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Yusuf Nava, poeta del Islam

Entrevistamos en profundidad al antropólogo y poeta español, con motivo de cumplir 25 años desde el inicio de su actividad profesional.

28/12/2006 - Autor: Marga Santos - Fuente: Revista Fronteras
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Yusuf Nava, en el Huerto de Calixto y Melibea de Salamanca.
Yusuf Nava, en el Huerto de Calixto y Melibea de Salamanca.

Después de innumerable peticiones y aplazamientos, realizamos esta entrevista en el Huerto de Calixto y Melibea, un hermoso paraje en el centro de Salamanca, muy cercano a las catedrales, y propicio para la conversación tranquila en este principio de invierno, cuando la niebla apenas levanta para dejar entrever unos vagos rayos de sol y el frío obliga a la protección del cuerpo. Yusuf es discreto, culto y firme en sus convicciones.

Probablemente su vida tiene muchos elementos que sólo pueden entenderse bajo la luz de un compromiso total con la coherencia. En todo caso, se sabe protagonista de una historia compleja, pero rica en vivencias. Reacio a protagonismos y alejado del circo mediático y social, nos concede esta entrevista con motivo de cumplir 25 años desde el inicio de su actividad profesional , en plena vorágine creadora: dentro de quince días verá la luz su ultimo libro de poesía, titulado “Diluciones esenciales” y está inmerso en una novela ambientada en Marruecos y en otros proyectos como la “Sociedad de Estudios Coránicos”, institución científica que tendrá como finalidad la investigación del Corán y de la cultura islámica.

Sus libros han circulado siempre en ambientes restringidos, sin grandes promociones y, como suele pasar con frecuencia, con una proyección más importante fuera que dentro del país. Aquí nos habla de su vida, sus obras e inquietudes, ofreciendo su opinion sobre temas tan dispares como la poesía, el medio ambiente, la inmigración o la religión islámica, credo al que pertenece.

P. Si le parece empecemos por su último libro, “Diluciones esenciales”. ¿Qué recogen sus páginas?

R. En síntesis el libro es una reflexión profunda sobre el ser, desde una pespectiva metafísica y religiosa. Se trata de un diálogo conmigo mismo, un paseo por mis sentimientos más profundos, con la finalidad de intentar desentrañar algo sobre el misterio del hombre, un misterio que solo puede desvelarse, por cierto, a la luz de la Revelación divina, concluida en el Sagrado Corán. Por tanto, el libro explora distintos matices de la realidad humana, pero siempre teniendo en cuenta lo que está más allá de la experiencia sensible.

P. ¿Podría ser considerado entonces una investigación sobre el alma?

R. Pienso que no. El creyente no investiga, en el sentido positivo del término, no establece un método hipotético deductivo, como haría un físico, por poner un ejemplo. El creyente simplemente confía en lo que Dios ha revelado al hombre, en el mensaje que nos ha transmitido mediante los distintos profetas a lo largo de la historia de la Humanidad. En mi libro aludo constantemente a la experiencia sobrenatural, pero sin tratar de establecer criterios “científicos” sobre dicha experiencia. Lo cual, dicho sea de paso, no resta un ápice de valor a lo que se siente. No sólo la demostración científica es válida para el conocimiento humano.

P. ¿Sigue la línea descriptiva de otros libros suyos?

R. La verdad es que no. Mis lectores se quedarán sorprendidos porque en este trabajo hago una poesía mucho más cruda, en el sentido de que el paisaje que recorro es básicamente interior. En el libro anterior, “Cuaderno peruano”, me limité a ofrecer una vision personal de aquel hermoso país y sus dramas cotidianos, que son muchos y alarmantes, era un libro de poesía antropológica, descriptivo, etnológico, basado en un viaje que hice por aquellas tierras. “Diluciones esenciales” es –por el contrario- un libro íntimo, siguiendo un poco la estela de un poemario breve que publiqué hace un par de años titulado “Templo”, con una extraordinaria acogida, por cierto.

P. ¿Le costó mucho escribirlo?

R. En cierto modo sí. A diferencia de los textos basados en temas mundanos, el poema religioso o místico está construido sobre la experiencia interior del poeta. Los textos que recojo en el libro he venido escribiéndolos durante los últimos tres años. Incluso pude escribir en este tiempo un libro como “Cuaderno Peruano”, sin concluir el que ahora se publica.

P. ¿Lo presentará en público?

R. Soy reacio a los actos formales en lo que uno se convierte en protagonista obligado. Con el anterior libro se hizo la presentación estando poetas, autoridades locales, amigos, y yo ausente. Todo fue muy poético. No sé si en está ocasion podré librarme.

P. Parece que su comportamiento es contrario al de la mayoría de los poetas y artistas.

R. Yo procuro partir de la humildad. Hago lo que me gusta y disfruto con ello, pero no necesito la adulación de los demás. Mantengo un intercambio epistolar con bastantes de mis lectores, y esto me basta. Por otro lado, me interesa más apoyar y promocionar a otros poetas, artistas o científicos.

P. ¿De ahí su actividad editora?

R. En cierto modo sí.

P. Labor que empezó hace 25 años...

R. En realidad, creo que desde mucho antes. Cuando tenía once años escribía a mano una especie de boletín, del que luego hacía copias (también a mano) y las regalaba a mis amigos.

P. Una ocupación agotadora para un niño...

R. No se crea, lo hacía con mucha facilidad. En esos folios, hoy perdidos (salvo que algunos amigos de la infancia los conserven), escribía relatos, poemas muy sencillos, algún chisme... Era algo parecido a una gacetilla.

P. ¿Y siguió mucho tiempo así?

R. Cambié el formato. A los 16 años fundé en Valladolid un pequeño grupo de aficionados a la naturaleza, influido por los programas televisivos de Félix Rodríguez de la Fuente. Y empecé a editar boletines de noticias mecanografiados y fotocopiados.

P. Y un poco más tarde inició su colaboración en el diario “El Norte de Castilla”.

R. En efecto.

P. Alguien me ha dicho que fue invitado a colaborar por Miguel Delibes.

R. No exactamente. Yo envié un artículo de tres folios con una carta de presentación, al director del periódico. Pasaron unas semanas y no veía nada publicado. Pensé que lo habrían tirado a la papelera; pero un domingo -ya me había olvidado del tema- ojeando el Norte lo vi allí, a toda página, junto con varias esquelas.

P. ¿Esquelas?

R. Sí, estaban las esquelas y el artículo. Todo muy negro, girando en torno a la muerte, porque la colaboración se titulaba “El gran carroñero alado: el buitre leonado”.

P. Interesante.

R. El director pensaría que el tema era propio para ser acompañado de esquelas. El caso es que me puse muy contento y, al día siguiente, fui a darle las gracias, en aquel entonces Fernando Altés Bustelo, quien estaba acompañado de Miguel Delibes... En fin, el mismo Delibes me dijo que me publicarían todos los artículos que les enviara.

P. Buena inyección de moral.

R. Pues sí, ya lo creo.

P. Y ahí inició una colaboración con el periódico.

R. Sí, después del primer artículo se sucedieron uno cada mes o dos meses; a veces semanalmente. Y más tarde pude publicar en una revista de la Diputación de Valladolid y hacer un programa de divulgación científica en una cadena de radio.

P. ¿De qué escribía?

R. Sobre todo eran artículos relacionados con el medio ambiente y algún problema paralelo. La poesía siempre quedó en el cajón de mi escritorio.

P. ¿Por qué?

R. Porque estaba muy implicado con el naturalismo español. Participaba en algunas asociaciones como ADENA y, además, ya había iniciado mi formación científica. Siempre me interesaron las ciencias de la vida.

P. ¿Cuánto tiempo duraron esas colaboraciones?

R. Los años que coincidieron con mis estudios y hasta que enfermó Fernando Altés y fue sustituido por otro director. Además, apenas tenía tiempo para escribir artículos, por mi dedicación profesional, como asesor del Estado y de la Junta de Castilla y León.

P. ¿A partir de ahí abandona el trabajo en la Administración?

R. Sí. Después de trabajar en la Junta todo se precipitó. En todo caso, la independencia tiene un precio. Cuando una persona no se integra en los grupos, instituciones, empresas o colectivos del momento, pasa a ser considerada sospechosa. En mi caso hubo una renuncia a determinadas actividades, que originaron mi apartamiento profesional en los campos que trabajaba y, por ende, en lo personal.

P. ¿En qué trabajaba y asesoraba?

R. Básicamente en temas relacionados con la epidemiología ambiental.

P. En sus investigaciones epidemiológicas estableció claras relaciones entre la contaminación y la salud del hombre...

R. No sólo la contaminación impacta en la salud, también otros muchos factores naturales, como la composición de las aguas, la flora y fauna, la geología, etcétera.

P. ¿Cuál es el mayor peligro para la salud, hablando en términos epidemiológicos?

R. La propagación de determinados virus. Fíjese en la pandemia del SIDA: está causando estragos. Y hay otros que nos acechan, siendo su poder devastador.

P. ¿Se pueden utilizar con fines militares?

R. Es un hecho. Pero también pueden atacar sin necesidad de intervención humana.

P. ¿Hay defensa frente a ellos?

R. Sí: la investigación básica y aplicada, y el control de los movimientos migratorios en los hombres y en algunas especies animales.

P. ¿Qué quiere decir?

R. Ahora nos movemos más que nunca. Viajamos largas distancias y podemos transportar agentes patógenos a otras latitudes. Además, las migraciones humanas son cada día mayores. Habría que hacer controles sanitarios más exhaustivos.

P. ¿Los resultados de sus investigaciones se tuvieron en cuenta?

R. Lamentablemente se ocultaron, aunque me dio tiempo a hacer alguna publicación. Las enfermedades son un negocio que mueve muchísimos intereses.

P. ¿Podría poner un ejemplo?

R. Los tratamientos de los diversos tipos de cáncer son costosísimos y, con frecuencia, ineficaces.

P. Después de sus tareas en el campo de la investigación, inició una etapa centrada en la producción literaria, ¿cómo se consigue cambiar una actividad tan “puntera” como la ciencia, por otra más callada y anónima, en este caso la escritura?

R. Quitándole importancia a todo. A la postre, nos vamos ligeros de equipaje como los hijos de la mar, que decía Antonio Machado. Así que es mejor no cargar con un peso excesivo mucho tiempo. El pasado queda atrás, sólo importa el presente.

P. ¿Cree en la justicia?

R. No, la justicia humana es casi siempre una abstracción amparada en imprecisiones y abusos de poder.

P. ¿Cómo se sobrevive de la poesía?

R. No se sobrevive, salvo si eres premio Nobel. Para los demás, hay que compatibilizarlo con otras cosas.

P. ¿En su caso con la tarea editorial?

R. Que tampoco da para muchas alegrías.

P. Entonces no recomienda dedicarse a escribir poesía.

R. Recomiendo la poesía como fin, no como medio de vida.

P. ¿Cuál es su método de trabajo?

R. Mi formación científica pesa. Soy metódico. Tengo un horario y un tiempo para escribir. Rara vez escribo de forma anárquica. Planifico, trazo pequeños esquemas, etcétera.

P. ¿Y la musa inspiradora?

R. Es un mito. Si no trabajas, la musa rara vez aparece. En mi caso, la inspiración es permanente, así que no apelo a musas.

P. ¿Cómo ve el panorama editorial español?

R. Patético. Existe una oligarquía editorial mafiosa, que marca tendencias, modas y criterios. Se edita según intereses políticos y económicos.

P. ¿No hay libertad editorial?

R. No, como tampoco la hay en ninguna actividad que tenga que ver con el intelecto y la educación. Los editores independientes tenemos muchísimas dificultades.

P. ¿Por qué empeñarse entonces en mantener un sello editorial?

R. Porque desde nuestra modestísima posición, aportamos un criterio distinto a la sociedad, y porque hay que estar ahí, como David contra Goliat. A la postre, los pequeños siempre vencen.

P. ¿Qué poesía se escribe ahora?

R. Hay de todo, pero claramente de peor calidad. En los países opulentos, la abundancia constituye el peor enemigo del artista. La mejor poesía –en lengua castellana- se escribe ahora mismo en Latinoamérica.

P. ¿Qué criterios sigue para editar un libro?

R. Bueno, ahora somos un pequeño grupo de personas los que decidimos, pero en esencia que el autor diga algo interesante, al menos para nosotros.

P. ¿Y criterios comerciales?

R. Nos conformamos con cubrir los gastos de maquetación e impresión.

P. ¿Qué pretende con la poesía?

R. Pues básicamente con la poesía trato de preguntarme el porqué del yo y de la existencia. Si yo soy, todo lo demás es para mi; es decir, lo que me rodea y percibo cobra un sentido. Pero, ¿qué significa ser yo? Esta es la gran cuestión. Por otra parte, si mi yo está fragmentado (por el ambiente, la biografía, la profesión, la ideología, la moda, etcétera), ya no hablaría de mi ser puro, sino de un ser contaminado; por eso diría que soy en los demás y con los demás. Y siendo así arrastro el peligro de la desintegración de mi intimidad. De ahí que el místico constituya el ser más puro, porque rechaza las influencias externas y lucha contra las internas. Es un planteamiento un tanto espiritual, con la esperanza de que, al final, todo tiene una respuesta. Mi poesía es, por tanto, una poesía del ser, una poesía mística y metafísica, y una poesía del amor, entendido como sublimación del ser interior para elevarse hasta la Divinidad.

P. ¿Se ajusta a alguna métrica?

R. No, escribo verso libre, aunque no me gusta mucho esta expresión porque la métrica libre no existe, en realidad. Siempre hay un ritmo y una estructura; pero no me interesa escribir versos limitados por una moda lírica. Me sentiría prisionero del continente, y a mi me interesa el contenido. Quizá como ejercicio literario no estaría mal, pero no va con mi forma de ser.

P. A pesar de escribir mucha poesía, ha publicado poca, ¿por qué?

R. Mi objetivo no es la publicación inmediata. Leí por ahí que un poema cobra sentido con tal de que lo lea una sola persona. No creo que lo más importante sea publicar. Por otro lado, tampoco he tenido muchas ocasiones de hacerlo, y siempre me interesa más lo que escriben otros que lo mío propio.

P. Aun así, tiene numerosas obras escritas.

R. Bueno, no creo que toda vea la luz, al menos por ahora. Mi gran problema es que escribo a diario, y no sólo poesía. Es imposible publicarlo todo, y tampoco creo que sea bueno. La poesía hay que dejarla madurar, porque con el tiempo, poemas que nos parecían muy buenos cuando los escribimos, dejan de tener sentido o, al menos, pierden cierto interés. Por otra parte, existen medios alternativos de publicación, como los sitios web, los blogs o los grupos temáticos en internet, que son lugares excelentes para publicar, sin los costes económicos de la edición tradicional y con la ventaja de llegar a todas partes.

P. Entre su producción destacan tres obras teatrales...

R. Sí, escritas hace diez años.

P. ¿No piensa volver a escribir teatro?

R. De momento no. En aquel entonces, pensé que sería bueno escribir teatro. Había una crisis importante de textos dramáticos y pocas representaciones originales. Sin embargo, los tiempos han cambiado. Los grupos y compañías de teatro escriben, muchas veces, sus propios textos. Rara vez representan obras ajenas, salvo a los clásicos y, en demasiadas ocasiones, mutiladas, distorsionadas.

P. Pero el teatro está experimentando un auge.

R. No me cabe la menor duda de que es así. Y me alegro. Pero me siento incapaz de depender de una compañía teatral, o del director de turno, o de asistir impasible a la alteración de mis textos. En definitiva, no estaría trabajando con libertad en el teatro, cosa que no pasa con la poesía, la novela o el ensayo.

P. Hablando de ensayo, tiene publicados algunos...

R. Sí, son ensayos breves, en los que recojo determinadas inquietudes científicas y humanistas.

P. “El absurdo ecologista” levantó ampollas...

R. No tantas. No pudieron refutarme nada de lo que allí escribí. Y el tiempo me ha dado la razón en las previsiones que hice.

P. ¿No se considera, pues, ecologista?

R. No en la medida que se contemple como ideología.

P. Pero el planeta se degrada...

R. La cosa no es tan sencilla. La actividad humana ejerce una influencia en los ecosistemas, en forma de alteración de los ciclos biogeoquímicos, modificación del paisaje y contaminación ambiental... Pero el planeta tiene una capacidad de autorregulación tremenda. Igualmente el hombre aprende y está en condiciones de frenar el deterioro del medio ambiente... Hay problemas, sí, pero no son irresolubles. El reto es más politico que científico.

P. ¿Y el clima? Parece ser que el calentamiento global es un hecho.

R. De momento es una hipótesis. La evolución atmosférica es complejísima y su estudio más aún. Sabemos que el clima atraviesa periodos de inestabilidad, nunca ha sido constante, y que la Humanidad ha pasado por ciclos de clima templado como el actual. En la actualidad se discute si la activida antrópica ejerce una influencia determinante en el clima, pero no hay nada claro sobre el particular, salvo los intereses de unos y otros en querer tener razón a toda costa.

P. ¿Cómo ve el panorama cultural español?

R. Desolador. En primer lugar porque la cultura –como tal- hoy día es un mito, según demostró certeramente el filósofo Gustavo Bueno; cuando hablamos de cultura ahora, nos referimos a política cultural; es decir, a política para adoctrinar al ciudadano con ideas simplonas y superficiales, despojadas de símbolos auténticos pergeñados en la mitología y la historia, que son precisamente el elemento principal que identifica una cultura. En segundo lugar, las corporaciones pretendidamente culturales, como los Ministerios y Consejerías de Cultura, se encargan de eliminar cualquier manifestación auténtica de conocimiento, subvencionando y comprando la creatividad.

P. ¿Tiene solución?

R. Internet fue una esperanza para el pensamiento libre; pero ahora está controlado, como todo, y se ha convertido en una selva de información; o sea, en un medio que censura por exceso de datos, la mayoría inservibles. Cada día es más difícil acceder a contenidos de calidad.

P. ¿Qué hacer entonces?

R. Los griegos decían que, en tiempos de guerra, lo sabio es ir del jardín a la biblioteca, y de la biblioteca al jardín; es decir, centrarse en lo que uno puede abarcar, que es el estudio, la meditación, la oración, el alejamiento de lo vulgar, el vivir evitando comportamientos compulsivos de todo tipo, y aportar a la sociedad el fruto de ese esfuerzo.

P. Algo difícil...

R. Para mucha gente quizá sí. Los cantos de sirenas son más abundantes que nunca, y muchos se arrojan a las aguas turbulentas de la mediocridad y el pensamiento débil; pero siempre podemos rechazar dichos cantos, es cuestión de voluntad.

P. ¿Y el panorama político?

R. No me interesan los políticos, al menos la mayoría y, de España, no me interesa ninguno.

P. ¿Usted cree que los intelectuales deben comprometerse políticamente?

R. En mi opinión, el intelectual debe comprometerse consigo mismo; es decir, con su obra. Con frecuencia los intelectuales viven demasiado pendientes de su proyección pública.

P. Entonces, ¿el intelectual debe permanecer callado?

R. No, debe permanecer libre para pensar.

P. ¿Cómo ve la situación en España?

R. Excesivamente politizada, como la del resto del mundo. Los políticos son ahora los protagonistas absolutos, cuando, en realidad, la actividad política, siendo necesaria, no es la más importante para la sociedad. Para ser político no se requiere un excesivo talento, ni tan siquiera una preparación intelectual superior, mientras que para ejercer otras profesiones se necesitan habilidades, esfuerzos y capacidades intelectuales muy superiores.

P. ¿Qué se requiere para ser político?

R. Honradez y sentido común, justo lo que escasea.

P. Usted se declara musulmán practicante, pero, ¿se puede creer hoy en Dios?

R. Es más: se debe creer en Él.

P. Parece una idea anticuada...

R. Vivimos en una sociedad permisiva y materialista; es cierto, de ahí la insatisfacción del hombre, que se considera con derecho a todo; pero no nos engañemos, el todo humano es un espejismo. Creer en Dios es dar sentido a la vida.

P. ¿Los científicos son ahora los verdaderos teólogos?

R. Algunas ciencias, como la física cuántica, teorizan con modelos del universo que pueden dar pie a interpretaciones teológicas; pero no hay que olvidar que la ciencia estudia la materia; o sea, el universo. El estudio de Dios, o el planteamiento de su existencia, sólo puede hacerse desde el pensamiento metafísico y religioso, porque va más allá de lo material. La ciencia poco puede decir sobre Dios.

P. ¿En los ambientes artísticos, poéticos y científicos hay pocos creyentes?

R. Es lo que se dice, pero no es así. Se confunde creencia con doctrina y religión. Es probable que haya muchos creyentes que no practican religión alguna o que no quieran admitir públicamente su adhesion a una determinada creencia.

P. ¿Y usted?

R. Yo no tengo inconveniente en estar orgulloso de mis creencias. He heredado una tradición monoteísta que trato de entender y una inquietud que me permite tener una mentalidad abierta y sin complejos.

P. ¿Hasta el punto de estudiar teología?

R. Sí, porque el creyente se plantea dudas, quiere comprender mejor el legado que ha recibido. Y mi inquietud por conocer me lleva a buscar y estudiar todo aquello que puede tener algo que ver con Dios.

P. Actualmente no están bien vistos los musulmanes.

R. Si se refiere a los actos de terrorismo, es evidente que el Islam ha sido seriamente perjudicado, sobre todo porque muchos medios de comunicación ofrecen una imagen distorsionada de la cosmovisión islámica y vinculan el terror con el Islam. Pero el musulmán es, por principio, una persona pacífica y amante de la paz, tolerante con otras tradiciones religiosas. Dicho esto, pienso que en la actualidad cualquier creyente, sea musulmán, cristiano, judío, etcetera, no está bien visto. Existe un laicismo galopante que trata de erradicar la experiencia religiosa como hecho relevante del ser humano y se contempla la religión como algo pasado de moda, anticuado. Este es el verdadero peligro, porque el ser humano es, por definición, religioso. Y cuando se elimina ese componente íntimo de su existencia, surgen los totalitarismos y las graves injusticias.

P. ¿Cómo valora la propuesta del presidente español Rodriguez Zapatero sobre el “diálogo de civilizaciones”?

R. Es una propuesta interesante, sobre la que ya se venía trabajando desde hacía tiempo. Políticamente, sin embargo, no creo que tenga mayor relevancia que el conseguir unos cuantos titulares de prensa. El diálogo de civilizaciones no deja de ser, en el momento presente, otra cosa que un diálogo entre países. Y es conocida la posición de los Estados Unidos e Israel sobre estas cuestiones. Ahí tenemos a la ONU y su ineficacia manifiesta. Mientras las grandes potencias no cambien su política internacional, no habrá verdadero diálogo. Sin embargo, sí me parece más interesante el diálogo entre personas. Aquí es fundamental que líderes religiosos de todo el mundo dialoguen sin cesar para intentar construir una verdadera hermandad sobre lo que nos une, no sobre lo que nos diferencia.

P. España está asistiendo a una verdadera revolución social con el fenómeno de la inmigración. Se habla ya de casi dos millones de personas, españoles e inmigrantes, de religión musulmana. ¿Qué valoración hace de este hecho?

R. La valoración es siempre positiva, sean cuales sean las cifras, a pesar de que la inmigración plantea retos de infraestructuras, y que debe ser regulada sobre una base realista para evitar problemas. Por otra parte, sí es cierto que los inmigrantes están cambiando el mapa de prácticas religiosas en España. Ahora hay muchos más musulmanes, y no solo emigrantes, también españoles de nacimiento que están adoptando el Islam. Es un fenómeno equiparable a otros países de nuestro entorno. Creo que esta situación es buena, sobre todo porque la diversidad siempre es sinónimo de riqueza. Pero también es cierto que puede producir inquietud en la población autóctona, que ve la construcción de más mezquitas que iglesias, y pueden pensar que algo grave va a suceder. En este sentido, las organizaciones y asociaciones de musulmanes realizan una eficaz labor divulgando las bondades del Islam y sus actividades.

P. ¿Cómo vive la religión un intelectual musulmán en un país occidental?

R. Como cualquier otro creyente. Hasta ahora no he tenido ningún problema de incomprensión o intolerancia, lo cual no obsta para hacer uso de la prudencia. Siempre hay personas que nos ven como amenazas para su seguridad, máxime cuando constatan –como he dicho antes- el incremento de musulmanes y algunos individuos tienen en ocasiones reacciones violentas. El musulmán vive su fe en cada acto de su vida, sin necesidad de ir anunciándolo por ahí.
También es cierto que las costumbres de cada país son determinantes en algunas prácticas externas de la fe. Yo soy un musulmán occidental, que vive y participa de las normas y usos sociales propios de Occidente. Por tanto, he de ajustarme a dichas normas. No puedo proceder en algunos casos, según lo haría un musulmán de un país árabe, por ejemplo a las horas de la oración, ponerme a rezar en un centro de trabajo o en la misma calle. Cada uno debe de vivir su fe con arreglo a los usos de su cultura.

P. ¿Hacia donde camina el mundo?

R. Hacia la luz final. Para un creyente, el universo cobra nueva vida en el Dios que lo creó.

P. ¿Es, por tanto, optimista?

R. Claro, la luz siempre triunfará sobre las tinieblas.

P. Y usted, ¿hacia donde camina?

R. Mi vida la dejo en manos de la Divinidad.


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