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EEUU y el islamismo moderado de Erdogan

02/05/2007 - Autor: Yusuf Fernández
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Recep Tayyip Erdogan
Recep Tayyip Erdogan

EEUU se ha mostrado interesado en la política nacional de Turquía desde hace mucho tiempo. En la actualidad, la administración estadounidense parece satisfecha aparentemente con las políticas del nuevo gobierno del Partido Justicia y Desarrollo (AKP). El AKP, un partido con raíces islamistas, es una fuerza política que está a favor del libre mercado, la limitación del poder del Estado, los valores familiares y la libre expresión de la religión en público, valores éstos que han sido tradicionalmente apoyados por muchas fuerzas políticas en EEUU. Además, el AKP, un representante del “Islam moderado” a los ojos de los norteamericanos, ha demostrado que el Islam y la democracia pueden ir de la mano.

En realidad, parecen existir muchos problemas en las relaciones turco-norteamericanas. En primer lugar, una planeada votación en el Congreso de EEUU que calificaría de “genocidio” las matanzas de armenios llevadas a cabo por el gobierno turco durante la Primera Guerra Mundial está amenazando con dañar las relaciones bilaterales. Por otro lado, el primer ministro Recep Tayyip Erdogan ha realizado duras declaraciones contra las actividades del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) en el norte de Iraq, que amenazan la seguridad de Turquía. El PKK es una organización terrorista que lucha en favor de la independencia de las provincias de mayoría kurda en el sureste de Turquía. Muchos turcos creen que EEUU tolera la presencia de combatientes del PKK en el norte de Iraq. Por otro lado, EEUU ha mostrado una airada reacción ante la decisión de Turquía de seguir manteniendo contactos bilaterales de alto nivel con Siria, en un momento en el que Washington está buscando el aislamiento internacional de este país. Una invitación de Ankara a los líderes de Hamas molestó también al gobierno de Bush. Además, EEUU no ocultó tampoco su irritación cuando responsables del AKP calificaron los ataques norteamericanos contra las ciudades iraquíes de Telafer y Faluya de “genocidio.”

Existen algunos neoconservadores en EEUU que mantienen una postura antagonista hacia el gobierno del AKP debido a su islamofobia. Michael Rubin y Frank Gaffney son miembros de este grupo. Ellos atacan de forma rutinaria al ejecutivo de Erdogan en sus escritos. Algunos responsables del Pentágono desconfían también de la orientación islámica del AKP y creen que las fuerzas armadas turcas serían mucho más dignas de confianza que el AKP en lo que se refiere a la “lucha contra el terrorismo.” Sin embargo, el apoyar un golpe de estado de los militares turcos de línea dura tendría efectos catastróficos. Si EEUU mostrara una ambigüedad en su apoyo a la democracia en Turquía, esto crearía un amplio resentimiento popular que dañaría la asociación estratégica entre EEUU y Turquía.

De este modo, el periodista turco Yasemin Congar escribió en el periódico Milliyet que la Administración norteamericana apoya al primer ministro Erdogan y el AKP. Erdogan adquirió prominencia internacional en 1994 cuando se convirtió en el alcalde de Estambul. Él se ganó una notable reputación debido a su gestión limpia, eficiente y competente de los asuntos de la ciudad. El AKP consiguió una amplia victoria en las elecciones generales de noviembre de 2002, consiguiendo el 34% de los votos a nivel nacional y obteniendo una mayoría de 363 escaños.

Mientras Erdogan y otros líderes del AKP muestran de manera firme sus convicciones religiosas privadas, abogan en favor de un estado laico en el sentido occidental del término. “Antes de cualquier otra cosa, soy musulmán... Tengo una responsabilidad ante Dios, que me creó, y trato de actuar conforme a esta responsabilidad, pero estoy intentando mantenerla fuera de mi vida política, en un ámbito meramente privado,” manifestó Erdogan en una ocasión al New York Times. “Un partido político no puede tener una religión, sólo los individuos pueden... la religión es tan suprema que no debe ser explotada políticamente,” explicó.

Sin embargo, el AKP rechaza también la interpretación radical del laicismo que los kemalistas han llevado a la práctica durante muchas décadas. Así por ejemplo, mientras Erdogan se opone a que el Estado imponga códigos de vestimenta islámicos también sostiene que las estudiantes universitarias deben ser libres para llevar los pañuelos islámicos en clase. Según la actual ley turca, tienen prohibido el hacerlo. Erdogan señala con orgullo que sus dos hijas optaron por ir a la universidad en EEUU (las dos a la Universidad de Indiana) donde son libres para llevar el pañuelo. Ciertamente, Erdogan ha llamado a su visión de un estado laico un “laicismo de estilo americano”.

Washington cree que el AKP ganará las elecciones generales de 2008 y que esto será algo positivo para EEUU. El presidente George W. Bush afirmó en la Universidad de Galatasaray en junio de 2004 que los intereses norteamericanos y turcos se verían satisfechos por la continuidad de las reformas en Turquía. Bush y la secretaria de Estado de EEUU, Condoleezza Rice, han declarado también en diversas ocasiones que están utilizando su influencia para animar a los estados miembros de la UE a llevar adelante las negociaciones con Ankara sobre la adhesión de Turquía.

El AKP es el más firme partidario de la candidatura de Turquía a la adhesión a la Unión Europea, porque esto reforzaría las reformas democráticas y económicas y pondría fin a la dictadura kemalista de corte laicista radical. La mayoría de las reformas, y no de manera casual, se adaptan a los así llamados “criterios de Copenhague” que se requieren para la entrada turca en la UE – una economía de mercado consolidada, instituciones democráticas estables, estado de derecho, respeto por los derechos humanos internacionalmente reconocidos y protección de las minorías. Con el fin de resolver la cuestión kurda, el gobierno del AKP ha aprobado una ley que permite a los kurdos tener escuelas y medios de comunicación en su propio lenguaje. También ha apoyado el plan de Kofi Annan para poner fin al conflicto de Chipre.

Los partidos republicanos, sin embargo, tienen planteamientos bastante diferentes. Los analistas norteamericanos consideran que si Turquía fuera gobernada por estos partidos, ellos abogarían por la aplicación de una política laicista radical, y esto crearía tensiones dentro de la sociedad. Cabe señalar que la dictadura kemalista ha sido un régimen casi fascista, que convirtió a su fundador, Mustafa Kamal, en una figura casi divina. Estos partidos, especialmente el Partido Popular Republicano (CHP) –el principal partido de oposición en el país-, no apoyan de forma entusiasta las reformas políticas y económicas ni la adhesión turca a la UE por razones opuestas a las del AKP. Además, durante el período kemalista el grueso de la economía estuvo en manos de empresas estatales o bajo el control del estado. Últimamente, estos partidos laicos han estado promoviendo el nacionalismo turco aprovechando para ello los obstáculos que la UE ha estado poniendo en el camino de Turquía. Ellos han acusado al AKP de no proteger el interés y honor nacionales en los temas de política exterior. El secretario de Estado adjunto de EEUU, Daniel Fried, resumió la situación, durante una declaración al Congreso, diciendo que existía en la actualidad una “competición” entre “una élite laica, incrustada dentro de las burocracias civil y militar” y “una creciente y sofisticada clase media” en Turquía.

En The Commentary, un periódico de opinión mensual que se publica en Nueva York, un periodista norteamericano, Michel Gurfinkiel, escribió acerca del “constante desarrollo de una rama muy particular del Islam sunní,” que estaría representada por líderes como Said Nursi o Fethullah Gülen, que están “menos interesados en aplicar la ley de la Sharia en la esfera pública que en fusionar el Islam con la civilización moderna.” Él subraya que el AKP es el representante político de esta corriente moderada del Islam turco. Él advirtió también que la oposición laicista podría convertir a Turquía en otra Corea del Norte. “Si Turquía abandonara el campo occidental, esto podría ser el resultado no del trabajo de islamistas, sino de unos militares ultranacionalistas y de mentalidad laicista determinados a alinear el país con el régimen post comunista de Rusia o con China.”

La lección más importante a extraer es que las presiones externas en favor de las reformas políticas pueden lograr resultados. A diferencia de otros países musulmanes de la región, Turquía ha sido presionada y alentada por Occidente en su viaje hacia la consecución de una democracia plena y madura. Las condiciones políticas y económicas que se han impuesto para la pertenencia turca a la UE han reforzado la presión doméstica en favor de las reformas, mientras que el apoyo occidental al AKP ha fortalecido su capacidad para superar la resistencia de burócratas y militares en defensa de sus tradicionales privilegios. En segundo lugar, la experiencia turca sugiere que el apoyo occidental a los partidos islamistas moderados puede reforzar su compromiso en favor de la liberalización política y económica. Si EEUU es serio cuando afirma que desea promover los derechos humanos y la democracia en Oriente Medio, debería tomar nota de los logros que el AKP ha conseguido.

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