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Un obispo católico en la cuna del islam

Entrevista a Giovanni Bernardo Gremoli por Gianni Cardinale

23/01/2007 - Autor: Gianni Cardinale - Fuente: 30 Dias
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Giovanni Bernardo Gremoli
Giovanni Bernardo Gremoli

«Esta atmósfera crispada por las viñetas contra Mahoma es terrible. Toda esta violencia es terrible. Cristianos y musulmanes asesinados, iglesias y mezquitas destruidas… es terrible. Debemos condenar todas estas violencias, no tienen justificación. Aunque hemos de afirmar con claridad meridiana que no se puede ofender ninguna religión ni ningún símbolo religioso. Pero, lo sabemos, la violencia genera violencia».

Monseñor Giovanni Bernardo Gremoli, «fraile capuchino antes que obispo» nos dice, está muy preocupado por el cariz que están tomando las relaciones entre mundo islámico y Occidente. Porque ha sido testigo de que la convivencia entre musulmanes y cristianos es posible incluso en la cuna del islam.

Monseñor Gremoli, obispo titular de Masuccaba, ha sido durante 30 años vicario apostólico de Arabia, con jurisdicción sobre todos los católicos presentes en Arabia Saudí, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Omán, Qatar y Yemen. Todo el mundo sabe que en Arabia Saudí los cristianos no pueden practicar ningún culto público: pero menos sabido es que en los otros países de la península arábica la situación es muy diferente y que en los últimos decenios se han construido en estos países iglesias, casas parroquiales y escuelas y que a los cristianos se les ha concedido libertad de culto. Y justamente para hablar de estos hechos poco conocidos 30Días ha decidido entrevistar a monseñor Gremoli, quien, por lo general muy reservado, ha aceptado responder por la profunda estima que siente por el director de nuestra revista y también por la confianza que tiene en quien escribe.

Monseñor Gremoli nos recibe en su humilde y pequeño estudio del antiguo Convento de los capuchinos de Florencia, sobre la colina llamada Montughi desde donde se divisa una espléndida vista de la ciudad de los Médicis. Colgadas en la pared, una gran imagen del san Pío de Pietralcina, sus fotos con los papas Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II («espero poder colgar pronto alguna con el papa Benedicto XVI»), además de la foto en la que estrecha la mano al jeque Zayed Bin Sultán al Nahyán de Abu Dabi, «gran benefactor de nuestra Iglesia».

Excelencia, ¿cuál era la situación del Vicariato apostólico de Arabia cuando llegó a Abu Dabi en 1976?

GIOVANNI BERNARDO GREMOLI: Era crítica. Mi predecesor había sido expulsado de la sede histórica del Vicariato que estaba en Adén, Yemen. Había pocos sacerdotes, unos once, pocos lugares de culto y era el momento del boom petrolífero, con miles de trabajadores católicos que de todas las partes del mundo iban al Golfo para trabajar en las compañías petrolíferas y en las cada vez más numerosas obras para la construcción de ciudades y acueductos.

¿Y qué hizo?

GREMOLI: Acepté en seguida llamar a sacerdotes, incluso ad tempus, no sólo de mi Orden, la de los franciscanos capuchinos, en aquel entonces en dificultad por lo que concierne a las vocaciones, sino también de otras congregaciones. Gracias a Dios entre los católicos presentes en el Vicariato había jóvenes inmigrantes que en su patria habían sentido la llamada del Señor. Entonces decidí enviar a algunos de ellos, los más convencidos, a estudiar en el extranjero. Siete mandé y siete regresaron como sacerdotes. Hoy desempeñan su misión en el Vicariato, que puede contar en total con 48 sacerdotes.

Luego afrontó la cuestión de los lugares de culto…

GREMOLI: Se trató de un asunto delicado y complicado. Se requirió mucha paciencia y delicadez y también una pizca de diplomacia para conseguir los permisos y los terrenos para construir iglesias y escuelas. A veces pasaron cuatro, a veces ocho años antes de recibir una respuesta positiva. Pero al final se lograron los resultados, que en algunos casos fueron superiores a las expectativas.

¿Cómo fue posible?

GREMOLI: Los gobernantes apreciaron la buena conducta de nuestros católicos, que siempre observaron las reglas de convivencia locales y demostraron un fervor religioso que impresionó positivamente a las autoridades locales. Más de una vez me dijeron que aceptaban mis peticiones porque los católicos rezan y rezan mucho, tienen una gran participación en los momentos de culto y en la vida sacramental. Al final, pues, en casi treinta años el Vicariato ha conseguido construir once iglesias y complejos parroquiales, todos en terrenos concedidos gratuitamente por las autoridades. La mayoría de los edificios sagrados fueron construidos en los Emiratos. Pero cuatro iglesias fueron edificadas también en Omán, donde no había ninguna en el siglo XIX, y una en Bahrein, donde la que se había construido en 1939, la primera en el Golfo, se había quedado pequeña.

Once iglesias construidas y otra en obras…

GREMOLI: Es un hecho histórico por dos motivos. Porque en Qatar no ha habido nunca iglesias. Y también porque en Qatar, como en Arabia Saudí, la población y los gobernantes son musulmanes wahabitas, una secta notoriamente muy ortodoxa.

Sobre Arabia Saudí hablaremos luego. Una de las cosas importantes hechas por el Vicariato son las escuelas católicas…

GREMOLI: Efectivamente, he de decir que nuestra presencia en el Golfo es apreciada precisamente por nuestras escuelas, que tienen un impacto muy positivo en las poblaciones y en las élites locales. En treinta años se han construido en el Vicariato ocho escuelas, siete en los Emiratos y una en Bahrein. Todas están dirigidas por religiosas de varias congregaciones (carmelitas indias, combonianas italianas, caldeas de Bagdad, hermanas del Rosario de Jerusalén). Están reconocidas oficialmente por las autoridades y son muy apreciadas tanto por el nivel elevado de la educación como por la disciplina y la atmósfera de respeto y fraternidad de los estudiantes que pertenecen a distintas nacionalidades y religiones, pero también porque disponen de estructuras modernas siempre en orden y limpias.

¿Qué características tienen estas escuelas?

GREMOLI: Están abiertas a todo el mundo y más del 60% de sus 16.500 alumnos es musulmán. El personal docente es muy cualificado, en esto las autoridades son muy exigentes. Las escuelas están bajo el control de los respectivos Ministerios de Educación –que frecuentemente envían inspectores– por lo que concierne a los programas. Y bajo el control de los municipios en lo tocante a la higiene.

¿Está prevista la enseñanza religiosa? ¿Según qué criterios?

GREMOLI: El gobierno ha establecido la obligación de impartir tres horas semanales de religión a todos los alumnos. Las escuelas, por tanto, dan clases de islam a todos los niños musulmanes (suníes, chiíes o de otras sectas), clases de cristianismo a todos los niños católicos y de todas confesiones cristianas, y principios de moral basada en la ley natural a todos los niños no cristianos ni musulmanes.

¿Han surgido problemas en estas escuelas durante estos treinta años?

GREMOLI: No hemos tenido nunca contraposiciones nacionales ni religiosas. La atmósfera ha sido siempre de mutua cordialidad y simpatía. De modo que cuando dejé el gobierno pastoral del Vicariato apostólico el ministro de la Educación superior de los Emiratos Árabes Unidos, donde están, como dije, siete de nuestras ocho escuelas (la otra está en Bahrein), el jeque Nahyán Bin Mubarak al Nahyán quiso expresarme personalmente su agradecimiento dedicándome una foto suya que conservo entre mis recuerdos más queridos.

Decía usted antes que las religiosas administran las escuelas. Pero hay también otras religiosas que se dedican a las actividades caritativas…

GREMOLI: En Yemen las religiosas misioneras blancas, profesionalmente muy preparadas, administraron durante muchos años algunos ambulatorios y trabajaron en varios hospitales hasta 1972. Por desgracia, por falta de vocaciones no pudieron seguir adelante. En Yemen además están presentes desde 1973 las religiosas de la madre Teresa de Calcuta, que actualmente administran cuatro institutos para niños minusválidos y ancianos abandonados. Durante muchos años las Misioneras de la Caridad tuvieron también un lazareto en Taizz que recogió y curó a centenares de enfermos: por su eficiencia fue llamado la Ciudad de la Luz, City of Light; y muchos enfermos después de haberse curado en vez de volver a sus aldeas preferían quedarse a vivir en los alrededores. Tanto los líderes como el pueblo yemení aprecian mucho el trabajo de las hermanas de la madre Teresa.

Y, sin embargo, en julio de 1998 tres religiosas fueron asesinadas bárbaramente cuando iban de su casa a su instituto de Hodeida…

GREMOLI: Se trató de un episodio trágico, pero aislado, que le costó la vida a sor Zelia, sor Aletta y sor Michela, y que desconcertó a las autoridades y al pueblo. Cometió el crimen un fanático que volvía de la guerra en Bosnia. Fue un duro golpe para el presidente, porque había sido el gobierno el que había invitado a las religiosas a ir a Yemen. La madre Teresa había visitado varias veces Yemen, y las autoridades la consideraron siempre como a una santa, tanto es así que en la ceremonia de su beatificación el gobierno envió como su representante a una doctora, miembro del Parlamento, que cuando era pequeña había ido a la guardería católica de Adén. Respecto a Yemen quisiera recordar también a los religiosos que desarrollan allí su apostolado.

¿Quiénes son?

GREMOLI: Se trata de cuatro salesianos de la provincia de Mangalore, en India. Se dedican a la asistencia de las Misioneras de la Caridad y de la comunidad católica local. Los salesianos están presentes en Yemen desde 1988 cuando substituyeron a los padres blancos que tuvieron que abandonar por falta de vocaciones.

Nuestra presencia en el Golfo es apreciada precisamente por nuestras escuelas, que tienen un impacto muy positivo en las poblaciones y en las élites locales. En treinta años se han construido en el Vicariato ocho escuelas, siete en los Emiratos y una en Bahrein. Todas están dirigidas por religiosas de varias congregaciones

Hemos hablado de sacerdotes, iglesias, escuelas, religiosas, pero ¿cuántos son los católicos del Vicariato de Arabia?

GREMOLI: Es difícil tener estadísticas por el notable recambio de fieles en toda la península. Según cálculos dignos de crédito cuando yo llegué en 1974 los católicos eran unos 200.000 mil, hoy se calcula que viven en el Vicariato por lo menos tres millones.

¿De dónde vienen?

GREMOLI: Una vez, a la salida de la misa del domingo en la Catedral de Abu Dabi, hicimos un censo para verificar la procedencia de los fieles. Contamos 93 nacionalidades de origen. De todos modos, la mayor parte son indios o filipinos. Estos últimos sólo en Arabia Saudí son casi un millón.

Durante los últimos años de su permanencia en el gobierno del Vicariato se multiplicaron los acuerdos diplomáticos –antes inexistentes– entre la Santa Sede y algunos países de la península arábiga…

GREMOLI: Efectivamente, en 1998 la Santa Sede estableció relaciones diplomáticas con Yemen, en 2000 con Bahrein y en 2002 con Qatar. El primer nuncio en estos países ha sido el arzobispo Giuseppe De Andrea, residente en Kuwait, que hace poco se "jubiló" después de haber trabajado muy bien. Además, creo que Omán está muy interesado a establecer relaciones diplomáticas con la Santa Sede. Un caso aparte es el de los Emiratos Árabes Unidos. Visto que el obispo vicario apostólico de Arabia reside allí, para las autoridades locales es difícil comprender la necesidad de la presencia de otro obispo, el nuncio, como representante del Papa. Para ellos el vicario de Arabia es el representante del Papa. De modo que consideran al vicario como un embajador y participa normalmente en los encuentros del cuerpo diplomático con el jeque. Pero no excluyo que en el futuro se resuelva esta pequeña anomalía.

Excelencia, hasta ahora hemos hablado de las "ale­grías" y de los "éxitos" de estos últimos treinta años, pero usted mismo en su discurso de despedida habló también de "dolores" y "fracasos"…

GREMOLI: Pienso sobre todo en el dolor provocado por el bárbaro asesinato de las tres religiosas en Yemen. Luego, a pesar de todo el apoyo que hemos recibido de las autoridades para tener lugares de culto, hemos de reconocer que no hemos podido asegurarle una adecuada asistencia religiosa a un gran número de católicos, no hemos podido garantizarles un lugar apropiado para las celebraciones. Me refiero a los católicos que viven en el desierto, en los campos de trabajo de las conducciones petrolíferas o en las plataformas. Sin contar además que muchos cristianos, ya sea por falta de medios de transporte ya sea porque sus empleadores no les dan permisos –pienso sobre todo en las cristianas que trabajan como empleadas domésticas en familias islámicas muy numerosas– de hecho no tienen la posibilidad de asistir a la misa del domingo, si bien por Navidad y Pascua pueden hacerlo si quieren.

¿Sinsabores por no haber suscitado conversiones?

GREMOLI: Nuestra tarea primaria es tratar de mantener viva la fe de los católicos que se encuentran allí. Además, es sabido que las leyes locales prohíben toda forma de proselitismo y las conversiones. Por tanto, si alguno fuera tocado por la gracia este hecho no podría tener ninguna publicidad.

Un tema delicado también aquí en Occidente es el de los matrimonios. Imagino que ha tenido que afrontar el mismo problema también en la península arábiga…

GREMOLI: Tanto nosotros como los musulmanes desaconsejamos los matrimonios mixtos por muchos motivos. Hemos de recordar que según la ley islámica los hijos pertenecen al padre y por esto el padre debe ser siempre musulmán. Raramente he concedido dispensas y cuando lo he hecho ha sido sólo en casos en que la pareja se iba a vivir al extranjero y el cónyuge musulmán se comprometía a garantizar la libertad de religión a su esposa y a los hijos. 


Hablemos ahora de Arabia Saudí, un país que permanece impermeable a cualquier apertura hacia los cristianos…

GREMOLI: Más de la mitad de nuestros católicos vive y trabaja allí. Es una zona que recuerda algo el tiempo de las catacumbas. Oficialmente los sacerdotes no pueden entrar y no están admitidas celebraciones públicas de misas, sólo pueden hacerse en las embajadas. Los católicos pueden rezar sólo en sus casas, sin reunirse con otras personas, incluso si son parientes o amigos. Entre 1979 y 1985 algunos sacerdotes que trabajaban allí "patrocinados" por alguna empresa, fueron descubiertos, arrestados, encarcelado y al final expulsados. Muchos cristianos, que fueron sorprendidos mientras rezaban juntos, recibieron el mismo tratamiento. En Arabia existe una policía religiosa, los mutawa, muy eficaz, que interviene inmediatamente cuando sospecha que se está celebrando una reunión religiosa no islámica. Todos los intentos hechos en todos los niveles por varios gobiernos, por la Santa Sede y especialmente por Juan Pablo II para mejorar esta situación no han dado hasta ahora ningún resultado positivo.

¿Por qué esta impermeabilidad?

GREMOLI: En Arabia Saudí reina una monarquía absoluta muy rígida y los habitantes son suníes pertenecientes al grupo wahabita, una secta muy ortodoxa e intransigente. Se consideran los guardianes de los lugares santos de La Meca y de Medina y ven toda la Arabia como un lugar santo islámico donde no puede ser admitido ningún culto más.

¿Quiere decir esto que el más de un millón de católicos presentes en Arabia Saudí está abandonado a su destino?

GREMOLI: Bueno… el Espíritu Santo, a pesar de estos numerosos problemas y estas notables dificultades, trabaja de manera maravillosa también en Arabia Saudí. No es oportuno hablar de casos particulares, pero puedo decir que todos los años he conseguido realizar mi visita pastoral, administrar la confirmación y otros sacramentos, y celebrar misas para muchos grupos. Puedo añadir además que, periódicamente, algún que otro sacerdote está "de paso" por aquellos lugares y su seguridad se salvaguarda con responsabilidad.

Así pues, los laicos desempeñan un papel importante en Arabia Saudí.

GREMOLI: Efectivamente, son ellos los que se encargan de la catequesis para los niños en las casas privadas o en otras residencias. La "parroquia" de Riad la lleva un laico que, ayudado por otros, cuida escrupulosamente lo que es esencial, incluidos los libros parroquiales de los sacramentos administrados por los sacerdotes periódicamente "de paso".

¿Cree que Arabia Saudí cambiará un día su actitud?

GREMOLI: Es difícil hacer previsiones. Con motivo de la muerte de Juan Pablo II también Arabia Saudí, que no tiene relaciones diplomáticas con la Santa Sede, envió una delegación oficial a los funerales. Y después otra delegación oficial participó en la misa de inicio de pontificado del papa Benedicto XVI. Esperemos que estas pequeñas señales den su fruto y que un día Arabia Saudí les permita a los cristianos por lo menos rezar juntos según su fe.

Excelencia, ¿cuáles fueron los momentos más difíciles en estos treinta años de episcopado?

GREMOLI: Sin duda la primera guerra del Golfo y la reciente invasión de Irak crearon muchos problemas. Durante el primer conflicto cerraron todos los aeropuertos de la península arábiga y por tanto para mí era imposible visitar a nuestros católicos. Y no hay que olvidar que se creó un clima más hostil, no muy agradable, hacia nosotros. Por suerte la postura decida y clara del Papa y de la Santa Sede nos ayudó a superar nuestras dificultades. Porque muchos musulmanes –los más informados y los más honestos– comprendieron que no había que confundir la Iglesia católica con el Occidente y con los Estados que estaban en guerra. Lo mismo sucedió cuando comenzó la guerra que llevó a la invasión de Bagdad y a la caída del régimen de Sadam Hussein.

Bahrein ha sido siempre benévolo con los católicos. El bisabuelo del soberano actual dio en 1939 su consentimiento para la construcción de la primera iglesia católica en el Golfo. Al padre del actual rey le sentó mal al principio que la Santa Sede eligiera Abu Dabi y no Bahrein para la nueva sede del Vicariato, pero luego comprendió que se trataba de una decisión debida a motivos puramente logísticos

¿Qué personalidad islámica le ha impresionado más en estos treinta años?

GREMOLI: Una figura que merece un recuerdo especial es el fallecido jeque Zayed Bin Sultán al Nahyán, el cual aceptó que en 1976 la sede del Vicariato se trasladase desde la sede histórica de Adén, en Yemen, a su emirato de Abu Dabi (véase el recuadro). Pero también merecen un recuerdo especial el emir de Qatar, el rey de Bahrein y el sultán de Omán. Personalidades que han sido muy benévolas con los católicos y que merecen ser conocidas.

Comencemos por el emir de Qatar…

GREMOLI: El emir Hamad Bin Jalifa al Thani me trató con gran afabilidad y disponibilidad desde que era el príncipe heredero. Se ha mostrado siempre muy interesado por el mundo cristiano y desde hace tres años organiza en Doha una Conferencia para el diálogo entre estudiosos y expertos cristianos y musulmanes. En la segunda edición, la de 2004, participó también el cardenal Jean-Louis Tauran, que cuando era "ministro de Exteriores" vaticano se preocupó siempre por nosotros y nos ayudó mucho. Y justamente en esa segunda Conferencia, durante su discurso de apertura, el emir dijo claramente que para un verdadero diálogo era necesaria la presencia de todos los pueblos del Libro, también, por tanto, de los judíos. Me acuerdo muy bien de que hubo reacciones negativas, pero en la Conferencia de 2005 participó una delegación judía. Cosa aún más extraordinaria porque, como he dicho, Qatar es un país wahabita. Espero que sea un buen auspicio para Arabia Saudí.

Pasemos al rey del Bahrein…

GREMOLI: El rey Hamad Bin Isa al Jalifaf merece todo nuestra simpatía y gratitud no sólo por su apertura personal y acogida cordial, sino también por los méritos adquiridos por sus antepasados. La dinastía que gobierna Bahrein ha sido siempre benévola con los católicos. El bisabuelo del soberano actual, como he recordado, dio en 1939 su consentimiento para la construcción de la primera iglesia católica en el Golfo. Al padre del actual rey le sentó mal al principio que la Santa Sede eligiera Abu Dabi y no Bahrein para la nueva sede del Vicariato, pero luego comprendió que se trataba de una decisión debida a motivos puramente logísticos, visto que para el vicario apostólico era más complicado moverse desde una isla, como es Bahrein.

Y ahora un recuerdo del sultán de Omán…

GREMOLI: Cada vez que le hemos pedido al sultán Sayed Qabus Ben Said la autorización para construir una iglesia nueva, ha querido siempre informarse con exactitud del número de cristianos, y cuando ha visto que eran muchos ha sido siempre muy generoso a la hora de conceder los terrenos. Me acuerdo de una larga entrevista que mantuve con él: con cordialidad fraternal quiso saber cómo estaban los católicos en el sultanato, cuáles eran sus problemas. En dicha ocasión me confirmó asimismo que para él todos los emigrantes son personas muy valiosas, a las que hay que asistir y tratar con justicia y benevolencia «porque son ellos los que han contribuido al desarrollo del país y debemos agradecérselo».
Pero estas figuras que ha querido recordar, ¿son excepciones o representan plenamente a los países que gobiernan?

GREMOLI: Creo que son representativas de la mentalidad de estos países, si bien en los últimos años he visto un cambio no positivo. No quiero decir que las relaciones con las autoridades y las poblaciones hayan empeorado. Pero ha empezado a faltar esa gran familiaridad que existía antes.

¿Por qué?

GREMOLI: Culpa del influjo negativo ejercido por grupos fundamentalistas procedentes de fuera. Grupos que oficialmente no están presentes en estos países moderados, pero que hacen sentir su influjo negativo.

Más de una vez me dijeron que aceptaban mis peticiones porque los católicos rezan y rezan mucho, tienen una gran participación en los momentos de culto y en la vida sacramental. Al final, pues, en casi treinta años el Vicariato ha conseguido construir once iglesias y complejos parroquiales, todos en terrenos concedidos gratuitamente por las autoridades

¿Cuál puede ser según usted una actitud constructiva en relación con el mundo islámico?

GREMOLI: El diálogo y un mayor conocimiento recíproco. El diálogo debe ser ante todo sobre temas religiosos. Personalmente creo que enfocar el diálogo sobre temas políticos, culturales o históricos es aún muy complejo y arriesgado. El diálogo religioso debe mirar concretamente a promover la libertad de culto y el respeto de los símbolos de las varias religiones. Debe mirar a un acuerdo para la condena absoluta de la destrucción de iglesias o de mezquitas. Al respecto me parece ejemplar el hecho de que el papa Benedicto XVI, durante el Ángelus del domingo 26 de febrero, condenara las violencias que estallaron recientemente en Nigeria sin hacer ninguna diferencia entre "violencias islámicas" y "violencias cristianas". Los líderes de las dos religiones deberían contribuir a favorecer un conocimiento recíproco mayor. Hay mucha ignorancia en ambas partes. No todos saben, por ejemplo, que no sólo los musulmanes sino también los cristianos árabes se dirigen en sus oraciones y liturgias al Señor llamándolo Alá. Así que cuando los cristianos occidentales ironizan sobre Alá en realidad ofenden también a los cristianos árabes.

Según usted, ¿se debe pretender la reciprocidad con el mundo árabe?

GREMOLI: La reciprocidad es buena. La plena reciprocidad es naturalmente deseable. Pero hay que ser realistas. Hoy no podemos pretender la reciprocidad sobre cosas no esenciales, marginales, de las que a veces no gozan ni siquiera grupos musulmanes que son una minoría en sus países islámicos. Y creo que lo esencial es la libertad de poder practicar la propia religión, de tener un lugar de culto, y de ser respetados como hijos de Dios. Por tanto, por ejemplo, si las autoridades me conceden la autorización para construir una iglesia con la condición de que fuera de ella no aparezcan símbolos cristianos, no puedo ser intransigente y pedir que dicha iglesia tenga un campanario alto con una cruz encima. Porque pongo en dificultad a las autoridades que han sido tan benévolas y al final me anularán la concesión que me han dado…

Todavía hay gente que no consigue entender por qué en Roma Arabia Saudí ha financiado la construcción de una gran mezquita y no admite ninguna iglesia en su territorio…

GREMOLI: La mezquita en Roma está bien donde está. Porque, aunque ha sido financiada sobre todo por Arabia Saudí, la usan muchos musulmanes de otros países donde los cristianos podemos tener lugares de culto. Y además, el permiso para construirla lo pidió el rey Feisal, soberano de gran apertura incluso para con los cristianos, y que fue asesinado quizá por esta apertura.

Excelencia, aquí en Italia políticos como el presidente del Senado Marcello Pera, periodistas como Oriana Fallaci y artistas como Franco Zefirelli, propugnan una confrontación más viril con el islam, deseando casi más orgullo por parte del mundo cristiano. Se trata de personalidades toscanas como usted…

Hay mucha ignorancia en ambas partes. No todos saben, por ejemplo, que no sólo los musulmanes sino también los cristianos árabes se dirigen en sus oraciones y liturgias al Señor llamándolo Alá. Así que cuando los cristianos occidentales ironizan sobre Alá en realidad ofenden también a los cristianos árabes

GREMOLI: Francamente no quiero discutir con nadie. Son actitudes que respeto, pero que a la luz de mi experiencia me resultan poco comprensibles. Dejando a un lado las buenas intenciones posibles, agudizar la confrontación entre Occidente y mundo islámico es inútil y peligroso. Sobre algunos aspectos morales y religiosos, además, los musulmanes tienen mucho que enseñarnos. Así que hay poco de lo que estar orgullosos. Y además, fortaleza y prudencia son virtudes cristianas, el orgullo no.

¿Teme una guerra de civilizaciones" entre el islam y el Occidente?

GREMOLI: Dios nos libre. El rey de Bahrein dijo durante la Conferencia de diálogo islámico-cristiano celebrada en su reino en octubre de 2002: «Nosotros, en la actual situación histórica, tenemos la enorme oportunidad de converger de nuevo en objetivos nuevos y esenciales, apoyando los valores de la tolerancia y de la armonía, y subrayando la necesidad de contrarrestar en todas las creencias el extremismo». Estoy completamente de acuerdo. Creo que es esencial evitar un enfrentamiento entre dos grandes realidades, la cristiana y la islámica, que podría tener consecuencias desastrosas para todos.

Usted ha sido el último de una serie de cinco obispos vicarios apostólicos de Arabia todos capuchinos y de origen toscano. Ahora su sucesor, Paul Hinder es igualmente capuchino pero suizo.

GREMOLI: Para la elección de mi sucesor la Orden de los Capuchinos, encabezada por el ministro general John Corriveau, ha dado lo mejor que tenía a disposición. El obispo Paul ha sido durante diez años asistente del ministro general, conoce cinco idiomas y está estudiando el árabe, es licenciado en Derecho y Teología; es un hombre de gran experiencia. Fue durante un año mi auxiliar y pude admirar su fe y sus capacidades humanas. Estoy seguro de que trabajará bien.

Excelencia, la última pregunta. ¿Echa de menos el aire de la península arábiga?

GREMOLI: Es inútil negarlo, un poco sí. He dejado una comunidad cristiana viva, que vive su fe con alegría, que mira al futuro llena de esperanza. Piense que sólo en la parroquia de Santa María de Dubai fueron administradas, en 2005, 500 confirmaciones y 850 primeras comuniones, los niños que asistieron al catecismo semanal fueron 4.200, y durante el triduo pascual se distribuyeron cien mil comuniones. Aquí en Italia la realidad no es tan confortante…

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