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La enfermedad de los musulmanes de Melilla

20/05/2007 - Autor: Abdelkáder Muhámmad Ali
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Abdelkader Mohamed Ali
Abdelkader Mohamed Ali

El otrora Cat Stevens y hoy Yusuf Islam tras convertirse al Islam, en un gesto de desahogo comentaba en una entrevista, después de volver de un viaje a Egipto, que "gracias a Dios me hice musulmán antes de conocer a los musulmanes". Con esta sentencia lapidaria dejaba constancia, inequívocamente, de su desencanto ante un comportamiento, la de los musulmanes, a su juicio decepcionante y sobre todo cuajado de incoherencias y traiciones a sus propios valores. A Grosso modo, Islam y musulmanes con demasiada frecuencia, desgraciadamente, no es sinónimo.

Me viene a la memoria esta cita cuando hecho un vistazo al desastre en el que está sumida la Umma, la comunidad musulmana a nivel general. Entran ganas de exiliarse a otro planeta cuando uno ve como se matan los palestinos entre ellos, mientras permiten que el verdadero enemigo, los sionistas, los asesinen a mansalva impunemente. De que en Irak se maten mutuamente los musulmanes mientras el invasor asesino campea a sus anchas. Que en Afganistán las fuerzas de la OTAN masacren a la población civil diariamente mientras la Umma duerme impertérrita, etc., etc., etc.

Al margen de los extremos referidos, muy graves todos ellos, en Melilla nuestra imperfecta coexistencia no es que sea un "modelo de convivencia", pero a Dios gracias nos toleramos, nunca mejor dicho, que no es poco. La decepción, como no podía ser de otro modo, viene también desde la comunidad musulmana, o para ser más preciso, de amplios sectores de la misma, por sus incoherencias y ¿odio? así misma. Parece como si fuera presa del síndrome de Estocolmo a perpetuidad. Bien sabe Dios el esfuerzo sobrehumano que tuve que hacer para contener las fuertes arcadas que padecí al contemplar las imágenes de televisión en las que musulmanes y musulmanas ataviadas con su hiyab rendían una suerte de pleitesía a uno de los cómplices -el Sr. Aznar- de la masacre más grande del siglo XXI: la matanza de cerca de setecientos mil iraquíes. Si a ello se le suma los meritos acumulados por el expresidente de ser en la práctica el campeón de la islamofobia moderna, -las hemerotecas están bien nutridas de declaraciones, a cual peor, contra el Islam y la morisma-, arrodillarse ante Aznar, como han hecho algunos en su reciente visita a Melilla, es una de las indignidades más humillantes jamás soñada.

Por otro lado, quien fuera "líder carismático" de la comunidad musulmana de Melilla, allá por los años ochenta, en un despliegue inusitado de prosa trasnochada y carente de los más mínimos elementos objetivos de la realidad actual de Melilla, insta a los musulmanes, desde su retiro dorado y, según él, "sin ataduras", -ja, ja, ja,- a "romper las cadenas". ¿Cómo puede acusar de "utilizar los recintos y centros religiosos..." quien más ha utilizado las mezquitas en la historia reciente de Melilla?, y de qué manera. ¿A quién pretende beneficiar con su discurso claramente preñado de frustraciones y enfermiza soberbia? Qué pena, lapidar todo un caudal histórico de lucha por las libertades de la comunidad musulmana para terminar siendo ariete del Partido Popular. Huelgan más comentarios.

Significativamente, hace unos días, mientras se desarrollaba en una mezquita de Melilla la jutba (sermón) de los viernes, por cierto muy interesante, el imam abordaba algunos problemas estructurales del mundo musulmán actual, una voz adulta, desde el espacio reservado para las mujeres, inquirió al imam que pronunciaba la jutba: "vaya usted terminando, que aquí hay gente que está enferma y no pueden resistir".

Según las enseñanzas más rudimentarias del Islam, si bien es un deber asistir al rezo de los viernes en la mezquita, los enfermos y personas con achaques que les dificulte seguir una jutba -apropósito, siempre sentados- con cierta normalidad, que puede durar, más o menos, treinta minutos, no sólo está excusada su ausencia, sino que preferiblemente deben permanecer en casa para no entorpecer a los otros feligreses.

Sin rodeos: quien no tiene respeto al magisterio, significado y trascendencia de la jutba de los viernes desde la condición de musulmán, aparte de autorretratarse, sencillamente es un indigno. Y sobro todo sabiendo el agravio y rechazo que suscita en el Islam una interrupción de estas características, de ahí a que se repita hasta la saciedad, cada viernes, al recitarse antes de la jutba el hadiz que nos recuerda la "invalidez del rezo del viernes" a quienes intencionadamente provocan alguna interrupción o alteración.

Me temo que la enfermedad que algunos padecen es más bien integral, estructural, y eso, como es bien sabido, no lo arregla ni el mejor médico de guardia. Algunas enfermedades crónicas y de letal contagio, en principio requiere del aislamiento del enfermo, porque en ello va la vida de los otros.

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