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Dul-Hiÿÿa, mes de la peregrinación

A los que han tenido la dicha de peregrinar este año: Haÿÿan Mabrûran wa Sá‘yan Mashkûra

28/12/2006 - Autor: Abdelkáder Muhámmad Ali - Fuente: melillahoy.es
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La Kaabah en Meca
La Kaabah en Meca

Estos días del mes de Dul-Hiÿÿa del calendario musulmán, la umma islámica del mundo entero recuerda especialmente a Allah. Así mismo, varios millones de musulmanes emprenden la peregrinación a Meca para celebrar el Haÿÿ, en cumplimiento de la orden de Allah en su quinto pilar. Visitar la casa de Allah inviolable, la sagrada ciudad de Meca y el resto de los benditos lugares que la rodean como ‘Arafât, Minâ, Mash‘ar-ul Harâm o Muzdalifah… Para que al cabo de diez días celebrar el ‘Aid al-Adha, la fiesta del sacrificio. La fiesta mas importante, la mayor celebración de los musulmanes. Son días de infinitas bendiciones para quien sepa aprovechar la rahma de Allah (s.t.). Leo un hadiz que dice: Ibn ‘Abbâs (ra) transmite que Rasûlullah (saws) dijo: “Ninguna acción correcta hecha otros días es superior a las realizadas en estos días” (refiriéndose a los diez primeros del mes de Dul-Hiÿÿa).

La primera vez en mi vida que oí la llamada interior, certera, –allá por el año 1997–, que me hacía sentir una gran atracción por visitar, por peregrinar a la casa de Allah, a la Ka’aba, fue precisamente mientras viajaba. Volaba desde Roma a Palermo acompañado por varios miembros de la comunidad musulmana de Italia, todos ellos “conversos” al Islam. Eran mis anfitriones y yo como invitado recibía especial atención y respetos. No era casualidad de que el lugar de celebración de unas jornadas sobre el Islam en Italia fuera Palermo. Esta isla era la ciudad de las mil mezquitas antes de ser desalojados los musulmanes de la misma. Sentado junto a mi asiento, uno de los responsables de las jornadas, desgranaba melosamente una amena y embelesadora conversación. Me contaba sus experiencias y vicisitudes como musulmán desde que llegó al Islam. Pero todo adquirió otro tono, otra expresión, parsimoniosa, un sosiego profundo se impuso cuando comenzó a describirme sus vivencias durante su peregrinación a Meca.

Su cara se tornaba más afable, irradiaba una suave luz que dejaba entrever una intensa felicidad y, sin duda, una gran paz interior, en consonancia al cielo azul que dejaba percibir la ventanilla del avión. Y de repente me espetó: Sr. Mohamed Alí, ¿ha hecho usted la peregrinación?, ¿ha ido alguna vez a Meca?. Con un profundo pesar, no exento de pudor, casi disculpándome, le respondí con la negación. Mis balbuceos con el Islam aún eran relativamente recientes como para haber podido soñar tan alta distinción. A partir de ahí me dejé mecer por sus experiencias narradas de su estancia en Meca: “¡Oh Sr. Mohamed Alí, cuanta baraka, cuanto placer hay en esos santos lugares. No se lo puede imaginar...!” me decía. Efectivamente, no me lo podía imaginar, pero bastaba con ver el semblante de mi buen amigo Marinelli, de nombre musulmán Kamal Abd al Qadir, para intuir todo lo que me contaba.

A partir de entonces, me prometí a mi mismo peregrinar a Meca cuanto antes las circunstancias me lo permitieran. Donde estuviera, cada vez que recordaba aquella conversación con Marinelli, con qué nostalgia, mis impulsos ganaban más ímpetu.

El empuje definitivo fue leer posteriormente, meses después, localizado en internet, el “Diario de un peregrino andalusí” de Khalid Monedero Real. Era el diario de un peregrino español que había hecho la chahada (entrado al Islam) recientemente, en 1997, y que narraba con una sublime belleza sus acontecimientos durante la peregrinación a Meca, Minâ, Arafât,... Sencillamente gratificante. Profundamente conmovedor. Supe, con la venia de Allah, que iría a Meca y que visitaría Medina, donde está la tumba de la mejor criatura que alguna vez pisó la tierra: Muhammad, Rasûlullah (saws). Y así fue. Un año después, a finales de 1999, días después de comenzar el sagrado Ramadán, y tras cerrar definitivamente una etapa de mi vida, partí con un pequeño grupo de hermanos y hermanas melillenses en peregrinación menor o Ummra. Nuestro primer destino Medina: inenarrable.

Después de siete días pusimos rumbo a Meca donde viviríamos dos intensas semanas apurando hasta la última chispa de nuestras energías: apoteósico. Era, fue y será siempre el viaje, la peregrinación más importante de mi vida. Ojalá, inch-Allah, sea superada por una nueva peregrinación, la peregrinación mayor o Haÿÿ. Entonces y ahora, entiendo mejor a mi amigo Marinelli, a mi admirado Khalid Monedero y a todos los peregrinos que a su regreso obsesivamente anhelan volver el próximo año a tierra santa. No hay, no existe experiencia superior en la Tierra. Nada en el mundo es comparable a la intensidad con la que se vive en Meca durante la peregrinación. El caudal incontinente de energías consumidas es desbordante. Miles, cientos de miles, millones de personas, de musulmanes, mujeres y hombres, blancos y negros, asiáticos, africanos, europeos..., ricos y pobres, todos al unísono entonan, entonábamos: Labbaik Alahúmma Labbaik (¡Aquí estoy ¡ Oh Alláh, a Tu servicio), labbaik-a la sharíka laka labbaik (¡Aquí estoy!, No existe nada aparte de Ti, ¡aquí estoy! a Tu servicio). Inna’I hámda, wa ni’mata (en verdad toda alabanza Te pertenece sólo a Ti), laka wa’l’mulk, la sharíka laka, Labbaik (todo Te pertenece, no existe nada aparte de Ti. ¡Aquí estoy!).

El Haÿÿ es un viaje espiritual y corporal, es una emigración del hombre hacia Dios, dejando atrás la familia, los bienes, el trabajo, las responsabilidades... y con el solo propósito de satisfacer y de corresponder a Allah. ¿Esto se puede entender, llanamente, en una sociedad como en la que vivimos avocada por y para el consumo desenfrenado, el individualismo anulador y perverso, el egoísmo insaciable, y el descreimiento más profundo? Allá cada cual con lo que quiera entender, hacer y vivir. El caso es que muchas personas, muchos musulmanes tienen, tenemos, otro modo de entender la vida. Rogamos a Allah Altísimo, el Poderoso, que nos bendiga y nos conceda la gracia de la peregrinación a Su Casa próximamente, inch-Allah. Puesto que Él es el más Clemente, Misericordioso...

A los que han tenido la dicha de peregrinar este año: Haÿÿan Mabrûran wa Sá‘yan Mashkûra.

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