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La Línea Verde

La historia de Palestina en un poema épico

16/11/2006 - Autor: Abel Samir - Fuente: Webislam
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Línea verde
Línea verde

(A Mustafá, Mayid, Samra y Farez, y a muchos más)

Era una línea imaginaria, la Línea Verde,
que separaba nuestras fuerzas
de las fuerzas del fascismo.
Sin embargo...
estaba muy marcada y pintada de negro.
Nadie lo había hecho a propósito,
sino la pólvora, el trotyl y otros explosivos.
Y también manchas oscuras...
la sangre de los caídos.
Atravesaba Beirut de oeste a este
y continuaba paralela a la carretera que va a Damasco.
Estaba llena de cráteres, alambradas y obstáculos,
minas antipersonales y minas antitanques,
vainillas de fusil y esquirlas de morteros.
¡Era la línea del infierno!
Escalaba las empinadas colinas y esquivaba a los cedros.
Descendía por los hermosos valles verdes y perfumados,
de flores silvestres, cítricos, higueras y paltos.
Atravesarla era una aventura y un enorme riesgo,
que muchos sin ningún éxito lo habían intentado.

La injusticia social y la falta de libertad,
son razones justas por las que se levantan los pueblos.
Francia ocupó el Líbano a nombre de la libertad,
pero esa libertad se llamaba colonialismo.
En la edad media invadieron el Líbano junto a otros europeos.
Llegaron en nombre de la cruz y se portaron peor que animales.
En nombre de la cruz...
los “caballeros Templarios” horribles crímenes cometieron,
los que nunca se muestran en las películas de Hollywood.
Y con el saqueo se hicieron ricos los monjes guerreros.
Pero dicen...
que fueron a luchar por la cruz...
y por los lugares santos.
Y por la cruz murieron.
El sultán Saladino los derrotó y los expulsó del Oriente Medio.
Alá le prestó su ayuda.
Y no cometieron las barbaridades
de los monjes guerreros.
Les perdonó la vida
y en paz, emprendieron el regreso.

Los monjes ricos terminaron en la hoguera en 1314,
acusados de herejes y de sexuales pervertidos,
eso último, no lo negaron.
Y no era un embuste, porque nunca fueron unos santos.
Pero en verdad, sus acusadores, los nobles y los reyes,
codiciaban sus riquezas. Lo otro les importaba un rábano.
Y los nobles no eran tan santos.
Tampoco los reyes...
ni siquiera los obispos.
Todos ellos vestían elegantes
en sus trajes bordados...
con hilados de oro
y cubiertos de parásitos.
Asearse y bañarse, era un delito que costaba muy caro.
No como los herejes musulmanes que se bañaban a diario.
En 1920 se fueron los colonialistas franceses de nuevo.
Se tuvieron que ir, no por razones morales,
sino porque estaba naciendo con fuerza el nacionalismo.
Francia dejaba poderosos aliados:
la clase rica dominante, de religión cristiano-maronita.
Su partido falangista nació durante la guerra civil española.
Fue una copia feliz del Edén de Franco.
De él copiaron la organización y los métodos cavernarios.
Se fueron los franceses con sus pesadas cruces a cuestas
y quedaron los falangistas con otras muchísimo peores.
Muchos adoptaron nombres franceses
y además de árabe hablaban como parisienses presumidos.
Crearon una “democracia” al estilo europeo:
los ricos gobiernan y los pobres a trabajar como esclavos.
Precisamente, la que le pasa como anillo al dedo al Imperio.
Y el Imperio se preocupó del desarrollo económico,
y también el Pentágono:
mandaron muchas toneladas de armas y municiones,
toneladas de cañones, tanques y carros de asalto.
Y bayonetas...
bayonetas para asesinar los viejos.
Crearon trabajo para muchos cesantes de la mafia de Chicago
y como buenos economistas,
y de acuerdo a las leyes de mercado,
organizaron a las mujeres de la calle, eso sí, nada de sindicatos.
Invirtieron en hoteles de lujo, casinos y fastuosos burdeles.
Mano a mano, democráticamente, con los inversionistas maronitas.
También, se preocuparon de la instrucción pública:
mandaron rangers y marines, los mejores del Imperio,
a entrenar a Al Kataeb la milicia fascista en refinadas torturas,
Así, nacieron los psicópatas vestidos de negro
con la cruz colgándoles al cuello.

La guerra estalló en 1975 en el Líbano
cuando los falangistas a la democracia se opusieron.
Cuando se negaron a compartir el Poder del Estado.
Cuando quisieron continuar con sus privilegios.
Cuando se negaron a cambiar la constitución del país,
que les entregaba la presidencia del Líbano a ellos.
Y también la jefatura del ejército...
Se creó un Frente Nacional integrado por los socialistas drusos,
los musulmanes chiítas en el sur, los musulmanes sunnis en el norte
y el pequeño partido comunista del Líbano.
La Organización de Liberación de Palestina se declaró neutral.
El ejército libanés, con oficiales maronitas y soldados musulmanes,
también se declaró “neutral”...
pero un gran número de soldados y suboficiales desertaron,
los que se integraron al Frente Nacional.
La guerra empezó en Beirut, con escaramuzas pequeñas
en las cuales se atacaban sus intereses económicos.
Israel aprovechó esa gran oportunidad,
la oportunidad...
para destruir a la resistencia palestina,
la que operaba desde el sur del Líbano, la tierra de Fatah.
Y entonces, abasteció a los falangistas con material bélico.
Y asusó a los psicópatas de negro contra los palestinos.
El domingo 13 de abril,
en Beirut...
asesinaron a veintisiete civiles palestinos
que viajaban en bus de regreso al campamento
Tel Al Zaatar......
Beirut se transformó en un infierno
y los palestinos entraron al Frente Nacional con todo su ejército.
Entre los muertos y heridos había mujeres y niños.
Niños escolares,
que soñaban con ser grandes
y algún día volver a su pueblito
que le quitaron los judíos.
Fue una horrible masacre de civiles indefensos.
Y los falangistas eran cristianos...
Y yo le pregunto a usted:
¿Y qué diría Cristo?

Israel con su flota custodiaba las hermosas costas del Líbano
y con sus lanchas torpederas como si fuese la propia.
Algunos jerarcas israelitas se llevan soñando...
con un Israel grande y poderoso,
a costilla de los palestinos, y de los vecinos.
Y los judíos del Imperio mandan toneladas de dólares
y también el gobierno del César.
Y éste repite como un majadero:
¡Dadle al César lo que es del César!
¡Dadle a los judíos la tierra de los palestinos!
¡Y al Imperio el resto del mundo!
Si así no fuese, los inversionistas le quitarían su apoyo.
Y los emperadores tendrían que dedicarse a barrer suelos.
Y para no ser menos, el César también envió su flota
y sus marines mascando chicle
y sus rangers patibularios.
Y estaban muy lejos de Washington.
Las playas arenosas de Beirut
y los graciosos peces del mediterráneo
y las algas verdes del mar de los fenicios,
ni remotamente eran...
ni las aguas contaminadas de Miami
ni las playas particulares de los ricos de Miami
ni donde se bañan los gusanos de Miami.

Los falangistas perdían la guerra en el monte del Líbano.
Allí estaban los fieros comandos palestinos,
los estudiantes universitarios
y muchos voluntarios llegados de todo el mundo.
De Europa y América llegamos voluntarios.
Hasta de la India llegaron palestinos voluntarios.
Especialmente, después de la masacre
contra el campamento de refugiados de Tel Al Zaatar
a manos de los psicópatas de negro.
Vistiendo ropas civiles...
trajes cuasi militares...
pañuelos palestinos...
a cuadritos blanco y rojos
y cuadritos blanco y negros.
Llegamos voluntarios de todos los rincones del planeta.
De un hemisferio y del otro.
Mujeres y hombres...
jóvenes y viejos.

Tel Al Zaatar quedó en la zona controlada por los fascistas,
que contrataron sofisticados mercenarios,
asesinos europeos...
que cobraban por cabeza de palestinos muertos.
Filmaban a sus víctimas con máquinas adheridas a sus armas.
¡No importaba la edad!
Entre las víctimas hubo muchos niños.
Pero perdían la guerra en la montaña...
allí les dábamos duro.
Y también en Trípoli...
Sólo al norte de Beirut eran fuertes.
Al norte de la Línea Verde.
¡La línea del infierno!

En Líbano había más de un millón de palestinos refugiados.
Eran las víctimas de la agresión del sionismo judío,
que llegó de Europa al término de la Segunda Guerra Mundial.
Eran judíos europeos cuyos antecesores habían emigrado hacía muchos cientos años desde Palestina.
Una gran parte ni sabía desde cuando.
A lo mejor...
desde el tiempo de Nerón
o de Calígula el insano.
Algunos venían del Imperio, desilusionados de Hollywood,
del McDonall y del football americano.
Otros, porque carecían de trabajo y eran unos patiperros.
Muchos, porque la Biblia les daba esos derechos.

¿Y el Corán, qué me dicen ustedes?
Acaso, ¿no es también un libro santo?
Venían financiados por los empresarios judíos del Imperio.
Traían enormes capitales para comprar la tierra palestina.
Y la que no pudieron comprar, la robaron
el año 1948 con su superior armamento
y con la ayuda de la corona británica
y con la complicidad de su policía y de su ejército.
Y con las armas modernas que ellos les dejaron.
Y los soldados judíos eran veteranos de la Segunda Guerra,
bajo Montgomery, en Egipto, el jefe del 8º ejército.
En cambio, los palestinos no tenían ni armas ni ejército.
Algunas escopetas,
fusiles antiguos de marcas y calibres diferentes,
poca munición y ninguna organización,
todo un revoltijo.
Y llegaron voluntarios de los países árabes,
sin experiencia militar, pocos y desorganizados.
No fueron más de 7.000 contra 20.000 judíos.
Fueron barridos por la artillería y los tanques judíos.
Y por los aviones spitsfire que les dejaron los británicos.

Muchos judíos eran víctimas de los campos nazis
de concentración.
Creían que Palestina les pertenecía,
porque se las regaló Javé
sin tomar en cuenta a sus pobladores originarios:
los filistinos, que nosotros llamamos palestinos.
Tal vez no lo creían en serio,
pero les daba lo mismo,
total, sólo se trataba de árabes
y no de europeos o norteamericanos.
Y casi todos eran europeos,
los que a Palestina llegaron.
Y Javé les había prometido esto y lo otro.
¡Menos mal que no les prometió los océanos!
¡Ni tampoco China ni la Antártica!
Después de todo, no podemos quejarnos,
¡tuvimos mucha suerte!
Pero Javé traicionó a los israelitas,
y también a todo el mundo.
El resto del planeta y los otros planetas
se los prometió al Imperio.
Y así lo reconocen los sátrapas del mundo.
Hoy están en la ONU
—el nuevo Senado Romano—
toditos de rodillas con el culo parado
muy agachaditos lamiendo las botas de cowboy del César
y aceptando el genocidio del pueblo afgano.
Y el del pueblo palestino, a manos de los judíos europeos.
¡Total, sólo se trata de pueblos islámicos!
De rodillas, imploran a Bush, el nuevo César,
“defensor de la guerra mundial”, playboy y alcoholista abstemio.
Representante de la globalización mundial de la economía,
y de los grandes inversionistas judíos-americanos,
esos que atentan contra los bosques y la vida en nuestro planeta.
Y si ya no se puede vivir en el pobre planeta Tierra, dicen
eso no importa, todavía queda Júpiter, que es enorme,
Y dicen que tiene muchos recursos.
¡Ojalá emprendan el viaje cuanto antes!
Y le agradecerán a Javé.
¡Y por supuesto, también nosotros!

Haganah, Argún y Stern,
las tres organizaciones terroristas judías fueron las peores
y más inhumanas de esa guerra.
Asolaban los pueblos pequeños e indefensos.
Violaban y asesinaban como lo hicieron con los cananeos
y también con los filistinos cuando regresaron de Egipto,
después de ayudar al Faraón a construir su pirámide.

Palestina 9 de abril de 1948.
El Sol brilla en un cielo despejado
no adivina la tragedia que se avecinda.
De las hojas de los olivos caen gotas a la tierra,
a la tierra seca que sedienta espera esas gotas,
y bellos insectos chupan de las flores, su néctar.
Algunas aves dejan de cantar y vuelan alborotadas.
El ruido de unos motores y el polvo que levantan
despierta a los moradores de Deir Yassin.

Una columna de camiones cargada con hombres sucios,
barbudos y malolientes,
con mirada turbia escudriñan el horizonte
desde los camiones militares, jeeps y tanques.
Son los soldados de Javé
judíos europeos que siguen la tradición bíblica,
de asesinar filistinos y cananeos
por razones religiosas y económicas.
Los jóvenes y viejos reúnen una veintena de armas,
pero nada pueden contra quinientos.
Los pobladores que no mueren por las balas
son pasados a cuchillos,
viejos, mujeres y niños.
De cuatrocientos pobladores
sólo sobreviven cincuenta
y hacia Jordania escapan.

Hoy sólo quedan las ruinas de un pueblo fantasma,
como muchos otros pueblitos que estaban rodeados
de parcelas con tunales, limones, higueras y naranjos.
Y las tumbas de sus habitantes.
Mudos testigos de lo que civilizados europeos,
ingenieros, técnicos, dentistas y médicos,
en nombre del éxodo, salvajemente cometieron.
Y a Javé y al Imperio los judíos le agradecieron.
Las tierras pasaron a las manos de los Kibutz judíos,
experiencias que de socialistas no tienen ni el nombre.

Trecientos cincuenta aldeas y pueblos palestinos abandonados,
sus casitas de piedras blancas,
destruidas por la dinamita, por los bulldozer o las bombas.
Y todo hecho a propósito para impedirles el retorno.
Sus habitantes obligados a punta de bayonetas a marchar al exilio
y los que rehusaron el destierro, a sangre fría fueron asesinados.
¡Y después afirman defender los derechos humanos!
Y defensores de la democracia dicen serlo.
Aquella que apoya el 5º derecho del Imperio.
El derecho de robar y expoliar a los pueblos.
Ingenuamente se preguntan la razón por la que el mundo los odia.
Y el gran protector de todos estos inhumanos crímenes,
tampoco sabe explicarse la razón del atentado al World Center,
puede que sean o a lo mejor se hacen...
los inocentes.
Ochocientas mil personas quedaron sin hogar y sin patria
palestinos sin nacionalidad,
ilegales en todo el mundo,
dispuestos a morir por sus raíces.

Y los judíos europeos seguían llegando y llegando,
y robando y usurpando la tierra de los palestinos.
Trescientas cincuenta aldeas y pueblos palestinos muertos.
Ya no se escuchaba el canto de los pájaros,
ni el jolgorio de los niños,
ni las bellas canciones de las muchachas,
ni danzas alegres los días festivos.
Todo un pueblo borrado de la faz de la Tierra por los judíos.
Como si nunca hubiese existido.
Y en esas aldeas y pueblitos de piedras blancas,
sólo se escuchaba un profundo y mortal silencio.
Y tristes miran desde sus tumbas,
los ojos de miles de sus antepasados.
Y por las noches, sus lamentos acarrea el viento.

Muchos trataron de volver a sus tierras y a sus pueblos
y así lo hicieron los habitantes de Biram.
Los soldados de Haganah se portaron como bestias brutales
cuando echaron a los niños, mujeres y viejos.
Eso no era nada nuevo...
“Van a cruzar el Jordán a la tierra de Canaán
y tienen que expulsar a todos los habitantes
de la tierra de delante de ustedes
y destruir todas sus figuras de piedra...
Y tienen que tomar posesión de la tierra.
Números 51 y 52 del Antiguo Testamento”.

¿Qué vienen a hacer aquí? ¡Váyanse! les dijeron
y para amedrentarlos dispararon sus armas de fuego.
¡Esta tierra ahora es nuestra!
¡Aquí no tienen nada que hacer!
con agresividad y fiereza les gritaron.
Y los pobres aldeanos de Biram, con enorme desesperación
subieron a los montes de Galilea.
Y contemplaron la enorme desolación que se veía por todos lados.
Cadáveres semienterrados,
de todas las edades y de ambos sexos.
Casas saqueadas y demolidas
por los soldados de Javé.
Y por los caminos de Galilea
van los aldeanos sin rumbo,
con sus corazones oprimidos,
y con sus manos vacías
a vivir en la miseria, sin sus olivos
sin sus casitas blancas de piedra
en los campamentos de refugiados.
Así nacieron Tel Al Zaatar, Sabra y Chatila.

Veinte años después, esta terrible tragedia había olvidado
el mundo.
El sueño del judío-suizo Herlz se había cumplido.
El sionismo se había transformado en una realidad terrible.
Los sionistas habían logrado su propósito:
Arrebatarle las tierras a sus habitantes originarios,
y transformar Palestina en un infierno.
¡Y los apoya Javé y el Imperio!
Los judíos europeos en la tierra filistina fundaron su Estado.
Al mundo ya no les importaba el exilio de este pueblo,
todo eso había pasado hacía dos décadas y ya estaba olvidado.
El Estado de Israel emergió fuerte con la ayuda del Imperio.
Y el mundo todo eso lo había olvidado,
lo había olvidado... estaba olvidado...
los pueblos olvidan muy rápido.
Fue una necesidad de ese pueblo filistino organizarse
para luchar por su tierra y para que el mundo los recordase
y para que el nuevo Senado Romano hiciese algo por ellos.
Nació Al Fatah, nació el FDLP, nació el FLP y muchas más.
Y se unieron dando origen a la OLP.
Y su brazo armado, el ELP.
Aquellas organizaciones que Israel y el Imperio tildaron de terroristas.
Y lo decían con mucho descaro y cinismo,
precisamente ellos que siempre lo fueron.

Y los israelitas, cumpliendo lo que les encomendó Javé
atacaron a los jordanos en Cisjordania y a los sirios en Golán.
Y también en Sinaí a los egipcios.
Fue la guerra de los seis días, gracias a las armas modernas
que en abundancia los surtió el Imperio.
Y gracias a la sorpresa, porque nadie esperaba esa ofensiva.
Y los palestinos en 1967 no estaban armados
porque creían en que los países hermanos iban a defenderlos.
¡Qué caro les costaría su idealismo!
Después de eso aprendieron...
que todas las luchas debe darlas uno mismo.
Todos esos territorios fueron ocupados
y otros cientos de miles marcharon al destierro
a vivir en Jordania, en Gaza o en el desierto.
Así, nació la lucha armada de los palestinos.
Guerrilleros con la cabeza cubierta por los pañuelos a cuadritos.

Unidades guerrilleras cruzaban el Jordán
y atacaban puestos militares, fábricas y otras instalaciones.
Y los israelitas luchaban contra sombras difusas.
En Al Karamé el ELP tenía una Base guerrillera,
estaba muy cerca de la frontera por los judíos establecida.
Contra ellos Israel mandó dos brigadas acorazadas,
llevaban la misión de asesinar a todos los combatientes palestinos.
De los trescientos guerrilleros murió un ciento
y el resto cayó herido pero los judíos también perdieron.
Se tuvieron que retirar sin haber tomado el pueblo.
Allí, los palestinos demostraron que podían ser
los mejores combatientes del mundo.

En abril de 1976,
los sirios traicionaron al Frente Nacional.
Defendían sus propios intereses egoístas,
edificar la gran Siria,
y para eso debían ser dueños del Líbano.
La gran Siria...
¡Beirut y Damasco!
¡Qué sueño, qué sueño fantástico!
Y la justicia de esa causa se la metieron en el bolsillo.
Siria mandó sus unidades acorazadas,
su aviación y su artillería.
El Frente libanés-palestino se vio doblemente atacado.
Los asesinos de negro pudieron respirar aliviados.
También el Estado de Israel y por supuesto, el Imperio.
Y el nuevo Senado Romano mutis por el foro.

El ejército sirio lanzó una ofensiva,
desde el este en las montañas
y por el sudeste hacia el puerto de Saida.
Pero en Saida mordieron el polvo
y allí dejaron sus muertos y su chatarra oxidada.
Y en el monte del Líbano los detuvimos.

Día 10 de octubre, las 9 antemeridiano.
El mundo parece que se hunde
y el suelo se mueve como un terremoto.
Un traqueteo terrorífico se escucha en el horizonte,
y las aves caen a la tierra muertas de cansancio.
¡Parece el final del mundo!
Horas que vivimos como los topos.
Por el cielo vienen silbando
Mefisto y los ángeles del Imperio
y caen y caen sobre nosotros,
toneladas de explosivos y hierros.
Algunos tiemblan de espanto,
otros sólo cerramos los ojos.
Eso mismo deben de haber sentido
los dinosaurios...
el día que del cielo cayó el meteorito.

Explosiones, explosiones y explosiones
al sur de la Línea Verde,
en medio de nosotros.
Y algunos, de espíritus débiles se quiebran
son dos voluntarios latinos que se preguntan:
¿Y quién nos mandó meternos en este infierno?
Los pobres han extraviado sus cojones,
en un hotel de Chipre se les quedaron olvidados.

Tres días dura el fuego intenso que produce muchos incendios.
Allí, todos cargamos fusiles,
ametralladoras y granadas de mortero.
Y tuvimos que vivir como los topos.
Luego vino el armisticio y hacia el sur nos retiramos,
el río Litani sigilosamente una noche cruzamos
con nuestros cañones antediluvianos.
Y a la tierra de Fatah cansados llegamos.
Luego vino la paz en la tierra de los fenicios
y los voluntarios nos despedimos
de nuestros amigos y queridos hermanos.
Volvimos a la tranquilidad de Europa,
al frío de los inviernos y a las noches oscuras,
a nuestras mujeres y a nuestros hijos
y allá en esa tierra ocre y negra, de higueras y cítricos
una parte de mi corazón,
allí para siempre se quedó enterrado.
Y la sangre judía que corría por mis venas,
también la celta y la germana,
se transformaron en sangre palestina
y ella se mezcló con mi sangre diaguita.
Y en lo íntimo de mi alma mis raíces cambiaron.

Septiembre, un mes de mala suerte, dicen los supersticiosos.
Septiembre de 1933, golpe de Estado en Cuba dado por el sargento Fulgencio Batista, gran amigo del Imperio.
Septiembre del 2001, atentado al World Center y al Pentágono.
Septiembre de 1976, las masacres de Sabra y Chatila en el Líbano.
Septiembre de 1973, el sangriento golpe militar en Chile.
Septiembre de 1970, el sátrapa de Jordania obedeció al Imperio
y atacó a los palestinos, un episodio que llaman Septiembre Negro.

El César no podía dormir tranquilo en su casita blanca de 500 habitaciones
y tampoco los sionistas en las casas de los palestinos.
El movimiento palestino se politizaba a la izquierda
y eso no era de su gusto, tampoco de Hussein, el sátrapa de Jordania.
y en Ammán construían un ejército
y eso preocupaba a los israelitas.
La guerra fue corta pero muy cruenta,
con muchos muertos por ambos lados.
Y el movimiento palestino perdió su Base de Apoyo.
Y en la Bolsa de Nueva York las acciones subieron abruptamente,
también en las de Tokio y Europa.
El César fue a la iglesia a agradecerle a su Dios por las ganancias
y los judíos a Javé por el tiempo de respiro,
y el sátrapa Hussein a Alá por mantener su reino y su dinero.
Y los ingleses al Dios de los protestantes
que no es el mismo que el de los católicos
porque subió la Libra Esterlina.
Así fue como la OLP traslado sus fuerzas al Líbano.
Y el sur de Líbano pasó a ser la tierra de Al Fatah,
«La Victoria en castellano».

La Revolución Palestina llegó al Líbano y lo cambió todo.
Surgieron escuelas en donde nunca las había habido.
Y hospitales con buenos médicos para todos.
La clínica infantil Nazaret en Beirut
el hospital Akka son buenos ejemplos.
Y guarderías infantiles para libaneses y palestinos.
Y talleres mecánicos para reparar los autos.
Y con dinero árabe se adquirieron unos cañones antediluvianos.
Que no sirven para una guerra móvil.
Son como elefantes con sólo dos patas.

En el sur del Líbano la gente musulmana es chiíta
y al norte, en Trípoli es musulmana sunni.
No son muy diferentes,
pero a veces no se entienden entre ellos.
Como si hablasen diferentes lenguas.
Y eso ha originado guerras religiosas como las de Europa.
Con el mismo odio e intolerancia de los fanáticos europeos.
Menos que los fanáticos e intolerantes de Irlanda del Norte.
Porque esos son los más brutos.
La religión podría ser una buena cosa pero no lo es.
La gente se mata por seres suprareales.
Y de eso se aprovecha sólo el Imperio
y también los ricos en todo el mundo.
Y nosotros sólo vemos explicaciones económicas.
Sólo un lado de la moneda y decimos ser dialécticos.

En el Líbano surgió la organización de los pioneros palestinos.
Muchachitos de ambos sexos entre los ocho y los quince,
que aprendieron el uso de las armas
y a conocer la Historia.
La Historia que tantas veces ha sido falsificada por el Imperio
y sus lacayos de todo el mundo,
hoy los sátrapas modernos.
Así surgió Ashbal «los leones jóvenes»
y Zarat «las flores».
Cuando sea grande me haré guerrillero,
decía un cachorrito
y yo enfermera,
decía una de las flores chiquitas.
Los sionistas son colonialistas,
dijo otra florcita muy bella
y ellos construyen sus casas
en nuestra tierra ocre y negra
y nos prohíben construir nuestras casas.
Y si lo hacemos,
las destruyen con bulldozer
dijo otro leoncito.
Y nos racionan el agua para la bebida,
ellos se quedan con toda.
Y torturan a nuestros camaradas,
en las estaciones de policía
y también en las cárceles para presos políticos.
A algunos los torturan hasta matarlos,
a otros los dejan inválidos.
Les quiebran las piernas y los brazos
y las muñecas y los dedos.
Esos son los sionistas judíos,
a muerte nuestros enemigos.
Yo tengo este bundokié para defender nuestros derechos,
dijo mostrándome su fusil chino.
Nuestra tierra,
biladi... biladi...
Aztazaura al Ahjadi
cantaron todos a coro.
Y el nuevo Senado Romano, mutis por el foro.

La vida del pueblo palestino dentro del Estado de Israel
y de los territorios ocupados de Gaza
y Transjordania
es un infierno
comentan todos los que sufren esa vida de pesadilla.
Y no lo dicen sólo los palestinos,
también periodistas judíos.
No sólo se trata de la usurpación de la tierra y de sus casas.
No sólo se trata del robo y usurpación de las aguas.
No sólo se trata del abuso y del mal trato de los policías.
Se trata de mucho más:
Del abuso sexual contra trabajadoras palestinas
por los patrones judíos dentro del Estado judío,
abuso jamás castigado por los tribunales judíos.
Muy semejante a lo que pasaba en Sudáfrica.
Locomoción colectiva que era árabe
en zonas y ciudades árabes
suprimidas....
para permitir el libre tránsito de ocupantes judíos.
Castigo colectivo a aldeas y pueblos palestinos,
obligándoles a permanecer encerrados
para que los colonos judíos celebren sus fiestas
y para permitir todo tipo de abusos
como el destrozo de los autos,
ventanas, escuelas, negocios
y la policía mutis por el foro.
Y el pueblo debía agachar su cerviz.
Y hay mucho más:
El mercado de Hebrón se cerró por los 250 colonos judíos.
Quedó toda la ciudad de 120.000 palestinos sin mercado.
Y hay mucho más:
Israel es el único país en el mundo donde la tortura es legal,
Tortura legal... piense usted, legal...
Colgar de los pies... totalmente legal.
Zambullir la cabeza en bencina... legal.
Golpes en los testículos... apremio legal.
Violar sexualmente jóvenes de ambos sexos,
legal... totalmente legal... totalmente legal...

Esto y mucho más no podía ser eterno,
algún día tenía que reventar.

Y reventó, por fin reventó.
Los palestinos se pusieron de pie.
Los jóvenes salieron a la calle y armados de piedras las
emprendieron contra sus opresores.
Recibieron balas, ¡no importa!
Mejor eso que vivir como esclavos sometidos.
Y partió la Intifada mierda, partió al fin.
Los esclavos palestinos sacudieron sus cadenas.
Eso significa Intifada, significa Sacudirse,
sacudirse de encima la opresión
sacudirse los parásitos judíos europeos
sacudirse el racismo de los judíos,
porque son un Estado racista que oprime a sus minorías.
Y no pueden negarlo, siempre lo han sido.
Y lo confirma el Antiguo Testamento.
Y los jóvenes inmolan sus vidas para sacudirse los judíos.
Para sacudirse la opresión y una vida indigna de vivir.
¿Vivir así?, almaúd afdál, preferible morir.
¿Morir a vivir sin libertad? preferible morir.
¿Sin sus olivares y naranjales? preferible morir.
Almaúd afdál... almaúd afdál... almaúd afdál
se escucha en las bocas de los cachorritos.

La Intifada abrió las puertas a las conversaciones de paz.
Lo que no pudieron los políticos, lo pudieron los niños,
los niños armados de hondas y piedras.
Como David contra Goliat,
pero el David de ahora es un filistino,
un filistino pequeñito, un cachorrito,
y el Goliat es el Estado israelita,
con sus tanques, sus balas de acero forradas,
sus helicópteros artillados que asesinan a diario,
su artillería que se descarga contra la población
y sus bulldozer y sus ocupantes armados.
A lo mejor esa es la verdad histórica falsificada en la Biblia.
Y los soldados israelitas asesinan impunemente a niños
adolescentes y también a los pequeños
y frente a las cámaras de televisión sin ninguna vergüenza.
Eso ha llegado a ser algo normal para ellos.
Y la OLP pierde poco a poco su puesto de vanguardia
de la liberación de su sacrificado pueblo.
Lo asumirá Hamás, un grupo islámico.
Y la mayoría de la juventud se retrata en los cachorros de Hamás.
No tienen miedo a la muerte,
la han visto pasar tantas veces por su lado.
¡Montada en un tanque pesado!
¡Encaramada en un helicóptero artillado!
¡Volando amenazadoramente entre las nubes!
¡La han visto!
Tantas veces que han ido al sepelio de sus camaradas de barrio.
Todos ellos conocen su Línea Verde.
No es nada nuevo.
Ocurre todos los días...
Todos los días entierran algún muchachito.
Y los soldados judíos se vanaglorian,
y Sharon «el carnicero» los felicita.
¡Son tremendas hazañas! las de los judíos.

Las conversaciones de paz nacieron en Oslo, Noruega,
pero el feto nació muerto.
Nació azul e hinchado
y era puro viento.
Y Arafat todavía hace lo posible por darle vida
e ese engendro de la naturaleza.
¡Un acuerdo de paz que es la negación misma de la paz!
¿Cómo puede haber sin respetar los derechos del pueblo?
¿Y los pobres refugiados en Gaza, el Líbano, Jordania
y otros lugares, que esperan por más de cincuenta años?
¿Y los pescadores palestinos de Gaza, que no pueden pescar
en los meses de verano?
Sí, pueden hacerlo, contestan los sionistas descarados
tienen seis kilómetros mar adentro para hacerlo.
¿Qué no hay peces? dicen... eso no importa
total, tienen que reparar las redes
y pueden practicar para el invierno.

Y los parceleros de Gaza también pueden cultivar cítricos.
¿Qué no hay suficiente agua? dicen...
No jodan, si saben que hay poca agua,
y a ustedes debe bastarles con el 20 por ciento.
El resto la necesitamos nosotros.
Tenemos en Israel muchos hoteles de lujo,
y lagunas y lagos artificiales
y muchas piscinas privadas para los ricos
y también para los turistas que dejan divisas.
Y nuestro cultivo intensivo para la exportación.
¡Y no queremos competencia de los palestinos!
¿Qué no tienen agua potable!
No se puede hacer todo de una vez.
Además, tienen el Mediterráneo.
Que tiene mucha sal, reclaman,
ese no es problema de Israel,
ese es un problema del gobierno palestino.

¿Qué están toditos apiñados en la franja de Gaza?
si son apenas seiscientos cincuenta mil palestinos
y la mitad del territorio lo necesitamos
para nuestros 2000 ocupantes judíos.
Como ven, todo dentro de la mayor justicia,
de este Estado tan correcto y democrático,
ejemplo que ensalzan los socialdemócratas suecos.

Y Arafat hace enormes esfuerzos para darle vida a ese
Frankenstein muerto.
Y a Rabin y a Arafat les dieron el premio de la paz.
Y después, Arafat aprobó los acuerdos de Cairo.
Los palestinos tenían derecho a una bandera nacional
y a un cuerpo de policías en sus cuartelitos.
Ningún arma pesada, ni antitanques
ni cohetes antiaéreos para derribar helicópteros.
Nada para defenderse de armas sofisticadas.
Así los pueden destrozar cuando les de la gana.
Pueden legislar lo que se les ocurra,
sólo que Israel tiene el derecho a veto.
La dirección de la economía,
las relaciones internacionales,
la política de seguridad,
la guarnición de las fronteras,
eso no le corresponde a los palestinos.
todo eso le corresponde a los militares
judíos...
Esa es la ley internacional que Israel
y el Imperio interpretan a su antojo.
Mejor no perder el tiempo,
mejor jugar a la ruleta rusa.
¡Es más productivo!
¡Qué bonito acuerdo el del Cairo!
Y el pueblo palestino se sintió burlado
y se indignó con Arafat.
Entonces rechazaron ese bonito acuerdo.
Y los judíos se quejaron de la perfidia palestina.
Y Hamás consiguió más apoyo de su pueblo.

Y ahora Sharon,
el matarife de Sabra y Chatila,
dice que pueden hablar de paz,
cuando la gente se calme
y se guarde su rabia...
y se olvide de su desesperación...
Y que no hay posibilidad del retorno de los desterrados
porque vienen en camino un millón de judíos europeos.
Y si no están de acuerdo,
bueno, que sigan soportando la miseria,
y las balas dundún prohibidas por la Convención de Ginebra,
y las quebraduras de brazos y piernas de los que caen detenidos,
y los asesinatos desde los helicópteros artillados,
y las invasiones de los tanques a sus aldeas
y los bulldozer que destruyen sus casas,
y las torturas infernales en las estaciones de policías
y los golpes brutales en cualquier lugar en los que se topen
con esos valientes militares sionistas.
Atropellos... atropellos... y más atropellos.

Y ¿hasta cuándo?...
¿Hasta cuándo?...
le pregunto a usted señor
y también a usted señorita o señora...

¿Cuándo mierda termina este infierno?...........

Y la Línea Verde se sigue prolongando...
Hasta que un día...
en un futuro no muy lejano,
como un solo hombre...
se levante todo ese sufrido y valeroso pueblo
y como un huracán...
y de una vez para siempre, barran con ella.

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