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El sustento de Dios en el Islam

La epifanía de la pobreza

04/12/2006 - Fuente: Webislam
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El alegre rostro de la pobreza
El alegre rostro de la pobreza

En el Nombre del Amor Infinito de Al-láh, la Realidad Divina

Hay una agenda oculta en el lenguaje con que la academia economicista se refiere a la Realidad. La pobreza es uno de los términos que devela la mayor de las veces una concepción dual de la vida humana. Generalmente se le aplica al “otro” y ello implica una construcción en el imaginario simbólico sobre quien es “pobre”. ¿Quién de nosotros se aplicaría a si mismo o sus hijos la palabra pobre en forma automática?

Y por experiencia sabemos que las personas o grupos sociales a los que llamamos pobres cuando se les pregunta sobre ese atributo hablan de que los pobres son los “otros” de su imaginario también.

Norte y sur, países del tercer mundo y en estos los grupos marginados indígenas o autóctonos, de estos los grupos sociales con oficios menos pagados y de estos lo que tienen menores estudios o “educación”, servicios o esperanza de vida, de acuerdo a indicadores que el Banco Mundial llama Indice de Desarrollo Humano, por ejemplo.

Al final, para el discurso economicista en boga, la pobreza se asocia a un esquema “civilizatorio”. ¿Y que significa civilización?. Claro, el sistema de consumo.

Esta mentira repetida millones de veces desde la cuna y perfeccionada y reforzada en los sistemas académicos implica también una concepción de ser humano, donde su consumo y “civilización” son considerados el eje de su desarrollo como persona.

Para el Islam, la tradición sagrada que hoy tiene voz en este momento, el ser humano dista mucho de ser atrapado por conceptos limitados economicistas, sociològicos, culturales o de género. Todo ser humano pertenece a una sola familia y en uno en la Unidad Divina.

Solo desde ahí podemos comenzar a hablar de Sustento y pobreza. Solo desde el reconocimiento directo de que no hay personas de primera, segunda o tercera clase debido a su situación de consumo. Solo desde el reconocimiento de la Dignidad inmanente a cada ser humano y su participación en la Vida Divina. Solo desde la conciencia del viaje que cada alma realiza desde la Fuente del Ser hacia la Fuente del Ser, quien da vida y sustenta directamente a la creación. Ar Razzak, el sustentador.

“ (2) Son creyentes sólo aquellos cuyos corazones tiemblan cuando se menciona a Dios y cuya fe se fortalece cuando se les transmiten Sus mensajes,1 13 y que confían en su Sustentador --(3) los que son constantes en la oración y de lo que les proveemos como sustento gastan en los demás:2 24 (4) ¡esos, precisamente, son los verdaderos creyentes! Tendrán una posición eminente junto a su Sustentador, perdón y una excelente provisión.3 35”, dice el santo al Qurán, la Palabra Viva de Dios.

Entonces la pobreza no es una caracterista, un valor del ser humano, pero existen en el transito de nuestra existencia y, en la existencia de todos, momentos o condiciones de necesidad. Existen grupos vulnerables y excluidos en lo material en quien se ha depositado también una riqueza inmensa, ya que son nuestro propio rostro: los huérfanos, las viudas, los presos, los excluidos, los extranjeros, a quien Dios da la existencia en dignidad y que somos nosotros mismos en varios niveles de nuestra personas. Unos abiertamente, otros sin ser vistos.

Ellos, nosotros, son el destino del tercer Pilar del Islam: el sakat. A su experiencia, a nuestra conversión en esa condiciòn se dirige también el ayuno de Ramadan, como explica el Sheik Muzaffer Efendi al Yerráji.

“Bien, has mantenido el ayuno y has aprendido lo que significa pasar hambre. ¡Ahora deja tu fuego apagado durante un día y averigua cómo es para aquellos que no pueden calentar su hogar! No uses zapatos un día; ¡camina descalzo por la nieve y el hielo para averiguar cómo es para aquellos que siempre van descalzos por el barro y el lodo! ¡Deja tus ventanas abiertas un día y comprende lo que es vivir en una casa sin ellas! ¡Sal a la calle sin tu abrigo algún frío día de invierno, sólo para saber cómo es para aquellos que no tienen ningún abrigo! En tanto tengas la panza llena, no sabrás nada sobre la condición de los hambrientos; en tanto tu propia casa esté caliente, no entenderás las acciones de aquellos que viven sin calor; en tanto tus propios pies estén bien calzados, en tanto tengas gruesas ropas y un abrigo para usar, no tendrás la menor idea del estado de aquellos que van descalzos y desnudos.

Satisface al hambriento, para que el Paraíso pueda amarte. Viste al desnudo, para que no estés tú desnudo en el próximo día de la Resurrección, cuando todos los demás estén desnudos. Toma consciencia de la condición de todos esos indigentes y huérfanos, porque tu propia esposa puede llegar a convertirse en una indigente y tus propios hijos en huérfanos. La rueda del destino gira. Ninguno de nosotros sabe lo que sucederá; qué gran riqueza puede estar condenada a la extinción o cuántos, ahora despreciados, pueden llegar a elevarse a las alturas de la dignidad y el honor.

Y agrega…

Si dos huéspedes llegaran a la casa de un creyente, siendo uno de ellos un no-Musulmán, este último debe ser honrado primero. Como hermano tuyo en la religión, el que es un creyente ya está en su casa. Tu bondad puede disponer el corazón del no-Musulmán hacia el Islam. Haz el bien y evita el mal. Recuerda el proverbio: "Haz una buena acción, luego arrójala al mar. Si los peces no la reconocen, el Creador sí lo hace". Como dijo nuestro Maestro en una noble Tradición:

"Ten misericordia con aquellos que están en la tierra y contigo tendrá misericordia Aquél que está en el Cielo".

Pero la ayuda no se refiere unicamente a quien está en condición de falta de bienes materiales, se refiere a lo más intimo del ser humano, su unidad en la Unidad Divina, como narra la Sheika Fariha de Nueva York:

“El tercer pilar es el dar, la caridad, esto incluso en algunos sentidos es más importante que el segundo, más importante que el Salat, si somos realmente generosos, no generosos para que nos vean, sino desarrollar y cultivar la generosidad, generosidad del alma y de la mente. La generosidad de la mente significa que no pensamos mal de otros ni de nosotros mismos. La generosidad del alma y del espíritu significa que nosotros vemos que nuestro Señor es Lo más Misericordioso de los misericordiosos; eso es mucho más importante que cualquier obligación ritual de oración. Sin embargo, es muy interesante saber que la oración, el dhikr, sustenta el estado generoso del corazón, porque si no estamos conectados con la verdad, si la conexión no se nos revela, entonces no podemos ser generosos.

"El parecido de aquellos que gastan de sus recursos en la causa de Allah es el de un grano produciendo siete espigas, en cada espiga cien granos. Allah da multiplicado a quien Él quiere. Allah es el Sapiente de Todo, el Abarcador de Todo". Corán: 2:26

Y quien se aliena concientemente al rìo de la Generosidad Divina es llevado diez veces que su propia intensión.

"Quien se presente con buenas acciones tendrá diez como ellas, pero quien se presente con malas acciones, no recibirá más pago que lo que trajo, sin que se le haga injusticia". Corán: 6:160

La Realidad vista desde el corazón es plena de Verdad e Intimidad.

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