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EEUU y Arabia Saudí financian a grupos radicales pro-Al Qaida en el Líbano

24/05/2007 - Autor: Yusuf Fernández
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Dos miembros del grupo Fatah al Islam
Dos miembros del grupo Fatah al Islam

La guerra de Iraq y la guerra de 2006 en el Líbano provocaron un resurgimiento del islamismo de estilo iraní en todo el Oriente Medio. Esto ha sido aún más evidente en el propio Irán, donde estos conflictos han fortalecido a las fuerzas más próximas al núcleo ideológico de la República Islámica y hecho revivir el espíritu “hezbollahi” que había estado dormido desde finales de los años ochenta. Esto ha alarmado a la Administración Bush, que está recurriendo a viejas tácticas que fueron utilizadas contra Irán, los shiíes e incluso la Unión Soviética en los años ochenta, es decir, el apoyo a grupos radicales sunníes. 

Una de las consecuencias más importantes a largo plazo de la guerra del Líbano fue su potencial impacto en las relaciones entre el yihadismo de corte salafí y Hezbollah. Algunos líderes religiosos salafíes se inclinaron ante la presión saudí para emitir fatuas contra Hezbollah. Abdullah bin Yabrin, un clérigo saudí, y Hamid al Ali, un clérigo salafí que reside en Kuwait, promulgaron fatuas que repetían los habituales insultos y acusaciones de los radicales en contra de los shiíes, es decir, que eran “rafida” (refutadores) y se habían aliado con los enemigos del Islam. Lo absurdo de esta posición (en un tiempo en el que Hezbollah estaba inmersa en un decisivo conflicto con Israel) es un reflejo de la desesperación saudí. La posición adoptada en contra de Hezbollah dividió a la opinión pública en Arabia Saudí. El más importante disidente a este respecto fue Sheij Salam al Auda, un antiguo salafí de línea dura, que salió en defensa de Hezbollah, que es visto en el país (al igual que en otros países árabes) como la única fuerza efectiva que lucha contra la hegemonía de Israel. 

Las fatuas de Yabrin y Ali reforzaron la creencia iraní en que el movimiento salafí y yihadista en general –y Al Qaida en particular- están alineados con los intereses de EEUU e Israel. Ciertamente, la imagen era muy clara: mientras los salafíes y yihadistas mataban a iraquíes indefensos, Hezbollah se enfrentaba con éxito contra el ejército israelí, considerado como uno de los más poderosos del mundo. 

En los últimos meses han aparecido en el Líbano centenares de nuevos grupos yihadistas, como es el caso de Fatah al Islam, que surgió originalmente en el campo de refugiados palestino de Nahr al Bared, en el norte del Líbano, y Osbat al Ansar, que lo hizo en el campo de refugiados de Ain al Hilweh. También está Al Qaeda fi Bilad as Shams (“Al Qaeda en las tierras de Siria”), que surgió después de que las fuerzas sirias abandonaran el Líbano en 2005. Cabe señalar que el multimillonario Saad Hariri, hijo del asesinado primer ministro Rafik –el líder sunní del Parlamento libanés- terció para obtener una amnistía de un grupo salafí y yihadista de Dinniyeh, que se entrenó en los campos de Al Qaeda en Afganistán. 

En una entrevista concedida al programa “Your World Today” de la CNN Internacional, el veterano periodista Seymour Hersh explicó que la actual violencia en el Líbano era el resultado del intento del gobierno libanés de reprimir a un grupo militante sunní, Fatah al Islam, al que había apoyado anteriormente. 

Hersh denunció en un artículo publicado en la revista New Yorker en marzo, la existencia de operaciones clandestinas norteamericanas en Irán, Líbano y Siria. Estas operaciones estarían dirigidas a reforzar a los grupos islámicos apoyados por Arabia Saudí y debilitar a los shiíes respaldados por Irán a costa de lo que fuera, incluso si esto suponía apoyar a yihadistas sunníes de corte radical. Las operaciones han estado bajo el control del vicepresidente Dick Cheney, del viceconsejero para temas de Seguridad Nacional Elliot Abrams y del consejero de Seguridad Nacional y antiguo embajador de Arabia Saudí en Washington Príncipe Bandar bin Sultan, según indica el informe. El juego de los norteamericanos en el Líbano implica un apoyo cifrado en unos 60 millones de dólares a las actividades contra Hezbollah de la Fuerza de Seguridad Interna del Ministerio del Interior, y un generoso y activo apoyo a los yihadistas sunníes vinculados a Al Qaida. Una vez más la Administración estadounidenses está desarrollando aquí un juego que implica a Al Qaida para obtener sus fines. 

Hersh señaló que “una consecuencia de estas actividades ha sido el fortalecimiento de los grupos extremistas sunníes que difunden una visión militante del Islam, son hostiles a EEUU y simpatizan con Al Qaida.” “El “redireccionamiento”, como algunos llaman en la Casa Blanca a la “nueva estrategia”, ha llevado a EEUU más cerca de una confrontación con Irán y, en diversas partes de la región, busca promover un conflicto sectario entre musulmanes sunníes y shiíes.” Algunos responsables estadounidenses, europeos y árabes han confirmado a Hersh que una parte de la ayuda norteamericana dirigida a las organizaciones sunníes en el Líbano ha caído en manos de grupos radicales, entre los que se mencionan a Fatah al Islam y Osbat al Ansar. Hersh afirma asimismo que la política norteamericana está beneficiando a los Hermanos Musulmanes de Siria y que el líder druso Walid Jumblatt animó a EEUU a apoyar a este grupo durante un encuentro mantenido a finales del pasado año con Cheney. 

“Estamos esparciendo tanto dinero como podemos,” manifestó un alto responsable de inteligencia estadounidense a Hersh. “En este proceso, estamos financiando a muchos chicos malos, lo que tendrá consecuencias potenciales no deseadas… Es una aventura de alto riesgo.” En algunos casos, las operaciones clandestinas dependen de Arabia Saudí y Bandar en lo que se refiere a la financiación, lo que ayuda a que aquellas permanezcan secretas. Bandar y el gobierno saudí habrían asegurado a Washington que mantendrán bajo su control a los grupos sunníes radicales que se vean beneficiados por esta nueva política. En este sentido, Hersh señala que la actual situación “se parece mucho a la que existía durante el conflicto en Afganistán en los años ochenta –que dio origen a Al Qaida- con la misma gente implicada tanto en EEUU como en Arabia Saudí y “el mismo patrón” consistente en la utilización por parte de EEUU de yihadistas –en aquel caso contra la Unión Soviética- que, según aseguran los saudíes, están bajo su control.” Cuando la CNN preguntó a Hersh por qué la administración actúa de un modo tal que parece ir en contra de los intereses norteamericanos, él respondió que desde que Israel perdió la guerra del Líbano contra Hezbollah el pasado verano, “el miedo a Hezbollah en Washington, particularmente en la Casa Blanca, es muy agudo.” 

Los hallazgos de Hersh fueron confirmados por el periodista de Reuters David Morgan. “Existe dinero saudí que va dirigido a grupos extremistas sunníes con la intención específica de hacer que se opongan a los shiíes y a Hezbollah en el Líbano,” declaró un antiguo alto responsable de inteligencia norteamericano que sigue de cerca los acontecimientos en Oriente Medio a Reuters. “Los expertos señalan que sumas significativas han sido entregadas a grupos militantes en el norte del Líbano, el Valle de la Bekaa y los campos de refugiados palestinos. El último influjo de dinero ha sido a parar a instituciones caritativas sunníes. Entre los receptores se halla Osbat al Ansar, al que el Departamento de Estado describe como un grupo terrorista vinculado a la red Al Qaida de Osama bin Laden, según antiguos responsables de inteligencia y analistas independientes,” señala Reuters. El dinero fue a parar también al grupo sunní Fatah al Islam, que luchó contra el ejército libanés en mayo. 

Nawaf Mousawi, portavoz de Exteriores de Hezbollah, cuya rama política lidera la oposición, manifestó a la agencia iraní IRIN que él creía que el gobierno libanés “y sus aliados norteamericanos” estaban financiando el crecimiento de grupos sunníes extremistas en el Líbano. “Yund as Shams está siendo patrocinado por el grupo que apoya al gobierno,” señaló Mousawi. “El gobierno libanés y la administración estadounidense no han encontrado ninguna forma de contener a Hezbollah, así que están provocando una ola de sectarismo para empujar a la población sunní hacia el extremismo y en contra de los shiíes.” 

Por su parte, Hersh manifestó a la BBC que la Administración Bush ya no actúa racionalmente en política exterior. “Estamos apoyando a los sunníes en cualquier parte donde podemos en contra de los shiíes… Estamos dedicándonos a promover la violencia sectaria.” Y él describe la financiación de los grupos radicales sunníes como “un programa encubierto al que nos hemos unido junto con los saudíes como parte de otro programa más amplio que busca hacer todo lo posible para impedir la expansión del mundo shií. Pero, dicho simplemente, todo esto se va a volver en contra nuestra.”

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