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El lobby sionista contra James Baker

09/02/2007 - Autor: Yusuf Fernández
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James Baker
James Baker
El presidente norteamericano, George W. Bush, ha rechazado las principales recomendaciones contenidas en el informe del Grupo de Estudio sobre Iraq (GEI), más conocido como Informe Baker-Hamilton. “No creo que Jim Baker y Lee Hamilton esperen que aceptemos todas y cada una de sus recomendaciones,” afirmó Bush. El informe, que advierte que la situación en Iraq es “grave y sufre un proceso de deterioro,” hace un llamamiento para que la mayor parte de las tropas norteamericanas sean retiradas del país a principios de 2008, se emprendan negociaciones con Irán y Siria y se realice un nuevo esfuerzo de paz en Oriente Medio. El informe presenta un balance catastrófico de la invasión y ocupación militar de EEUU en Iraq. Sin embargo, la Casa Blanca continúa manteniendo su postura de negación de la realidad, del mismo modo que anteriormente se había negado a admitir la existencia de la insurgencia.

Los neoconservadores, la mayor parte de ellos judíos y partidarios de la extrema derecha israelí, que han estado controlando la política exterior norteamericana desde la elección de Bush, han atacado con gran fiereza el informe y sus propuestas. Las guerras en Afganistán e Iraq han sido sus proyectos favoritos y forman parte de su plan de dominio mundial.

En Israel, la primera reacción al informe fue de total rechazo. Un artículo aparecido en el periódico israelí Haaretz habló de la confianza que tenía el primer ministro Ehud Olmert en la capacidad del lobby sionista de EEUU para torpedear las propuestas del informe Baker-Hamilton y bloquear los posibles cambios en la estrategia norteamericana en Iraq: “En su regreso a Israel desde Los Ángeles, el primer ministro “calmó” a los periodistas –y quizás a sí mismo- señalando que no había peligro de que el presidente George W. Bush aceptara las esperadas recomendaciones del panel Baker-Hamilton, incluyendo la de intentar sacar a Siria del eje del mal e introducirla en una coalición dirigida a sacar a EEUU de Iraq. El primer ministro espera que el lobby judío pueda agrupar a una mayoría demócrata en el nuevo Congreso para frenar cualquier cambio que rompa el actual estatus quo en la política hacia los palestinos.” (Akiva Eldar, “The Gewalt Agenda”). http://www.haaretz.com/hasen/spages/789919.html

Richard Perle, un prominente neocon y uno de los primeros que abogaron por la guerra contra Iraq, rechazó el informe al que calificó de “desastre” que debería ser ignorado. “No hay que usurpar las responsabilidades del comandante en jefe,” señaló Perle. “Todo esto es absurdo.” Rush Limbaugh, otro neocon que aparece a menudo como tertuliano en los programas de radio, criticó a los miembros del Partido Republicano que habían apoyado el informe. “Sabéis que la colaboración entre los dos partidos significa que los republicanos renuncian al núcleo de sus principios y se muestran de acuerdo con los demócratas,” manifestó en su programa de radio. Eso es por lo que todo el mundo está alabando este estúpido informe. Sin embargo, éste no dice nada de ganar ni de obtener una victoria. No hay nada en él que recomiende marchar hacia adelante con una estrategia positiva. Se trata de salir huyendo, de rendirse.”

Las publicaciones neocon Wall Street Journal y Weekly Standard y el Washington Times, propiedad del Reverendo Moon, intentaron desacreditar las conclusiones del informe, incluso antes de que éstas fueran publicadas. El Wall Street Journal publicó una serie de duros ataques de Michael Rubin, miembro del neocon American Enterprise Institute (AEI), y el columnista Bret Stephens en contra de Baker y otros prominentes críticos de las actuales políticas sobre Iraq que desempeñaron puestos clave en la administración del ex presidente George Bush padre. “No debemos abandonar Iraq” y el número de tropas norteamericanas en ese país “debe incrementarse”, señaló Rubin. Por su parte, Stephens dejó claro que él culpaba a Baker por haber obligado a Israel a tomar parte en la Conferencia de Madrid, “que sentó las bases para la firma de los Acuerdos de Oslo que para Israel... significaron más terrorismo y culminaron en la segunda intifada.” Así pues, Stephens celebra la inflexibilidad de Israel hacia los palestinos, cuya tierra Israel ha robado.

Otro extremistas sionistas, tales como Frank Gaffney, presidente del think tank neocon Center for Security Policy, y Mark Steyn, columnista del Washington Times, señalaron que las ideas de Baker estaban motivadas tanto por el antisemitismo como por el realismo. “La hostilidad de Jim Baker hacia los judíos es un hecho bien conocido y esto le ha hecho ganarse la simpatía de los enemigos de Israel en la región,” escribió Gaffney. Él denominó también al GEI “el Grupo de Rendición en Iraq”. Además, el antiguo presidente republicano de la Cámara de Representantes y miembro del AEI, Newt Gingrich, advirtió en el Weekly Standard que “cualquier propuesta para pedir ayuda a Irán y Siria es un signo de derrota y apaciguamiento.”

Otro judío sionista, Charles Krauthammer, un conocido halcón en el tema de la guerra de Iraq que ha culpado a los iraquíes de los problemas a los que Washington se enfrenta en el país árabe, resucitó la alegación de que “Baker entregó el Líbano a Siria como parte de un acuerdo dirigido a conseguir el apoyo de Siria en la Guerra del Golfo de 1991.” También se burló de la noción de que “Irán y Siria tienen interés en lograr la estabilidad de Iraq.”

John McCain, un senador republicano por Arizona y candidato a la presidencia, rechazó las recomendaciones del informe porque éstas “no presentan una fórmula destinada a lograr la victoria.” Él pidió un inmediato incremento en el número de soldados estadounidenses en Iraq. A las críticas de McCain se unieron el senador sionista Joseph Lieberman, de Connecticut, que rechazó de forma indignada las propuestas para la realización de conversaciones con Irán y Siria, y el senador Lindsey Graham (republicano por Carolina del Sur), que aboga también por un fuerte incremento en el número de soldados desplegados en Iraq.

Como detalle significativo, cabe señalar que después de que el GEI publicara su informe, que incluye un llamamiento en favor de “un compromiso renovado y sostenido por parte de EEUU en favor de una paz global árabe-israelí,” la Cámara de Representantes votó la versión aprobada por el Senado del Acta contra el Terrorismo Palestino de 2006, que sanciona al gobierno de Hamas. Los patrocinadores del Acta fueron los congresistas proisraelíes Tom Lantos (demócrata por California) e Ileana Ros-Lehtinen (republicana por Florida). Esta última introdujo el mayor número de propuestas de ley a favor de Israel en la reciente legislatura. Si los esfuerzos de estos congresistas pro-israelíes hubieran tenido éxito, todos los vínculos entre el gobierno norteamericano y la Autoridad Palestina habrían terminado y las oficinas de la Organización para la Liberación de Palestina en EEUU habrían sido clausuradas. Además, la propuesta original presentada en la Cámara de Representantes también aprobaba sanciones en contra de los programas de la ONU que apoyan a la población palestina. La principal organización del lobby pro-israelí en EEUU, el AIPAC (Comité de Relaciones Públicas Americano-Israelí), que apoya las posiciones radicales de la extrema derecha israelí, ha mostrado un fuerte respaldo a la aprobación de sanciones contra los palestinos.

James Baker está considerado como el portavoz del lobby del petróleo. Él es un estrecho colaborador de la familia Bush y un negociante tejano que jugó un papel fundamental en la concesión de la Presidencia a Bush en 2000, mediante un golpe de estado legal, cuando éste no logró conseguir los votos necesarios para entrar en la Casa Blanca. Como co-presidente del GEI, él diseñó una estrategia para la retirada de EEUU de Iraq porque el establishment norteamericano sabe que la guerra está perdida. Cabe señalar que Baker tiene una enorme influencia sobre varios importantes grupos políticos y económicos y puede hacerle muy difícil la vida a Bush y al Partido Republicano si sus propuestas son rechazadas.

Baker está, en realidad, defendiendo los intereses reales de EEUU y no los de Israel. En 1991, amenazó con retirar las garantías de ayuda norteamericana a Israel si el primer ministro derechista israelí Yitzhak Shamir no aparecía en la Conferencia de Madrid de 1991. Baker ha declarado de forma clara que la raíz de todos los problemas que existen en Oriente Medio es el tema de Palestina, como efectivamente es, y que Washington debe presionar a Israel, que ha violado todos los acuerdos firmados con los palestinos, con el fin de lograr una solución. Él ha apoyado también las negociaciones con Irán y Siria, en un momento en el que los neocons sionistas están tratando de empujar a EEUU a una guerra mucho más sangrienta y más terrible contra Irán. Fue el neocon David Frumm el que acuñó la expresión “eje del mal” –que incluía a Iraq, Irán y Corea del Norte- para el discurso de Bush sobre el Estado de la Nación de enero de 2002.

En realidad, el establishment norteamericano está harto de la estupidez de Bush y de los neocons sionistas, cuyas agresivas políticas han llevado al país a perder una gran parte de su influencia en Oriente Medio, que había sido cuidadosamente alimentada por las sucesivas administraciones norteamericanas en las pasadas seis décadas. El establishment no está dispuesto a permitir que sus intereses y los intereses de EEUU sean sacrificados para hacer avanzar la agenda sionista en Oriente Medio.

Los neocons sionistas son los responsables del desastre de Iraq y están proyectando una imagen que combina irracionalidad ideológica, servidumbre a un país extranjero, Israel, y fracaso político. Algunos de los neocons más relevantes han abandonado ya la escena, incluyendo a Paul Wolfowitz, considerado el arquitecto de la guerra de Iraq; Douglas Feith, que controló la Oficina de Operaciones Especiales en el Pentágono, donde fueron fabricadas o manipuladas muchas “pruebas” sobre las inexistentes armas de destrucción masiva; y Donald Rumsfeld. Sin embargo, George W. Bush, Dick Cheney y el director para Oriente Medio del Consejo de Seguridad Nacional, Elliot Abrams, son también necons y conservan aún su cargo, lo que garantiza que la guerra de Iraq continuará.

De este modo, muchos más ciudadanos norteamericanos e iraquíes perderán su vida para servir a los intereses de Israel y la agenda sionista, cuyo objetivo último es la división de Iraq y el mantenimiento del caos en la región. En 1982, Oded Yinon, un estratega político israelí, declaró que Iraq constituía una amenaza inmediata y que su disolución se había convertido en una prioridad. Él sugirió que Iraq debía ser dividido “en provincias en base a criterios étnicos y religiosos... De tal modo que tres o más estados se desarrollen en torno a las tres principales ciudades, Basora, Bagdad y Mosul, y las áreas shiíes del sur queden separadas del norte sunní y kurdo.” Así pues, si los planes sionistas tienen éxito, la región quedaría debilitada y convertida en un conjunto de miniestados insignificantes y sin poder real, e Israel podría imponer su hegemonía sobre ella.

Esto demuestra que, para los sionistas, la amplia destrucción y el caos que se han generado en Iraq no constituyen un efecto indeseado de la guerra, sino una indicación de que todo marcha según el plan. Ellos consideran que la creación de un perpetuo desorden y caos en Iraq equivale a una victoria. El problema legal es, pues, la poderosa influencia que el lobby israelí ejerce sobre las políticas norteamericanas en Oriente Medio. Mientras Israel disponga de un veto sobre estas políticas, EEUU continuará sacrificando sus propios intereses y librando guerras contra los pueblos de la región
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