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La teología del descontento de Hamid Dabashi: una mirada a la ideología que inspiró la Revolución Islámica de Irán de 1979

07/06/2007 - Autor: Revista Amanecer - Fuente: www.revistaamanecer.com
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Portada del libro
Portada del libro

“La teología del descontento” de Hamid Dabashi es uno de los mejores libros que abordan el tema del marco intelectual en el que se produjo la Revolución Islámica de Irán de 1979. Dabashi, un eminente especialista en estudios iraníes de la Universidad de Columbia, analiza el shiísmo como una ideología de descontento, tal y como ha hecho también en su reciente artículo “Taziyeh como teatro de protesta”: “El shiísmo es una religión de protesta. Sólo puede decir la verdad acerca del poder y sólo puede desestabilizarlo. No puede nunca estar “en el poder.” Cuando el shiísmo esté en el poder, se contradecirá a sí mismo. El shiísmo nunca puede triunfar políticamente, ya que su éxito político constituiría su fracaso moral. Y esa paradoja es el principal factor que se halla detrás de su histórica resistencia a desaparecer.”

El ritual shií del taziyeh –que representa el martirio de Hussein (hijo de Fatima, la hija de Muhammad) y sus 72 compañeros, que fallecieron a manos de las fuerzas de Yazid, el segundo califa de la dinastía Omeya, en la batalla de Kerbala- personifica el espíritu del shiísmo: “El tema central de taziyeh como drama descansa en la noción de mazlumiyyat, que es el aspecto definidor del propio shiísmo.” “Mazlumiyyat es la ausencia de justicia, que señala la necesidad de su existencia.” (Dabashi, pg. 93). De este modo, el drama del taziyeh ofrece a los shiíes una narrativa que ellos pueden utilizar en cualquier momento en el que luchen contra un poder extranjero o su propio gobierno: el espíritu de Hussein y sus compañeros mártires se encuentran al lado de los revolucionarios que luchan en favor de la justicia y en contra de la tiranía de los Yazids de hoy en día.

Dashabi señala que con la desaparición del Imam duodécimo –los shiíes creen en 12 imames infalibles, todos ellos descendientes del Profeta Muhammad-, que entró en un estado de ocultación, tal y como establece la creencia shií, la historia ha llegado a un punto de espera, a un estado de expectación (que durará hasta que el duodécimo imam reaparezca). “Esto da al shiísmo el carácter de una religión de protesta. Y como religión de protesta tendrá siempre que adoptar una posición crítica (diciendo la verdad al poder); sin embargo, tan pronto como llegue al poder se negará a sí mismo. Esto sucedió con los safavíes en Irán, con los fatimíes en Egipto y, en la actualidad, con la República Islámica de Irán.”

Dejando de lado las motivaciones de tipo socioeconómico o político, Dashabi considera que la revolución ha sido, en primer lugar, la consecuencia de la nueva visión de una sociedad ideal que había sido diseñada por varios intelectuales iraníes, tales como Ali Shariati. Siguiendo al sociólogo francés Emile Durkheim (1858-1917), él ve la religión como el factor aglutinador que mantiene unida la sociedad iraní. Es también una fuerza inspiradora del cambio. Dabashi sostiene que una filosofía basada en una nueva interpretación del Islam, que supuso una notoria ruptura con los fundamentos sociales y políticos del pasado, fue capaz de ganarse la mente de los iraníes y constituyó el principal motor de la revolución. Al mismo tiempo, la ideología revolucionaria de Irán –como sucede en toda gran revolución- adquirió un atractivo universal.

Dicha ideología rompió con el régimen nacionalista y antiislámico del Shah, que intentó buscar su fundamento ideológico en el poderoso Imperio Persa Aqueménida. El último Shah, Mohamed Reza Pahlevi, apeló a aquel período de la historia con el fin de mantener las diferencias entre los iraníes y sus vecinos árabes, pero también para enfatizar la grandeza y el poderío de Irán.

Al principio de la era revolucionaria en Irán, el ayatolá Ruhollah Jomeini condenó la atención que el Shah había dedicado al preislámico Imperio Aqueménida. Jomeini, que promovió la justicia social y la revolución islámica, veía al Shah como un tirano al que le importaba sólo el poder y el esplendor, y no el pueblo en general. Jomeini no ahorró palabras de condena para la fastuosa celebración del 2.500 aniversario del Imperio Aqueménida. Sin embargo, el nacionalismo persa ha sobrevivido y los líderes iraníes actuales no ven ya ninguna contradicción entre la dominante ideología shií y la celebración nacionalista del pasado distante.

Dabashi considera que es imposible entender no sólo al moderno Islam sino a cualquier otra religión en la época de la modernidad fuera del contexto del colonialismo. “Esto es simplemente porque el colonialismo ha sido la única gran fuente de poder en la historia moderna y ha ejercido un efecto notable en todas las culturas y religiones. Durante los pasados 200 años, lo que llamamos “Islam” se ha articulado en su relación con el colonialismo. Es por esto por lo que es imposible entender el Islam sin tener en cuenta dicho fenómeno. Lo que sostengo es que en los últimos dos siglos se ha dado una corrosión sistemática de la multiplicidad de visiones del Islam como religión y como cultura, y su consideración ha quedado limitada a una vía de resistencia ideológica frente al colonialismo.”

Dado que el Islam ha perdido a su interlocutor colonial, ha entrado ahora en una fase distinta. En este sentido, Dabashi cree que el Islam tendrá que rearticularse a sí mismo esta vez en relación al capital globalizado. Como resultado del proceso de globalización, las masivas migraciones de trabajadores han desmantelado la dicotomía “centro frente a periferia” que existió durante la época colonial, y creado el multiculturalismo: inmigrantes del Sur de Asia que viven en Inglaterra, magrebíes en Francia, turcos en Alemania y todos ellos en EEUU y Canadá. En la era del capitalismo electrónico ya no hay un centro, pero tampoco hay ya límites geográficos para el Islam.

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