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Hitler y Bush: Historia de dos hombres con las mismas siniestras ambiciones

Adolfo Hitler y George W. Bush, dos «almas gemelas», psicópatas que soñaron conquistar al mundo a sangre y fuego y fracasaron en su demencial empeño

26/10/2006 - Autor: Hernán Mena Cifuentes - Fuente: Agencia Bolivariana de Noticias
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Adolfo Hitler y George W. Bush, dos «almas gemelas».
Adolfo Hitler y George W. Bush, dos «almas gemelas».

La historia, ese libro abierto que narra los acontecimientos pasados relativos al hombre y a las sociedades humanas, registra en ocasiones casos de seres cuyas vidas, a pesar de haber transcurrido en épocas distintas, son tan similares, que hacen pensar que la misma se repite, como ha ocurrido con Adolfo Hitler y George W. Bush, dos «almas gemelas», psicópatas que soñaron conquistar al mundo a sangre y fuego y fracasaron en su demencial empeño.

Si las legiones de ambos fueron derrotadas por la resistencia armada que opusieron los pueblos que invadieron, también es cierto que a ello contribuyeron sus propios pueblos, especialmente el de Estados Unidos (más activo que el germano), que ha podido despertar a tiempo del hipnótico poder de la mentira en la que lo mantuvo preso Bush y sus «halcones», al inventar, con apoyo de los medios, la amenaza terrorista del Islam, letargo del que también se han liberado a tiempo, algunos de sus militares y diplomáticos.

Fue así cómo en valiente rebelión masiva de conciencia, decenas de miles de estadounidenses se lanzaron este mes de octubre a las calles de medio centenar de ciudades del país, y bajo la consigna de: «El mundo no puede esperar más. Basta ya de tanta guerra, vete Bush», exigieron poner fin al conflicto de Irak, en un reto dirigido a detener un baño de sangre que han costado la vida a más de medio millón de iraquíes, según estimación hecha por la revista Lancet y una prestigiosa universidad norteamericana.

Solo habían pasado pocos días de esas marchas, cuando el comandante del ejército de Gran Bretaña, aliada de EEUU en el conflicto, manifestó que no existe razón para proseguir en esa guerra y que las tropas de su país deben retirarse cuanto antes, declaración a la que siguió la de su homólogo yanqui, general William Caldwell quien admitió el fracaso de la última operación destinada a frenar la resistencia de los combatientes iraquíes, diciendo además que «los EEUU deben repensar su estrategia para hacer de Bagdad un lugar más seguro».

En el contexto de esa misma rebelión, emergió la valiente declaración de Alberto Fernández prominente diplomático estadounidense, director de la Oficina de Prensa y Diplomacia Pública del Bureau de Asuntos para el Medio Oriente, quien para asombro de la furibunda «halcona negra» la Secretaria del State Department, Condoleezza Rice, afirmó este fin de semana que «los EEUU desplegaron arrogancia y estupidez en el manejo de la guerra de Irak».

Esta declaración la confirman los últimos partes de guerra, al registrar que este mes de octubre ha sido el mas trágico para las fuerzas de ocupación en Irak, habiendo perecido hasta el día 23, más de 80 efectivos yanquis, y un número más alto, con heridas graves, ascendiendo con ello a cerca de 3 mil el total de bajas fatales estadounidenses en los más de 4 años que ya dura el conflicto, y cuyo costo en vidas ha hecho que el pueblo se rebele indignado y horrorizado ante tanta muerte.

Porque, a pesar de que el gobierno trata de impedirlo, el pueblo sabe que ocultos por las sombras de la noche, en interminable caravana fúnebre, llegan de regreso al país, en ataúdes cubiertos con la insignia de las barras y estrellas, sin poder ser vistos por sus madres, los cuerpos de los soldados yanquis que caen diariamente en Irak sin honor ni gloria, enviados a la muerte para oprimir en nombre de la libertad a un pueblo, perversa causa, que pretenden disfrazar bajo ese nombre George W. Bush y sus «halcones».

Bush, como Hitler en su tiempo, observa no obstante con el desplante del cínico, aproximarse la derrota inevitable, en medio del desastre provocado por los vientos de odio que como el fuhrer sembró por el mundo, y que hoy cosecha, armado con la misma soberbia y prepotencia del dictador germano, como déspotas que ascendieron al poder mediante oscuras maniobras, aprovechando la coyuntura política y social que en su época prevalecía en sus países.

Fueron esas circunstancias las que facilitaron la ejecución de sus planes de dominación mundial, Hitler, sustentado en su tenebrosa obra, «Mein Kamp», mientras que Bush se valió del «Proyecto para un Nuevo Siglo Americano», (Project for a New American Century), un macabro compendio de instrucciones elaborado por un grupo de mentes asesinas orientado a hacer de su país el amo absoluto del planeta.

Hoy, tanto la historia que ambos escribieron como las metas que perseguían, eran las mismas. El fuhrer, se lanzó a una aventura sin retorno, y tras asolar varios países europeos, dirigió su mirada codiciosa hacia la URSS, a fin de apoderarse de su vasta riqueza petrolera, pensando con ello asegurarle la larga vida que soñó para el III Reich, supuestamente destinado a durar mil años.

Lo mismo haría Bush décadas mas tarde, atacando primero a Afganistán y luego a Irak, fase inicial de una macabra agenda orientada a apoderarse del petróleo y el gas del Oriente Medio y de las rutas de los grandes oleoductos y gasoductos destinados a llevar los energéticos desde Asia Central hasta Turquía para alimentar su maquinaria bélica y para apagar su sed insaciable de las consumistas sociedades estadounidense y europea, siempre ávidas de energía adquirida a precios viles.

Las tropas nazis avanzaron incontenibles a lo largo y ancho de Europa, en el siglo XX, en una guerra que se hizo mundial y duró casi seis años, arrollando invencibles a naciones enteras, hasta que finalmente fueron derrotadas en la histórica batalla de Stalingrado, tras haber sufrido la pérdida de cientos de miles de soldados, muertos, heridos o capturados en un evento que marcó el comienzo del final del sueño hitleriano.

El mismo genocidio cometerían en el siglo XXI las tropas yanquis en Irak y Afganistán. Luego de la carnicería desatada por las Superfortalezas B-52 en los pueblos afganos, que dieron muerte a miles de ancianos, niños, y mujeres y tras pagar por la captura de centenares de supuestos miembros del Talibán, que en su mayoría no eran tales, para llevarlos y torturarlos en Guantánamo y cárceles secretas, se avalanzaron sobre la tierra de la antigua Babilonia, matando en menos de 5 años a más de 650 mil seres humanos, con sus bombas, misiles y metralla.

Como a Hitler, quien creyéndose un elegido pensó que había triunfado en su aventura, a Bush le sucedió lo mismo, asegurando escuchar la voz de Dios para iniciar una guerra que pensó había ganado en pocas semanas y fue así como aterrizó un día a bordo de un jet sobre la cubierta de un portaviones, para anunciar una falsa victoria, y a partir de ese momento debió cargar con el humillante y aplastante peso de la derrota de su poderoso ejército, atrapado y sin salida en las ardientes arenas de un desierto.

Ambos se habían equivocado y sin embargo, prosiguieron con sus guerras, empecinados en conquistar un imposible triunfo, realidad que en Alemania comprendió aunque tardíamente el pueblo, tras despertar del hipnótico poder de las palabras y promesas del fuhrer y también los más prestigiosos militares, como Rommel , que conscientes del error que habían cometido al seguir disciplinados y obedientes a aquel ideario de destrucción y muerte, trataron en vano de impedir que Hitler continuara en su demencial carrera bélica, y acabaron «suicidados».

Por extraña coincidencia, Bush repite hoy ese capítulo negro de la historia que escribiera el dictador germano y con la misma prepotencia y arrogancia, pretende seguir con ese genocidio, asegurando que está triunfando en una guerra que tiene perdida hace mucho tiempo y que sólo la resistencia de un valiente pueblo como el de Irak, sabrá sacarlo de su error, junto con la voluntad de la sociedad estadounidense, cuyas voces le han dicho que «El mundo no puede esperar más. Vete ya».

Ojalá que ese pueblo y los líderes progresistas del mundo, como el Presidente venezolano Hugo Chávez Frías, quien viene advirtiendo sobre la amenaza que Bush representa para el planeta, puedan frenar su carrera de psicópata asesino en serie, para que otros que como ellos llegaran a surgir, reflexionen sobre las enseñanzas que ella ofrece, y se abstengan de desatar más guerras y no tener que pagar el precio de un error, como lo hizo Hitler con su trágica muerte, y como lo está haciendo Bush con el desprecio de su pueblo.

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