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Muqtada al Sadr: La única solución a la violencia es que EEUU se retire

20/01/2007 - Autor: Renato Capriler - Fuente: La Reppublica - El País
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Muqtada al Sadr
Muqtada al Sadr
Se siente acosado y se esconde. No duerme nunca más de una noche en la misma cama. Alguno de sus hombres de más confianza ya le ha dado la espalda. Hasta ha enviado a su familia a lugar seguro. Múqtada al Sáder siente que el fin está cerca. Demasiados enemigos, demasiados infiltrados entre los suyos. Sin embargo, no está enfadado tanto con Nuri al Maliki, el primer ministro iraquí, a quien considera poco menos que un títere, como con Ayad Alaui, el ex primer ministro por el que los norteamericanos nunca han dejado de apostar. Él sería el verdadero artífice de la operación para eliminar a Sáder y su ejército del Mahdi.

Pregunta. ¿Cómo es que Maliki, en cuyo Gobierno usted tenía hasta hace poco seis ministros, ha llegado de repente a la conclusión de que son las milicias religiosas, y sobre todo la suya, el verdadero problema que hay que resolver?

Respuesta. Nunca he confiado en él. Nos encontramos en un par de ocasiones solamente. En la última me dijo: "Sois la espina dorsal del país", y luego me confesó que estaba "obligado" a combatirnos.

P. El hecho es que se plantean utilizar la mano dura contra su gente.

R. Ya se está utilizando. Ayer por la noche por el jueves arrestaron a 400 de los míos. No sólo quieren destruirnos a nosotros, sino también al islam. De momento, no opondremos resistencia.

P. ¿Quiere decir que entregarán las armas?

R. Durante el muharram el mes sagrado en el que se rememora el martirio de Husein, nieto de Mahoma y tercer califa de los chiíes, el Corán nos prohíbe matar. ¡Que nos maten! Para un verdadero creyente no hay momento mejor para morir: el Paraíso está asegurado. Pero Dios es generoso: no moriremos todos. Volveremos a hablar de esto después del muharram.

P. Hay quien afirma que el ejército y la policía están infiltrados por sus hombres y que los marines solos nunca lograrán desarmarlos.

R. Todo lo contrario. Nuestra milicia está plagada de espías, y esto no es raro porque en un ejército popular no es difícil infiltrarse. Esta gente actúa como milicianos nuestros y lo que hace es desacreditar al ejército del Mahdi. Al menos hay cuatro ejércitos preparados para lanzarse contra nosotros. Uno en la sombra, del que nunca se habla, que está siendo adiestrado en secreto en el desierto jordano por los norteamericanos. Luego está el ejército privado de Alaui, el infiel que pronto sucederá a Maliki, que se está preparando en el antiguo aeropuerto militar de Al Muthanna. Además, están los peshmerga kurdos y, finalmente, las tropas del Ejército de EE UU.

P. Si es cierto lo que dice, no tiene esperanza alguna de resistir.

R. Nosotros también somos muchos. Representamos la mayoría del país. La que no quiere que Irak se convierta, como soñaba Alaui, en un Estado laico, esclavo de las potencias occidentales.

P. Desde hace una semana está oficialmente en el punto de mira. El Gobierno afirma que las milicias religiosas serían más débiles sin sus líderes.

R. Me doy cuenta de ello. Por esta razón he enviado a mi familia a un lugar seguro. He hecho incluso testamento y me muevo continuamente intentando que pocos sepan exactamente dónde me encuentro. De todas formas, si tuviera que morir, el ejército del Mahdi seguiría existiendo. Se puede matar a los hombres, pero no la fe y las ideas.

P. Se ha dicho que presenció la ejecución de Sadam. ¿Es cierto?

R. Es una tontería. Si hubiera estado allí me habrían matado también. En cuanto a Sadam, puedo asegurar que no he llorado por un hombre que masacró a mi familia y a decenas de miles de los míos. Yo lo habría ajusticiado en una plaza pública, para que todo el mundo viera.

P. Si usted no estuvo allí, ¿niega que en aquella sala de ejecución estuviera alguno de los suyos?

R. No eran mis hombres. Era gente pagada para desacreditarme. Para hacerme aparecer como el verdadero responsable de aquella ejecución. La prueba es que si se escucha la grabación, cuando recitan mi plegaria omiten pasajes fundamentales. Una cosa que ni un niño de Ciudad Sáder habría hecho. El objetivo era hacer pasar a Múqtada por el verdadero enemigo de los suníes. Y lo han logrado. Hace tiempo me recibieron en Arabia Saudí con todos los honores. Pero justo después de aquella farsa al pie del patíbulo, mi portavoz, Al Zarqaui, que estaba de peregrinación en La Meca, fue detenido. Una forma demasiado explícita de hacerme entender que ya no estaba en la lista de los amigos.

P. De todas formas, la guerra entre chiíes y suníes continúa.

R. Es verdad que somos todos musulmanes e hijos del mismo país, pero los suníes deben alejarse de los seguidores de Sadam, de los grupos radicales, de los hombres de Bin Laden, además de reiterar su oposición a los estadounidenses.

P. ¿Es posible que sólo se vea sangre en el futuro de Irak?

R. Si el futuro es un país dividido en tres, no me parece que haya más alternativas. Es lo que quiere Bush para controlarnos mejor. Seguramente no es lo que desean los iraquíes. En mi opinión, sólo hay una posibilidad de que se llegue a una solución: la retirada inmediata de EE UU de Irak
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