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Hacia una visión unitaria de la terapeutica

Nos vemos confrontados a un universo de sorprendente variedad y riqueza

28/11/2006 - Autor: Jorge Carvajal Posada - Fuente: Biosalud-peru.org
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La vida es información
La vida es información

Se recomienda preparar al médico para abandonar el sueño positivista y dedicarse a trabajar en presencia de alta incertidumbre y con un enfoque de riesgo probabilístico.

Buscando el común denominador que nos permita vislumbrar las diferentes prácticas terapéuticas, nos vemos confrontados a un universo de sorprendente variedad y riqueza, pero no por ello desprovisto de conexiones y lugares comunes, a través de los cuales podemos intentar una visión inclusiva, que nos saque del circulo vicioso del juicio de valores, desde el cual una visión del mundo niega la validez de otra cosmovisión ya vigente en la práctica social.

El innegable hecho de que todas las formas de medicina cumplen una función social con un grado de eficacia comparable, aún teniendo en cuenta el efecto placebo, nos plantea el interrogante de la existencia de una vía efectora común para multitud de estímulos de carácter aparentemente disímil o aún contrapuesto. Sin la disponibilidad de los costosos recursos farmacológicos occidentales, la medicina tradicional china ha enfrentado grandes desafíos epidemiológicos. La medicina cíentífica de hoy y la acupuntura, con su tradición milenaria, no son excluyentes. «Lo único que se le puede reprochar a la medicina tradicional china es la utilización de un lenguaje propio, hermético para el mundo científico». El relativo éxito en el control de epidemias sin nuestro arsenal terapéutico se encuentra en el valor de algunas prácticas terapéuticas tradicionales como la acupuntura en la estimulación del sistema inmunológico.

¿Es posible encontrar una correlación clara entre estímulos acupunturales y farmacológicos? La búsqueda de una vía efectora común puede abrirnos el panorama de la integración clínica de prácticas terapéuticas que socialmente han demostrado su complementariedad.

Analicemos el caso simple de la respuesta al cambio de intensidad de un estímulo como el nociceptivo. Sabemos que el umbral de respuesta determina que el sistema se rija por la ley del todo o nada es decir, que al alcanzar un nivel crítico, la respuesta va a ser siempre un potencial de acción cuya intensidad será constante, independientemente del incremento en la intensidad del estímulo. Ante éste, la respuesta será dada por un aumento en la frecuencia de disparo neuronal. Es decir, un modelo de respuesta de tipo frecuencial será instaurado por el sistema biológico como mecanismo de adaptación a la información, en este caso la nociceptiva.

Este mecanismo biológico de análisis y respuesta del sistema energético vital no es, sin embargo, un ejemplo de reacción aislada para un sistema particular: todos los órganos de los sentidos, nos lo demuestra la más reciente investigación, son analizadores de frecuencias.Clásicamente es conocido el dispositivo de recepción de frecuencias en el oído interno, que se transfiere en una organización somatotópica de frecuencias a la corteza auditiva.

El sistema vestibular, que es más arquetípico, representa un sistema de análisis de frecuencias bajas, mientras la coclea, de más reciente adquisición en la escala filogenética es un sistema de recepción de las frecuencias superiores a los 1000 hertz, siendo su banda especialmente selectiva en el área del lenguaje -alrededor de los 2000 hertz para el idioma español.

Así mismo el procesamiento de la información visual es el resultado de un análisis frecuencial análogo de puntos de luz y sombra.

Si el modelo de análisis frecuencial estuviera confinado solamente a los órganos de los sentidos, podríamos concluir que la información inherente al código frecuencial está restringida a la comunicación del organismo con su entorno a través de sus órganos de relación. Pero no sólo la frecuencia no es un evento aislado a un sistema, sino que representa un común denominador en la manifestación de la homeostasis biológica.
Variaciones en la frecuencia cardiaca, respiratoria, intestinal y metabólica; variaciones en los ritmos circadianos de sueño y vigilia; cambios en los ciclos hormonales, son entre otros, parámetros objetivos en el análisis del estado del organismo.

Aun para la actividad mental es posible reconocer taquipsiquia y bradipsiquia que llevan a pérdida del equilibrio en los patrones del comportamiento. La correlación de todos estos ritmos con ritmos electromagnéticos externos, determinados por fenómenos cíclicos como las mareas, las tormentas y las manchas solares, nos plantean la vida misma como un proceso de información representada en códigos de frecuencia. La vida es información, entendida ésta per se como una entidad esencial del universo, por lo menos en una escala de trascendencia similar a la de los conceptos de espacio y tiempo. Como el corazón de cada ser, toda la vida pulsa.

Toda la bioquímica responde a pulsos de intensidad crítica reconocidos como ventanas biológicas. A 16 hertz de un estímulo electromagnético hay respuesta de los canales de calcio. Los glicosaminoglícanos, receptores adaptativos de las membranas, son capaces de percibir estímulos tan débiles como el de un solo fotón. Las células emiten periódicamente cuantos de luz coherentes que, como verdaderos láser fríos, mantienen el holograma tisular. Un sistema de comunicación intercelular en el rango de las vibraciones ópticas y acústicas, empieza a ser develado.

A un nivel de organización más complejo han sido reconocidos ciertos pulsos selectivos como mecanismos de la secreción de grupos de neuropéptidos y neurotransmisores con funciones diferentes. Así, en el campo de la electroacupuntura, conocemos los efectos inespecíficos de la acupuntura de alta intensidad y baja frecuencia, liberadora de Betaendorfinas, que produce una respuesta analgésica inespecífica, frente a la respuesta más puntual y selectiva de la acupuntura de baja intensidad y alta frecuencia mediada por la liberación de encefalinas.

En la auriculomedicina, todo un código de estímulos frecuenciales coherentes ha sido puesto a prueba clínica en los últimos quince años, demostrando una respuesta biológica a estímulos frecuenciales en una banda muy amplia. El hecho de que algunos síndromes, como el desorden afectivo estacional que produce la depresión durante los largos inviernos de los países nórdicos, comience a ser efectivamente tratado con estímulos lumínicos, nos corrobora la sensibilidad de sistemas como el de la melatonina epifisiaria a estímulos electromagnéticos en determinada banda del espectro.

En la práctica clínica, la utilización de las propiedades e interacciones de los sonidos como en la diatermia; la cromoterapia y la misma musicoterapia son una aplicación de este común denominador, la información, expresada en una ordenación de frecuencias que interactúa por resonancia con las propias frecuencias del sistema vivo.

Es clásico el experimento del médico francés Paul Nogier, padre de la auriculomedicina, en el cual se reportan cambios en los parámetros sanguíneos del conejo - catecolaminas - después de someterlo a estimulación de luz pulsada sobre la piel, efecto que no se logra cuando la luz es continua.

El mismo Alfred Tomatis nos plantea cómo el proceso de humanización está directamente ligado a la evolución y proyección de la vía coclear hacia la corteza cerebral por la ruta de la radiación talamocortical, al proponer que el sonido es un estímulo activador del desarrollo del sistema neocortical.

Hasta aquí comprendemos que el ser vivo emita y reciba informaciones, y que se mueva en una banda frecuencial que, en condiciones normales, represente la expresión de una homeostasis energética. Esto nos permite explicar la acción terapéutica de un campo electromagnético pulsado, pero no nos deja comprender, en principio, la acción medicamentosa como la obtenida a través de principios químicos biológicamente activos. La noción de frecuencias en resonancia explica, ciertamente, la acción terapéutica de una palabra, un buen consejo, la luz, el color, el láser, etc., pero nos deja, por el momento. En el desconocimiento del efecto terapéutico bioquímico.

En este sentido y particularmente en el dominio de prácticas terapéuticas alternativas como la moraterapia, la electroacupuntura y la auriculomedicina, se utilizan los principios medicamentosos activos como emisores de información. Las moléculas son consideradas como imágenes electromagnéticas estereoespecíficas que son detectadas por el campo biológico, o campo L, y la red eléctrica de meridianos y puntos de acupuntura. Bien conocidas son las mediciones electrónicas en la electroacupuntura, según Reinhold Voll, en las cuales la medida del potencial de un punto de comando de un órgano en la piel, puede ser equilibrada a través de una sustancia o nosode puesta en el circuito del organismo sometido a la medición

Cada vez es más claro para quienes practican la bioenergética, que un medicamento posee una imagen electromagnética capaz de interactuar con la emisión de los organismos vivos que, a su vez, están en la capacidad de integrar la información, como si el fenómeno de los receptores específicos de membrana fuera parte de una propiedad global de reconocimiento en la cual participa el cuerpo etérico o bioplásmico. De hecho, una propiedad fundamental de los sistemas holográficos, como el organismo vivo, es la de incorporar toda nueva información compatible con su sistema de transducción de señales.

Esta propiedad de estereoespecificidad para la recepción de informaciones electromagnéticas provenientes de conglomerados de moléculas, nos hace replantear la noción de materia para considerarla como sustrato portador de energía, y a este proceso global, como un fenómeno de conducción de información al interior del ser vivo. Los receptores, los transmisores y los procesadores de señal, nos hacen vislumbrar la bioquímica convencional, como una parte del sistema de conducción de señales que hace posible la integración del sistema energético vital en un todo coherente.

El común denominador es, entonces, la información: la vida es información; el agua, con sus patrones de ordenamiento molecular, es información; el consejo, el ritual y los medicamentos, son otras informaciones; la aspirina, las agujas, los masajes y el láser, son moduladores de la información biológica. El sistema energético vital recorrido por una red de sistemas conductores de señales que, a diferentes grados de densidad, captan, conducen y procesan las señales del entorno, garantiza su respuesta adaptativa.

Bioenérgética integral

Si admitimos la validez del carácter holográfico de los sistemas vivos, tendremos que aceptar que una terapéutica ideal estaría regida por los principios de sinergia y coherencia que caracterizan el holograma. Con un estímulo sinérgico. la sumatoria de los efectos aislados de sus diversos componentes es siempre menor que la del estímulo globalmente aplicado sobre el sistema vivo. Con un estímulo coherente; toda la información va siempre en el mismo sentido, sin qué ninguno de sus elementos constitutivos represente un freno a la acción terapéutica de los demás. Sinergia y coherencia suponen a su vez, terapéuticamente, una recreación y refuerzo de estas condiciones al interior del holograma global.

Se pueden tener muchas informaciones terapéuticas válidas, pero si en el momento de la terapia no las aplicamos de una manera ordenada, y en resonancia con las necesidades energéticas globales del paciente ésta no tendrá un carácter bioenergético, es decir, en armonía con las necesidades de su sistema energético vital.

Tomemos algunos ejemplos sencillos: para las necesidades metabólicas del paciente hemos de prescribirle calcio y verduras; si no reconocemos la formación de fitatos que bloquean la absorción del calcio, y permitimos su ingestión simultánea, estaremos practicando una terapéutica antisinérgica. Si sometemos a un paciente con insomnio a un estímulo fototerapéutico intenso en horas de la tarde, podemos empeorar el desequilibrio en la secreción de melatonina. Si aplicamos un campo magnético sur en la región cefálica a este mismo paciente, obtendremos un efecto que va en contra de su equilibrio biológico. En estos casos estaremos siendo incoherentes al aplicar estímulos contradictorios con las necesidades biológicas.

Expongamos algunas interrelaciones terapéuticas más complejas:

Si un paciente ha de someterse a cirugía es necesario estimular bioenergéticamente su función suprarrenal para preparar la respuesta apropiada al estrés quirúrgico. Simultáneamente, debe examinarse y. reforzarse el tejido medio, o respuesta óptima del sistema ambiental celular, en la metámera correspondiente a la zona de la intervención.

En el mismo paciente, deberá estabilizarse el sistema nervioso vegetativo y equilibrar el sistema de respuesta central al estrés a través de las técnicas bioenergéticas conocidas.

Un acto quirúrgico en tales condiciones, y si biológicamente es necesario, es un acto bioenergético, pues pese a la aparente disimilitud de los estímulos, todos tienen el mismo objetivo, o sea que son sinérgicos -el objetivo es el fortalecimiento del terreno para mejorar la tolerancia a la intervención.- Es igualmente coherente dado que la terapia está en armonía con las necesidades biológicas del enfermo.

Continuando con ejemplos de sinergia y coherencia, en los que un equipo de especialistas de diferentes ramas tendrá que intervenir, tomemos el caso de un paciente sometido a la quimioterapia. Es fundamental, en la medida de lo posible, y con toda la información acerca del tratamiento a disposición del paciente, que él y su familia decidan libremente si se someten o no al procedimiento. De hecho, toda terapéutica practicada sin una participación conciente e inteligente del paciente, no sólo tiene implicaciones éticas, sino que, en el plano energético, contribuye a desestructurar su holograma vital porque es incoherente o disarmónica con una parte de su sistema, en este caso la más integradora, su propia conciencia.

No es papel de la bioenergética desplazar o reemplazar la quimioterapia cuando ésta se realiza según criterios clínicamente aceptables, pero es posible participar sinérgicamente con técnicas bioenergéticas en el programa quimioterapéutico, por lo menos a través de dos estrategias ya bien definidas y respaldadas por sus resultados clínicos:

1. A través de la inmunomodulación para sostener la dinámica del sistema inmune, de cuya depleción derivan buena parte de las complicaciones inherentes a la quimioterapia.

2. Previniendo los síntomas secundarios a la toxemia, con la hepatoprotección bioenergética previa y la desensibilización a los antimetabolitos empleados. En síntesis, se mejoran las condiciones del terreno para mejorar la respuesta a una terapéutica tóxica.

Estos, que constituyen sólo algunos ejemplos de cómo modalidades terapéuticas, aparentemente alejadas, pueden ponerse ínter disciplinariamente al servicio del paciente, se hacen mucho más claros si las consideramos al interior de la bioenergética entendida como lo que es: una terapéutica multidisciplinaria. De nuevo aquí consideraremos algunos ejemplos clínicos:

Tomemos el caso del síndrome de irritabilidad bronquial, una frecuente causa de consulta en nuestro medio.

Este es, en primer lugar, un paciente atópico con claros antecedentes familiares. En el campo de la acupuntura puede hablarse de un compromiso de la energía ancestral; en el de la de la auriculomedicina se utilizan estímulos reflejos sobre zonas denominadas puntos genéticos; en el de la bioenergética, que integra ambas concepciones con la de la medicina- clásica, se utilizan las bases de ácidos nucléicos en zonas reflejas que relacionan la energía ancestral con el pulmón, órgano de choque de la patología. En este caso, nociones fisiopatológicas de diferentes escuelas terapéuticas se aplican sinergicamente de acuerdo con las necesidades energéticas del paciente. En segundo lugar, este mismo- paciente presenta hipersensibilidad al frío. Partiendo del concepto tradicional de desensibilización, que es clásico, y extrapolando a la desensibilización biofísica, en bioenergética proponemos la desensibilización al color azul que tiene efectos terapéuticos claramente positivos.

Aquí se toma una terapéutica aplicada, hasta ahora, en el campo de la bioquímica y analógicamente se utiliza con el color, en este caso desensibilización en la polaridad fría del espectro cromático. Este procedimiento es igualmente válido en muchas otras instancias terapéuticas bioenergéticas, para las que se emplean estrategias basadas en principios de analogía y semejanza. La desensibilización, obviamente, no excluye que se puedan utilizar otras medidas sinérgicas, como la utilización de bebidas calientes, por ejemplo el sauco y la borraja, la recomendación de los denominados colores calientes, en cromoterapia- una, camisilla naranja debajo de la pijama en la noche por ejemplo-, la eliminación de alimentos muy fríos, la no exposición al aire acondicionado, etc.

Tenemos hasta ahora algunas recomendaciones terapéuticas básicas que seguirá el paciente, y una terapéutica simultánea del componente genético de la información y de la hiperactividad al frío. Pero además conocemos que este paciente presenta, muy probablemente, una alteración de la degranulación de los mastocitos liberadores de histamina por mediación de la inmunoglobulina E: en lugar de los antihistamínicos convencionales, pero con-el mismo objetivo terapéutico de impedir el exceso de liberación de histamina, utilizamos en bioenergética la información de estas sustancias -histamina, IgE y macrófagos- contenidas en filtros para buscarlos en puntos de corrección por resonancia a través de estímulos electromagnéticos. Y así sucesivamente, tratamos el componente psíquico e inmune de la información a través de técnicas que rebasan el propósito de esta exposición. En este ejemplo nos podemos expandir en la utilización sincrónica de conocimientos que son clásicos, asociados a prácticas de la sabiduría popular; principios homeopáticos y de medicinas manuales, principios de la fisiopatogenia energética en medicina china, cromo, magneto y auriculoterapia, y técnicas que son patrimonio de la terapia- neural y el ayurveda.

Parece difícil que tal variedad de terapias puedan aplicarse coherentemente, pero para simplificar, un punto de comando de acupuntura puede utilizarse como receptor de la información de un neuropéptido activado a través de un imán norte y un color adecuadamente seleccionado, mientras en la misma sesión se realiza un desbloqueo de la primera costilla y se dan recomendaciones dietéticas. Estas medidas, por su parte, refuerzan e incrementan la efectividad de las propuestas terapéuticas clásicas, disminuyen los efectos secundarios, las complicaciones, las hospitalizaciones y optimizan la relación costo-beneficio a todos los niveles.

El costo biológico y el costo social dé la enfermedad se reducen, para hacer de la práctica bioenergética una herramienta especialmente apropiada a las condiciones de desarrollo vigentes para los países del tercer mundo.

Podemos ver claramente representada la función de integración y síntesis pragmática que la escuela bioenergética de Medellín en Colombia, propone para regresar a la noción de una medicina en la que se incorporan coherentemente diferentes modalidades terapéuticas.

Algunos de los principios generales que fundamentan esta práctica de 1a medicina bioenergética son los siguientes:

1. La materia y la energía son intercambiables y son la manifestación de la información en distintas octavas de vibración o frecuencia. La vida es información.

2. Como unidad física y sustrato portador de información, la vida está sometida a los procesos de entropía - desintegración y muerte - que rigen la segunda ley de la termodinámica, a través de la cual explicamos la desorganización creciente de un sistema en su polaridad física.

3. Como unidad de conciencia, la vida representa niveles de organización crecientes y antientrópicos que no responden a la segunda ley de la termodinámica. En el lenguaje de la física, la vida, como unidad de conciencia, representa una singularidad; un agujero negro.

4. Toda enfermedad supone una alteración del campo biológico campo L de Burr- que antecede y ocasiona las anomalías químicas y fisiológicas.

5. Los organismos vivos no son reductibles a sus partes constitutivas.

6. El hombre no puede ser descrito en términos de psique y soma como niveles energéticos separados, ni como los constituyentes exclusivos de su unidad de conciencia.

7. Es posible abordar la enfermedad en su estadio funcional, antes de la manifestación clínica.

8. La práctica terapéutica está sólidamente sustentada en la observación clínica. Esta no sólo reconoce el aporte de las ciencias básicas, sino que además lo enriquece.

9. El paciente y el terapeuta son los primeros y más importantes instrumentos del arte terapéutico; las otras herramientas son catalizadores de esta función de resonancia en la que un nuevo holograma se recrea.

10. En un sentido universal, la terapéutica tiene expresiones no médicas cuya función y vigencia social, son independientes de su grado dé asimilación por parte de la ciencia. La bioenergética se aproxima con su espíritu abierto e investigativo a aquellas prácticas terapéuticas que, histórica y socialmente, han demostrado su validez.

11. Toda terapéutica lleva implícita una connotación religiosa, positiva o negativa, que parte de la cosmovisión ligada a la cultura. La bioenergética sostiene que arte, ciencia y religión son parte de una misma cascada inclusiva hacia el desarrollo de un campo unificado de conciencia. La separación en ciencia, arte y religión es tan artificiosa como la separación en cuerpo, mente y alma.

12. Entendida la vida como información, los procesos relativos conocidos como salud y enfermedad son expresiones del diálogo de la vida con su entorno, es decir que son un lenguaje. El dolor es un lenguaje. La terapéutica es también un lenguaje, e idealmente debería ser un diálogo que utilice el mismo lenguaje de la vida.

13. Si asimilamos la tierra a un holograma vivo, y la raza de los hombres a su nivel pensante o su antena de conciencia, la terapéutica individual debería armonizarse con los procesos de crecimiento grupal.

14. El terapeuta de hoy será ante todo un educador, teniendo en cuenta que la mayoría de las enfermedades crónicas actualmente son prevenibles a través de la modificación en los hábitos dé la vida.

15. Dado que la salud y la enfermedad, más que estados, son procesos relativos en permanente cambio, toda terapéutica bioenergética excluye el dogma rígido y la receta mecanicista. En un extremo se considera la enfermedad como un proceso absolutamente individual y personalizado, asumido en la expresión de que no hay enfermedades sino enfermos; en el otro se considera la enfermedad como un evento global, desconociendo el terreno individual en el cual se manifiesta.

La primera aproximación nos plantea la imposibilidad de afrontar, preventivamente, el problema de la enfermedad, y niega los comunes denominadores que permiten una estrategia epidemiológica .en salud pública, campo en el cual la medicina convencional, indudablemente, ha realizado grandes aportes, particularmente en el dominio de los problemas infecciosos ligados a factores como la disponibilidad de agua potable. No es éste el caso de las enfermedades degenerativas, en las cuales una aproximación reduccionista y global ha fracasado hasta el momento, poniendo de presente la importancia de una terapéutica individualizada.

Es importante aquí, hacer la clara distinción entre una terapéutica individual y una individualizada, ya que la última no desconoce comunes denominadores en la génesis de la enfermedad.

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