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Fracasa la estrategia de EEUU e Israel contra Hamas

25/06/2007 - Autor: Yusuf Fernández
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Un chico hace ondear una bandera de Hamas en una playa de Gaza
Un chico hace ondear una bandera de Hamas en una playa de Gaza

La derrota de las milicias de Fatah en Gaza es sólo la última de las debacles de Washington en Oriente Medio. Los fracasos de EEUU e Israel en los Territorios palestinos son el resultado de una política errónea que está haciendo aguas en todas partes. El periodista de investigación Seymour Hersh resumió tales políticas de la siguiente forma: “Estamos creando… violencia sectaria.” Bush y Olmert están utilizando la tradicional estrategia de “divide y vencerás” para provocar una violencia de “árabes contra árabes”. Esta política es una continuación del dicho de Kissinger manifestado durante la guerra entre Iraq e Irán: “Espero que se maten unos a otros.” El objetivo es hoy el mismo que el de entonces. 

La victoria de Hamas en Gaza es también un revés para la política estadounidense tendente a fortalecer a las fuerzas de Fatah con dinero, entrenamiento militar y equipos, mientras procura el total aislamiento de Hamas. En realidad, Washington y Tel Aviv trabajaron para precipitar el conflicto entre el movimiento islamista, que disfruta de un apoyo mayoritario en la Franja, y el laico Fatah, liderado por el pro-occidental Abbas. Los países occidentales impusieron un embargo sobre Palestina después de la victoria electoral de Hamas, incluyendo el fin de la financiación a la Autoridad Palestina. Este hecho, unido a la incautación por parte de Israel de las tasas aduaneras, que pertenecían legalmente a los palestinos, provocó los ansiados enfrentamientos. 

El éxito de Hamas ha arruinado los planes de EEUU y sus aliados árabes para fortalecer a las fuerzas de Abbas en Gaza en contra de la organización islamista. Fuentes bien informadas manifestaron a Reuters que EEUU había respaldado el entrenamiento de las tropas de Fatah en Jordania con el fin de reforzar a Abbas en cualquier posible choque con Hamas. Washington envió millones de dólares y armas a la “Fuerza de Seguridad Palestina”, encabezada por el títere norteamericano Muhammad Dahlan. El periódico The Guardian señaló en este sentido que “Washington ha lanzado un controvertido programa valorado en 60 millones de dólares para reforzar a la guardia presidencial de Abbas e Israel ha permitido que algunos estados árabes enviaran armas y municiones.” 

Edgard Abington, un antiguo consejero de Abbas y agente de influencia en Washington, manifestó a Reuters que la Administración Bush había comunicado sus intenciones al presidente palestino poco después de que Hamas ganara las elecciones legislativas a principios de 2006. A Abbas se le dijo que “Hamas es una organización ilegítima y que ellos (los norteamericanos) estaban haciendo todo lo posible para expulsarla del poder.” Abington mencionó un encuentro que mantuvo en julio del pasado año en el que “(Abbas) me dijo que los estadounidenses le estaban presionando para disolver el gobierno y formar otro de emergencia.” “Abbas se negó porque eso provocaría una guerra civil y él no quería entrar en una confrontación,” señala Abington. Sin embargo, “al final se lo impusieron.” Responsables occidentales han señalado que Abbas ha sido capaz de formar rápidamente un nuevo gobierno porque gran parte del trabajo estaba ya hecho. En una sesión a puerta cerrada con legisladores norteamericanos a principios de este año, un alto responsable estadounidense manifestó que Abbas podría gobernar por decreto durante un período de seis a doce meses antes de la celebración de otras elecciones. 

El periodista británico Jonathan Steele escribió en un comentario publicado en The Guardian que “el armar a insurgentes en contra de los gobiernos electos ha sido una estrategia habitual de los norteamericanos y no es una casualidad que Elliot Abrams, el viceconsejero de Seguridad Nacional y aparente arquitecto de la estrategia de subversión contra Hamas, fuera uno de los principales actores en la operación de suministro de armas a los contras que luchaban contra el gobierno electo de Nicaragua en los años ochenta. Existen documentos que desvelan la estrategia de Abrams en favor de un “golpe duro”. Uno de ellos recuerda cuáles son los objetivos de Washington, tal como se expresaron en conversaciones de responsables estadounidenses con un gobierno árabe. Entre ellos cabe mencionar “el mantener al presidente Abbas y a Fatah como centro de gravedad en el escenario palestino,” el “evitar perder el tiempo tratando de cambiar la postura ideológica de Hamas,” el “sabotear el estatus político de Hamas impidiéndole satisfacer las necesidades económicas de los palestinos” y “reforzar la autoridad del presidente palestino para que sea capaz de convocar y realizar unas elecciones anticipadas en el otoño de 2007.” Este documento está fechado el 2 de marzo, menos de dos meses después de que Arabia Saudí promoviera el acuerdo de Meca por el cual Abbas finalmente se puso de acuerdo con Hamas para la creación de un gobierno de unidad. Este acuerdo irritó a los israelíes y a Washington porque éste dejaba a Ismail Haniyeh, el primer ministro de Hamas, en el poder. El documento sugiere que EEUU quiso sabotearlo.” 

“El documento que menciona los objetivos de EEUU destacaba también la existencia de un programa destinado a añadir siete batallones especiales, con un total de 4.700 hombres, a los 15.000 miembros de la guardia presidencial de Abbas y otras fuerzas de seguridad. Estos batallones están recibiendo asimismo un entrenamiento y armas. “El resultado deseado será el reforzamiento de las fuerzas de seguridad palestinas y del presidente de la Autoridad Palestina para que éste sea capaz de poner en práctica sus decisiones, tales como el derrocamiento del actual gabinete y la formación de un gobierno de emergencia, señala el documento”.” 

Algunos varios responsables occidentales y palestinos han confirmado que Washington se puso furioso tan pronto como Hamas y Fatah formaron el gobierno de unidad en marzo. Responsables estadounidenses presionaron entonces a Abbas, en primer lugar para que diera al principal enemigo de Hamas, Mohammed Dahlan, el control sobre las fuerzas de seguridad y luego para que dichas fuerzas fueran desplegadas en Gaza. 

Muchos responsables y analistas occidentales ven la ofensiva de Hamas como un golpe preventivo de la organización que tenía como fin el impedir que Washington fuera capaz de reforzar a las fuerzas controladas por Fatah. Algunos miembros de Hamas señalan que la ofensiva estuvo dirigida a abortar un golpe de estado respaldado por EEUU. “(Los líderes de Hamas) eran conscientes lo que estaba ocurriendo,” manifestó un diplomático occidental a Reuters. “Ellos sabían que Abbas estaba intentado establecer su autoridad. Ellos podían leerlo en los periódicos como cualquier otra persona.” Así pues, el plan estadounidense fracasó espectacularmente. Tan pronto como la lucha se inició en Gaza, los hombres de Dahlan se dejaron llevar por el pánico y huyeron a través de la frontera con Egipto. Los que quedaron se rindieron y fueron desarmados. 

De este modo, resulta claro que Washington subestimó a Hamas y sobreestimó la capacidad de Fatah y Abbas para infligir una derrota militar a la organización islamista. Robert Malley, un experto en el conflicto palestino-israelí del Internacional Crisis Group, manifestó al Washington Post que “casi todas las decisiones que EEUU ha tomado al entrometerse en la política palestina le han salido mal. Cuando menos intervengamos en el diseño de la política palestina, mejor será.” 

El New York Times se mostró de acuerdo con esta idea en un reciente editorial. “Desde que Hamas ganó las elecciones legislativas palestinas el pasado mes de enero, el presidente Bush y el primer ministro Ehud Olmert de Israel han hecho todo lo que uno pueda imaginar para aislar a Hamas y mucho menos de lo que podrían haber hecho para ayudar a Abbas. Diecisiete meses más tarde, Hamas es mucho más fuerte y Fatah es mucho más débil. Con la pretensión de un gobierno de unidad ahora destruida, la lucha por el poder entre los palestinos probablemente continuará, e incluso se intensificará.” 

Mientras tenían lugar los enfrentamientos de Gaza, el pasado 13 de junio, The Guardian publicó un “Informe de Fin de Misión” confidencial de Álvaro de Soto, el antiguo enviado de Naciones Unidas para Oriente Medio. En el informe, De Soto advierte que la presión norteamericana llevó a las Naciones Unidas a una “actitud de sumisión sin precedentes a partir de principios de 2007”. Él también condena a Israel por fijar de forma deliberada condiciones imposibles para las negociaciones con los palestinos. De Soto añadió que el boicot occidental impuesto después de que Hamas derrotara a Fatah en las elecciones parlamentarias de 2006 había constituido “un error de cálculo en el mejor de los casos” y había tenido “consecuencias devastadoras”. Mientras tanto, Israel adoptó impunemente una actitud “esencialmente de rechazo” hacia las conversaciones con los palestinos. 

La demanda del Cuarteto –compuesto por EEUU, la ONU, la Unión Europea y Rusia- a Hamas para que se comprometiera a rechazar la violencia, reconocer a Israel y aceptar los previos acuerdos “llevó a la transformación efectiva del Cuarteto, que pasó de ser un órgano destinado a promover la negociación en base a un documento guía (el Mapa de la Hoja de Ruta) a convertirse en un organismo cuya misión era la de imponer sanciones contra un gobierno libremente elegido por un pueblo que se halla bajo ocupación, así como la de fijar condiciones inalcanzables para el diálogo.” De Soto añadió que la economía palestina quedó así destruida mientras que EEUU presionaba en favor de una confrontación entre Fatah y Hamas. El diplomático de la ONU cita a un responsable norteamericano, cuyo nombre no menciona, que le manifestó: “Me gusta esta violencia.” 

Cualquier crítica hacia Israel fue abandonada. De Soto señala que sería necesario “una lupa digna de Sherlock Holmes” para encontrar alguna mención a la negativa de Israel a cumplir sus obligaciones. “Con todas las miradas dirigidas hacia Hamas,” señaló, “la construcción de asentamientos y del Muro ha continuado sin pausa,” destruyendo así la posibilidad de crear un estado palestino viable. Con respecto a Israel, De Soto señala: “Me pregunto si las autoridades israelíes comprenden que, año tras año, están recogiendo lo que siembran, y están empujando de manera sistemática el ciclo de violencia/represión hasta un punto en el que éste se retroalimentará a sí mismo.” 

En un comentario sobre el informe de De Soto, The Guardian escribió el pasado 14 de junio: “Las sanciones no empujaron al gobierno de unidad a funcionar correctamente. Ellas lo destruyeron… El empobrecimiento y la fragmentación de Gaza es el resultado no sólo de la política tribal palestina, sino de una desesperación acumulada y generada por el hecho de vivir en una prisión a cielo abierto. Dado que Israel es el carcelero, también es el responsable de las condiciones que se viven en el interior.” El ministro de Exteriores palestino, Ziad Abu Amr, un independiente, manifestó a los periodistas: “Vivimos en una jaula… Si tienes dos hermanos, los pones en la jaula y les privas de las necesidades más básicas y esenciales de la vida, ellos acabarán luchando.” 

La revista Time mostró, por su parte, en un artículo que existen ahora diferencias entre la Administración Bush y el gobierno del primer ministro israelí Ehud Olmert: “Los responsables israelíes señalan que la Administración Bush intentó evitar la erradicación de Fatah en Gaza pidiendo a Israel que llevara a cabo un envío urgente de armas.” Sin embargo, la oficina de Olmert se negó a ayudar a Abbas, temiendo que las armas acabaran en poder de Hamas.” “Los diplomáticos occidentales culpan al gobierno israelí por socavar de forma consistente la posición de Abbas, reforzando de este modo a los militantes islamistas.” “Israel tiene una política hacia los palestinos,” manifestó un diplomático. “Y es mantenerlos a todos en un estado de debilidad.” 

Cabe señalar que otro de los objetivos de Israel y la administración estadounidense, el de provocar una situación de caos en Gaza, ha fracasado también. Más bien se ha producido lo contrario. Como manifestó uno de los responsables palestinos de seguridad a Haaretz el pasado 17 de junio: “Durante un tiempo muy largo la ciudad no ha estado tranquila. Prefiero la actual situación a la anterior. Ahora puedo, finalmente, salir de casa…” La erradicación de las bandas de Fatah de Gaza puede poner fin así a un largo período de anarquía y permitir el retorno a una situación de cierta normalidad.

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