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Contra la expresión musulmanes moderados

19/02/2007 - Autor: Abdennur Prado
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Musulmanes en una manifestación
Musulmanes en una manifestación

Hace unos meses una socióloga inglesa nos contaba como fue comisionada por su gobierno para realizar una encuesta entre los ‘moderate muslims’ (musulmanes moderados). Se trataba de saber lo que una veintena de líderes musulmanes en Gran Bretaña pensaban sobre el combate contra el terrorismo, el lugar del islam en Europa, el fundamentalismo religioso, etc. Según la socióloga, ni uno solo de todos los encuestados aceptó ser calificado como ‘a moderate muslim’. Y eso a pesar de que el gobierno inglés los consideraba como tales.

También resulta curioso saber que hay otros musulmanes que sí aceptan de buen grado dicho calificativo, e incluso lo usan como una coletilla. Un caso significativo es el de Yusuf Qaradawi, al cual sus acólitos nombran siempre con la fórmula “el sabio moderado Yusuf al-Qaradawi”. Pero Qaradawi no entra precisamente en los parámetros de lo que desde el gobierno inglés se considera un ‘musulmán moderado’, y de hecho tiene prohibida la entrada en los EEUU por considerársele ‘extremista’. Así pues, nos encontramos con la siguiente paradoja: los que son designados desde fuera como ‘moderados’ rechazan el calificativo, mientras los que son considerados ‘extremistas’ lo reclaman.

En realidad, la expresión ‘islam moderado’ resulta extraña, ya que el islam es en esencia una religión moderada. Siendo así, ¿por qué todos los musulmanes considerados como ‘moderados’ por el gobierno inglés rechazaron dicho calificativo? Según la socióloga antes mencionada, el argumento mayoritariamente esgrimido es que el uso de este calificativo es engañoso, ya que presenta las posiciones ‘moderadas’ como algo minoritario dentro de un mar de fanatismo. Al mismo tiempo, crea una fractura artificial dentro de una comunidad caracterizada desde siempre por su diversidad. Los musulmanes encuestados se negaban a participar en un juego de las definiciones lanzado desde instancias de poder, y con fines políticos neo-coloniales.

Una muestra del significado político del término ‘moderate muslims’ la encontramos en Daniel Pipes. En una serie de artículos típicamente inquisitoriales, Pipes se ha enfrascado en la ‘búsqueda de musulmanes moderados en los EEUU’, presentados como los únicos interlocutores válidos para las instituciones. Pipes analiza los escritos de destacados musulmanes en los EEUU, y se desgañita especialmente contra todos aquellos que sean mínimamente críticos con la política usamericana, ya sea a nivel interno (Patriot Act, Guantánamo, detenciones sin derechos, legalización de la tortura) o exterior (invasiones de Afganistán e Irak, torturas en Abu Ghaib, prisiones secretas de la CIA, bombardeos de civiles, violaciones cometidas por los ejércitos usamericanos, etc.).

Así, grupos como la Progresive Muslim Union of North America son presentados por Pipes como ‘radicales’ a pesar de defender causas como el feminismo islámico y los derechos de los homosexuales. La razón es simple: Pipes es ultraconservador y la Progresive Muslim Union of North America es más bien de izquierdas. Para Pipes, los ‘musulmanes progresistas’ son casi peores que los terroristas. En sus ataques a Khaled Abou el Fadl (uno de los más brillantes intelectuales musulmanes del momento) le reprocha, entre otras cosas, el defender que el yihad es un término puramente defensivo. Esto parece molestar sobremanera a Pipes, hasta el punto de que lo considera como un signo inequívoco de fanatismo…

Según Pipes, un musulmán moderado es aquel que está de acuerdo en que el islam es violento pero considera que puede reformarse; que apoya los recortes de libertades establecidos en la Patriot Act como un medio valido de proteger la seguridad nacional; y que aplaude la invasión de Iraq como un medio de llevar la democracia al mundo islámico. Ni que decir tiene que no encuentra muchos musulmanes que encajen en su esquema. En consecuencia, Pipes concluye que los americanos tienen un problema, ya que la mayoría de los líderes musulmanes que viven en su país son extremistas.

Todo esto puede parecer gracioso, pero deja de serlo si sabemos que en los EEUU existe un movimiento de acoso a los líderes e intelectuales musulmanes, que en las universidades usamericanas han sido despedidos varios profesores de origen árabo-musulmán por defender la causa Palestina o protestar contra la deriva de la democracia americana hacia el totalitarismo, y que todos sus textos o conferencias son examinadas por organismos como el Campus Watch, dedicado exclusivamente a vigilar y denunciar los discursos pro-islámicos en las universidades usamericanas. El Campus Watch tiene una fuerte presencia en las universidades con departamentos de estudios sobre el islam y Oriente Medio. Su método no es únicamente vigilar los escritos de los profesores, sino que pide a los alumnos ‘patriotas’ que denuncien cualquier frase sospechosa que un profesor (musulmán o no) pueda pronunciar durante una de sus clases.

En España nos encontramos con una situación similar, que nos afecta especialmente a los de Webislam y Junta Islámica. Así, mientras somos catalogados como ‘moderados’ por muchos, desde la derecha radical se nos considera ‘islamistas radicales’. El motivo no tiene nada que ver con nuestros posicionamientos dentro del islam, sino con la crítica a la islamofobia característica del nuevo pensamiento reaccionario.

Como ejemplo, resulta ilustrativo señalar el cambio de actitud de Gustavo de Aristegui. En su libro ‘La yihad en España’ escribía: “No todo el islam converso en España es de corte islamista, pues al ver la deriva de los grupos citados muchos conversos decidieron seguir una línea moderada y autóctona. Es el caso de la Junta Islámica o de las comunidades presididas por Mansur Escudero, que por cierto fue el único líder religioso musulmán en España que se ha atrevido a dictar nada menos que una fatwa condenando el terrorismo de al-Qaeda y censurando a Bin Laden, lo que requiere ciertamente una gran dosis de valor” (p.186). Sin embargo, un año después Aristegui ha cambiado radicalmente de opinión, a raíz de que Yusuf Fernández lo calificara de islamofobo. A partir de este momento, Junta Islámica ha pasado en el imaginario de la derecha radical a formar parte de la legión siniestra (y más bien fantasmal) de los grupos islamistas radicales que tratan de reconquistar al-Andalus e imponer la Sharia a todos los españoles…

En estas circunstancias, la búsqueda emprendida de los ‘musulmanes moderados’ no es tarea fácil. Los que desde un punto de vista doctrinal son ‘progresistas’ en su vivencia del islam, necesariamente rechazaran las políticas occidentales respecto al mundo islámico como totalitarias y denunciarán la ideología racista que anima las políticas neo-coloniales de occidente. De hecho, muchos de ellos verán en la situación actual de la democracia en occidente como una caricatura de la democracia, dominada por los mass media y los lobbis financieros, sin los cuales nadie puede llegar a gobernar.

Vista la situación, lo que los gobiernos inglés y usamericano buscan no existe. Esto no quiere decir que no puedan fabricarlo, y de hecho ya trabajan seriamente en ello, construyendo liderazgos artificiales a su servicio. Esta es una buena razón para rechazar el calificativo de ‘musulmanes moderados’ que algunos tratan de imponernos, contribuyendo a divulgar la imagen de que los ‘moderados’ son una excepción en un mar de fanatismo. Pero la realidad es justo la contraria.

Con este artículo tan solo queremos prevenir a los musulmanes sobre la aceptación de una terminología impuesta desde fuera. Tal y como escribimos en otra ocasión: la rendición a Al-lâh (el islam) no puede sino ser un acto radical mediante el cual el ser humano se compromete a abandonar toda idolatría, a iniciarse en un despojamiento de todo dogmatismo, de todas las proyecciones que el hombre realiza sobre el mundo para velar su pertenencia a lo incondicionado. No hay un islam moderado por que no ha ningún islam no moderado, por la misma regla de tres: si alguien es fanático es que ha hecho de su religión una barrera, un ídolo enfrentado con otras religiones, y por tanto no ha aceptado la diversidad como un mandato, no se ha sometido a un Creador que nos regala la diversidad como uno de Sus signos más maravillosos. Pero tampoco existe un islam no-integrista, si tomamos la palabra en su sentido preciso: que quiere preservar su integridad, una concepción de la vida como un todo indivisible. Dicho de otro modo: el islam es una apertura radical hacia la Unicidad de lo diverso, y esa radicalidad excluye todo sectarismo.


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