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Crítica del insulto al Islam

30/01/2007 - Autor: Ndeye Andújar - Fuente: El Periódico
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Ndeye Andújar
Ndeye Andújar
El pasado 14 de enero, El Periódico publicó un reportaje sobre mujeres catalanas que han abrazado el Islam. La reacción no se ha hecho esperar: Lidia Falcón y Pilar Rahola, con sendos artículos en este mismo periódico, nos han querido dar una lección sobre las maldades del Islam.

Al igual que cualquier otro tema, la religión puede ser criticada, pero la crítica debe hacerse de manera rigurosa y sin prejuicios. Negar que las imposiciones contra las mujeres se deben a una mala interpretación del Corán, significa hacerles el juego a los fundamentalistas porque, al igual que ellos, nos quieren imponer una lectura literal de los textos.

Falcón y Rahola nos presentan un cuadro desolador sobre la situación de las mujeres en el mundo musulmán, sin embargo, se limitan a achacar todos los males al Islam sin tener en cuenta los factores económicos, sociales, políticos e históricos y eso es, como poco, reductor y simplista. Claro que siempre se nos puede responder que un par de artículos de opinión no dan para más ¿verdad?

Estamos totalmente de acuerdo en que las mutilaciones genitales femeninas son unas prácticas aberrantes que deberían desaparecer. Pero el Islam no es el causante de la cliteridectomía porque se practica entre personas de distintas religiones dentro de un mismo país, como por ejemplo, en Egipto, donde la practican tanto musulmanes como cristianos coptos.

Parece que a las dos compañeras les gusta mucho aleccionarnos sobre lo que “impone” el Islam, pero se les ha olvidado mencionar que el Islam impone a los hombres y a las mujeres que cuiden de su integridad física. Ningún versículo del Corán, ni ningún dicho del Profeta recomienda esta práctica. A lo mejor tampoco saben que el pasado mes de diciembre, los sabios de la Universidad de Al Azhar de El Cairo, la han declarado un crimen contra la humanidad y han pedido a los gobiernos medidas concretas para erradicarla.

En sus aleccionadoras críticas, nos vuelven a repetir los prejuicios que por desgracia oímos hasta la saciedad. Pero tienen tal desinformación sobre el Islam que no es de extrañar que les desconcierte y exaspere que cada vez haya más mujeres occidentales, mujeres educadas en unas sociedades civilizadas (las otras son salvajes) que se conviertan a una religión tan retrógrada-inhumana-misógina.

Las musulmanas nos sometemos a Dios, podemos rechazar la poligamia en nuestro contrato matrimonial, podemos conducir (Arabia Saudí no es el Islam). El maltrato está prohibido, en el Corán no aparece la lapidación como castigo por adulterio, no se nos obliga a llevar el velo (excepto en Arabia Saudí, Afganistán e Irán, por desgracia). El testimonio se refiere solamente a los asuntos que tienen que ver con los contratos mercantiles, ya que en la época de la revelación, en el siglo VII, había pocas mujeres que se dedicaban al comercio. Se trata de una interpretación anacrónica del Corán que ha perdurado a lo largo de los siglos. En cuanto a la herencia, según algunas lecturas “conformistas”, se trataría de un reequilibrio ya que el marido tendría la responsabilidad de mantener a su mujer y, en cambio, ella puede gozar libremente de su dinero. Pero Nawal al Saadaui le debe haber explicado a su amiga Lidia Falcón que si la mujer mantiene al hombre (como ya pasa hoy en día), entonces ella debería heredar el doble. Otra cosa es que los hombres lo acepten.

Más allá de las “películas” que les expliquemos cuatro catalanas, no estaría de más que se informaran de que existe un emergente movimiento feminista islámico que critica las interpretaciones misóginas, pero que en lugar de atacar al Islam como hacen algunas feministas “laicas”, intenta romper el monopolio interpretativo masculino y proponer unas lecturas del Corán en clave igualitaria. El pasado mes de noviembre tuve la suerte de poder participar en el Segundo Congreso Internacional de Feminismo Islámico, donde mujeres musulmanas de todo el mundo analizaron temas clave como la poligamia, el aborto, el divorcio o los derechos sexuales, todo ello desde una perspectiva islámica e igualitaria. Me sorprende que como grandes conocedoras del Islam se les haya olvidado mencionar que las mujeres musulmanas se movilizan, se organizan y luchan por la igualdad de género, sin rechazar su fe, como ya lo están haciendo desde hace tiempo las feministas judías y católicas.

El discurso de Rahola nos recuerda demasiado al que utilizaron los colonizadores en el desvelamiento de Argel o, en su versión más moderna, al de los defensores de la ley contra el velo en las escuelas francesas. Deberíamos agradecerle su labor porque estos dos acontecimientos históricos han contribuido a que las musulmanas se pongan el velo libremente.

Además afirma que “en las mezquitas de nuestro país los musulmanes alimentan un discurso antioccidental, antidemocrático y claramente antimoderno”. Debe de saberlo porque ha ido muchas veces a rezar allí. Por su parte, Lidia Falcón explica que en España las comunidades musulmanas reproducen bastantes de las condiciones misóginas y delictivas mencionadas anteriormente. Pues si conocen los lugares exactos en los que se da ese tipo de discursos, si saben que en España se está lapidando a mujeres, mutilándolas genitalmente y otras barbaridades, entonces deberían presentarse de inmediato en la comisaría y denunciarlo, no vaya a ser que se les acuse de encubrimiento (o, más bien, de calumnia).

Ndeye Andújar es Vicepresidenta de Junta Islámica Catalana
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1 Comentarios

Carlos Velaasturi dijo el 12/07/2013 a las 15:51h:

Estimada Sra. Me parece muy simplista su respuesta a las Sras. Rahola y Falcón. Mire usted, vivo en un barrio en donde habitan muchas familias musulmanas. El velo, y vamos a ser realistas, se impone en las familias y su entorno. Aquí, en Torremolinos, lo vemos día tras día. También, el veto al pantalón vaquero, y un largo etcétera. Ustedes viven el Islam desde el punto de vista de típica tía progre pequeño-burguesa al igual que cualquier guiri del Hare Khrisna. Ustedes no viven la realidad de los barrios guetos y, lo que es peor, no se atreven a condenar a los regímenes que sí hacen determinadas prácticas u obligan a otras. La respuesta de los laicos de Egipto es la única correcta. No hay religión por encima de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Laicidad, laicidad y laicidad. Recen en sus casas, en sus templos, pero dejen tranquila a la sociedad. Los países han de ser laicos por el bien de la ciudadanía.


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