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Emiratos: arte al servicio del petróleo

03/06/2007 - Autor: Mikel Ayestarán - Fuente: eldiariomontanes.es
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Un Louvre de Nouvel, un Guggenheim de Gehry, un Centro de Arte de Zaha Hadid, una Bienal... Los Emiratos Árabes invierten a lo grande en el mercado del arte para asegurar su prosperidad futura «Nuestro país crece mucho y deprisa». Así reza el nuevo lema que decora las calles de los Emiratos Árabes. Un país joven, constituido en 1971, cuyas anchas autopistas de cinco carriles soportan atascos de 24 horas. Hasta donde alcanza la vista sólo se ven grúas y grúas colgando de inmensas moles de cemento, acero y cristal, que poco a poco dibujan la nueva cara de país ultramoderno que buscan los dirigentes locales.

El poder del petróleo ha convertido un pedazo de desierto, que hasta los años sesenta vivía de la pesca, en un centro neurálgico mundial de los negocios. «Pero todos sabemos que el petróleo se va a terminar y hay que estar listos para ese momento. Por eso llevamos años desarrollando el sector del turismo y ahora empezamos con el del arte», señala Jihan, responsable de la Abu Dhabi Tourist and Development Company, encargada de la exhibición sobre los proyectos de la isla Saadiyat.

En un país donde todo tiene que ser «lo más», el mundo del arte no se podía quedar atrás. Aquí se construye la torre más alta del mundo, Burj Dubai, (cuya altura final se conserva en secreto para que nadie la supere), el parque de atracciones más grande, Dubailand, el puerto marítimo más importante y el primer hotel bajo el agua, Hydrópolis.

A esta lista de portento se sumará dentro de cinco años el «distrito cultural de Saadiyat». Actualmente no es más que una isla desierta, sin una sola casa o carretera, pero en poco tiempo albergará puerta con puerta dos de las principales colecciones del mundo, el Guggenheim y el Louvre. «Saadiyat será el centro mundial del arte y Yas, en 2009, albergará un circuito de Fórmula 1. El futuro, por tanto, se llama Abu Dhabi», sentencia Jihan.

Aunque no hay cifras oficiales, cálculos aproximativos elevan el coste del proyecto a 28.000 millones de dólares. El plazo de finalización es el año 2012, para una primera fase, y 2018 para el proyecto final. «¿Qué más da? Aquí lo que menos les importa es el dinero. Su deseo es verse en el centro de la opinión pública internacional y lo van a conseguir», asegura Fred Ceulemans, empleado de una empresa petrolífera que ha acudido a Abu Dhabi para ver de cerca los faraónicos proyectos.

Un Louvre diseñado por Jean Nouvel, el Guggenheim más grande del mundo, a cargo de Frank Gehry, un museo marítimo obra del japonés, Tadeo Ando, un centro de arte de Zaha Hadid... Los planos están listos y las empresas sólo esperan a que se termine de construir el puente que une Abu Dhabi con la isla para empezar las obras.

«Les va a pasar como al Real Madrid de los galácticos. No se puede juntar tanta miel en tan poco espacio, empalaga. Además, éste es un proyecto para extranjeros, como el parque acuático. Al ciudadano local no le interesa», opina Tom Taylor, empresario británico que lleva cerca de una década viviendo en Emiratos.

En la exhibición sobre el proyecto Saadiyat destaca un gran mural dedicado al museo Guggenheim de Bilbao. Estadísticas -cifras y más cifras sobre los beneficios generados y el número de visitantes, la obsesión de los promotores-, críticas y hasta un vídeo de un paseo por la ciudad son algunos de los componentes del llamado «efecto Bilbao», que los responsables de la firma estadounidense quieren exportar a Abu Dhabi.

«Este museo es un motor de la economía local. Al igual que en Bilbao, dinamizará la escena local y atraerá a turistas de todo el mundo. No hay duda», comenta Jihan, que considera al museo de Gehry el pilar del resto de proyectos. Los cálculos de la agencia local de turismo señalan que con la construcción del proyecto se triplicará el número de visitantes y se alcanzará una cifra cercana a los tres millones al año.

Sin embargo, hay muchas dudas sobre la sostenibilidad de estos museos en una isla y en un país sin tradición donde los trabajos de mayor aceptación son los procedentes de Irán, India y China. Las condiciones climáticas tampoco son las mejores para la conservación de las obras -el Louvre está construido sobre el agua y algunas salas no tienen paredes- y mantener activos estos enormes proyectos no será tarea sencilla en una región donde la escena artística está en fase embrionaria. Los responsables del proyecto no dan detalles sobre las colecciones que llegarán a Emiratos, pero no dudan de que serán «de primer orden mundial». Aunque el máximo dirigente político de Abu Dhabi, Zayed Al Nahyan, no ha firmado de manera definitiva el proyecto de Saadiyat, se ha mostrado «favorablemente impresionado» y por eso los miembros de la fundación Guggenheim también son «muy optimistas».

Es la fundación estadounidense la que ha organizado la muestra de maquetas sobre el proyecto, que ha costado un millón y medio de euros, y es la verdadera impulsora de la construcción de esta nueva meca del arte mundial en la que levantarán, como no podía ser menos, el mayor Guggenheim del mundo. Un edificio en el que las torres de titanio de Bilbao se transformarán en «tubos de cristal que harán el mismo efecto que las torres del viento típicas de la región», señalan en la Oficina de Turismo de Abu Dhabi.

Si Thomas Krens (director de Guggenheim) y su equipo gestor apuestan por Abu Dhabi, en el caso de Louvre el proyecto no ha sido muy bien recibido en el mundo del arte galo. Los árabes ya han desembolsado 200 millones de dólares para poder usar la marca Louvre, pero las negociaciones con el Ministerio de Cultura galo siguen abiertas. El periódico local Gulf Art, informa de que en Francia se ha colgado incluso una página web (www.latribunedelart.com) para pedir firmas contra el proyecto y que más de 2.000 ciudadanos ya han manifestado su repulsa.

Si Saadiyat es la novedad, el futuro y la grandeza, la Bienal Internacional de Sharjah representa la historia reciente y el gusto por el trabajo válido, pero modesto, algo poco habitual en este entorno de megaproyectos. Es la semilla del arte de vanguardia -aquí se encuentra la única escuela de arte del Golfo- en una zona del mundo sin tradición. Sharjah, además, conserva intacta la parte vieja de la ciudad, un coqueto laberinto de callejuelas blancas y zocos que se ha librado milagrosamente de la fiebre constructora.

Estos días se celebra su octava edición -con un presupuesto de 2,5 millones de euros- y 79 artistas, 28 de ellos árabes, presentan sus obras bajo el lema «Arte, Ecología y políticas de cambio». «Los proyectos faraónicos no nos asustan. Llevamos ya 16 años trabajando el arte y contamos con una amplia red de artistas locales, así que todo nuevo proyecto vendrá a sumar a nuestro favor», opina el director artístico de la muestra, Jack Persekian, desde su despacho instalado en la segunda planta del museo de Sharjah.

El pasmo local

La Bienal divide sus obras entre el Palacio de Exposiciones y las calles de la parte vieja. Los ciudadanos locales no se acostumbran a las propuestas que durante tres meses se instalan en su entorno. «Esto sólo lo entienden los extranjeros, no me puedo explicar por qué miran tanto esta basura y no mi tienda», lamenta Salim, que regenta un comercio de alfombras persas en el zoco de Al-Arsa. En la misma puerta de su negocio, junto a las alfombras de seda de Isfahán, los organizadores le han plantado una obra del artista Jesus Buba Negron, que consiste en una alfombra confeccionada con colillas recogidas del suelo. La interacción entre la población local y las obras resulta realmente complicada.

«Cada emirato hace la guerra por su cuenta, no hay coordinación entre administraciones en el campo del arte», señala Persekian, quien este año no ha tenido problemas con la censura para la Bienal, pese a que el lema central de la exposición ataca directamente al pilar sagrado de esta sociedad: «Menos petróleo, más coraje».

«Cada lugar tiene sus particularidades y Emiratos Árabes no es una excepción. Los artistas deben saber dónde van a exponer y tener cuidado en no herir las sensibilidades locales. Ocurrirá lo mismo con las colecciones Louvre o Guggenheim. Aquí no se puede traer cualquier cosa porque hay unos valores religiosos y políticos muy particulares», opina Persekian, que estudia el envío a España de algunas obras de los artistas árabes que han tomado parte en la muestra.

El boom del arte también ha servido para que se abran galerías especializadas y desembarquen las dos casas de subastas más importantes del mundo, Sothebys y Christies. Desde la parte vieja de Dubai, los responsables de la Galería Majlis asisten con curiosidad a esta nueva revolución.

«Siempre les pasa igual. Al principio se emocionan y lo quieren todo. Les pasó con los conciertos, hubo una época que en la misma noche se podía tener a Rod Stewart, Shakira o Elton John... es la herencia de la mentalidad de zoco que impera en la región y es esa misma mentalidad la que han trasladado a la isla de Saadiyat», critica Teresa Godlewska, diseñadora y encargada de la galería.

Majlis abrió sus puertas en 1978, «cuando Dubai era sólo un pueblo», y desde entonces se ha encargado de la promoción de nuevos valores en una ciudad donde ahora ya han abierto sus puertas otras cuatro galerías, «todas alrededor de Majlis, siguiendo los parámetros de los zocos, por supuesto», critica Teresa.

«Lo van a hacer, que a nadie le quepa la menor duda. Tampoco soñábamos con ver estos rascacielos a nuestras espaldas, y aquí están. Su meta es que Emiratos sea el centro del mundo y pagarán lo que sea. Las empresas occidentales lo saben y se están aprovechando. El mercado del arte es territorio virgen en uno de los países más ricos del orbe. Aquí la gente compra las obras sin preguntar el precio, y de lugares así ya no quedan en el mundo», señala Laraine, también vendedora en Majlis y que muestra serias dudas sobre los contenidos que la censura local va a permitir instalar en el Louvre o el Guggenheim.

«Es algo tan grande, que no me atrevo ni a opinar. Los artistas locales somos muy locales, muy pequeños, y no podemos ni asomarnos a ese tipo de museos», comenta Serdar Seven, un joven pintor turco instalado en el Golfo. «Aquí hay que respetar los valores del islam o no vendes un cuadro.

Nada de arte figurativo. Sólo paisajes, bodegones... Espero que con la llegada de las grandes colecciones sus gustos también se vayan abriendo y alcancen una madurez estética que nos permita trabajar todos los campos», apunta Seven.

Las autoridades lo tienen claro. El órdago está lanzado y Abu Dhabi camina con paso firme hacia «el proyecto artístico más ambicioso del siglo», como lo ha definido el periódico local «The Art Newspaper». Desde Dubai miran de reojo a sus vecinos y ya empiezan a pensar en cómo podrán soportar que toda la atención mundial se centre a 160 kilómetros de distancia. Tienen pendiente la inauguración de la torre más alta del mundo y de las islas artificiales en forma de palmera y mapamundi... Emiratos crece mucho y rápido, Emiratos crece al ritmo que marca la producción del crudo que corre por su subsuelo.

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