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El caso de las caricaturas del Profeta Muhammad y sus consecuencias. Una entrevista con el politólogo belga Paul Delmotte

18/02/2007 - Autor: Benjamin Heine - Fuente: Rebelión
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Manifestación en Turquía contra la publicación de las viñetas ofensivas contra el Profeta Muhammad
Manifestación en Turquía contra la publicación de las viñetas ofensivas contra el Profeta Muhammad

Paul Delmotte es politólogo belga, especialista en los asuntos del Mundo Árabe, profesor de política internacional del Institut des Hautes Études des Communications Sociales (IHECS) y miembro de la Association Belgo-Palestinienne (ABP).

¿Cree usted que el periódico Charlie Hebdo hizo bien en reproducir las doce caricaturas del Profeta Muhammad publicadas varias semanas antes en el Jyllands Posten?

Personalmente soy muy crítico con la actitud de Charlie hebdo, que con esto ha llevado a cabo claramente una operación comercial, justificándola en nombre de la libertad de expresión. Pero como es bien sabido, el problema de las caricaturas va más allá de un simple asunto de libertad de expresión.

He leído las declaraciones de Philippe Val, el redactor jefe de Charlie Hebdo. Hace gala de una actitud muy despectiva hacia el islamismo y el islam. Ya en los años noventa, durante la guerra civil argelina, pude comprobar que Val se alineaba totalmente con la junta militar.

El antiislamismo primario de Val, a mi juicio, tiene que ver con la publicación de estas caricaturas, pero creo que también ha intervenido el aspecto comercial. Al menos esa es mi impresión.

¿Cree usted que se le deben poner límites a la libertad de expresión? Si es así, ¿cuál es la raya de la que no se debe pasar ?

Cuando se analiza el problema de las caricaturas no hay que centrarse en la libertad de expresión, porque si todo se ve en términos de libertad de expresión sólo se está escuchando a una de las partes, la parte occidental, que ha percibido esta crisis a través del prisma de la libertad de expresión,

Los musulmanes (estoy generalizando, pero conviene aclarar que no todos los musulmanes reaccionaron del mismo modo y sólo una minoría se manifestó, contrariamente a lo que han pretendido hacernos creer los medios occidentales) nos reprocharon, sobre todo, que se relacionase su religión con el terrorismo a través de la persona del profeta Mahoma. Protestaban contra esta manera de mezclar las cosas, lo cual, desde el otro lado, se ha interpretado como un ataque a la libertad de expresión.

Por lo tanto pienso que lo que hay, sobre todo, es un enorme malentendido, que se mantiene y va a peor. Lo hemos visto en el episodio de Benedicto XVI. También lo vemos, en parte, en lo que está pasando con Irán. En torno a las declaraciones del presidente iraní sobre el genocidio de judíos, creo que hay un malentendido y una sordera recíproca que se agravan.

A su entender, ¿hay una sola libertad de expresión o varias? (Debido a las diferencias culturales entre países.)

Creo que la mayoría de las personas que protestaron contra las caricaturas eran partidarias de la libertad de expresión. Estaban contra el derecho a injuriar, porque percibieron esa publicación como un insulto. Eso en primer lugar.

Por otro lado, es muy curioso comprobar dónde hubo manifestaciones y quién las organizó o encabezó. Tomemos el ejemplo de Siria, un país que se ha distinguido en la persecución de islamistas. Baste recordar la matanza de más de 20.000 hermanos musulmanes de la ciudad de Hama, en 1982, ordenada por el régimen de Asad. Los regímenes considerados laicos son los que han querido aparecer como defensores a ultranza del islam.

Otro elemento importante: en los territorios palestinos también hubo muchas manifestaciones contra las caricaturas, pero no las convocaron los seguidores de Hamás sino los de Fatah. Otra muestra de que hubo una clara manipulación.

¿Qué le parece el concurso de dibujos sobre el Holocausto convocado por el diario iraní Hamshari en respuesta a las caricaturas del Profeta Muhammad publicadas en varios periódicos europeos?

Comprendo perfectamente que para un occidental sea inaceptable, un escándalo, una provocación. Es una provocación de Ahmadineyad en respuesta al asunto de las caricaturas del Profeta Muhammad.

Con ello, dado que seguramente, al igual que muchos musulmanes, él también había percibido las caricaturas danesas como una burla, supongo que Ahmadineyad ha querido mofarse a lo grande de lo que él llama un «mito occidental», la memoria del Holocausto, la memoria de la Shoá.

Lo encuentro deplorable, por supuesto, pero no basta con deplorarlo. La personalidad de Ahmadineyad es lo de menos. Lo importante es saber por qué unas frases sueltas del presidente iraní sobre el genocidio y sobre Israel, por qué la conferencia negacionista de Teherán y las demás iniciativas de Ahmadineyad tienen tanta repercusión y le dan una popularidad relativa en la región. Aunque también hay que recalcar que en Teherán ha habido manifestaciones estudiantiles para denunciar las iniciativas de Ahmadineyad.

Lo cual demuestra que en Irán se puede criticar abiertamente a Ahmadineyad sin ir a la cárcel, porque no se ha producido ninguna detención.

¿Cree usted que el dibujo es una fuerza política que puede cambiar el comportamiento de las personas?

Sí, yo pienso que el dibujo es una fuerza política que puede cambiar el comportamiento de las personas. Me gustan mucho los dibujos políticos. Los hay que son magníficos.

Por otro lado, depende de quién los dibuje. Es evidente que todos podemos hacer un dibujo político. Cuando una caricatura tiene éxito cabe preguntarse por qué ha tenido éxito.

¿Qué es lo que hace gracia, lo que hace reír a quienes los ven en Occidente? ¿Qué fibras tocan esos dibujos? Por supuesto, pueden darse varias respuestas.

Usted ha dedicado gran parte de su vida al estudio de los asuntos de Oriente Próximo y Medio, como miembro de la asociación belga-palestina. ¿Tiene alguna propuesta para acercar las culturas?

Hay varios niveles de acción. Serían los siguientes, en un orden que no indica prioridad:

- Un primer nivel de acción que me parece muy importante es lograr que los occidentales comprendan en qué medida su visión del mundo arabomusulmán está a menudo deformada y cómo se está deformando aún más.

- Otro nivel de acción, más político, sería que la «comunidad internacional» (el término hay que cogerlo con pinzas), Occidente, para entendernos, cambiara de actitud y de discurso, de modo que en Oriente Próximo no siga cundiendo la impresión de que aplica un doble rasero.

- Un tercer nivel de acción sería dejar de plantear el conflicto como un enfrentamiento de etnias y religiones y mostrar que en realidad es un conflicto de intereses, un conflicto Norte-Sur.

Lo ideal sería fomentar la solidaridad más allá de las etnias, las religiones y las fronteras. Es una meta ambiciosa. No sé si la alcanzaremos, pero hay que intentarlo.

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