webislam

Viernes 6 Diciembre 2019 | Al-Yuma 08 Rabi al-Zani 1441
652 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Artículos

?idt=6749

Abrazadas al Islam

La religión musulmana conquista adeptos en toda Europa. Cuatro jóvenes catalanas en busca de una espiritualidad perdida explican su conversión.

29/01/2007 - Autor: Marta Parreño - Fuente: El Periódico de Cataluña
  • 0me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación

Ndeye Andújar haciendo du’a (oración), con sus dos hijas, Maguette-Leila y Aida. (El Periódico)
Ndeye Andújar haciendo du’a (oración), con sus dos hijas, Maguette-Leila y Aida. (El Periódico)
Son las 6.25 de la mañana y aún no ha salido el sol. Laura se levanta. En el comedor extiende su alfombra de rezos mirando hacia la Meca, o sea, hacia la esquina que queda entre el sofá y el cuarto de los trastos. Descalza, primero de pie y luego arrodillada, pronuncia algunos versículos en árabe durante varios minutos y, al acabar, se vuelve a la cama. Es el primer rezo del día, el fayr.
 
Hace cuatro meses que Laura, una barcelonesa de 26 años, se convirtió al islam. Hace cuatro meses que acudió al centro islámico de su barrio, en la avenida de la Meridiana, y, ante dos testigos, pronunció tres veces el juramento que la convertiría en una mujer musulmana: «No hay más Dios que Alá y Mahoma es su profeta; No hay más Dios que Alá y Mahoma es su profeta; No hay más Dios que Alá y Mahoma es su profeta». Hace cuatro meses dejó de comer cerdo, se cubrió la cabeza con un velo y empezó a rezar cinco veces al día, según el Sol.
 
Agradar a Dios
 
Su marido es palestino. Trabajaban juntos. «Éramos amigos. Yo le preguntaba por su país, me interesaba por su manera de vivir, por sus costumbres. Me empecé a interesar por el islam y, al leer el Corán, vi cosas muy lógicas que nunca me había planteado antes y que me llegaron mucho. Antes llevaba una vida vacía, solo me preocupaba lo material y ahora he aprendido a valorar lo que realmente importa».
 
Atia vive en Gavà con su marido, paquistaní, y con su hijo de tres meses. Sale a la puerta con el velo pero al entrar se lo quita y lo deja colgado junto al abrigo. Su casa es austera, muy clara, acogedora. Como en la de Laura, un papel con los horarios de los rezos y un calendario musulmán, que se rige por la Luna, cuelgan de una puerta. Ha preparado dulces típicos de Pakistán, una especie de bolitas hechas con canela, leche en polvo y agua de azahar. Gulab jaman se llaman. «Antes estaba perdida, hacía cosas que no me llenaban, muchas por agradar a otras personas. Ahora sé a quién tengo que agradar. Ahora soy feliz y entiendo lo que Alá quiere que entienda», dice.
 
Ella tiene 31 años, trabaja en un centro de formación ocupacional y se convirtió al islam amediados del 2005. Sara llega corriendo. El metro se ha retrasado. Un pañuelo azul cielo le cubre la cabeza, las orejas y el cuello. Solo se le ve la cara. Lleva gafas y tiene la piel muy blanca, es muy diferente a las mujeres árabes que pasean por la calle cubiertas con el hiyab (velo). Entra en el bar y pide un café con leche. Tiene 24 años y hace tres meses que pronunció el doble juramento ante dos testigos. «Hace un tiempo pensé: ¿qué tendrá el Islam para que tantas personas lo practiquen? Leí el Corán porque quería entender a la gente con la que trabajaba y al  hacerlo me di cuenta de que creía en lo que decía y de que para mí era la verdad».
 
Sara es educadora social, estudiante avanzada de árabe y gran conocedora de los textos sagrados. Su novio, como el marido de Laura y el de Atia, también es musulmán. Pero ella recalca que es un error creer que una mujer que se convierte lo hace por su pareja.
 
Ndeye tiene 34 años y conoció el islam de cerca en 1993, en un viaje que hizo a Senegal como cooperante. Allí, más del 90% de la población es musulmana. «Lo que me motivó fue algo realmente espiritual: un día vi a dos musulmanes rezando delante de mí y sentí una gran paz y sosiego. Entonces supe que era musulmana, aunque haría pública mi profesión de fe mucho más tarde, en 1998», dice.
 
Ndeye está casada con un senegalés y tiene dos hijas. Actualmente vive en Francia y es la vicepresidenta de la Junta Islámica Catalana. Dice que no se ha convertido, sino que simplemente ha vuelto a su estado natural: «En realidad no nos convertimos, sino que volvemos a ser lo que siempre fuimos».
 
A contracorriente
 
Parece que fueran a contracorriente del mundo occidental. Su obediencia y sumisión a Alá se ha convertido en una manera de ser que las diferencia del resto de las catalanas. Laura, Sara, Elena y Natalia son ahora Nur, Ikram, Atia y Ndeye, cuatro mujeres que creen en un dios único, en sus ángeles, en sus libros y en sus mensajeros. Creen en el destino y en el decreto divino, en el día de la resurrección y en el del juicio final. En el cielo y en el infierno.
 
«Normalmente tienen una pareja musulmana y se convierten para casarse o porque piensan que el Islam es una religión muy correcta. El problema es la interpretación que se hace. Puede ser una religión muy abierta, pero hay muchos tipos de islam», dice Ana Guerrero.
 
Ella creó hace un año en Barcelona una delegación de la organización feminista Ni putas ni sumisas, fundada en el 2002 en Francia por musulmanas para defender los derechos de estas mujeres en ese país. Las mujeres que la crearon la llamaron así porque opinan que para los sectores más radicales del islam solo existen dos tipos
de mujeres: las que venden su cuerpo y las que mantienen la religión a rajatabla y se someten a la voluntad de los hombres. Desde entonces, organizan manifestaciones, conferencias y reuniones para hacer llegar a los políticos los problemas que las mujeres musulmanas paceden en algunas barriadas de ciudades de ese país.
 
Un islam europeo
 
A pesar de que mucha gente no entiende su cambio de vida –familiares y amigos incluidos en algún caso–, Laura, Sara, Atia y Ndeye forman parte de las 20.000 personas que han abrazado el islam en España y simbolizan un fenómeno creciente. Las cifras no son fiables porque las conversiones son actos privados que se pueden realizar en cualquier mezquita, centro islámico o incluso en casa y no quedan registradas, pero según un estudio coordinado por la francesa Brigitte Maréchal, –El Islam y los  musulmanes en Europa: radioscopia–, habría entre 10.000 y 20.000 conversos en Inglaterra, unos 20.000 en España y 100.000 en Francia.
 
«No se tienen datos muy concretos al respecto, aunque según algunos estudios habría más mujeres que se convierten al islam. Algunas llegan a través del estudio de religiones comparadas, en la universidad, pero un gran número lo hace a través del matrimonio», dice Ndeye; «Es mucho más frecuente que una mujer de extracción cristiana se case con un musulmán que lo opuesto. Y el islam atrae, además, a los jóvenes que tienen contacto con musulmanes, por la práctica visible y comunitaria de la religión», añade.
 
Dolors Bramon, profesora de estudios árabes islámicos en la Universitat de Barcelona, afirma que ya se puede empezar a hablar de un Islam europeo: «El islam es la religión que más crece en número de fieles en todo el mundo. Los europeos, es probable e incluso deseable, cambiarán la manera de ser del Islam tradicional y así podría ser más progresista. Con la llegada de personas de países islámicos, los musulmanes europeos que ya había y los que se han convertido recientemente ya se puede empezar a hablar de un islam europeo».
 
«Di a tus esposas e hijas y a las mujeres de los creyentes que se cubran desde arriba con sus vestidos. Esto es lo más adecuado para que se las conozca y no se las ofenda», dice uno de los 114 capítulos del Corán (Sura 33 Aleya 59). Cuando Sara se puso el hiyab por primera vez todavía no era musulmana, pero afirma que se sintió rechazada cuando un vigilante de seguridad no quiso indicarle dónde estaban los baños en la estación de Sants. Cada día sale de casa con un velo en la mochila y, ya en la calle, rodeada de desconocidos, se lo pone. Pero al llegar al trabajo se lo tiene que volver a quitar. «No lo llevo siempre porque estamos en un país que no lo acepta. Aunque sirve para pasar desapercibida, aquí te miran más si llevas velo que si vas enseñando la barriga», asegura. Ella insiste en que el velo es una forma de sumisión a Dios y nunca a ningún hombre: «Una mujer escoge su libertad cuando se está tapando y desde el feminismo occidental se cree que una mujer, cuanto más destapada está, más libre es. Pero solo serás libre si tu misma escoges y no sigues los cánones de belleza establecidos».
 
Frente al espejo, Laura cubre su larga cabellera negra con un velo granate antes de salir a la calle: «Aquí la gente, y me incluyo a mí antes, es esclava de una moda. Te bombardean con un tipo de mujer: tienes que ser la más guapa, la mejor. Y yo quiero que me quieran por mis acciones y no por mi físico. Yo, como mujer, me considero mucho más libre con el velo que sin él», explica, mientras se coloca las agujas para que quede bien atado.
 
Símbolo de conflicto
 
Ndeye solo lo utiliza para rezar o cuando lee el Corán porque no siente que llevarlo sea una obligación. En Senegal se lo ponía más a menudoy allí la gente la elogiaba cuando, además, se vestía con grandsboubous, la ropa tradicional de ese país. Pero en Francia, donde ella vive ahora, se aprobó hace dos años una ley que prohibía el uso del velo en las escuelas y algunas asociaciones feministas consideran que esa prenda es una forma de sexismo, aunque muchas otras niegan que lo sea.
 
«Yo estoy convencida de que el velo es un instrumento de sumisión y creo que en España se debería empezar a tratar el tema. No me gustaría ver a chicas con hiyab en el colegio o en los institutos públicos y quizá dentro de unos años deberíamos observar la ley francesa. Aunque sería fantástico no tener que hacerlo porque eso significaría que tenemos un islam abierto», afirma Guerrero.
 
A Dolors Bramon, que publicará en breve el libro Islam en femenino:ser mujer y musulmana, le inquieta el incremento de mujeres que se cubren con el hiyab: «Nosotros solo vemos a las mujeres que llevan velo, pero no a las que no lo llevan, que son la mayoría. Sin embargo, me preocupa el aumento de esta
obligación en los últimos años».
 
Pero Sara asegura que hay que diferenciar entre las mujeres que lo llevan obligadas o por desconocimento y las que se lo ponen convencidas, conociendo el motivo: «Algunas se lo ponen por imposición, seguro, y otras por tradición, sin saber
lo que significa. Pero ahora, muchas jóvenes escogen libremente si quieren ponérselo o no y debería respetarse».
 
Los cinco pilares
 
Además de los cinco rezos diarios, de los cuales quedan dispensadas cuando tienen la menstruación, y de pronunciar la shahada –testimonio de fe–, conforme creen en un único Dios, Laura, Sara, Atia y Ndeye tienen que cumplir otros tres pilares básicos para cualquier musulmán. Uno de ellos es pagar el zakat, un porcentaje de sus bienes, que es una especie de contribución social para los pobres. Otro es ir a laMeca al menos una vez en la vida, si se tienen medios para hacerlo. Y, por último, han de ayunar durante el mes del Ramadán, el noveno del calendario lunar, tiempo en el que no pueden comer, beber, fumar o mantener relaciones sexuales desde el alba hasta la puesta del sol. «Yo antes era muy animal con la comida y pensaba que no podría. Pero por Dios puedes, aunque te cuesta», dice Atia.
 
Sentada junto a la mesa redonda servida de dulces, Atia duerme en brazos a su hijo, al que unos minutos antes ha dado de mamar. Va vestida toda de blanco. Mientras habla de su nueva religión, lamenta que sus padres no hayan aceptado su conversión al islam: «Mi cambio fue muy rápido y como vi que me había ido tan bien, no pensé que pudiera hacerles tanto daño. Mi madre se lo tomó como una ofensa». La madre de Atia es católica y ella practicó esa religión hasta los 12 años. A pesar de sentirse muy orgullosa de ser musulmana, no ha querido mostrar su cara por respeto a sus padres, que todavía no conocen a su nieto.
 
Sara tampoco ha querido aparecer en las imágenes. Su familia todavía no sabe que hace cuatro meses se convirtió al islam: «Mis padres no saben que soy musulmana, ven algunos aspectos pero no lo saben. Prefiero que se vayan dando cuenta poco a poco porque no se lo tomarían bien. Yo les voy explicando cosas, intentando acercar la religión hacia ellos, pero sin decirles que soy musulmana, porque entonces habría un rechazo directo».
 
Interpretaciones erróneas
 
Desde que el islam se coló en sus vidas solo pueden desear y mantener relaciones sexuales con sus maridos, para quienes han de reservar su aura –belleza–. «La musulmana cubre sus encantos en la calle, pero en casa se arregla para su marido», dice Atia. Y Laura, pintándose los ojos, afirma: «Yo puedo maquillarme y ponerme colonia para estar con mi marido. Llevar una ropa que te cubra entera no significa que tengas que descuidar tu imagen».
 
Algunos dicen que el islam degrada a la mujer, la subestima en relación con el hombre. Hay países musulmanes en los que las mujeres visten con burkas y son lapidadas por adulterio. Fadela Amara, presidenta de Ni putas ni sumisas, aseguró en un debate en Barcelona que en algunas zonas de Francia se sigue practicando la ablación y la poligamia, y se calcula que hay unos 70.000 matrimonios forzosos. Según un informe
de la ONU sobre el desarrollo de la mujer árabe, en países como Marruecos, Líbano y Egipto un tercio de la población considera que llevar velo es una obligación y casi la mitad opina que una mujer no debería poder pedir el divorcio, viajar sola o acceder a un cargo político.
 
Pero Bramon afirma que el Corán no tiene nada que ver con eso: «Las tradiciones del islam, que son fundamentales a la hora de elaborar el derecho islámico, son propias de la primera mitad del siglo VII y eso prevalece aunque el Corán no lo recoja ».
 
Para Ndeye, la culpa de todo eso son las interpretaciones erróneas que se han hecho de los textos sagrados: «Las mujeres tienen un papel activo a pesar de las interpretaciones machistas que se hacen de las fuentes del islam. Siempre
hemos participado en la construcción de las sociedades, pero la historia ha sido contada por hombres y para hombres».
 
Laura, Sara, Atia y Ndeye han descubierto un mundo en el que se sienten realizadas. «No es cuestión de entenderlo, sino de sentirlo», dice Ndeye. Todo lo que hacen a lo largo del día es para agradar a Alá, desde el primer rezo de la mañana hasta el último, desde que se ponen el hiyab y se cubren hasta los pies, hasta cuando van a comprar la carne halal, desangrada y matada a la manera musulmana, la única que pueden comer, a no ser que no haya carnicerías de ese tipo en sus barrios, en cuyo caso quedan dispensadas.
 
Éxodo a Europa
 
Viven sometidas a Dios, pero aseguran que han escogido libremente esa sumisión. Como también han escogido la opción demarcharse de España, ya que dicen que vivir aquí se les hace muy difícil. Laura se marchará pronto al extranjero con su marido: «Iremos a algún país donde podamos vivir tranquilamente. Yo quiero tener muchos hijos y criarlos en un sitio donde no haya tantos prejuicios». Sara tiene claro que en un futuro también se irá de España: «Me gustaría educar a mis hijos en un país con más valores islámicos. El ambiente aquí no me ayuda mucho y yo quiero que mis hijos sean buenos musulmanes». «Nosotros nos vamos a ir a vivir a Inglaterra porque aquí es muy duro», dice Atia. «A las miradas al final te acabas acostumbrando, pero con el velo no te dejan trabajar y, además, hay muy pocas mezquitas», afirma.
 
El conflicto de Córdoba
 
Se calcula que en España hay 800 mezquitas para más de un millón de musulmanes, aunque la mitad de esos templos no están registrados legalmente. En Catalunya se han contabilizado unos 170 oratorios, y la mayoría de ellos son pisos alquilados o locales en los que se reúnen para rezar hombres y mujeres, por separado. Después de haber solicitado la edificación de un complejo que incluyera una mezquita y un centro de estudios en repetidas ocasiones, el Consejo Islámico de Catalunya reclamó, a finales del año pasado, la construcción de un gran templo como los 11 que ya existen en el resto de España. Pero Montserrat Coll, directora de Asuntos Religiosos de la Generalitat, afirmó que el Govern no tiene previsto construir una gran mezquita, «como tampoco lo es levantar una catedral», dijo.
 
Tras felicitar a los musulmanes en la Fiesta del Sacrificio, en diciembre, explicó que debe ser la comunidad religiosa la que financie sus oratorios. A eso se suma la reciente petición de la Junta Islámica de España al Vaticano solicitando que la mezquita de Córdoba pueda ser compartida por cristianos y musulmanes. Pero el obispo de Córdoba, Juan José Asenjo, denegó la petición: «El uso compartido puede tener sentido en algunos lugares, pero no en el caso de una catedral». A pesar de la negativa, Asenjo dice que intenta «seguir manteniendo relaciones de respeto y aprecio por los musulmanes».
 
Son casi las siete de la tarde. El sol ya se ha ido. Laura va al baño, se tiene que purificar antes de recitar sus oraciones. Abre el grifo del agua caliente y empieza a lavarse las manos hasta las muñecas, tres veces. Luego se enjuaga la boca, se limpia la nariz y las orejas, por dentro y por fuera, también tres veces. Se lava la cara y se pasa la mano húmeda por el pelo, por si tuviera polvo o suciedad. Luego se frota los brazos hasta los codos. Y acaba lavándose los pies, hasta los tobillos. Todo tres veces. Después de este ritual estrictamente pautado vuelve a extender la alfombra de rezos en el suelo del comedor, en dirección a la Meca, o sea, hacia la esquina que queda entre el sofá y el cuarto de los trastos.
 
Descalza, pronuncia varios versículos del Corán y hace movimientos que simbolizan la sumisión a Alá. Minutos después recoge la alfombra y la deja en su sitio. Ha realizado el Ishaa, el último rezo del día.
Anuncios



Escribir comentario

Debes iniciar sesión para escribir comentarios.

Si no estás registrado puedes registrarte en un minuto.

  • Esta es la opinión de los internautas, no de Webislam
  • No están permitidos comentarios discriminatorios, injuriantes o contrarios a la ley
  • Céntrate en el tema, escribe correctamente y no escribas todo en mayúsculas
  • Eliminaremos los comentarios fuera de tema, inapropiados o ilegibles

play
play
play
play
Colabora


 

Junta Islámica - Avda. Trassierra, 52 - 14011 - Córdoba - España - Teléfono: (+34) 957 634 071

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/articulos/30717-abrazadas_al_islam.html