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Feminismo Islámico: ¿Oxímoron o realidad?

Conferencia en Barcelona 2006

19/11/2006 - Autor: Naila Tiwana - Fuente: Webislam
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Naila Tiwana, sufi salika y escritora
Naila Tiwana, sufi salika y escritora

A principios de noviembre de 2006, la moderna y cosmopolita ciudad de Barcelona, con cierto carácter andaluz, e irradiando una efervescencia innegablemente de cruce de culturas, vibró con el encuentro intelectual del “Feminismo Islámico”.

El Congreso Internacional de Feminismo Islámico surgió como una iniciativa de la Junta Islámica Catalana que nació de la necesidad de tener una organización unificada que analizara los temas de importancia a los que se enfrenta la comunidad musulmana en España y también en el resto del mundo. Su principal objetivo es el de adoptar un enfoque social significativo, ya que en su opinión esto permitirá promover un mejor comportamiento social. Su voluntad es la de luchar contra los sesgos y equívocos que plagan el Islam. Fomenta un enfoque multicultural y multi-religioso para promover una comprensión pacífica del Islam, tan vital para mantener intactos sus valores humanitarios.

El Congreso de Feminismo Islámico hizo un llamamiento para unir las voces de todo el planeta para expresar solidaridad con su causa por primera vez el año pasado. El rotundo éxito de este primer encuentro llevó a un segundo congreso en noviembre iniciándose así el camino de muchos otros que seguirán. Los organizadores admitieron sinceramente que no habían previsto este efecto ‘bola de nieve’ de popularidad. La fenomenal respuesta que recibieron muestra claramente hasta qué grado es necesario y relevante este tema hoy en día. El presidente de la Junta Islámica opinó: “La negación de los derechos de las mujeres lleva a la necesidad del feminismo islámico. El feminismo islámico es un movimiento que se enmarca en el Islam.”

La voz multicultural del Islam se vio reflejada en la diversidad de la representación étnico-cultural, tanto entre los ponentes como entre el público. Desde América en Occidente hasta Indonesia en Oriente, la crème de la crème de los intelectuales en el ámbito de los temas islámicos, se reunieron para deliberar, debatir y analizar las teorías y prácticas relacionadas desde las más amplias perspectivas. La única necesidad impulsora para hacer esto, en palabras de Naeem Jeenah, académico sudafricano y activista por los derechos humanos es: “¿Por qué practicamos el Feminismo islámico? Lo hacemos por Al-lâh. Para muchos de nosotros no se trata sólo de una lucha intelectual; es por evitar el sufrimiento a otros musulmanes. La gente quiere respuestas islámicas.”

El deslustre de la imagen del Islam en el mundo, que tomó una dimensión sin precedentes después del 11 de septiembre, enfrentó a los musulmanes con el monstruo del extremismo islámico. El tema del Islam ya no se reduce a una reflexión personal; ha entrado de lleno en la arena política y pública universal. El carácter y la naturaleza misma del Islam corren el riesgo de demonización y especulación negativa. Ha llegado el momento de que los legítimos hijos e hijas de la tierra islámica defiendan el honor y la integridad de su maravillosa tradición, cuya Fuente se ofreció a la humanidad como “misericordia y curación”, ejemplificada por aquél (que la paz sea con él) “que alcanzó el perfecto buen comportamiento”. El hecho de que una tradición que deriva de la semilla Divina del Amor, la Compasión, la Generosidad y la Tolerancia, que se empapa en la ética noble y la alta moralidad, hoy se nombre como sinónimo de palabras como terrorismo y barbarie, es una profunda traición interna. ¿Cuál es este cáncer, esta distorsión anormal, que está deformando la bella y gentil cara de nuestra religión? Nosotros, los Umma, el cuerpo espiritual y colectivo del Islam, debemos enfrentarnos con algunas verdades desagradables para poder embarcarnos en la necesaria cruzada intelectual y espiritual para reivindicar nuestra posición islámica.

Durante el congreso, se plantearon estas verdades desagradables sin cortapisas. El diálogo entre islamismo y feminismo pone de manifiesto que el Islam y su Identidad están en lo cierto. El renacimiento y la revitalización de la verdadera identidad islámica implica una reevaluación y un análisis de las leyes islámicas, su interpretación y su implementación. El terrorismo islámico es una contradicción en sí mismo, ya que si es terrorismo no puede ser islámico. El Islam no es, ni literal y simbólicamente, otra cosa que la ‘paz’. El ‘maqasid-e-shariah’ o el objetivo de la ley de revelación del Islam no es otra cosa que ‘masalaha’ o bienestar. Cuando algo va en contra del bienestar del individuo, de la sociedad o de la humanidad no puede encontrar justificación en el marco islámico. La palabra ‘Shariah’ viene de la palabra árabe ‘sharh’ que significa un camino despejado y amplio. Se aplica metafóricamente al camino despejado y amplio que lleva a Dios o, en otras palabras, la ley que Dios reveló para guiar a la humanidad. De la referencia coránica a la Shariah se extraen una serie de principios éticos y normativos que definen una sociedad justa y moralmente protegida.

La Shariah del Islam, tal y como la conocemos hoy, es un conjunto de normas legales de la Edad Media. Los libros islámicos clásicos de jurisprudencia escritos por juristas musulmanes de los siglos IX, X y XI son las fuentes de las leyes islámicas que se aplican en el mundo musulmán hoy. El cierre de las puertas al Ijtehad o razonamiento individual, propio y analítico, que recomendaba el Profeta Muhammad (la paz sea con él) como fuente de legislación e interpretación, es la peor tragedia que se cierne sobre el mundo islámico. Este hecho consiguió congelar y anclar en una época a una religión que pretendía ser dinámica, evolutiva y universal. El enfoque hermenéutico de los juristas musulmanes clásicos que codificaron la ley islámica se vio coloreada a su vez por las tendencias socioculturales indígenas y consuetudinarias de sus épocas y regiones. Las diferencias de la aplicación y práctica multicultural de la Shariah la convierten un gigante jurídico complejo y diversificado. En el pasado próximo, la destrucción de las sociedades islámicas tradicionales a manos del colonialismo llevó al aumento de los movimientos fundamentalistas que consideraban que la única vía para la reivindicación era volver al estado musulmán y a la sociedad del siglo VII en Arabia, a través de una rígida emulación de su comportamiento y carácter. Abdennur Prado, el director del congreso dijo: “Volver a la religión no es necesariamente involutivo, pero los intentos de utilizar la validación Divina para perpetuar leyes discriminatorias es algo totalmente infundando en el Corán y absolutamente superfluo.”

“La lectura analítica del Corán de forma global demuestra que no hay ningún elemento que apoye el control patriarcal o chauvinista”, continuó. Declaró que lo que negaban los musulmanes progresistas era esta lectura patriarcal del texto coránico, pero nunca el texto en sí mismo. Volver a leer el texto coránico de una forma no parcial en lo relativo al género permitiría a los musulmanes, así como al resto del mundo, abrirse a una nueva dimensión de nuestra tradición. El Corán explica el concepto de “Nafsan Wahidah”, el alma única que se dividió para crear al hombre y a la mujer. Todos los seres humanos tenemos la misma calidad espiritual. Esto nos devuelve a la imagen cósmica de la Creación. La Creación nació de polaridades. Un equilibrio adecuado de las energías masculina y femenina es el objetivo último del Islam.

Incluso desde la perspectiva sufí, el comportamiento ético se transforma en equilibrio. El camino sufí trata sobre el retorno voluntario del ser humano a Dios, a través de la adopción de las características divinas derivadas del Asma-ul-Husna (los bellos nombres de Dios) que ejemplifican el modelo moral y el comportamiento virtuoso. El equilibrio perfecto de los nombres se cubre con la asunción perfecta de cada característica en la forma en la que se crearon los humanos. Esta es la representación humana del “meezan” (La Balanza) o equilibrio de la Ley.

Según Margot Badran, una historiadora américo-egipcia de las sociedades de Oriente Medio e islámicas, en el Islam los hombres y las mujeres comparten los mismos derechos y responsabilidades. Están ambos encargados por igual del “Khilafah”, es decir, vicegerencia, y se les pide por igual que luchen a favor de la “Taqwah” o piedad. Cada individuo le debe obediencia únicamente a Dios. El Corán reconoce la diferencia biológica pero no define los roles según el género. Hay una división por igual en la pareja conyugal. El término utilizado para la esposa en el Corán es ‘zawj’ que significa sencillamente compañero, sin especificar el género. El Corán está específicamente libre de las marcas de género. Algunas prácticas anteriores al islam quedaron limitadas pero permitidas en el Corán, como, por ejemplo, la poligamia y la esclavitud. Esto se hizo para facilitar que la gente pudiera avanzar por el camino de la Shariah. Pero que se permitiera no significaba que se prescribiera. Este fue el proceso de gradualismo introducido en la revelación coránica, un proceso al cual no se ha permitido progresar. La complementariedad se basa en la naturaleza misma. “Khilafah” y “Tawheed” son dos conceptos fundamentales del pensamiento islámico que no se pueden rebajar.

Necesitamos una conciencia que vaya más allá de estas polaridades

La profesora tunecina del Fiqh islámico, Amal Grami, dijo, “La psicología social y las tradiciones económicas han resultado en leyes opresivas en el mundo islámico.”

Haciendo una disección de la metodología jurídica dentro del mundo islámico, Shaheen Sadar Ali, profesora de derecho islámico, dijo “A pesar de que el Corán sigue siendo la fuente de inspiración, fueron los legisladores politizados los que hicieron las leyes. Esto quedó consagrado en el principio legal de ‘siyaasa shariah’, la política de la Ley. El gobierno y el Estado adoptaron la tarea de legislar. El Corán dice que a la gente injusta que calumnia falsamente los testigos o las pruebas presentados deberán cancelarse para siempre y no volver a aceptarse jamás. De conformidad con la ley islámica deberán recibir 80 latigazos. La intención de esta ley es proteger la reputación de las mujeres contra las sospechas infundadas y el entrometimiento indebido en los asuntos personales para aquellos que se alimentan de escándalos. La revelación de este versículo coránico fue el resultado del famoso ‘incidente del collar’ en el que Hazrat Ayesha Siddiqa, honorable mujer del Sagrado Profeta (que la paz sea con él) quedó rezagada detrás de la caravana mientras estaba distraída buscando un collar que había perdido. El hombre responsable de vigilar la parte trasera de la caravana la encontró sola en el desierto y la acompañó hasta reunirse con el resto de la caravana. La gente empezó a murmurar y a difamar su honrosa reputación a gran consternación del Sagrado Profeta y ella misma. Pronto, Al-lâh reveló estos versículos como respuesta al vicio de charlar demasiado de estos entrometidos. Sin embargo, ninguna ley de un país musulmán refleja esta regulación en la actualidad. Hoy, El texto coránico está muy lejos de la ley proyectada por los llamados defensores de la ley islámica. El estudio de la legislación en Pakistán antes de 1979 muestra que había solo 70 mujeres encarceladas en todo Pakistán. Después de la implementación de la Ordenanza Hudood, en una encuesta de 2003, se registraron 7000 mujeres encarceladas. La mayoría de ellas han sido encarceladas por cargos de ‘zina’ que, según la Ordenanza Hudood no distingue entre ‘zina’ (adulterio o fornicación) y ‘zina bil jabr’ (violación). En la mayoría de casos, es la víctima violada la que acaba en al cárcel. Los oprimidos son los que continuamente se ven sometidos a mayor opresión. Y, sin embargo, el Islam es la religión que dice: “Tanto el opresor como el que tolera la opresión son injustos.”

Es necesario hacer un llamamiento a favor de la abolición de las leyes discriminatorias para rescatar al Islam de las garras del extremismo radical. Margot Badran reiteró que el camino debe estar despejado, tanto conceptual como intelectualmente. Se trata, por un lado de un renacimiento islámico y, por otro, de una transformación. Es un renacimiento en el sentido de que es una vuelta del Islam a su Libro y, por lo tanto, un renacimiento y una recuperación de lo que significa realmente. Es una transformación en el sentido de que lo que se ha ‘aceptado’ como Islam necesita transformarse en un Islam basado en el mensaje coránico de la igualdad de género y justicia social.

Al subrayar la importancia de la justicia en el Islam, Naeem Jeenah dijo: “Tenemos que desarrollar una relación contemporánea con el Corán. ¿Qué nos dice hoy? La Justicia es el pilar importante del Corán, que es la clave. La Justicia es el objetivo de la religión. ‘Quist’, la palabra árabe para la equidad y la justicia, es el pilar sobre el que se levantan el cielo y la tierra. La Justicia debería, por lo tanto, formar las premisas de todas las metodologías hermenéuticas e interpretativas. Fazlur Rahman habla sobre el Corán no como un Libro de principios o leyes, sino más bien como una compilación de respuestas contextuales a preguntas contextuales. Tenemos que recibir las referencias coránicas como respuestas a las preguntas que nos planteamos en el mundo contemporáneo.”

Shaykha Amina Al Jerrahi, una líder espiritual de la orden sufí Jerrahi, expresó la necesidad urgente de generar una conciencia sobre todas las distorsiones interpretativas del Corán; suscitar las luchas ideológicas en el mundo musulmán. “Es importante rescatar al Islam de las interpretaciones autoritarias que se han institucionalizado con el tiempo. Cuando llegamos a la cuestión de convertir a las mujeres en fenómenos ausentes en las sociedades musulmanas, reduciendo y controlando su interacción pública y social, ¡se vuelve espiritualmente frustrante entender cómo una tradición sagrada con una sabiduría tan sublime como el Islam puede verse reducida al tamaño y a la forma del velo de una mujer! Este reduccionismo religioso no se encuentra en el Islam. El término utilizado para la humanidad en el Corán es ‘Ya Ayyuhan Naas’, ‘Oh Humanidad’ y el término ‘Insaan’ de ‘Naas’ es de género neutro. Insaan tiene la responsabilidad ante Dios con o sin el apoyo de los hombres. Cada uno de nosotros es responsable por su propia espiritualidad y fisiología. Los seres humanos tienen que entrar en la experiencia del Asma ul Husna. Los extremistas religiosos y los humanistas seculares se basan en falsas pretensiones. Necesitamos barrer de nuestras mentes todas estas distorsiones socioculturales y políticas. El Islam posee este marco abierto e inclusivo que incluye a todos los profetas anteriores y las revelaciones en su seno. Esta es la marca de la era de Muhammadan, la era de la revelación final”, dijo Shaykha Amina al Jerrahi.

Para concluir, se podría decir que el chauvinismo machista es una tendencia hegemónica que funciona en distintas esferas y niveles de la vida humana. No tiene un lugar válido en un sistema o sociedad realmente islámico, ya que el Islam es esencialmente una religión de equidad, justicia, igualitarismo y juego limpio. Allí donde hay un elemento de opresión, de explotación oportunista y juicio parcial basado en principios distintos del ‘Taqwah’ o piedad moral, entramos en la esfera del Dar-ul Kufr y salimos de las fronteras santificadas del Dar-ul Imaan.

Naila Tiwana es una Sufi Salika una estudiante del camino sufí y escritora/investigadora de la espiritualidad y de temas islámicos de actualidad.
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