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Fatna Daanoun: La ignorancia es el principal obstáculo para el progreso de la mujer

Explicó cual es el rol de la mujer musulmana en la sociedad actual, un tema clave para la organización de la cual es vicepresidenta, la Unión de Mujeres Árabe

26/11/2006 - Autor: Sara Sanz - Fuente: Melilla Hoy
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Fatna Daanoun
Fatna Daanoun

Con el aplomo y franqueza de las mujeres valientes, la marroquí Fatna Daanoun se ha volcado en la defensa del género femenino para que ocupe el lugar que le corresponde, en un plano de igualdad con el hombre sin discriminación de ningún tipo. Ha luchado contra la adversidad en una sociedad cerrada y hostil al progreso de la mujer cuyos principales enemigos son los "ignorantes" del Islam como ella misma dice e incluso la propia mujer, que se muestra muchas veces reticente al cambio. A sus 65 años, acumula una densa trayectoria profesional que le ha llevado a ostentar la vicepresidencia de la Unión de Mujeres Árabes y a ser una de las 35 mujeres elegidas por el monarca Mohamed VI para formar parte de la célula de la mujer dentro del Consejo Musulmán de Marruecos.

Dentro de los actos organizados esta semana con motivo del Día Internacional de la Violencia hacia las Mujeres, la nadorí Fatna Daanoun visitó nuestra ciudad invitada por la asociación melillense "Mujeres por la Igualdad" para impartir una conferencia en el Palacio de Exposiciones y Congresos. Explicó cual es el rol de la mujer musulmana en la sociedad actual, un asunto espinoso que no pasa desapercibido para la organización de la cual es vicepresidenta, la Unión de Mujeres Árabes.

¿Podría explicar a grandes rasgos cuál es la labor de la Unión de Mujeres Árabes?

Esta organización se fundó en 1944 y engloba a 16 países que hablan árabe. El objetivo que persigue es unir la voz de la mujer de estos países para enfrentarse a aquellos problemas que frenan sus derechos en la sociedad árabe, tanto políticos como económicos o sociales. Es una unión para reclamar los derechos no sólo de la mujer musulmana sino también de la cristiana, que también está presente en países árabes como Siria, Irak o Líbano.

¿Con qué problemas se enfrenta esta organización para cumplir ese objetivo?

El problema en general es la ignorancia y el analfabetismo de la mujer, que se agrava principalmente en los medios rurales. La ignorancia es el principal obstáculo para el progreso de la mujer. Nuestra intención no es actuar solamente con mujeres que han tenido oportunidad de aprender y de ser cultas sino que queremos abarcar a todo el género femenino porque si no lo logramos sería otra vez una minoría culta la concienciada que, en realidad, no podría hacer nada dentro de la sociedad.

¿Se ha conseguido algún avance desde que se fundó esta asociación?

Sí, muchos. Por ejemplo el voto, que ha sido uno de nuestros primeros objetivos después de luchar contra la ignorancia. Uno de los derechos por los que hemos trabajado es que la mujer tenga voto en las elecciones municipales y en las del Parlamento. Hemos llegado a varios países y últimamente se están uniendo en este objetivo.

Pero hay otros países que se oponen...

No pueden negar este derecho. La religión no prohíbe que la mujer sea elegida en el Parlamento pero han sido las costumbres y la prepotencia del hombre las que han coartado este derecho y no la religión, ni la cristiana ni la musulmana. Lo que ha pasado es que con este empeño a favor de la mujer, país tras país ha restablecido este derecho legal. Sin embargo, es verdad que hay países que todavía se muestran reacios pero se ven obligados a rendirse. No les queda otra solución.

¿Las mujeres también se muestran reticentes al cambio?

Sí, y esto quiero que quede claro. No achacamos solamente al hombre el ser una barrera sino que la misma mujer, o por miedo o por ignorancia, no ha reclamado sus derechos y claro, se ha quedado atrás.

Sin embargo, hay quienes asocian el Islam con una discriminación hacia la mujer...
Eso es consecuencia de la ignorancia. Los verdaderos sabios y eruditos que se han interesado por estudiar las religiones, han confirmado que el Islam contempla un punto de vista más abierto para la mujer. Esto no lo digo yo sino que lo dicen estos eruditos que afirman que el Islam ha dado a la mujer más de lo que ella quiere y sólo la ignorancia tanto de ella como de muchos hombres, que explican a su manera el texto sagrado o lo desconocen, ha menospreciado sus derechos.

¿Por qué cree que se está dando una imagen tergiversada del Islam?

Cuando empezó el Islam, en el siglo sexto, la sociedad estaba peor que ahora. Se mataba a la mujer, se la maltrataba, se la hería. Esa época era peor que la actual porque una mujer era tratada como una cosa, la quiero o la tiro, y ya está. En esa época era muy difícil cambiar la mente. Sin embargo, el Islam vino a decir que este maltrato no se podía permitir y el creyente islámico, por seguir a Dios y al profeta Mahoma, lo practicó tal y como venía en el texto. Yo llamo a este tiempo la época del amanecer del Islam. La gente encontraba una gran salvación en este credo y lo siguieron. Después, en la época del atardecer del Islam, se volvió a las tradiciones y a las costumbres más que a los textos coránicos y a los hadiz (salmos) del profeta Muhammad. Y la primera afectada fue la mujer. Unos por maltratar el texto, otros porque no sabían explicarlo y otros porque lo ignoraban totalmente. Por eso la más afectada fue la mujer. Hoy día queremos alcanzar otro renacimiento islámico que englobe tanto a la mujer como al hombre para volver a la primera época, al amanecer del Islam, al bien de la humanidad, con igualdad de derechos entre hombre y mujer, con pleno conocimiento de los deberes de cada uno y con el fin de vivir una convivencia feliz. Que el hombre no sea enemigo de la mujer ni que la mujer sea enemiga del hombre, que los dos se unan para tener una familia. Esa es la primera célula de la sociedad y si esta primera célula es feliz, tendremos una familia feliz y una sociedad feliz.

¿Cual es su visión sobre la violencia doméstica?

Cuando nos reunimos la Unión de Mujeres Árabes, conocemos la visión de estos países en boca de mujeres que viven en ellos y que nos cuentan su opinión o experiencia. Pero cuando leemos la prensa de otras naciones que no son árabes ni de Oriente Medio y vemos los casos de violencia doméstica contra la mujer, nos quedamos con la boca abierta porque vemos la gravedad de este problema en los países que dicen ser adelantados. Mi opinión es que la violencia la hubo y la hay en todos los países. Entre los ricos y los pobres, entre las mismas culturas o diferentes. Lo que me duele es que se arraigue entre el hombre y la mujer que, repito, constituyen la primera célula de la familia. Esta situación nos lleva a una enemistad y desconfianza que va a derribar esa unión que Dios quiso que en ella residiera la bondad y el sosiego. Es lo que más me duele: que esta violencia arraigue en lo doméstico, dentro de la familia, donde tiene que haber bondad, afecto y sosiego. De ahí la infeliz convivencia en el futuro. Si este problema no se soluciona, aunque la mujer consiga adelantos como el voto, en realidad no habremos hecho nada.

¿Qué opina de los matrimonios concertados?

El Islam está en contra de que el hombre se case con la mujer sin verla. Esto ha pasado en el tiempo del profeta Muhammad. Un hombre quería casarse en la Medina con una mujer y el profeta le preguntó si la había visto. Le dijo que no. Entonces el profeta le mandó a verla y conocerla primero porque si hay atracción mutua, eso es un matrimonio y si no, sería lo contrario.

¿Qué le parece que las líneas aéreas marroquíes hayan prohibido a las mujeres que lleven hiyab (velo musulmán) trabajar de cara al público o la prohibición a una profesora británica de impartir clase por llevar pañuelo?

El hiyab está nombrado en el Corán pero no como una obligación. Es una recomendación que se lleve el hiyab para que la mujer no sea maltratada frente a algunos ojos que no son inocentes. Es por el bien de la mujer y no por el bien del hombre. El Islam considera a la mujer preciosa, elevada, valiosa, no como una cosa, sino como madre, como hija. Algo que es valioso, queremos que no se maltrate y el hiyab aparece por este motivo. Pero te digo que mi Gobierno, mi padre, mi sociedad, si está conforme con el Islam me dejará la libertad de elegir ponerme hiyab o no. El Islam no dice que no eres musulmana si te quitas el hiyab ni tampoco que lo tienes que aceptar obligatoriamente. El Islam abre la puerta a la libertad de elección.

En la actualidad, hay tres grupos diferenciados en casi todos los países magrebíes. Uno se aferra a que o te pones el hiyab o no eres musulmana y no tienes derechos; otro afirma que eres libre de ponerte el hiyab y al tercero le da igual si te pones hiyab o no.

Pero eres musulmana porque has creído en Dios y nadie tiene el derecho de decir que porque no llevas el hiyab no eres musulmana. Los que conocen el Islam y los no ignorantes, toleran la libertad para elegir. Pero los que no conocen el Islam, ven a la mujer del otro lado, contraria a los musulmanes. Así es la sociedad actual.

¿Su marido siempre le ha apoyado?

Me considero una mujer a la que Dios concedió dos bendiciones. Primero, mi padre. Me ayudó, me dio todo su amor y empuje para que yo estudiara en una época en la que la mujer tenía prohibido salir de casa. Desde Nador a la provincia de Tetuán, que era la capital de la región del norte, hay 420 kilómetros. Era otro mundo y gracias a Dios y a mi padre, pude terminar mis estudios en Tetuán, que era el único sitio donde había un instituto. Antes en Nador había dos aulas y venía una comisión de Tetuán para examinar a los alumnos. El que aprobaba y quería continuar los estudios tenía que ir a Tetuán. Casi nadie iba porque el trayecto era muy largo y muy caro y la mentalidad de la provincia cerrada. Pero yo tuve a un padre que me apoyó. La segunda bendición que Dios me ha dado es mi marido. Me casé a los 16 años y ocho meses. Terminé mis estudios con mi marido, lo cual quiere decir que me ha ayudado en un periodo de tiempo más largo que mi padre. Llevo casada más de 50 años y me ha ayudado a todos los niveles. Estudiaba en casa, iba a hacer los exámenes a Oujda, hasta me presenté en 1980 a la UNED para ingresar en la universidad. Venía diariamente de Nador a Melilla con mi marido y mientras yo iba a las clases, él se quedaba dos horas esperándome en la UNED o en cualquier cafetería hasta que yo terminase. Sin la ayuda de Dios, de mi padre y de mi marido, no hubiera hecho nada.

Usted también fue concejal de Nador en 1976 en una época en la que nadie se imaginaba que una mujer se presentaría a las elecciones…

Sí. Me presenté porque me lo pidió un grupo de hombres. Fíjate que no fueron las mujeres ni por iniciativa personal sino que un grupo de hombres cuyos hijos venían al colegio en el que yo era directora de enseñanza primaria y sabían cual era mi visión de la mujer me lo propusieron. Me presenté porque sentí que no podía decirles que no pero al mismo tiempo quise participar en las elecciones como candidata para comprobar qué es lo que pensaba la mujer en la provincia de Nador sobre mi decisión. Saber qué opinaban de mí era lo mismo que conocer lo que opinaban de la mujer en esta región del norte. No me presenté por ningún partido político, me presenté por libre.Y aprovecho para agradecer a los hombres que me apoyaron en esas elecciones y que llevaron a sus mujeres a la cabina de elecciones para que votaran por primera vez. Eso jamás se me borrará de la memoria y del corazón porque significa una confianza completa del sexo masculino en una época en que el hombre era el jefe de la familia y si no quería, la mujer no podía salir a votar.

¿Es difícil ser mujer y ejercer al mismo tiempo un cargo político en Nador?

Para mí, la época como concejal en Nador ha sido muy importante. Primero por encontrarme sola en esta municipalidad, una mujer entre 25 hombres. En segundo lugar, he encontrado, gracias a Dios, mucho respeto. Y en tercer lugar, me di cuenta de que muchas mujeres no aceptaron mi decisión de presentarme a las elecciones.

Muy pocas mujeres venían a contactar conmigo, eran más los hombres los que lo hacían. De ahí deduzco que también la mujer tiene parte de responsabilidad en su ignorancia y en su adelanto, porque no se atreve al cambio.

¿Ha cambiado esa situación después de treinta años?

Sí. En Nador tenemos a dos mujeres concejales. Una en la provincia de Nador y otra en Beni-Chicar. La participación de la mujer es una de nuestras misiones tanto en la Unión de Mujeres Árabes como en la sociedad civil.

Yo no pertenezco a ningún partido político, esto que quede claro, ni pienso afiliarme ni quiero presentarme a las elecciones aunque tengo mucho apoyo, más que antes. Pero no me atrae presentarme a las elecciones sino orientar y enseñar. Mi última labor en este mundo quiero que sea la orientación y la enseñanza, no la política.

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