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El Louvre del desierto

14/05/2007 - Autor: Luis Meza - Fuente: am.com.mx
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Louvre de Abu Dhabi
Louvre de Abu Dhabi

Aunque arena, lo que se dice arena, nomás tienen la de las playas de Cannes o Niza, los franceses han tenido una fructífera relación con el desierto, específicamente el africano, que es el que les queda más a mano. 

Entre las arenas de Egipto, fue que el capitán Pierre-François Bouchard encontró la célebre piedra Rosetta, que ayudaría a descifrar el significado de los jeroglíficos (aunque poco le duró el gusto al buen Bouchard, luego de que los británicos le apañaran el ilustre bloque de granito) o que escritores en lengua gala han creado novelas muy famosas, como “León, el africano”, de Amin Maalouf o “El abisinio”, de Jean-Christophe Rufin.

Ahora, algo tan orgullosamente francés como el inconmensurable Museo del Louvre está a punto de abrir su casa en el desierto, con el recientemente anunciado proyecto de la creación de una sucursal del famoso recinto nada menos que Abu Dhabi, la capital de los Emiratos Arabes Unidos.

El rico estado petrolero del Golfo Pérsico, de apenas 4.5 millones de habitantes y que por cuya pujanza económica ha sido considerado el Singapur del Medio oriente, ha abierto la chequera para tener no sólo un pedacito de Louvre, sino también un Museo Guggenheim, diseñados por Jean Nouvel y Frank Gehry, respectivamente.

Apenas en marzo, se anunció la firma del acuerdo de colaboración entre Francia y los Emiratos por un monto superior a los mil 300 millones de dólares para la creación de la sucursal árabe del Louvre (que podrá usar ese nombre por 30 años), en donde se exhibirán cerca de 300 de las más de 38 mil obras de arte que forman parte de la colección del museo galo, que en su famosa sede parisina no tiene espacio para exhibir más que la décima parte del acervo.

Aunque no es famoso por su política de “franquicias” al mismo modo que el Guggenheim, el Louvre tiene ya pensado abrir otro recinto satélite en la localidad francesa de Lens, diseñado por Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa, las mentes maestras del despacho arquitectónico francés Sanaa.

Luz filtrada

La sucursal del Louvre en Abu Dhabi estará ubicada en la isla de Saadiyat, a unos 500 metros de la costa de este emirato, y formará parte de un ambicioso complejo cultural que incluye también una sede del Museo Guggenheim de arte contemporáneo, el Museo Nacional y el Museo Marítimo, además de un Centro de Artes Escénicas.

Jean Nouvel, el arquitecto elegido para el encargo, ha creado un primer diseño de gran belleza formal e impacto, fincado en la austeridad cromática y formal que se manifiesta como una gigantesca cúpula blanca perforada por la que atraviesa la luz del sol de manera análoga a como se cuela por el follaje de los árboles en un bosque.

Esta cúpula, eco de un elemento emblemático de la cultura árabe, cubrirá un juego de volúmenes geométricos dispuestos de forma que evocan las laberínticas calles de algunos pueblos árabes. El edificio en su conjunto abarcará una superficie de 24 mil metros cuadrados, ocho mil de ellos consagrados a área de exposición.

El arquitecto galo, que ya se ha aproximado al espíritu del Medio Oriente con su célebre edificio para el Instituto del Mundo Árabe en París, asume esta cúpula como una metáfora misma de la tarea de un museo: la conservación y resguardo de elementos valiosos de la creación humana.

La luz será el elemento protagonista del edificio, al crear una atmósfera limpia y acogedora al filtrarse por la cúpula; crear cambiantes juegos de sombras con el exterior de las salas, delimitadas principalmente con cubos, y reflejarse sobre los espejos de agua que hace eco al mar circundante.

Un rasgo de gran impacto es que el edificio se levantará prácticamente sobre el mar, pues hace contacto con la playa de la isla sólo en una de sus esquinas, mientras la cúpula, vista desde el aire, semeja un ovni que ha acuatizado.

Nouvel ha querido aprovechar el juego de opuestos que proporciona el paisaje natural al señalar: “la isla ofrece un paisaje áspero atemperado por la unión con el canal, una imagen impactante donde la aridez de la tierra contrasta con la fluidez de las aguas”.

El diseñador se ha expresado así del edificio: “La arquitectura creará un microclima, será árabe y parte de la ciudad. Entiendo así los museos, no como islas. He intentado integrarme en lo que será un nuevo barrio cultural y cosmopolita. Lo que ellos intentan levantar es el placer de regresar que tienen muchas ciudades europeas. Y yo creo que la cultura es eso: placer y bienestar, no ciencia exacta”.

Entre polémicas

Con el Louvre Abu Dhabi, el Gobierno del emirato no sólo busca crear un recinto que sea atractivo por sus contenidos, procedentes de una de las pinacotecas más prestigiadas y envidiadas del planeta, sino también un edificio que sea un atractivo turístico por sí solo, pues desean que la economía del País no dependa exclusivamente del petróleo.

Al hacerse público el anuncio del convenio de colaboración entre el Louvre y las autoridades de los Emiratos Arabes Unidos, se inició una controversia por la “mercantilización” y la aparente pérdida de orgullo francés que implica la apertura de esta sucursal en el Golfo Pérsico.

Algunos críticos que han querido reunir firmas en protesta en los foros del sitio web La tribune del art, han enfatizado que la cultura no se vende y que las colecciones nacionales de arte no pueden ser tratadas como reservas de petróleo que se liberan cuando la oportunidad es conveniente.

Henry Loyrette, director del Louvre, ha señalado que el museo tiene una misión social y diplomática en el mundo y ha resaltado que prestar obras de su colección no es nada del otro mundo, pues al año lo hace con unas mil 500 piezas.

Jean Nouvel, en una entrevista con el diario español El País, ha dejado clara su postura al respecto: “Unir arte y nacionalismo es ridículo. Sólo hay que pensar de dónde son las obras que llenan el Louvre. Todo el mundo tiene derecho a acceder a la cultura”.

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