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El arte islámico: Los movimientos de Alá

Una visión islámica de las artes

23/03/2007 - Autor: Gustavo del Canto - Fuente: Primera Línea
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Nafs Rahmani, obra de Hashim Cabrera
Nafs Rahmani, obra de Hashim Cabrera
Occidente y Oriente. Blanco y negro. Buenos y malos. Nuevamente el globo se divide en dos fracciones irreconciliables. Polos separados por el gran magnetismo de los prejuicios. Sin embargo, esta confrontación no es producto de los últimos sucesos ocurridos en los Estados Unidos, sino que responde a dos visiones culturales que se arrastran desde hace siglos. Diferencias que en vez de alimentar la diversidad del orbe, vienen a construir catedrales de discriminación y xenofobia.

Desde el punto de vista occidental resulta muy difícil entender las acciones y pensamientos del pueblo musulmán. Sin embargo, es en las expresiones culturales, como la pintura, la música o la ciencia, donde se pueden hallar las claves para comprender a este pueblo.

El nombre Islam remite a la noción de sumisión. Practicar el Islam es practicar el sometimiento a Alá. Por esto, cada acción realizada por el hombre debe estar en concordancia con los postulados de Alá, palabra árabe que significa “Dios” (el mismo de cristianos y judíos). Para un musulmán, por lo tanto, la música, la pintura, comer o caminar son acciones con un mismo valor y todas deben regirse y encausarse bajo este “sometimiento” divino.

La naturaleza, como obra de Dios, no debe ser dominada por el hombre. Así se explica, en parte, el distanciamiento del pueblo musulmán de algunos avances científicos de occidente propios de la modernidad. El filósofo musulmán Selle Hossein Nasr dice al respecto: “Hoy, casi todos los que residen en los centros urbanos del mundo occidental, sienten intuitivamente que en la vida les falta algo. Esto se debe directamente a que se creó un medio ambiente artificial del que, en la máxima extensión posible, se excluyó a la naturaleza (...) A la naturaleza se la llegó a considerar como algo que hay que usar y gozar al máximo posible. En vez de parecerse a una mujer casada de la que un hombre obtiene beneficio pero hacia la cual también es responsable, para el hombre moderno la naturaleza se volvió parecida a una prostituta, de la que hay que sacar beneficio sin sentido alguno de obligación y responsabilidad hacia ella”. Para Selle Hossein Nasr la ciencia debe estar ligada a la metafísica para entregarnos conocimientos tangibles y espirituales.

El arte pictórico también es una acción religiosa. Para el pintor andaluz convertido al islamismo, Hashim Cabrera, la pintura musulmana proviene de las milenarias tradiciones de los pueblos semitas: “Es el Islam la última de las expresiones históricas de eso que se llama Tradición Profética propia de Las Gentes de la Escritura. La concepción básica derivada de su creencia fundamental es el monoteísmo, es decir, la consideración de que sólo existe una Realidad Creadora a la que el hombre debe adoración. Esta tradición ha sido considerada como unitaria (...) Así pues, para abordar un análisis de la actitud islámica ante las artes habrá que remontarse a la tradición de la que forma parte el Islam, y de la que es su histórica y genuina continuación”.

Uno de los prejuicios más recurrentes sobre la pintura islámica, es la prohibición religiosa de dibujar hombres o animales. Si bien es cierto que el arte islámico se caracteriza por la abstracción, el pintor Hashim Cabrera niega tal aseveración: “Esta prohibición no es cierta. En ningún pasaje del Corán se específica nada semejante. En muchas manifestaciones del Arte Islámico existen representaciones figurativas (...) La causa de esa vocación abstracta habría que buscarla más bien en la concepción de la realidad que implica el hecho de ser musulmán, es decir unitario”.

Para los musulmanes, Alá es la única realidad. Sin embargo, no se puede descubrir su naturaleza ni menos su fisionomía. Tampoco pueden definirlo o verlo, pero constatan su existencia en los actos más simples de su cotidianeidad. Aquí es donde entra la “Jihad” que en occidente traducimos como “guerra santa”. En realidad, esta es una palabra árabe que significa “esfuerzo” y, por lo tanto, está dirigido a Dios y su obra. El musulmán debe preservar la existencia y la obra de Alá. En conclusión: dibujarlo o reproducir a la naturaleza sería “hacer profano lo sagrado”, “sacralizar lo divino”, un error para el Islam.

La música también se inserta en estos conceptos. Mahoma puso en tela de juicio las prácticas religiosas de su tiempo. Los elementos supervivientes de la religión árabe antigua, el politeísmo y animismo idolátrico, la inmoralidad en las convocaciones y ferias religiosas, el beber, el jugar por dinero, el bailar, que era una costumbre aceptada, y el enterrar vivas como indeseables a las recién nacidas provocaron el oprobio de Mahoma. Se cuenta del Profeta que en una ocasión, al entrar en casa de Tabia la hija de Muaz, unas jóvenes cantantes que había allí empezaron a improvisar canciones en su honor. Él las hizo callar bruscamente, ya que la alabanza del Profeta es un tema demasiado sagrado para ser tratado de tal manera.

Muchos seguidores del Islam aún consideran que la música profana lo sagrado, sin embargo, estos serían las tendencias más ortodoxas de esta cultura. La música y la danza continúan siendo importantes al interior de muchos pueblos islámicos, donde las flautas, los cantos y los tambores entablan una comunicación directa con el Creador.

Yosef Islam, más conocido como Cat Stevens, desde que en 1979 se convirtió a la religión musulmana sólo ha grabado “The Life of the Last Prophet” (1995), un álbum doble donde narra la vida del profeta Mohammed y muestra la música islámica tradicional. Antes en 1981 había vendido todos sus equipo y subastado sus discos de oro. Expresó a sus amigos que ya no deseaba ni fama, ni aplausos y se enclaustró en su casa en Inglaterra, donde dedicó todo su tiempo a profesar la nueva fe. Nunca más habló a sus seguidores hasta el 89 cuando apoyó la condena a muerte que hizo Ayatollah Khomeini al escritor Salman Rushdie por su libro “Los Versos Satánicos”. En 1999 declaró: Estaba buscando un mundo perfecto. Lo que la gente piensa del Islam, algunas veces, es totalmente distinto a lo que yo descubrí cuando comencé a leer las páginas del Corán. Desde ese momento, mis pensamientos y todas las cosas que había buscado tenían sentido. Era como armar el puzzle.

Los pueblos musulmanes y en especial los artistas nunca separan a Alá de sus actividades. Para ellos cada actividad humana está relacionada y sometida a su voluntad. Una cosmovisión muy distinta de occidente, donde diferenciamos todas nuestras. Sin embargo, ambas culturas viven en el mismo planeta y una misma vida. La diversidad, por lo tanto, debe ser comprendida y respetada
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