una voz destacada en nombre de los refusniks judíos en la Unión Soviética. Los estadounidenses hicieron causa común con los católicos y los protestantes que rezaban a escondidas al otro lado del Telón de Acero. Estados Unidos ha permanecido con los musulmanes que intentan practicar libremente sus creencias en lugares como Myanmar o China.

Para subrayar el respeto de Estados Unidos por la fe musulmana aquí en nuestro país, vine a este Centro seis días después de los atentados del 11-S para denunciar los incidentes a causa de los prejuicios contra estadounidenses musulmanes. Hoy anuncio una nueva iniciativa que mejorará el entendimiento mutuo y la cooperación entre Estados Unidos y las personas de países predominantemente musulmanes.

Voy a nombrar un enviado especial ante la Organización de la Conferencia Islámica. Ésta es la primera vez que un Presidente hace tal nombramiento para la OCI. Nuestro enviado especial escuchará y aprenderá de los representantes de los estados musulmanes y compartirá con ellos los puntos de vista y los valores de Estados Unidos. Es una oportunidad para que los estadounidenses demuestren a las comunidades musulmanas su interés por el diálogo respetuoso y la amistad duradera.

Hemos visto esa amistad reflejada en el apoyo masivo de los estadounidenses a las comunidades musulmanas en todo el planeta en momentos de guerra y catástrofes naturales. Los estadounidenses acudieron en ayuda de las víctimas de los devastadores terremotos acaecidos en Pakistán e Irán y respondieron con rapidez y compasión a los estragos del maremoto en Indonesia y Malasia. Nuestro país defendió a los musulmanes en Bosnia y Kosovo tras la desmembración de Yugoslavia. Hoy, estamos uniendo al mundo para hacer frente al genocidio en Sudán. Los estadounidenses de todas las creencias han emprendido estas tareas por compasión, convicción y en conciencia.

El mayor desafío que afrontan las personas de conciencia es ayudar a las fuerzas moderadas a ganar la gran batalla contra el extremismo que está teniendo lugar en todo Oriente Medio. Hemos visto que el concepto de libertad religiosa y derechos individuales se extendía por todas las regiones del mundo, excepto una. En Oriente Medio, hemos visto surgir en su lugar a un grupo de extremistas que intentan utilizar la religión como vía hacia el poder y como medio de dominación.

Esta sedicente vanguardia presume de hablar en nombre de los musulmanes. Pero no es así. Llaman “infieles” y “traidores” de la verdadera fe musulmana a todos los musulmanes que no creen en su dura ideología del odio. Este enemigo afirma de modo falso que Estados Unidos está en guerra con los musulmanes y la fe musulmana, cuando, de hecho, esos radicales son el verdadero enemigo del islam.

Han organizado atentados espectaculares contra lugares santos musulmanes para dividir a los musulmanes y hacerles luchar entre sí. La mayoría de las víctimas de esos actos terroristas son musulmanes. En Afganistán, han convertido a maestros en blanco de sus golpes y sus asesinatos. En Irak, asesinaron a un joven y pusieron una bomba trampa en su cuerpo para que explotara cuando su familia fue a recogerlo. Sentaron a niños en el asiento trasero de un vehículo para que pasara un control de seguridad y después lo hicieron estallar cuando los niños se encontraban aún en su interior. Estos enemigos volaron el lugar donde se celebraba un banquete de bodas en Ammán (Jordania), un complejo de viviendas en Arabia Saudí, un hotel en Yakarta. Afirman que llevan a cabo estas carnicerías y mutilaciones en nombre de Alá. Pero este enemigo no es la verdadera cara del islam, este enemigo es la cara del odio.

Los hombres y mujeres de conciencia tienen la obligación de hablar claro y condenar este movimiento asesino antes de que encuentre su camino hacia el poder. Debemos ayudar a millones de musulmanes a rescatar una grandiosa e histórica religión de los asesinos y degolladores que intentan manchar el nombre del islam. Y en esta tarea, los líderes musulmanes moderados tienen la voz más poderosa e influyente. Admiramos y damos las gracias a los musulmanes que han denunciado lo que el Secretario General de la OCI llamó “elementos radicales marginales que fingen actuar en nombre del islam”. Hemos de alentar a más líderes musulmanes a sumar su voz, a denunciar a los radicales extremistas que se infiltran en las mezquitas, a denunciar a las organizaciones que usan la apariencia de fe islámica para apoyar y patrocinar actos violentos, y a llegar a los musulmanes jóvenes, incluso en nuestro país y en otros lugares del mundo libre, que creen que cometer un atentado terrorista suicida puede, algún día, estar justificado.

Hemos de reunir a las voces de los musulmanes que pueden hablar más directamente a los millones de personas que en el mundo árabe han quedado descolgados del movimiento mundial hacia la prosperidad y la libertad. Durante decenios, el mundo libre abandonó a los musulmanes de Oriente Medio en manos de tiranos, de terroristas y de la desesperanza. Se hizo en beneficio de la estabilidad y la paz, pero no trajo nada. Oriente Medio se convirtió en una incubadora de terrorismo y desesperación, y el resultado fue el aumento de la hostilidad de los musulmanes hacia Occidente. He invertido el centro de mi presidencia en ayudar a los musulmanes a combatir el terrorismo, reclamar su libertad y encontrar su camino propio y único hacia la prosperidad y la paz.

Las tareas que se están llevando a cabo en Afganistán y en Irak son centrales en esta batalla, pero ésta no pondrá fin a las amenazas; no acabará ahí. Creemos que el éxito final de los afganos y los iraquíes animará a otros que quieren vivir en paz también. Trabajaremos para que un día una Palestina democrática conviva en paz con Israel. Ya hemos visto soplos de un futuro democrático en otras partes de Oriente Medio, aunque la libertad tardará en florecer. Un futuro democrático no es un plan impuesto por países occidentales, sino un futuro que la gente de la región aprovechará por sí misma. Un futuro de libertad es el sueño y el deseo de todas las personas de buen corazón.

Lo sabemos por los 8 millones de personas que desafiaron las amenazas y la intimidación para votar en Afganistán. Lo sabemos por los casi 12 millones de personas que emitieron su voto en las elecciones libres en Irak. Y lo sabemos porque el mundo vio cómo los ciudadanos del Líbano levantaban la bandera de la revolución del cedro, hacían salir a los ocupantes sirios y elegían a nuevos líderes en unas elecciones libres. Incluso ahora, se siente la esperanza de libertad en algunos rincones oscuros de Oriente Medio susurrar en los hogares, las cafeterías y las aulas. Millones de personas buscan un camino hacia el futuro en el que puedan decir lo que piensan, viajar a donde quieran y rendir el culto que elijan. Suplican libertad en silencio y esperan que alguien, en algún lugar, responda.

Así que hoy, en este lugar de libre culto, en el corazón de un país libre, decimos a los que anhelan la libertad desde Damasco a Teherán: no estáis condenados para siempre a vuestra desgracia. Ya no suplicáis en silencio. El mundo libre os escucha. No estáis solos. Estados Unidos os ofrece su mano amiga. Trabajamos para que un día podamos acogeros en la familia de los países libres. Rezamos para que vosotros y vuestros hijos podáis un día conocer la libertad plena, como la libertad para amar y venerar a Dios Todopoderoso.

Que Dios os bendiga.

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