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Los idus de marzo de George W. Bush

11/04/2007 - Autor: Felicity Arbuthnot - Fuente: Global Research
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Basra Road
Basra Road
Bruto y los idus de marzo

‘Guárdate de los idus de marzo,’ se dice como una advertencia de un peligro inminente y definitivo. Ya que viene de Plutarco, refiriéndose a una advertencia a Julio César, es poco probable que haya influenciado la decisión de ‘conmoción y pavor’ de George W. Bush de invadir Iraq en marzo, ya que la literatura no es su punto fuerte (a menos que cuentes My Pet Goat) Mi cabra mascota, Cuento infantil, N.d.T.

Para Iraq, sin embargo, marzo no representa sólo el cuarto aniversario de la ilegal invasión dirigida por USA, la monumental destrucción de vidas, de todas les estructuras de la sociedad, de la historia, del Museo Nacional, de bibliotecas de antiguos manuscritos, de todos los registros desde las calificaciones educacionales hasta los informes médicos, de nacimientos, muertes y matrimonios y de interminables muertes y traumas más allá de lo que permite la imaginación, sino la memoria de la “caza de pavos” Basra Road y los levantamientos alentados por USA en el sur y el norte – aplastados sangrientamente en esos días – con ayuda de USA. Marzo marcó el inicio del período de duelo de cuarenta días por los miles de conscriptos en retirada y de las familias incinerados en sus vehículos, cuando los B52 bombardearon el frente y el fin del convoy de cien kilómetros de largo, luego bombardearon implacablemente el resto “como blancos seguros,” como explicó un piloto.

Por lo menos “mil quinientos tanques, vehículos blindados, jeeps, camiones cisterna de agua y combustible, ambulancias, camiones de extinción de incendios, remolques, autobuses, vehículos civiles y coches con pasajeros, algunos con banderas blancas fueron “machacados durante horas” con bombas antipersonal “y liquidados finalmente con devastadores ataques de bombardeo de los B52.” Se piensa que miles fueron aplastados o incinerados en sus vehículos. Parabrisas y todo lo humano se fundieron. Mientras la obertura de Guillermo Tell y el tema del “Lone Ranger” resonaban a todo volumen en el navío USS Ranger”, recargaban y recargaban los aviones, volviendo para atacar una y otra vez el convoy, lanzando todo, desde bombas a racimo a bombas de 250 kilos “como tiburones en un frenesí depredador.”

Aviones de la Fuerza Aérea de USA de Arabia Saudí "volaban a máxima velocidad al norte para no perderse la diversión.” Tanto tráfico participó en el “frenesí” que hubo que dividir la “caja de la muerte” usando controladores de tráfico aéreo para impedir que los aviones chocaran. “Pienso que estamos más allá de dejar que (Husein) se meta en sus tanques y los conduzca de vuelta a Iraq... “ dijo un piloto USamericano, agregando: “Me siento bastante castigador al respecto.” Sadam Husein, en cuyo nombre la ONU denegó medicinas, alimentos, lápices e incluso pizarras ya que podría abusar personalmente de ellos, al parecer podía conducir cien kilómetros de vehículos, por sí solo.

“Es una matanza,” dijo el empresario jordano Zaki Ayoubi: “Vais a masacras a cien mil jóvenes que pertenecen a cien mil familias. No estamos hablando de artillería o de maquinarias abstractas.” Al presidente Bush padre le preocupó, no la carnicería indescriptible, sino la semántica: “El discurso más reciente de Sadam” (diciendo que Iraq se retiraba de Kuwait, lo que hizo) “es una afrenta... sus fuerzas se están retirando.” El vicepresidente Dan Quayle (sobre quien abundan las historias sobre sus amaños para evitar el servicio en Vietnam) se sumó diciendo que una paz duradera y Sadam eran incompatibles. Así se justificó el baño de sangre.

Admitiendo: “víctimas masivas,” los que no fueron vaporizados fueron enterrados en fosas comunes en el desierto. Los soldados que realizaron la limpieza “dijeron que estaban convencidos de que se había hecho justicia.” A Bush padre le preguntaron en la hermosa Martinique si no le preocupaba que la carnicería había perdido todo control y respondió: “No, para nada.” Se hizo mucha alharaca sobre el hecho que muchos de los vehículos contenían artículos “saqueados” – juguetes, platería, aspiradoras, jabón, incluso ropa interior, como si fuera una especie de justificación para la masacre. Incluso en el mundo aleatorio de la justicia USamericano, el saqueo no se paga con la pena de muerte (si fuera así, habría aún más soldados USamericanos y británicos muertos en Iraq actualmente) y, aunque ciertamente hubo saqueos, iraquíes y kuwaitíes se casaron entre ellos y muchos huían con sus pertenencias personales de un hogar que se habían visto obligados a abandonar. Entonces, como ahora, hubo también muchos fugitivos palestinos. (Vea: Desert Mirage, Martin Yant, Prometheus Books.)

El portavoz de la Casa Blanca, Marlin Fitzwater, había presentado un compromiso de que las fuerzas de USA y de la coalición no atacarían a las fuerzas iraquíes que abandonaban Kuwait. A pesar de ello: “Ni siquiera en Vietnam, vi algo semejante. ¡Es patético!” declaró el mayor Bob Nugent de la Inteligencia del Ejército de USA. (War Crimes. Ramsey Clark y otros, Maisonneuve Press.)

El escritor Malcom Lagauche, señala que parece haber más de un compromiso de Fitzwater garantizando la seguridad de los iraquíes en retirada: “El 22 de febrero de 1991, Fitzwater dijo: ‘USA y sus socios de la coalición reiteran que sus fuerzas no atacarán a las fuerzas iraquíes en retirada.’” Lagauche agrega proféticamente: “Nótese que utilizó la palabra “reiteran” en el sentido de que constituía una repetición de una promesa previamente declarada.”

La retirada iraquí de Kuwait comenzó el 26 de febrero de 1991, el cese al fuego fue firmado el 28 de febrero. El 2 de marzo de 1991, la 24 División Mecanizada de USA masacró a miles de soldados iraquíes más, una acción aprobada por el general Norman Schwartzkopf (quien declaró estupendamente: “No queda nadie por matar.” Su autografía es “It doesnt take a Hero”. No se precisa de un héroe. Por cierto.) “Los jodimos de verdad,” dijo un comandante. Se registró la opinión de otro USamericano: “¡Saludos a Alá!”, cuando su misil Hellfire aniquiló un vehículo. “¡Aaaah!, dijo otra voz. Hubo un intento de encubrir la carnicería de otra ruta sembrada de vehículos ya que: “... no se veía bien después del cese al fuego! (Ramsey Clark, The Fire this Time, Thunders Mouth Press.)

Lagauche agrega: “El incidente del 2 de marzo debería ser recordado como uno de los acontecimientos más vergonzosos de la historia. Ocho mil iraquíes (hombres, mujeres y niños) fueron quemados hasta achicharrarlos. El general Barry McCaffrey lo calificó de ‘absolutamente una de las más sorprendentes operaciones malditas jamás vistas en la historia de la ciencia militar’”. Además: “El día después, un sargento de USA inspeccionó el área y dijo: ‘Me detuvo al sentir un olor familiar en el aire... Era el olor de una parrillada en un cálido día de verano, el olor de bifes chamuscados.’” McCaffrey, que tiene la sangre de decenas de miles de personas sobre sus manos, fue ascendido, recibió una estrella mas, no fue juzgado como criminal de guerra y luego fue asignado a un puesto de gabinete de USA como” Zar de la Droga de USA.

La embajadora de USA en Iraq en esos días, April Glaspie, había dicho a Sadam Husein que USA no tenía “posición sobre conflictos entre árabes.” Husein la había consultado sobre la posible invasión. Iraq acusaba a Kuwait de perforación inclinada hacia su campo petrolífero Rumaila a través de la frontera con Kuwait, de desestabilización de la divida iraquí y de introducir asentamientos kuwaitíes bien dentro del territorio iraquí.

Un conscripto que sobrevivió los horrores de Basra Road, con los restos de su unidad, me contó que habían caminado los quinientos cincuenta kilómetros, a través de la destrucción, pasando trozos de cadáveres, a casa, a Bagdad bombardeado por saturación, sin que alguno de ellos supiera si su familia o su casa habían sobrevivido: “Queríamos llorar, pero no nos quedaban lágrimas.” Ochenta y ocho mil quinientas toneladas de bombas habían caído sobre la antigua Mesopotamia, que trajo al mundo todo lo que llamamos civilizado.

Basra Road, 1991

Mientras se registra la maldad de George W. Bush y su gobierno de criminales de guerra, cuatro años después de las ilegales invasión y destrucción de la “cuna de la civilización,” hay que recordar también a otro George Bush y a otros actos criminales. Podrá haber decidido lamentarse en público sobre su hijo, pero también debiera mirar al espejo.

Y en este día de marzo, otro ministro del gobierno legítimo de Iraq (“soberanía e integridad territorial,” garantizadas por Naciones Unidas) es ahorcado al alba, haciendo retroceder quinientos años a la civilización, bajo la mirada ansiosa de sangre de USA y Gran Bretaña, en un acto más de barbarie.

Los abominables pecados de su hijo y de su lacayo en Whitehall, son perpetrados en nuestro nombre.

Felicity Arbuthnot es una colaboradora frecuente de Global Research. Sus informes, cuidadosamente documentados, sobre la historia de la guerra de Iraq, no sólo han suministrado evidencia de los crímenes de guerra cometidos por las fuerzas ocupantes, revelan la continua crisis humanitaria y los sufrimientos de toda una nación y de su pueblo.
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