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Los poderes públicos en Melilla deben hacer un esfuerzo de neutralidad frente al credo religioso

Ridao es licenciado en Filología Árabe y Derecho, y arrastra una larga trayectoria profesional como diplomático

19/12/2006 - Autor: Sara Sanz - Fuente: Melilla Hoy
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Ridao es licenciado en Filología Árabe y Derecho, y arrastra una larga trayectoria profesional como diplomático
Ridao es licenciado en Filología Árabe y Derecho, y arrastra una larga trayectoria profesional como diplomático

El escritor, ensayista, diplomático y ex embajador de España ante la UNESCO, José María Ridao, recibió uno de los galardones a la convivencia que entregó la asociación Intercultura presidida por Yonaida Sellam.

Este premio es un reconocimiento a la trayectoria profesional de Ridao y, en especial, a su libro ‘Weimar entre nosotros’, donde analiza temas tan actuales como la guerra de Irak, el mundo árabe, el terrorismo o la inmigración.

¿Cree necesaria la presencia en la sociedad actual de asociaciones que, como Intercultura, propugnan una defensa de la tolerancia?

Es importante que en todos los planos, en el político y en el de la sociedad civil, se repitan estas ideas. En estos momentos hay proyectos políticos que tratan justamente de generar la desconfianza entre personas que tienen origen diverso, entre distintos credos o distintos grupos sociales. Por eso, la presencia de asociaciones capaces de desmentir esos tópicos es muy positiva.

Melilla ha sido noticia en numerosas ocasiones por el tema de la inmigración. Sin ir más lejos el año pasado fue por las avalanchas, cuyas consecuencias han sido que en la UE se haya hablado de Melilla, que se haya dotado de más fondos a Marruecos para reforzar la seguridad y que se haya construido la sirga tridimensional. ¿Cree que es suficiente?

Yo creo que no. Primero, es necesaria una labor de pedagogía política que cuando se establecen vallas en Melilla o en otras zonas del planeta no se está llevando a cabo. En segundo lugar, es que no se están atajando las cuestiones de fondo que ponen en juego la inmigración. No se está atajando que hay una liberalización del comercio internacional asimétrica, es decir, que mientras Europa puede importar y exportar sin ninguna dificultad productos manufacturados, las materias primas y los productos agrícolas tienen unas fuertas barreras para entrar en Europa. Eso en el caso de Marruecos es decisivo para animar a la inmigración. Hay un comercio asimétrico que perjudica a los países con una renta más baja y con una concentración mayor de su producción en el sector agrícola o en las materias primas. Pero además hay una segunda cuestión que forma parte de un tabú en la cultura política europea y es que el mayor efecto llamada lo produce la contratación ilegal de trabajadores. La convicción por parte de cualquier trabajador que llega a Europa de que tendrá un empleo, sea dentro de la legalidad o sea en la economía sumergida si ha pasado la frontera de forma clandestina, es el principal efecto llamada. Es la convicción de que en algunos países, y también en España, hay una posibilidad cierta de trabajar sea cual sea la manera de cruzar la frontera. Creo que en lugar de insistir en esas medidas antipedagógicas, ética y estéticamente inquietantes como son las vallas, sería mucho mejor que Europa se tomara en serio el control de la economía sumergida y, por tanto, se avanzara en la vía de que la mayor parte de las transacciones económicas laborales se realizarán en condiciones de legalidad. Eso significa que cuando un trabajador se arriesga a cruzar la frontera en condiciones de ilegalidad, sabría que no tendría ese empleo en la economía sumergida. Eso exige no tanto vallas o medidas policiales sino medidas fiscales y de inspección laboral.

Según las encuestas, una de las principales preocupaciones de la sociedad es la inmigración. ¿A qué cree que se debe y cómo se puede evitar el hecho de que sea vista de forma temerosa?

Creo que el imaginario que se ha creado en torno a la inmigración procede de dos aspectos muy concretos. Uno, es el que lleva a pensar que el mercado laboral se alterará de manera que los trabajadores nacionales se verán desplazados o verán sus salarios reducidos por causa de la inmigración. Este es el primer elemento del eje imaginario de la inmigración para que se haya convertido en algo que produce miedo e incluso rechazo. La segunda cuestión es que la inmigración, y en concreto la inmigración que procede de países de mayoría musulmana, ha derivado en una generalización absoluta y en una confusión que hace pensar que el islam lleva al islamismo y el islamismo es equivalente a terrorismo, todo metido en un mismo saco. Eso incide en el miedo.

Esta construcción de un imaginario perverso en torno a la inmigración que lleva a tener unos efectos graves en el mercado laboral, por un lado, y sobre la seguridad por otro, ha hecho que la inmigración pase a ser una preocupación para los ciudadanos pero más que una preocupación debería ser un incentivo para atender las situaciones que hay de fondo. Sorprende mucho que en Europa se considere la inmigración como un problema sin tener la más mínima empatía para ver que la principal dificultad es la necesidad de tener que abandonar un país y una familia. Ese imaginario de la inmigración está teniendo unas consecuencias perversas.

¿Qué se podría hacer para evitarlo?

Creo que es una mala vía esta insistencia en poner deberes a todos, a la prensa, a la escuela y a la policía de frontera cada vez que hay una reunión para hablar de inmigración. Se trata de analizar lo que está ocurriendo. Lo que ocurre es que desde los años 90 se han tomado una serie de decisiones en el ámbito de la economía internacional como ha sido desregular los flujos financieros y liberalizar asimétricamente el comercio internacional, lo que ha provocado una situación económica en la cual el ajuste se está realizando a través del mercado laboral internacional y de eso que llamamos inmigración. Si no se atiende a las decisiones políticas que hay detrás de la desregulación de los flujos políticos financieros (del tránsito de capitales) y no se atiende a la situación de asimetría de la liberalización del comercio internacional, seguiremos con esta situación económica en la que una parte importante de ajuste de una economía internacional recae sobre el mercado laboral internacional. La inmigración no es más que eso: es el ajuste del mercado laboral internacional a unas condiciones en el flujo financiero y en el mercado internacional que no son las más adecuadas.

¿Qué le sugiere esta ciudad en la que conviven cuatro comunidades religiosas?

Es, por un lado, la prueba de que el concepto de ciudadanía engloba a las personas con independencia de su credo y creo también que es una responsabilidad de los poderes públicos demostrar que la ciudadanía funciona, es decir, que los poderes públicos, como se establece en los sistemas democráticos, son neutrales respecto del credo de las personas. La fe religiosa es algo que pertenece a la esfera de la intimidad, a la esfera privada de los individuos y, como digo, Melilla es la prueba de que esto es así y los poderes públicos tienen la responsabilidad de demostrar que en efecto es así.

¿Cómo se imagina el futuro de esta ciudad? Unos dicen que es un polvorín que va a explotar y otros que puede ser un ejemplo de convivencia exportable a otros países...

Creo que ambos discursos son siempre peligrosos. La idea de pronosticar catástrofes por un lado, y por otro, tratar de erigirse en ejemplo mundial de nada, son dos actitudes que no son correctas, que entrañan un cierto riesgo. Creo que de lo que se trata es de hacer frente a los problemas reales, a los problemas concretos, establecer una agenda política y una agenda pragmática.

Los poderes públicos, particularmente en Melilla, deben hacer un esfuerzo de neutralidad frente al credo religioso. La creencia no puede ser un motivo de discriminación en ninguna parte pero, de modo especial, en Ceuta o en Melilla. Y como Melilla es la prueba de que esto puede ser así, existe una responsabilidad de que esto sea así y de que siga siendo así.

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