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Paisaje después de la batalla electoral: La victoria moral de CpM

30/05/2007 - Autor: Abdelkáder Muhámmad Ali - Fuente: Melilla Hoy
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Abdelkader Mohamed Ali
Abdelkader Mohamed Ali

No se me puede señalar como un devoto de CpM, sencillamente porque nunca lo he sido. No he militado en sus filas, ni siquiera he participado, jamás, en sus asambleas o actos públicos, que como es sabido suelen ser abiertas a todo el mundo. Y si bien en las comparecencias electorales anteriores no he dudado en darles mi voto, especialmente por un motivo emocional más que racional, en estas últimas elecciones hasta el último momento cambié mi decisión previa de abstenerme por revalidarles mi apoyo crítico, puesto que disiento cerradamente con muchas de las cosas que acontecen en ese partido. Así que la siguiente reflexión debiera de estar al margen de cualquier sospecha de subjetivismo partidista o partidario.

A la vista del poder arrollador, aplastante, con el que ha contado Imbroda en estas elecciones, a saber: todos los resortes persuasivos que le otorga la Ciudad Autónoma; la afinidad del algunos aparatos del Estado, incluida la persecución en caliente como hizo el Sr. Ramón Antón contra Mustafa Aluch tal y como denunciara UGT; el apoyo abrumador de toda la maquinaria del PP a nivel nacional, –Aznar y Rajoy insitu–; la adhesión incondicional, vergonzante, de casi todos los medios de comunicación, especialmente los escritos, –al extremo de ocultar información que a nivel nacional sí ha tenido reflejo en portadas–; la movilización masiva de una militancia ocasional, dócil, cautiva, recientemente reclutada; la presión mediática apelando al cierre de filas esgrimiendo el miedo al moro; la ayuda inestimable de última hora del “líder carismático” desde allende las fronteras haciendo las labores de confidente; etc., teniendo en cuenta todo esto, los resultados de Coalición por Melilla no sólo han sido dignísimos, sino que moralmente son triunfadores. CpM ha capeado el temporal atronador de Imbroda y su lacayo Arturo Esteban, y ha consolidado un electorado fiel, insobornable, auténticamente partidario de CpM. Es difícil imaginar, en lo sucesivo, un suelo por debajo de los resultados obtenidos en las circunstancias descritas, terriblemente adversas.

El que las ‘ratas’ abandonaran el barco cuando amenazaba la zozobra en algún instante es hasta higiénico, terapéutico, pero el saneamiento habría que culminarlo con una criba interna más consecuente, en la que se enviara de vacaciones indefinidas a personas que han manejado cotas de poder omnímodo, caprichosamente, al margen del verdadero sentir de las bases.

Sin embargo, CpM no debería hacer un análisis autocomplaciente, sería ajeno a la realidad acuciante. Mustafa Aberchan a recibido un toque de atención y los muchos musulmanes que no le han votado deben hacerle reflexionar. Una cura de humildad es la primera pócima a ingerir. Los discursos grandilocuentes de soberbia incontenida deben de dar paso, inexorablemente, a planteamientos de mayor cercanía a su electorado natural. La humildad ocasional no puede generar la confianza necesaria.

No se trata de cuestionar el liderazgo de Aberchan, es más, a mi juicio, en estos momentos sería un grave error. Mustafa Aberchan es un buen melillense, un ciudadano español ejemplar y sobre todo un buen musulmán, la concurrencia de estas características han hecho de él un político avezado que conoce bien su tierra y su gente. Pero CpM no puede ser, como me decía uno de sus dirigentes cualificados, “un partido más”. Debe aspirar a ser un referente de moralidad, de transparencia, honradez, eficacia... Tener un discurso claramente diferenciador. Incrementar el apoyo electoral a toda costa, navegando sin rumbo en la ambigüedad ideológica, programática..., es condenar a su electorado al pan de hoy pero al hambre del mañana. Pretender alcanzar acuerdos de gobierno indistintamente, a modo de subasta, ya sea con el PP (Imbroda) o con el PSOE, como se ha dicho a las claras, desconcierta al más lerdo en política.

Con Imbroda, ha quedado demostrado, que caminar junto a él es arriesgarse a ser engullido por el abrazo del oso. Quien es capaz de presentar una denuncia por presunta “doble nacionalidad” como munición exterminadora, a modo de baza desesperada, es imposible confiar en sus proclamas de “convivencia”. Porque a la postre, cualquier moro que ose disputar el poder a la “derechona melillera”, decimonónica, implacablemente será aplastado y señalado como “traidor a la patria”, quintacolumnista... Vayan tomando nota los bailarines ocasionales que celebraban la victoria del PP si en su ascendencia genealógica no hay, como mínimo, un antepasado godo.

Por todo ello, a mi juicio, la democratización estructural de CpM es una de las asignaturas de más urgencia. Si bien la lealtad debe de ser firme y sincera, la adulación y la adhesión ciega debiera denostarse definitivamente y fomentar los debates ponderados, al margen de la pasión estéril. Si ya es revelador la improvisación tardía de un programa electoral sometido a la competencia del mercadeo, menos se entiende la confección de una lista electoral carente del atractivo adecuado. No es muy serio, que digamos, volver a incluir en la lista a quien en la anterior legislatura desertó durante el mandato.

CpM debe crear y fomentar tejido social y colaborar con sus agentes. Definir una estrategia al margen de las prisas coyunturales, que propicie un clima de entendimiento con el PSOE local cuando las circunstancias lo faciliten. A medio/largo plazo la subsistencia de un partido estrictamente localista es, a todas luces, una empresa titánica que extenúa al mejor corredor de fondo. De ahí a que tarde o temprano, la supervivencia de CpM, ampliado en un proyecto más ambicioso, pasa necesariamente por converger con un PSOE responsablemente madurado, y ojalá renovado.

En otro orden de cosas, sacudir los endémicos complejos que intermitentemente nos sorprenden debe de ser un cometido inexcusable –con la insólita llamada de CpM a participar “a todos los ciudadanos” en la Semana Santa última, ¿qué querían decir, que fuéramos los musulmanes a misa o que nos prestáramos a ser costaleros? algo que ningún partido jamás ha hecho– no sólo revuelve las tripas al más indiferente, sino que hace sentir vergüenza ajena. Esto de querer agradar a propios y extraños al final puede indisponer a ambos.

En fin, cuatro años nos separan de la próxima cita electoral local. Tiempo suficiente para que CpM acometa los retos que le imponen una nueva etapa que puede ser determinante en su devenir. Los más de seis mil votantes de CpM no deben ser decepcionados.

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