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La actividad financiera islámica: ¿nuevas oportunidades de inversión?

19/03/2007 - Autor: Mauro Scalercio - Fuente: Equilibri.net
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Crecen los servicios financieros islámicos
Crecen los servicios financieros islámicos
La actividad financiera islámica internacional tiene más de treinta años. Desde la crisis del petróleo de los años 70 a la globalización, ha experimentado un desarrollo que parece destinado a continuar. Es la propia globalización la que permite nuevos sentidos y nuevas oportunidades a la actividad financiera islámica. 

Breve historia de la actividad financiera islámica

El nacimiento de la actividad financiera islámica es relativamente reciente. Históricamente fue posible gracias a los importantes recursos financieros de la crisis petrolífera de 1973. El embargo que los países productores de petróleo impusieron a los países industrializados provocó un aumento del precio del petróleo y, por tanto, una enorme disponibilidad de liquidez para la mayor parte de los países de Oriente Medio, en primer lugar de Arabia Saudita y de los pequeños Emiratos del Golfo Pérsico. De este modo, el año 1973 puede indicarse como la fecha de nacimiento oficial de la actividad financiera islámica internacional. Desde ese año, los países de la Conferencia islámica acordaron la creación de una institución que promoviera los medios financieros para ayudar al desarrollo económico de los países musulmanes, respetando las reglas de la Sharia, la ley islámica proveniente del Corán. Fruto de este acuerdo nació el Islamic Development Bank, fundado oficialmente en 1975 con sede en Jeddah, Arabia Saudí. El mismo año se fundó el primer banco islámico, Dubai Islamic Bank.

La formación de una serie de bancos islámicos fue el primer paso para la creación de un sistema financiero internacional basado en las reglas islámicas. La actividad financiera islámica se fue constituyendo rápidamente, y en 1979 Pakistán decretó la islamización de todo el sector bancario. Irán y Sudán adoptaron la misma medida en 1983. En la década de los ‘90 se empezó a estructurar el sistema banario y financiero islámico. Se establecieron los estándares internacionales que los bancos islámicos deben seguir. En 1991 se llegó a la firma de un tratado que todavía hoy regula el sistema financiero islámico y que ha llevado a la fundación del AAOIFI (Accounting and Auditing Organization for Islamic Financial Institutions) con sede en Bahrein. Forman parte del AAOIFI 71 miembros, no sólo bancos islámicos, sino también bancos convencionales que tienen secciones dedicadas a las finanzas islámicas y sociedades internacionales de control.

Hace pocos años nació el Islamic Agency for Credit Rating con la tarea de comprobar las capacidades de los bancos islámicos y valorar el riesgo de sus actividades, para aumentar así la confianza en las instituciones financieras islámicas y su credibilidad. Los últimos acontecimientos muestran la vitalidad del sector. En 1999, el índice Dow Jones que recoge los títulos que cotizan en la bolsa de Nueva York, decidió crear un sub-índice dedicado a las actividades conformes a la Sharia y por tanto dónde se puede invertir sin contradecir las reglas coránicas.

Límites y reglas

La necesidad de una actividad financiera islámica nace de algunas normas del Corán que contrastan con los principios de la llamada banca convencional. El más importante de todos, y sobre el que más se discute, es la prohibición del Riba, es decir de los intereses, que están equiparados a la usura. Desde el punto de vista islámico, no puede haber renta sin riesgo. En ese sentido está prohibido cualquier beneficio “asegurado”. La cuestión es controvertida. Según algunos, el Corán se limita a prohibir un interés excesivo, mientras que en la interpretación más restrictiva es ilegítimo cualquier tipo de préstamo que tenga un interés y una remuneración fija. Sin embargo, no se pone en tela de juicio -tampoco en las versiones más restrictivas de la Sharia- el principio de devolver el dinero prestado. Para solucionar esta aparente contradicción, el Islam propone compartir riesgos y beneficios. En la práctica, esto supone la asociación de las instituciones que poseen el capital con las que solicitan el préstamo. Para algunos, este tipo de banca favorecería la inversión en actividades productivas frente a la especulación puramente financieras (maisir), prohibida expresamente por el Islam. El tema es complejo y políticamente delicado, porque el carácter islámico de algunas instituciones financieras parece ser sobre todo de mera apariencia, jugando con la ambigüedad interés/usura.

Otra cuestión, en parte más simple, es el concepto de Haram, que representa las actividades económicas vinculadas a prácticas prohibidas expresamente por el Corán. En concreto, forman parte de esta categoría todos los sectores de producción distribución y comercio de armas, alcohol, tabaco y carne de cerdo. Por supuesto, también se excluyen las inversiones en pornografía y juegos de azar. Los fondos de inversión islámica garantizan la conformidad de sus inversiones a estas normas.

El Dow Jones islámico

Uno de los índices más importantes e interesantes de la actividad financiera islámica es el Dow Jones Islamic Market (DJIM) Index. Se creó con el objetivo de suministrar un índice que agrupase a las empresas que operan según las reglas que se han indicado anteriormente. La tarea de controlar la conformidad de las empresas con las normas islámicas se ha confiado a un organismo autónomo, el DJIM Sharia Supervisory Board, compuesto por seis jeques, procedentes de Arabia Saudí, Siria, Pakistán, Malasia, Bahrein y Estados Unidos. El Supervisory Board realiza un doble control sobre las compañías. El primer paso es el control sobre las actividades productivas de las compañías, comprobando su conformidad al Haram. La segunda comprobación es la conformidad con las normas estrictamente financieras. Así, se excluyen todas las compañías con una deuda elevada y aquéllas que obtienen beneficios sobre los préstamos. Con este doble control se excluyen cerca del 40% de las compañías que cotizan en el Dow Jones global.

El principal fondo de inversión islámico vinculado al DJIM es el Dow Jones Islamin Fund indicado en el ámbito financiero con la sigla IMANX. Naturalmente, el principal atractivo que debería empujar los fieles musulmanes a invertir en este fondo es que recibe la garantía de que se trata de una inversión controlada por el DJIM Sharia Supervisory Board. La lista de compañías donde invierte el IMAX es muy amplio y comprende unas 300 compañías.

Es interesante comprobar las diferencias entre los índices islámicos y los denominados normales. En cuatro sectores el porcentaje de inversiones es significativamente diferente. El mayor, lógicamente, es el de servicios financieros, que representa el 24% del índice Dow Jones global y sólo el 0,65% del DJIM Index. Esto se debe a la prohibición islámica de especulaciones financieras y de intereses fijos. En cambio, la economía islámica se concentra en mayor medida respecto a la media global en el sector de la salud (20, 36% del DJIM Index frente al 9,17 del DJ World Index), en el sector de la tecnología (20,02% respecto a 9,86%) y, como era previsible, en el sector de los hidrocarburos, es decir gas y petróleo, en un 18,04% frente al 8,62% general.

Los riesgos y las oportunidades de la actividad financiera islámica

El nacimiento de instituciones financieras islámicas responde a un doble objetivo. Supone el intento de involucrarse de manera eficaz en los flujos de capital financiero globales, sin renunciar a una fuerte identidad islámica. La pretensión es ambiciosa, pero no está falta de riesgos. De hecho, la comunidad islámica global, el Umma, carece de una jerarquía clara, por lo que sufre continuamente el riesgo de fracturarse. Como hemos señalado, el derecho islámico es objeto de polémicas entre los favorables a una interpretación flexible del concepto de usura, y los que lo interpretan de manera restrictiva, llegando a incluir cualquier tipo de interés. Existe un riesgo de crear una fractura al interno del Umma, abriendo un nuevo capítulo de lo que los estudiosos islámicos llaman Fitna, guerra dentro del mundo musulmán.

Probablemente aumente la importancia de la actividad financiera islámica, sobre todo porque el porcentaje de musulmanes que pueden invertir sus ahorros en “fondos islámicos” crece tanto en Estados Unidos como en Europa. No es una casualidad el interés que demuestran muchos bancos occidentales como HSBC, BNP Paribas, UBS, Deutsche Bank, ABN Ambro, abriendo "ventanillas islámicas", es decir, sectores dedicados a la actividad financiera islámica. Una perspectiva significativa que proponen algunos analistas es que en el futuro la actividad financiera islámica resulte interesante no sólo a los fieles musulmanes. De hecho, algunos de los principios islámicos, en particular el de compartir los riesgos, el rechazo a las especulaciones financieras y a invertir en el sector del armamento podría empujar a muchos partidarios de la banca ética a apoyar entidades de la actividad financiera islámica.

Conclusiones

El nacimiento y el desarrollo de la actividad financiera islámica debe enmarcarse dentro del panorama de los flujos financieros globales. Sería importante incluir el fenómeno de la actividad financiera islámica en el contexto de la globalización. Para algunos, el Islam es la única alternativa seria al modelo de desarrollo liberal, en un escenario de contraposición entre Islam y Occidente. Este breve análisis sobre la actividad financiera islámica ofrece algunos argumentos para mantener esta tesis. En concreto, es cierto que la actividad financiera islámica se considera una versión especular a la Occidental, rechazando explícitamente alguno de sus presupuestos fundamentales.

Sin embargo, la situación parece más compleja. En primer lugar, aunque es verdad que se ha definido esta oposición, se presenta más como una apariencia que algo realmente sustancial. En realidad, la actividad financiera islámica forma parte plenamente de la globalización capitalista y liberal. Si comprobamos cuáles son las compañías donde se invierten los fondos islámicos, encontramos muchas multinacionales como Mattel, Microsoft, Procter & Gamble, por lo que resulta difícil establecer una frontera clara entre hacienda islámica y el sistema bancario general. El desafío que se presenta por tanto, tanto en la banca como en otros ámbitos, es aprovechar los elementos de integración y no de enfrentamiento que la actividad financiera islámica puede representar en este momento
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