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Interpretación de surat al-Ijlas

Algunos la llaman la Eterna samad, Salvación najah o Sabiduría Verdadera marifa

07/12/2006 - Autor: Sheikh Muzaffer Ozak al Yerrahi al Halveti - Fuente: sufismo.org.ar
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Surat al-Ijlas
Surat al-Ijlas

Bismillahir Rahmanir Rahim

En el Nombre de Dios Clemente Misericordioso

Bismillaahir Rahmaanir Rahiim
Qul Hu-wallaahu "Ahad;
"Allaahus-Samad;
Lam yalid wa lam yuulad;
Walam yakul-la-Huu kufuwan "ahad

Di: Él es Allah, Uno.
Allah, el Señor eterno.
No ha engendrado ni ha sido engendrado.
Y no hay nadie que se Le parezca.

112:1-4

El principio fundamental del Islam es la Afirmación de la Unidad Divina Tawhid. Debido a que esa Sura gloriosa expresa este principio con la mayor elocuencia, precisión y pureza, se la llama “Unicidad” al-tawhid o “Principio Básico” asas, así como por su título usual: “Sinceridad” ikhlas. Algunos la llaman “la Eterna” samad, “Salvación” najah o “Sabiduría Verdadera” marifa, en vista de su significado y contenido. Todos estos nombres benditos son permisibles.

Los nobles Comentadores difieren en cuanto a si esta Sura fue revelada en la Meca o en Medina. Mientras que al-Zamakhshari y al-Razi sostienen que fue revelada en Meca la Ennoblecida, al-Baydawi y Abu-l Suud toman la otra perspectiva. Según algunos, fue revelada durante la Hégira, en el camino a Medina la Iluminada. Todos están de acuerdo, sin embargo, que debido a su virtud especial, esta gloriosa Sura equivale a un tercio del Sagrado Corán.

En cuanto a la ocasión de la revelación de la gloriosa Sura “Sinceridad” o “Unidad”, el siguiente relato tradicional descansa en la autoridad de Ubayy ibn Kab, Jabir ibn Abdillah, Abu Ali al-Washshabi e Ikrima, que Allah esté complacido con todos ellos:

Amir ibn al-Tufayl y Zayd ibn Qays, incrédulos de Quraysh, llegaron con sus secuaces y le preguntaron a nuestro Maestro bendito, el Mensajero de Allah: “De los ídolos que adoramos como nuestros dioses, algunos son de oro, algunos de plata, algunos de cobre y algunos de hierro. O Muhammad, describe a ese Allah que adoras. ¿De cuál de esos metales está hecho tu Allah?”

Nuestro Maestro bendito estaba a punto de responder: “Allah, mi Señor Todo Glorioso no se parece a nada en absoluto”, cuando bajó este espléndido Verso para barrer toda creencia falsa y distorsionada con su inexorable afirmación de la Unicidad y Eterna Auto-Suficiencia del Señor de Todos los Mundos.

El creyente perfecto es el que exime a Allah, el Exaltado, de todo atributo de deficiencia y le atribuye todos los atributos de perfección, afirmándolo con los labios y creyéndolo en su corazón. A través del conocimiento íntimo de Allah, llega a tener un orgullo consciente de su fe y se regocija con las bendiciones que trae esta afirmación. Porque el conocimiento de Allah es una luz dentro del corazón. Conocer, recordar y encontrar a Allah, es alcanzar la felicidad y la salvación. El conocimiento de Allah es la mayor sabiduría. Conocer la Unicidad de la Verdad, esa es la Afirmación genuina de la Unidad Divina. La verdadera iluminación es penetrar la realidad de las cosas y verlas como son en su naturaleza esencial.

El secreto del conocimiento de Dios se revela a aquellos capaces de percibir conscientemente que el Señor Exaltado es el Primero de los primeros, el último de los últimos, lo Interior de los Exterior, el Omnisciente y Omnipotente, Señor de todas las criaturas, Dueño Absoluto de todo lo que existe en el universo, Señor y Sustentador. Este secreto se les revela a aquellos que se acercan al Exaltado al afirmar con sus labios, y confirmar en sus corazones, su creencia de que Él no tiene socios o iguales en Su esencia y atributos. Esos individuos bendecidos y afortunados Lo reconocen con el pronombre divino HU (“Él”), que se refiere solamente a Allah, el Exaltado. No ven nada más que a Allah, el Todo Glorioso.

En verdad, tales seres hacen su remembranza divina pronunciando la sílaba simple: “HU”. Esta pronunciación gloriosa carece de consideración o motivo ulterior, mientras que hay alguna expectativa de retorno cuando se llama a Allah con “Oh Sustentador” Ya Razzaq, “O Todo Perdonador” Ya Ghaffar, y “O Ocultador de Faltas” Ya Sattar. Dado que “HU” es un ruego directo a la Esencia de la Divinidad, la expresión de un anhelo puro y simple por el Señor Exaltado, esta forma de remembranza representa un nivel exaltado de dhikr para aquellos que se acercan a Él.

Experimentar en el dhikr el éxtasis feliz de HU, es sumergirse en el océano de la conciencia divina y la conciencia espiritual, purificar el corazón y entrar al mundo de la divinidad mientras aún se está en este mundo transitorio. Aunque nominalmente en este mundo, aquellos que lo logran aniquilan su ser físico en las llamas del amor divino, encontrando la felicidad en el mundo de la Unidad y el “asiento de la veracidad” en el Más Allá, en donde permanecerán por siempre con el Señor Exaltado. Esa es la estación de la Perpetuidad con Allah baqa’ billah. “HU” es la remembranza de aquellos que alcanzan esa estación. “HU” es su contemplación. En su éxtasis ellos están con “HU”. Esos nobles seres son aquellos que no ven más que Uno en la multiplicidad de la Unidad.

Hay una progresión desde el dhikr audible al dhikr silencioso, desde el dhikr silencioso al dhikr del alma, desde el dhikr del alma al dhikr del secreto interior. De acuerdo a aquellos que han alcanzado este último, volver al dhikr audible es una retrogresión. Tales cosas sólo se pueden verificar por medio de la experiencia. Que el Glorioso nos permita a todos gustar la feliz alegría de este “HU”.

En cuanto a aquellos que el Corán llama “Compañeros del lado Derecho”, aún no han alcanzado la estación de la santidad y los grados más elevados de la santidad y por lo tanto ven la Unidad como múltiple. Viendo la Unicidad junto con la multiplicidad, no se pueden contentar con el pronombre simple “HU”. Para diferenciar y distinguir al Creador de lo creado, combinan el pronombre con el sustantivo y recuerdan al Señor como “Allahu”.

Para beneficio de la gente común, no iluminada, se agrega el noble “Uno” Ahad a la palabra “Allah”. El noble Verso: “Di: ¡Él es Allah, Uno! qul huwa-llahu ahad”, sirve para refutar las doctrinas falsas del ignorante, mientras se ofrece el vino de la unidad divina a aquellos de nosotros que hemos probado la felicidad de la fe.

También hay una segunda tradición concerniente a la ocasión de la revelación de Surat al-Ikhlas:

Llegó el momento en que se les permitió a los creyentes emigrar a Medina para que pudieran escapar de la cruel tiranía que estaban sufriendo en manos de los incrédulos de la Meca. Muchas familias se mudaron en secreto a Medina la Iluminada, de modo que en la Meca quedaron muy pocos Musulmanes. Los incrédulos de Quraysh se reunieron en un concilio para maquinar un complot contra nuestro Maestro, el Mensajero bendito de Allah. Decidieron de común acuerdo que rodearían la casa donde se alojaba el noble Profeta y esperarían a que nuestro Maestro bendito se durmiera. Luego, conspiradores jurados de todas las tribus entrarían y asesinarían al glorioso Profeta. Imaginaban que de esa manera podrían extinguir el Islam.

Gabriel le informó a nuestro Maestro bendito lo que se estaba preparando. Esa noche, el Jefe de los Profetas puso a nuestro Maestro el venerable Ali en la cama en donde él habría dormido. Arrojándoles un puñado de polvo a los incrédulos de Quraysh, y dejándolos en estado de ceguera temporaria, nuestro Maestro bendito se deslizó en medio de ellos y escapó sin que lo percibieran.

Nosotros los mortales podemos mirar, pero es el Señor Exaltado el que nos hace ver. A menos que Él muestre, nadie puede ver nada.

Junto con el venerable Abu Bakr, nuestro Maestro el más noble de los Mensajeros, se ocultó durante nos días en una cueva en el Monte Thawr. Los incrédulos llegaron hasta la boca de la cueva pero no pudieron ver a los amigos de Dios que estaban escondidos adentro. Los infieles de Quraysh regresaron a la Meca con las manos vacías, frustrados y confundidos. En cuanto se hubieron ido, nuestro Maestro bendito y sus veraces y leales Compañeros salieron enseguida camino a Medina la Iluminada.

El execrable Abu Jahl estaba enviando pregoneros por los alrededores, anunciando una recompensa de cien camellos rojos, cien esclavas y cien caballos árabes para cualquiera que trajera a nuestro Maestro bendito vivo o muerto. Un infiel llamado Suraqa tomó el desafío. “Os traeré a Muhammad vivo o muerto”, exclamó mientras saltaba sobre el caballo y salía en persecución del noble Mensajero a quien alcanzó en el camino a Medina. Justo cuando estaba por desenvainar su espada para atacar a nuestro Maestro, la Gloria del Universo, Gabriel descendió y dijo: “Oh Mensajero de Allah, el Señor de Todos los Mundos te saluda y pone la tierra bajo tu mando”.

En cuanto nuestro Maestro bendito exclamó: “Tierra, trágalo”, el caballo de Suraqa se hundió en el suelo hasta el pecho, arrojando a su jinete frente a su supuesta víctima. Suraqa recobró el sentido mientras la tierra se lo empezaba a tragar. “Ten misericordia Oh Mensajero de Allah”, gimió.

Nuestro magnánimo Maestro revocó la orden a la tierra y Suraqa se salvó de su aprieto. Pero estaba cegado por la codicia, el deseo de poseer todos esos camellos, esclavas y caballos hizo que olvidara su humanidad. Una vez más se atrevió a levantar su espada contra el noble ser que le había salvado la vida hacía tan sólo un instante. El glorioso Mensajero dio una nueva orden y la tierra obediente empezó a tragarse a Suraqa. “Ten misericordia, Oh Mensajero de Allah”, suplicó. “¡Perdóname, te lo ruego, y no repetiré mi conducta vergonzosa!”.

Nuestro generoso Maestro lo perdonó por segunda vez, ordenándole a la tierra que lo dejara ir. Esta vez, Suraqa cayó de rodillas ante el camello que montaba nuestro Maestro bendito y preguntó: “¿Quién te da esta gracia generosa?” El Mensajero bendito de Allah respondió: “Viene de mi Señor”.

Lleno de miedo y pavor preguntó luego: “Oh Mensajero de Allah, tu Señor debe ser potente, poderoso y fuerte en verdad. Te lo ruego, dime, ¿ese Allah al que llamas tu Señor está hecho de oro o de plata?”.

Nuestro Maestro, el Jefe de los Profetas, no dio ninguna respuesta a esa pregunta. Mientras sacudía silenciosamente la cabeza, el Imán de los Profetas y Sostén de los Sinceros recibió a través de Gabriel, la paz sea con él, la revelación divina de Surat al-Ikhlas.

Suraqa fue bendecido allí y entonces con el honor de la fe. Realizó grandes servicios para el Islam. Durante las guerras en Irán entró al palacio mismo de Chosroes, arrancó los brazaletes de las muñecas del emperador y se los puso en las suyas. Cumplió así una profecía, porque el Mensajero bendito de Allah lo había felicitado, prediciendo: “Oh Suraqa, te veo usando los brazaletes del Emperador Persa”.

Se cumplió así un milagro Profético, y a Suraqa se le concedió una dádiva de lejos más valiosa que la recompensa que hubiera ganado de Abu Jahl por asesinar al Bienamado del Señor. Se elevó en este mundo al rango de Compañero y ganó la felicidad y salvación eterna en el Más Allá.

Si Suraqa no hubiera aceptado cometer el crimen por la recompensa de Abu Jahl, ¿es posible que hubiera podido obtener esas grandes dádivas? Partió para asesinar al glorioso Mensajero y terminó con las bendiciones de la fe. En verdad, Allah es Todopoderoso: gobierna y rige Su reino como Él quiere. A quien Él quiere guía rectamente, y a quien Él quiere le permite extraviarse. La Soberanía es Suya y Suyo es el Dominio. Todo es Suyo. Nosotros Le debemos adoración y servicio.

De acuerdo al venerable Ibn Abbas, el Mensajero bendito de Allah dijo: “Antes de que Gabriel me trajera esta gloriosa Sura, yo estaba preocupado por el destino de mi Comunidad y temía que no pudieran escapar al tormento divino. Ese temor y la ansiedad me abandonaron cuando descendió esta Sura y se me mostró su virtud e importancia para aquellos que la recitan. Ya no estaba preocupado por cómo podría tratar mi Señor a mi Comunidad, porque la revelación de esta Sura me hizo comprender que no sufrirían el tormento. Esta gloriosa Sura se relaciona con Allah Mismo, y declara Su Unicidad y Sus Atributos”.

La corona de la piedad y la rectitud desciende desde el cielo a las cabezas de aquellos que recitan esta noble Sura. La tranquilidad divina desciende sobre ellos y sus corazones alcanzan una pura felicidad. La misericordia divina los extasía. El Exaltado mira con compasión a Sus siervos que leen esta Sura, y si mira con compasión a un siervo, le concederá a ese siervo todos sus deseos.

Una nota explicativa: Cuando mencionamos la virtud especial de ciertas Suras del Corán, y declaramos que aquellos que las leen obtienen una recompensa particular, lo que queremos decir por leer es reconocer la verdad de lo que se lee y luego actuar sinceramente al ponerla en práctica.

La gloriosa Surat al-Ikhlas contiene cuatro nombres. Aquellos que invoquen esos nombres alcanzarán rápidamente su meta destinada:

1. “HU”. Como ya lo explicamos, este es el pronombre divino. Representa la estación de los santos, que son los íntimos de Allah. “HU” es la invocación por medio de la cual Lo recuerdan y glorifican.

2. “¡Oh Allah!” Ya Allah es la invocación de los Compañeros del lado Derecho.
3. “Oh Uno” Ya Ahad.

4. “Oh Eternamente Auto-Suficiente” Ya Samad.

Del modo en que se escribe en Arabe, “Allah” es una palabra de cuatro letras: alif-lam-lam-ha. La primera letra simboliza este mundo inferior, la segunda representa el reino intermedio al-barzakh, mientras que la tercera es el símbolo del Más Allá. La letra final es la inicial de “HU”, el recuerdo y la glorificación de aquellos que no desean nada más que el Señor y no tienen ningún interés en las dádivas de este mundo, el reino intermedio o los deleites del Más Allá.

El Profeta bendito dijo: “Allah, el Exaltado, tiene noventa y nueve nombres; aquellos que los cuenten entrarán al Paraíso”.

IRSHAD, Vol. 2 de Sheikh Muzaffer Ozak (ra)
Capítulo 19 Pág. 268-274 Editora Yerrahi Octubre 2006
Asociacion Civil Cultural Yerrahi para la Difusion del Islam
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