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Siete puntos de la viva conciencia de Alláh

La conciencia divina es la mejor vestimenta

16/10/2006 - Autor: Redacción Webislam - Fuente: El Panal
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Siete puntos acerca de la Consciencia de Dios (taqwa)

I. ¡Oh seres humanos que han llegado a creer! Se les ha prescrito el ayuno como se les prescribió a los que les precedieron, para que se mantengan conscientes de Dios…

(2:183)

II. "La piedad verdadera no consiste en volver el rostro hacia el este o hacia el oeste --piadoso, en verdad, es quien cree en Dios, en el Último Día, en los ángeles, en la revelación y en los profetas; y gasta de lo que tiene --a pesar de su apego a ello-- en sus parientes, en los huérfanos, los necesitados, los viajeros, los mendigos y en rescatar a otros del sometimiento; es constante en la oración y paga el impuesto de purificación; y piadosos en verdad son los que, cuando prometen, cumplen sus promesas, y son pacientes en la desgracia, en la adversidad y en los momentos de peligro: esos son los que han sido fieles a su palabra, y esos son los conscientes de Dios.

(Qur"an 2:177)

III. ¿Has visto si está en el camino recto, o si llama a la conciencia de Dios?

(96:11-12)

IV. En el Génesis, 28, 10-22 se narra que Jacob, estando de viaje, le llegó la noche y se detuvo en un lugar. Se preparó para dormir, tomó una piedra y se la colocó de cabecera.

“Y tuvo un sueño, y he aquí, había una escalera apoyada en la tierra cuyo extremo superior alcanzaba hasta el cielo; y he aquí, los ángeles de Dios (Elohim) subían y bajaban por ella. Y he aquí, Yahveh estaba sobre ella, y dijo: Yo soy Yahveh, el Dios de tu padre Abraham y el Dios de Isaac. La tierra en la que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia” (…) Despertó Jacob de su sueño y dijo: Ciertamente Yahveh está en este lugar y yo no lo sabía (…) Y tuvo miedo y dijo: ¡Cuán imponente es este lugar! Este no es otro más que la casa de Dios, y esta es la puerta del cielo. Y se levantó Jacob muy de mañana, y tomó la piedra que había puesto de cabecera, la erigió como señal y derramó aceite por encima. Y a aquel lugar le puso el nombre de Betel”

En el relato del Génesis parecen varios elementos interesantes. En primer lugar, el sitio es considerado sagrado en cuanto que ha tenido lugar en él una teofanía o aparición de la divinidad. Esta teofanía muestra una escalera por la que suben y bajan los ángeles y sobre ella, Yahveh. Otro elemento señalado es la piedra, que queda consagrada al ser ungida con aceite y es erigida como “eje central” de la presencia de Dios en el lugar, presencia que Jacob denominará en hebreo “Bet Elohim” (Casa de Dios) que corresponde al árabe “Bait Al-láh”.

En torno a ese eje, que comunica el mundo de los hombres con el mundo divino, simbolizado por la escalera por la que suben y bajan los ángeles, se abre un espacio sagrado, un haram donde la báraka o bendición de Dios actúa intensamente. Esa experiencia intensa de lo sagrado que Jacob siente con temor y atracción al mismo tiempo se denomina en árabe taqwa y es uno de los conceptos básicos de la espiritualidad musulmana. Aquellos que tienen taqwa, los muttaqin, son calificados en el Corán como “los que confían en el Misterio”.

Toda Casa de Dios es pues un lugar sagrado donde tiene lugar el encuentro entre lo humano y lo divino. Es ese lugar intermedio, misterioso, donde se producen las teofanías y donde todas las criaturas, hombres, animales, plantas, agua, minerales, gozan de la báraka y la seguridad (amn) que ofrece la presencia de la divinidad. El espacio santo actúa como un imán convirtiéndose en un sitio de confluencia, de encuentro, protegido de violencias y a salvo de las leyes profanas. El santuario es a la vez lugar de oración, refugio, tesoro público y centro de peregrinación.

V. Un transmisor de nombre “Jaizama” dijo: “Entré en la casa de Abu Ýa’far (Imam Báqer) para despedirme de él (a) y me dijo: “¡Oh Jaizama! Saluda a todos aquellos que veas de nuestros partidarios y recomiéndales (la recomendación se dirige a todos nosotros) de temer a Al-lâhu Ta’ala y diles que, de los que entre ellos sean ricos, tienen que compartir con los pobres, y los fuertes con los débiles, y los vivos tienen que asistir a los funerales de los muertos. Diles también que deben visitarse unos a otros, pues cada uno de sus encuentros constituye un reforzamiento de nuestra causa (su causa es, como hemos dicho, el Islam entero: sus doctrinas, sus leyes, sus valores y su moral). Que Al-lâh tenga Rahmah con quien refuerce nuestra causa. Diles que no serán nuestros partidarios más que por la taqwa”. Porque ser su partidario no es un sentimiento: ser partidario de Al-lâh (swt) es obedecerLe, ser partidario del Profeta (s) es seguirle y ser partidario de su Ahlul Beit (a) es adoptar su método de obedecer a Al-lâh y amarLe en todas las condiciones.

VI. El Profeta, al que Al-láh bendiga y salude, dijo: ‘En el hijo de Adán hay un trozo de carne (mudga) que, cuando se sanea, se sanea con él el resto del cuerpo (yásad) y, cuando se pudre, se pudre con él el resto del cuerpo, y (ese trozo del cuerpo) es el corazón (qalb)”.

En ese célebre hadiz, el Profeta, la paz sea con él, habla de la centralidad del corazón en el ser humano: cuando ese trozo de carne es objeto de los cuidados del hombre, su salud (salâh) repercute en todo lo que le rodea e ilumina la existencia entera, pero, cuando es desatendido y muere, muere con él todo lo demás. El corazón es lo opuesto al nafs, pues el qalb nos comunica con Al-láh y con el universo, mientras el nafs, el yo insolidario, nos aísla.

“La salud (salah) del corazón (qalb) reside en la conciencia que tiene presente a Al-láh (taqwa), en la confianza absoluta (tawakkul) en Al-láh, en la búsqueda de la Unicidad (tawhid) y en la pureza de intención (ijlás) en las acciones, y su corrupción está en la falta de todo eso”.

Las virtudes que se deben practicar son:

Taqwa, que es sobrecogimiento ante la Inmensidad , conciencia de Al-láh; Tawakkul, confianza absoluta y abandono en ese Océano; Tawhid, que es orientación desidolatrizante hacia Él y búsqueda de su Unidad; Ijlás, que es sinceridad en las acciones con las que el buscador orienta su voluntad en dirección hacia Al-láh sin otro propósito que el de conquistar a su Señor.

Al Yilani

VII. ¡OH HIJOS de Adán! Ciertamente, hemos hecho descender para ustedes el conocimiento de la confección de vestidos para cubrir su desnudez, y como adorno: pero el vestido de la consciencia de Dios es el mejor de todos. En esto hay un mensaje de Dios, para que el ser humano pueda tenerlo presente.

(VII; 26)

Lo que, en el ropaje exterior cubre la desnudez (saw´at), constituye la vestimenta indispensable, la cual es el “vestido de la conciencia divina” (taqwa) en tanto que nos preserva (wiqaya). El adorno es todo lo que viene a añadirse a lo estrictamente necesario y constituye por tanto el ornamento (zina), que no es otro que el “ornamento de Dios que Él ha extraído para Sus servidores” (Cor.7:32), de los tesoros de Sus misterios y que Él ha reservado a los creyentes en esta vida y al día de la Resurrección, y al respecto sujeto del que ellos no tendrían que rendirle cuentas.

Sin embargo, si ellos se revisten con otra intención y sin este recogimiento, y se recubren con altivez y orgullo, este “ornamento” no es sino “el ornamento de este bajo mundo” (Cor.18:28, 46). Se trata, por tanto, de la misma vestidura, pero su estatuto difiere según el uso que se le asigne.

Para aquéllos, Dios ha hecho descender sobre el corazón de los servidores el “vestido de la conciencia divina” que es “la mejor vestimenta”. Análogo al ropaje exterior, se trata como él, de un “vestido indispensable” que oculta los vicios (saw´af) del ser -que no es sino el hecho de preservar absolutamente de todo lo que es ilícito y de cualquier cosa que sea comparable al adorno exterior-, de ahí que sea el vestido de las “nobles virtudes” (makarim al-alkhlaq).

Taqwa: Dios Se reviste del corazón de Su servidor. En efecto, él ha declarado: “Mi tierra y Mi cielo no Me contienen pero el corazón de Mi servidor me contiene”. Asimismo, el hábito contiene al que lo porta.

Ibn al Arabí
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